Catalanismo 1833-1931: Renaixença, Lliga Regionalista y la Semana Trágica

Orígenes y la consolidación del catalanismo (1833-1901)

La Renaixença es un movimiento cultural y literario que surgió hacia 1830. Su finalidad era la recuperación de la lengua y las señas de identidad catalanas. Carecía al principio de aspiraciones y de proyectos políticos claros.

La Renaixença literaria y cultural

Al inicio del siglo XIX hubo una disminución del uso del catalán como lengua de cultura; quedaba circunscrito al habla cotidiana. La publicación de la revista La Patria marca el inicio de la Renaixença. La lengua se convirtió en un símbolo de un movimiento que dedicó sus energías a concienciar sobre la necesidad de convertir el catalán en una lengua de cultura.

En 1859 se celebraron los Juegos Florales como plataforma para restaurar y conservar la lengua y la literatura catalanas. Contribuyeron a la aceptación social del catalán como lengua culta y de prestigio. La Renaixença comportó también una búsqueda de las raíces de la identidad catalana.

La Renaixença popular

Paralelamente al movimiento cultural elitista, se desarrolló una relación de oposición entre distintas concepciones del catalán. Las clases populares siempre habían utilizado el catalán como lengua de comunicación oral. Los partidarios de un catalán culto despreciaban lo que consideraban un habla popular llena de castellanismos, mientras que los defensores de un catalán popular reprochaban la utilización de palabras incomprensibles o excesivamente cultas.

Los orígenes del catalanismo como movimiento de carácter político tuvieron sus antecedentes en una serie de movimientos populares de protesta contra el nuevo Estado liberal.

Las primeras revueltas populares

La configuración del nuevo Estado liberal supuso un proceso de centralización, justificado como una necesidad para garantizar el fortalecimiento del Estado. Las primeras muestras de oposición fueron algunas manifestaciones de particularismo catalán, que surgieron en forma de movimientos populares entre 1835 y 1843 y condujeron a la formación de juntas revolucionarias. Algunas de estas insurrecciones se conocieron con el nombre de «bullangas».

Se trató de movimientos populares de protesta derivados del malestar social y político con que ciertos sectores de las clases populares reaccionaron ante el proceso de consolidación del Estado liberal y los inicios de la industrialización. Reivindicaban la descentralización del Estado y expresaban un sentimiento particularista catalán y anticentralista.

El federalismo

El federalismo fue una doctrina política que cobró fuerza durante el Sexenio Revolucionario (1868-1874), muy significativa en Cataluña, con el apoyo de la pequeña burguesía más radical y de los obreros industriales. Encontró en el Partido Republicano Democrático Federal el vehículo adecuado para difundirse. Propugnaba una nueva manera de articular el Estado español que implicaba el reparto de poderes.

Francisco Pi y Margall fue el principal inspirador de este republicanismo federal. Entre los republicanos federales catalanes cabe destacar a Valentí Almirall, quien con otros impulsó en 1869 el Pacto de Tortosa, convenio en el que los diferentes comités republicanos federales llegaron al acuerdo de construir un Estado federal español. Valentí Almirall defendía la idea de que la modernización de España solo podía llegar a partir de la implantación de una república federal, que debía contribuir a la regeneración política del Estado español.

Valentí Almirall y el Centro Catalán

Valentí Almirall fue una figura clave para entender la transición del federalismo hacia el catalanismo político. Fue uno de sus impulsores y creó una organización política específicamente catalana. Su pensamiento político quedó recogido en Lo catalanisme, donde se establecieron las bases ideológicas del catalanismo progresista. En su perspectiva, Cataluña representaba un elemento de progreso en España.

El objetivo de unificar las fuerzas catalanistas convocó el Primer Congreso Catalanista (1880), que reunió al federalismo republicano y a la corriente más literaria. Se constituyó una Academia de la Lengua Catalana y también se promovió la creación del Centro Catalán, que inspiraba una asociación interclasista en defensa de los intereses de Cataluña. El Centro Catalán convocó el Segundo Congreso Catalanista (1883), que tuvo gran importancia en la configuración del catalanismo político. El Congreso quedó inacabado por causas políticas coyunturales y por las discrepancias entre los diferentes sectores del catalanismo, a pesar de que se alcanzaron acuerdos en cuestiones específicas como la defensa del proteccionismo y del derecho civil catalán.

