10.1. LA GUERRA DE Sucesión Y EL SISTEMA DE Utrecht y política exterior en Europa

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La España del Siglo XVIII: la guerra de Sucesión y el sistema de Utrecht


Carlos II (1665-1700) murió sin descendencia, nombrado sucesor a Felipe de Anjou, nieto de Luis XIV de Francia y bisnieto de Felipe IV, quien fue coronado con el título de Felipe V (1700-1746). Acababa así la dinastía de los Habsburgo y llegaba la de los Borbones.
Muy pronto, sin embargo, se formó un bando que no aceptaba al nuevo rey y apoyaba al archiduque Carlos de Habsburgo. La Guerra de Sucesión (1701-1713/15) donde participaron las principales potencias europeas. El ascenso al trono español de Felipe V posibilitaba la futura uníón de España y Francia bajo un mismo monarca. Este peligro llevó a Inglaterra, Holanda y Portugal a apoyar al archiduque Carlos, que ya contaba con el respaldo de Austria y del Imperio alemán. Las diversas potencias europeas se posicionaron ante el conflicto sucesorio español. Felipe V tuvo de su parte a la Corona de Castilla; mientras que Carlos de Habsburgo contó con el apoyo de Aragón y sobre todo de Cataluña.
La guerra terminó con el triunfo de Felipe V. Junto a las victorias militares de Almansa, Brihuega y Villaviciosa. Carlos de Habsburgo heredó en 1711 el Imperio alemán y se desinterésó de su aspiración a reinar en España. Inglaterra y Holanda, temen la posible uníón de España y Austria bajo un mismo monarca. La guerra concluyó con la firma de Tratado de Utrecht (1713), que estipulaba lo siguiente: -Felipe V era reconocido por las potencias europeas como rey de España, pero renunciaba a cualquier posible derecho a la Corona francesa. -Los Países Bajos españoles y los territorios italianos (Nápoles, Cerdeña y el Milanesado) pasaron a Austria. El Ducado de Saboyá se anexiónó a la isla de Sicilia. -Inglaterra obtuvo Gibraltar, Menorca y el «navío de permiso» y el asiento de negros. El Tratado de Utrecht marcó el inicio de la hegemonía británica.

La España del Siglo XVIII: cambio dinástico. Los primeros Borbones


En la política interna, el desenlace de la Guerra de Sucesión supuso el establecimiento de una monarquía absoluta, donde pretendíó modernizar la administración para hacerla más eficaz, reforzar el poder real y fomentar la actividad económica. Durante el reinado de Felipe V (1700-46) se unificó la administración estatal mediante los Decretos de Nueva Planta y se crearon las Secretarías de Estado. Se invirtieron grandes esfuerzos en la recuperación de la marina de guerra. En política económica se pusieron en marcha las primeras manufacturas reales. En el Tratado de Viena (1738) se recuperaron Nápoles y Sicilia, donde reinará el infante don Carlos. Entre los eficaces colaboradores de Felipe V cabe destacar a Melchor de Macanaz y José Patino. El fugaz reinado de Luis I (Enero-Agosto 1724) estuvo motivado por la abdicación de su padre, heredero de la corona francesa. Tras el fallecimiento del joven rey, Felipe V regresó al trono. Fernando VI (1746-59) regresó a la neutralidad en política exterior.
Su secretario más importante, el Marqués de la Ensenada, puso en marcha un ambicioso programa de reformas. Se realizó un estudio sobre la situación económica, el Catastro de Ensenada (1749), con el fin de sustituir los impuestos existentes por una única contribución proporcional a la riqueza. La oposición de los privilegiados hizo fracasar el proyecto. Se renovó y amplió la flota para mejorar la defensa del país y las comunicaciones con las colonias americanas. Se construyeron los astilleros de El Ferrol, Cádiz y Cartagena. La Corona patrocinó expediciones científicas y se crearon las principales Reales Academias (Lengua, Medicina, Historia, Bellas Artes), el Jardín Botánico y el Gabinete de Historia Natural.

