Exilio, represión y oposición.

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La creación del Estado franquista (1939 – 1959)

El franquismo instauró una dictadura legitimada únicamente por la victoria en la Guerra Civil caracterizada por un totalitarismo extremo, un caudillismo en la figura de Franco, una concepción centralista y unitaria del Estado, un control de los medios de comunicación y una represión sistematizada. Tres serían los grandes pilares institucionales del régimen: el ejército, el partido único de la Falange Española Tradicionalista y de las JONS y la Iglesia católica, además de que su estructura política sería sustentada tres familias, los falangistas, los que se adhirieron al Movimiento Nacional, y la Iglesia.
Finalmente cabe destacar las distintas actitudes hacia el régimen, mostrando las élites económicas y sociales su apoyo, las clases medias como consecuencia de la represión y la guerra adoptando una actitud de pasividad apolítica y ciertos grupos de las clases populares mostrando su rechazo como focos de oposición.El régimen se mantendría gracias a la represión, que se institucionalizó con la aprobación de leyes represivas como la Ley de Responsabilidades Políticas o la Ley de Represión del Comunismo y la Masonería.
El ejército desde los Consejos de guerra sería el brazo ejecutor de la política represiva hasta 1963 con la creación de Tribunales del Orden Público.
Un gran número de personas fueron ejecutadas y encarceladas, hasta el punto de que las prisiones quedaron saturadas, teniendo que habilitar campos de concentración y enviando a los condenados a Batallones de Trabajadores.
Las propiedades de los favorables a la República fueron requisadas, y se les expulsó del mundo laboral. Además, se prohibíó cualquier tipo de manifestaciones culturales y lingüísticas pertenecientes a cualquier nacionalismo, considerados de atentar contra el principio de la unidad de España.En el aspecto internacional el régimen franquista sufríó una etapa de aislamiento y rechazo como consecuencia de su apoyo a las potencias del Eje en la 2ª Guerra Mundial, adoptando en la etapa de mayor expansión de los fascismos europeos el posicionamiento de “no beligerancia”.”.Con el inicio de la Guerra Fría en 1947, donde conseguir aliados contra el comunismo era más importante para EEUU que presionar al régimen franquista, se dio paso a la aceptación internacional del régimen cuando EEUU dejó de poner sanciones económicas a España y la ONU quitó la resolución de retirada de embajadores. Con el inicio de la firma de acuerdos tanto con EEUU y la Santa SedeLa dictadura franquista pretendíó dar una imagen de legalidad con la llamada “democracia orgánica”, promulgando una serie de Leyes Fundamentales que ocupaban el lugar de una Constitución inexistente y con la creación de unas Cortes que daban la apariencia de un sistema parlamentario. La primera de 1938 fue el Fuero de los Trabajadores, que pretendía regular las relaciones laborales, para lo que crearía un sindicato único y obligatorio que encuadraba tanto a obreros y patronos en el mismo. La Ley Constitutiva de las Cortes de 1942 pretendía dar una imagen democrática con la creación de una Cámara representativa compuesta por procuradores designados a razón de su cargo. El Fuero de los Españoles de 1945 era sólo en apariencia una declaración de derechos, pues el texto insistía en los deberes de los españoles y en la estructura autoritaria y confesional del Estado donde los privilegios eran únicamente aprovechables por los favorables al régimen. La Ley de Referéndum de 1945 intentando aparentar el reconocimiento del sufragio universal establecía la posibilidad de consultar a los españoles en forma de plebiscito nacional. La Ley de Sucesión de 1947 definía a España como Reino, confirmando a Franco como jefe vitalicio del Estado y reservándole el derecho de nombrar sucesor. La Ley de Principios del Movimiento Nacional de 1958 supónía la incorporación institucional de la doctrina falangista y el reconocimiento de FET como partido único. Finalmente, la Ley Orgánica del
Estado de 1966 pretendía ser una refundación legislativa del franquismo con la depuración de sus connotaciones totalitarias.Uno de los principales objetivos de la primera etapa franquista fue conseguir la autosuficiencia económica, para lo que se fomentó el aislamiento del exterior y la intervención del Estado en la economía. La política autárquica tuvo así tres grandes ámbitos de actuación.El primero fue la reglamentación del comercio exterior, en la que se redujeron las importaciones a los productos que se consideraban imprescindibles. El resultado fue el encarecimiento de los productos que se necesitaban importar y la escasez de bienes de consumo.El segundo fue el fomento de la industria nacional considerada de interés estratégico para lograr la independencia política y militar del Estado. Se fundaría así el INI para crear empresas públicas que produjeran lo que el sector privado no producía; se nacionalizaron diversos sectores, creando así RENFE o Telefónica; y finalmente se fomentaron una serie de leyes y medidas que favoreciesen la creación de empresas públicas y las nacionalizaciones, fomentando también el desarrollo de las industrias de equipo.

El tercero fue el agrario, donde el Estado regulaba la producción, la comercialización y los precios de los productos, teniendo como resultado un desabastecimiento generalizado y el racionamiento de los productos de primera necesidad, además de que los productos fueran vendidos en el mercado negro.La represión provocó que miles de republicanos buscaran refugio en el exilio, tanto en el Norte de África como en Francia, quedando la oposición en el interior de España desarticulada, aunque fue reorganizándose en condiciones de extrema dificultad. Muchos fueron internados en campos de refugiados en Francia, donde la ocupación alemana dificultó su situación. En el exilio se desarrolló una parte muy importante de la oposición al franquismo con el mantenimiento de instituciones políticas republicanas, aunque se caracterizaron por no ser capaces de crear una plataforma de oposición conjunta. Se puede dividir así la actuación de la oposición clandestina en tres fases:
La primera, hasta principios de 1944, caracterizada por una actuación limitada con la presencia de los maquis que mantuvieron focos de resistencia armada; la segunda, hasta 1947, en la que se crearon plataformas unitarias entre las fuerzas de oposición al franquismo con la esperanza de una intervención aliada en España; y la última, hasta 1951, donde se recompondrían los movimientos de oposición que habían quedado desmoralizados ante la consolidación de la dictadura de Franco.

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