El Memorial de Greuges

En 1885 el Centro Catalán convocó un mitin en el que Almirall pretendía aproximar el movimiento catalanista a la burguesía. En la reunión se aprobó la redacción de un manifiesto, conocido como el Memorial de Greuges, que recogía los motivos por los que Cataluña se sentía agraviada. En él se denunciaba la opresión del régimen centralista sobre Cataluña y se formulaban reivindicaciones en defensa del proteccionismo y del derecho civil catalán. Fue considerado el primer manifiesto político unitario del catalanismo.

El fracaso del proyecto de Almirall

El proyecto demostró ser inviable: presentaba un catalanismo demasiado republicano y no supo desprenderse de sus bases populares. El Centro Catalán desapareció a mediados de la década de 1890.

Una nueva generación de intelectuales (entre ellos Prat de la Riba) fundó la Lliga de Catalunya en 1887 en defensa del derecho civil catalán, el proteccionismo y la ejecución de una política exclusivamente catalanista. Una de las primeras iniciativas fue el Mensaje a la reina regente.

El catalanismo tradicionalista: Torras i Bages

El catalanismo defendía la necesidad de la descentralización administrativa del Estado español. Durante la Restauración, parte del clero buscó un espacio dentro del catalanismo frente al liberalismo más conservador. El vigatanismo fue un movimiento cultural e intelectual impulsado por miembros de las instituciones eclesiásticas.

Torras i Bages, obispo de Vic, defendió un catalanismo con raíces cristianas y quiso plantear una alternativa católica y conservadora al catalanismo laico.

La Unió Catalanista y las Bases de Manresa

La Unió Catalanista aspiraba a ser una federación de todos los grupos, centros y publicaciones catalanistas. Tenía como objetivos la propagación de las ideas regionalistas y la elaboración de un programa común para todos los grupos catalanistas. Definió las tesis catalanistas regionalistas.

Las Bases de Manresa defendían un reparto del poder que configuraba el Estado como federal y asignaba amplias atribuciones a Cataluña y a sus instituciones regionales. Entre sus propuestas figuraban la defensa de la plena soberanía de Cataluña en ciertos ámbitos, la oficialidad de la lengua catalana, y que los cargos públicos en Cataluña pudieran ser ocupados por catalanes; también proponían el restablecimiento de antiguas instituciones catalanas.

La candidatura de los «cuatro presidentes»

Los dirigentes de las corporaciones económicas y ciudadanas de Cataluña optaron por formar un grupo de carácter político: la Unión Regionalista. El programa pedía una autonomía política y administrativa. Se organizó el Centro Nacional Catalán (1900), con la presencia de figuras como Prat de la Riba, entre otros.

En abril se llegó al acuerdo de presentar una candidatura unitaria a las elecciones de mayo, la conocida como la «candidatura de los cuatro presidentes», encabezada por Rusiñol, Robert, Montaner y Torras. La candidatura catalanista se impuso de forma notable.

La fundación de la Lliga Regionalista

La Lliga consolidó la fuerza electoral del catalanismo. Cataluña se disputaría políticamente entre republicanos y catalanistas. La Lliga se puede considerar como la primera formación política moderna del Estado español: una organización eficaz que llevó a cabo una hábil táctica reformadora y que tuvo influencia entre industriales, comerciantes y profesionales de Barcelona.

La quiebra del sistema de la Restauración (1902-1931)

La llegada al trono de Alfonso XIII dio inicio a una segunda etapa de la Restauración. Dos fuerzas, el catalanismo y el republicanismo, pasaron a ser actores determinantes en el juego político.

El reformismo dinástico

Con Antonio Maura y José Canalejas llegó al poder una nueva generación de políticos influida por el regeneracionismo, que denunciaba los pucherazos y el caciquismo. El gobierno presidido por Maura inició la llamada «revolución desde arriba»: introdujo cambios desde su propia concepción del orden para desbancar a la vieja casta caciquil. Se puso en marcha la Ley de Reforma Electoral (1907) y se presentaron proyectos de reforma de la administración local.

