Pueblo aymara: historia, territorio y cultura del altiplano andino

Pueblo aymara: origen, historia y cultura en el altiplano del Lago Titicaca

Introducción

Aymara o Aimará, a veces escrito como aymara, es un pueblo originario de América del Sur que habita la meseta andina del lago Titicaca desde tiempos precolombinos, repartiendo su población entre el occidente de Bolivia, el sur del Perú y el Norte Grande de Chile.

Ciencias Sociales – Quinto B MÓDULO I

Prof. José A. Pastrana Molina — Página 5

Denominación y organización sociopolítica

Alternativamente, los miembros de este conjunto cultural reciben el nombre de collas, aunque no existe correspondencia biunívoca entre ambos términos. El concepto de aymara aparece definitivamente durante la colonia y, salvo raras excepciones, no fue utilizado para identificar sociopolíticamente a ningún grupo poblacional en esa zona de los Andes. Todas estas formaciones sociopolíticas, verdaderas naciones durante los siglos XV y XVI (reinos aimaras), fueron agrupadas bajo la etiqueta aymara con fines administrativos y económicos; sin embargo, se mantuvieron las denominaciones originarias para describir, por ejemplo, las organizaciones políticas más relevantes de acuerdo con los intereses económicos, eclesiásticos o administrativos territoriales fluctuantes de la colonia.

Aunque se reconoce una encomienda denominada aymaraes para el Distrito Colonial de La Paz, nombres jurisdiccionales nativos como Carangas, Soras, Casayas, Aullagas, Uruquillas, Asanaques y Quillazas son usados para el Distrito de La Plata (Torero, ídem). Hasta el siglo XVIII no existió una subdivisión política reconocida como aymara por la colonia. Durante esta época el Obispado de La Paz mantuvo una organización administrativa utilizando las nominaciones originales de Sicasica, Pacajes, Omasuyos, Larecaja, Paucarcolla y Chucuito (Cosme Bueno, s. XVIII–1951).

El término aymara nunca fue reconocido socialmente por los pobladores nativos durante toda la colonia, y así continuó durante los periodos de Independencia y República (después de 1821 hasta la actualidad), durante los cuales mantuvo su acepción original colonial, usada generalmente desde una perspectiva externa o foránea. Esta perspectiva se ha mantenido y solo empezó a utilizarse sistemáticamente en términos sociológicos a partir de la primera mitad del siglo XX, cuando se establecieron los primeros parámetros antropológicos descriptivos de las sociedades andinas actuales hechos desde una perspectiva lingüística.

Los complejos sistemas socioculturales de auto-reconocimiento de las poblaciones del altiplano andino y de la cuenca del lago Titicaca no siempre coincidieron con las categorías externas; por ejemplo, las poblaciones que hablan quechua se entendieron en formas más diversificadas. Las naciones o pueblos que ancestralmente hablan este idioma fueron: Aullaga, Ayaviri, Cana, Canchis, Carangas, Charcas, Larilari, Lupacas, Umasuyus, Pacaje, Pacasa y Quillaca. A estos pueblos se les ha atribuido una única identidad con el nombre Qullasuyu (también conocido como Collasuyo) y conformaron una parte del Imperio inca.

Historia

Los habitantes del altiplano se asocian con la civilización centrada en Tiahuanaco (Tiwanaku), aunque Tiahuanaco es una cultura anterior a la de los incas. Hay evidencia lingüística que sugiere que los aymaras provinieron de más al norte, ocupando la meseta del Titicaca después de la caída de Tiahuanaco. No se han encontrado evidencias de un lenguaje escrito entre los pobladores de la civilización de Tiahuanaco.

El asentamiento de Tiahuanaco fue fundado aproximadamente alrededor del 200 a. C. como una pequeña villa, y creció a proporciones urbanas entre los años 300 y 500, llegando a ejercer un importante poder regional en el sur de los Andes. En su máxima extensión, la ciudad cubría aproximadamente 6 km² y tuvo una población estimada en torno a 1.000 habitantes. Su estilo de alfarería era único, no hallado en su igual hasta 2006 en Sudamérica. Una característica importante son las enormes piedras que se encontraron en el lugar; de aproximadamente diez toneladas, que fueron cortadas, labradas en formas cuadradas o rectangulares y esculpidas. La ciudad colapsó repentinamente aproximadamente en el año 1.200; fue abandonada y su estilo artístico se desvaneció.

Desaparecido el Imperio Tiwanaku, la región quedó fragmentada y fue ocupada por etnias aimaras. Estos aymaras se caracterizan por sus necrópolis compuestas por tumbas en forma de torres llamadas chullpas. Existen también algunas fortalezas denominadas pucaras. El modelo por el cual se organizaban estas etnias es el de la verticalidad o control de los diversos pisos ecológicos que sostienen su economía de subsistencia. Ningún grupo humano necesita tanto de sus relaciones con la costa y con los valles como los pueblos aymaras del altiplano; por esta razón, cada centro de la puna controlaba, por medio de la colonización de zonas periféricas situadas a diferentes alturas y con climas variados, recursos complementarios.