Las medidas adoptadas por los primeros Borbones abrieron el camino para el despotismo ilustrado de Carlos III

La España del Siglo XVIII: reformas en la organización del Estado. La monarquía centralista


Durante el reinado de Felipe V (1700-46) se adoptaron medidas centralizadoras con el objetivo de organizar un Estado más eficaz: -Los Decretos de Nueva Planta (1707-16) impusieron el modelo jurídico, político y administrativo castellano en la Corona de Aragón. -Se aplicó un nuevo modelo territorial con la división en provincias gobernadas por capitanes generales. Las Reales Audiencias se seguirían ocupando de las cuestiones judiciales. Se creó la figura de los intendentes, funcionarios encargados de las cuestiones económicas. En los ayuntamientos se mantuvieron los cargos de corregidor, alcalde mayor y síndicos personeros del común (elegidos por el pueblo para su defensa). -Se suprimieron todos los Consejos, exceptuando el Consejo de Castilla, que se convirtió en el gran órgano asesor del rey. Se crearon las Secretarías de Despacho (Estado, Guerra, Marina, Hacienda, Justicia e Indias), antecedentes de los ministerios. En 1787 se establece la Junta Suprema de Estado, origen del Consejo de Ministros. -La nueva dinastía intensificó la política regalista, buscando la supremacía de la Corona sobre la Iglesia. Las dos medidas principales fueron el establecimiento de un mayor control sobre la Inquisición y, sobre todo, la expulsión de la Compañía de Jesús por Carlos III en 1767. -Se trató de unificar el sistema de impuestos mediante el Catastro de Ensenada en 1749 en la Corona de Castilla. Se trataba de la sustitución de los impuestos existentes por una única contribución proporcional a la riqueza. La oposición de los privilegiados, por temor a perder sus ventajas fiscales, hizo fracasar el proyecto. Se buscó también la unificación monetaria, establecíéndose el real de a dos.

La España del Siglo XVIII: evolución de la política exterior en Europa


Las grandes líneas de la política exterior española arrancan de la difícil situación creada tras el Tratado de Utrecht (1713). La política exterior se planteó los siguientes objetivos: recuperar Gibraltar y Menorca, territorios españoles en manos británicas, conseguir establecer a príncipes de la familia Borbón en los territorios italianos perdidos y defender las Indias y las rutas atlánticas. Felipe V (1700-1746) optó por la alianza con Francia, concretada en los llamados Pactos de Familia, fruto de los cuales fue la participación, apoyando a los intereses franceses, en la Guerra de Sucesión Polaca (1733-1738) y en la Guerra de Sucesión Austríaca (1740-1748). Como resultado de esta intervención, Felipe V consiguió que el infante Carlos, futuro Carlos III de España, fuera coronado rey de Nápoles y Sicilia, y que el infante Felipe fuera nombrado Duque de Parma. Bajo el reinado de Fernando VI (1746-1759) el gobierno español adoptó una política exterior de neutralidad», equidistante entre Londres y París. Carlos III (1759-1788) volvíó a la alianza con Francia, firmando el Tercer Pacto de Familia (1758-1761), que llevó a la participación española en la Guerra de los Siete Años (1756-1763). La victoria británica, junto a su aliada Portugal, llevó a firma del Tratado de París (1763), por el que se cedieron Florida a Inglaterra y la colonia de Sacramento a Portugal. España y Francia apoyaron a los independentistas norteamericanos contra Inglaterra. La derrota británica permitíó acordar en el Tratado de Versalles (1783) la devolución de Menorca, Florida y Sacramento. La política exterior de Carlos IV (1788-1808) estará marcada por una sucesión de enfrentamientos y alianzas con la Francia revolucionaria. Tras la firma en 1795 de la Paz de Basileá, por la cual se puso fin a la guerra hispano francesa del Rosellón (1793-1795), ambos países decidieron unir sus fuerzas contra Gran Bretaña, enemigo común. Esta alianza fue renovada con los Tratados de San Ildefonso (1796 y 1800), el último de los cuales se enmarca ya dentro de las guerras napoleónicas. En la batalla naval de Trafalgar (1805) la flota Franco-española fue prácticamente destrozada por la británica. A partir de ese momento España perderá el control del comercio marítimo con América y Gran Bretaña, dueña de los mares, se convertirá en potencia hegemónica

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