Eduardo Dato sustituyó a Maura como líder conservador. José Canalejas formó un nuevo gobierno en 1910 cuya política social tuvo como elementos básicos la sustitución del impopular impuesto de consumos por un impuesto progresivo y la reforma de la ley de reclutamiento. También se impulsó la Ley de Mancomunidades, que facilitaba la unión de las diputaciones provinciales en ámbitos de gestión común.

El catalanismo y la Lliga Regionalista

La huelga general de 1902 contribuyó a definir a la Lliga como una fuerza burguesa de talante conservador, aunque con discrepancias ideológicas internas. La crisis a raíz de la visita del rey Alfonso XIII a Barcelona intensificó el debate político. Surgió el Centro Nacionalista Republicano; el nuevo partido se definió como nacionalista, demócrata y republicano, y reunió a militares escindidos de la Lliga y a republicanos del federalismo. La Lliga se presentaba como un partido nacionalista que reclamaba el derecho al autogobierno, con voluntad de descentralizar el Estado y democratizar la vida política.

El republicanismo lerrouxista

Alejandro Lerroux, periodista y político, presentó un discurso radical y democrático con marcado carácter obrerista y posiciones anticlericales. Se manifestó en ocasiones con un discurso españolista. Logró éxitos electorales y fue elegido diputado. Sus técnicas de propaganda e iniciación de una política de masas —como las llamadas «meriendas fraternales», encuentros con simpatizantes— fortalecieron su implantación social. De su trayectoria surgió el Partido Radical.

Solidaridad Catalana

Solidaritat Catalana fue la primera gran alianza de fuerzas políticas catalanas. Sus causas fueron la reacción de la mayoría de los grupos políticos catalanes contra la política anticatalana de los gobiernos liberales de Madrid, y la oposición al proyecto de la Ley de Jurisdicciones. El rechazo masivo a esa ley promovió un movimiento patriótico de personalidad catalana. Solidaritat Catalana constituyó una coalición electoral que reunió a la mayoría de las fuerzas catalanas, salvo a algunos partidos dinásticos y a los lerrouxistas. Defendía la derogación de la Ley de Jurisdicciones y la necesidad de dotar a Cataluña de órganos de autogobierno. Obtuvo un gran triunfo electoral.

La crisis de la Solidaridad

La Solidaritat era una alianza con numerosas contradicciones internas. Uno de los primeros elementos de discordia fue el Proyecto de Ley de Administración Local de Maura; los distintos sectores discutieron si negociar con Madrid la descentralización. La izquierda de la Solidaritat presentó un presupuesto de cultura en el Ayuntamiento de Barcelona que incluía la introducción del catalán en las escuelas y la neutralidad religiosa. Los hechos de la Semana Trágica dispersaron y debilitaron el movimiento solidario.

La política colonial y la Guerra de Marruecos

En 1909 tuvo lugar una violenta protesta popular de carácter anticlerical y antimilitarista, con la memoria aún viva de la guerra de Cuba y sus consecuencias.

La Conferencia de Algeciras y los acuerdos hispano-franceses establecieron un protectorado francés en Marruecos, aunque la penetración de España en el Rif se produjo por intereses económicos y estratégicos. El gobierno de Maura optó por incrementar el número de soldados españoles en el Rif, lo que provocó una importante protesta popular.

La Semana Trágica de Barcelona

La movilización popular contra la guerra se inició en Barcelona. Se constituyó un comité de huelga formado por republicanos, socialistas y anarquistas, que hicieron un llamamiento a la huelga general. La iniciativa popular desbordó a los mismos convocantes; falto de dirección, se convirtió en un estallido espontáneo de todas las tensiones acumuladas.

El anticlericalismo desembocó en incendios de edificios religiosos y en actos de violencia. Se declaró el estado de guerra y la represión posterior fue dura. Francisco Ferrer Guardia, pedagogo anarquista e impulsor de la Escuela Moderna, fue acusado de ser uno de los inspiradores ideológicos de los sucesos.

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