La deidad principal de esta sociedad de lengua aymara fue Tunupa, el temido dios de los volcanes. En su honor realizaban sacrificios humanos y grandes fiestas. En excavaciones realizadas en el sitio arqueológico de Akapana se han encontrado materiales como ofrendas, alfarería, fragmentos de cobre, huesos de camélidos y entierros humanos. Estos objetos fueron encontrados en el primer y segundo nivel de la pirámide de Akapana y la cerámica adjunta corresponde a la fase III de los tiahuanacotas.

En la base del primer nivel de Akapana se hallaron hombres y niños desmembrados a quienes les faltaba el cráneo; estos restos humanos estaban acompañados de camélidos desarticulados y de cerámica. En el segundo nivel se encontró un torso humano completamente desarticulado. En total se encontraron diez entierros humanos, de los cuales nueve eran varones. Estos sacrificios corresponden, aparentemente, a ofrendas dedicadas a la construcción de la pirámide.

A mediados del siglo XV, el reino Colla conservaba un extenso territorio con su capital Hatun-Colla. El inca Viracocha incursionó en la región, pero fue su hijo Pachacútec, noveno inca, quien la conquistó. Así como al norte se encontraban los Collas, al sur estaba la confederación Charca, que tenía dos grupos: los Carangas y los Quillacas en torno al lago Poopó, y los Charcas que ocupaban el norte de Potosí y parte de Cochabamba. Tanto los Charcas como los Collas eran de habla aymara.

La cultura material de los Carangas presenta extensas necrópolis o chullpares, algunos de los cuales conservan todavía restos de pintura en sus muros exteriores. Una vez que los Carangas fueron conquistados por los incas, Huayna Cápac los trasladó a trabajar al valle de Cochabamba como mitimaes. El señorío denominado Charca, al que estaban adscritos los Cara-caras, fue conquistado por los incas en tiempo de Túpac Inca Yupanqui y sus habitantes fueron llevados a la conquista de Quito. Por su parte, el pueblo de los Cara-cara era tan belicoso como el Charca e incluso más; en su territorio aún hoy tienen lugar luchas denominadas T’inkus.

El inca Lloque Yupanqui inició la conquista del territorio aymara a finales del siglo XIII; esta fue continuada por sus sucesores hasta que, a mediados del siglo XV, fue completada por Pachacútec al derrotar a Chuchi Kápak. De todas formas, se cree que los incas tuvieron una gran influencia de los aymaras por algún tiempo, ya que su arquitectura, por la cual son muy conocidos los incas, fue claramente modificada a partir del estilo Tiwanaku. Finalmente, los aymaras conservaron un grado de autonomía bajo el imperio inca.

Posteriormente, los aymaras del sur del Titicaca se rebelaron y, tras rechazar el primer ataque de Túpac Yupanqui, éste regresó con más tropas y los sometió. Su población se estima en 1 a 2 millones de personas durante el Imperio inca; eran el principal pueblo del Collasuyo, ocupando todo el oeste de Bolivia, el sur de Perú, el norte de Chile y el norte de Argentina. Tras la conquista española, en menos de un siglo se redujeron a cerca de 200.000 sobrevivientes, o menos. Tras la independencia, su población empezó a recuperarse.

Población actual y distribución

En la actualidad, la mayor parte de los aymaras viven en la región del lago Titicaca y están concentrados en el sur del lago. El centro urbano de la región aymara es El Alto, ciudad con aproximadamente 750.000 habitantes, y también en La Paz, sede de gobierno de Bolivia. Además, muchos aymaras viven y trabajan como campesinos en los alrededores del altiplano.

Se estima que 1.600.000 bolivianos son aymara-parlantes. Entre 300.000 y 500.000 peruanos utilizan la lengua en los departamentos de Puno, Tacna, Moquegua y Arequipa. En Chile hay alrededor de 48.000 aymaras en las áreas de Arica, Iquique y Antofagasta, mientras que un grupo menor se halla en las provincias argentinas de Salta y Jujuy.

Cultura material y sistemas de registro

El aymara utilizó un tipo de proto-khipus, sistema nemotécnico de contabilidad básica común a varios pueblos precolombinos, como los de Caral-Supe y Wari (anteriores a los aymaras), y los incas. No existen evidencias contundentes de que tuvieran un lenguaje escrito, aunque algunos investigadores, como William Burns, sostienen que los khipus incaicos pudieron haber sido una forma de registro complejo con ciertos rasgos de escritura.

Listado de pueblos ancestrales

  • Aullaga
  • Ayaviri
  • Cana
  • Canchis
  • Carangas
  • Charcas
  • Larilari
  • Lupacas
  • Umasuyus
  • Pacaje
  • Pacasa
  • Quillaca

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