Segunda República (1931-1936): Bienio Reformista y Bienio Radical-Cedista, reformas y conflictos

El bienio reformista (1931-1933)

El bienio reformista fue la primera etapa de la Segunda República (1931-1933) y estuvo liderada por un gobierno republicano-socialista, con Niceto Alcalá-Zamora (más conservador) como presidente de la República y Manuel Azaña como jefe del Gobierno. Se impulsaron una serie de reformas acordes con la Constitución de 1931.

Reformas impulsadas

Reforma agraria

La reforma agraria buscaba reorganizar el campo, proteger a los campesinos y aumentar la productividad. Se basó en la Ley de Bases de la Reforma Agraria de 1932. Entre sus medidas principales se encontraban:

  • La posibilidad de expropiación de tierras mal trabajadas o sin trabajar.
  • Se fijó la jornada laboral en 8 horas.
  • Se establecieron salarios mínimos.
  • Se creó el Instituto de Reforma Agraria.

La reforma se encontró con la oposición de los terratenientes. Tuvo poco éxito y no hubo tiempo suficiente para su implantación completa.

Reforma religiosa

Los objetivos de la reforma religiosa eran implantar un Estado laico, reducir la influencia de la Iglesia y establecer la libertad de culto. Para ello se adoptaron medidas como:

  • Eliminación de las subvenciones para el clero y el culto.
  • Permiso del divorcio y del matrimonio civil.
  • Secularización de los cementerios.
  • Prohibición de que las órdenes religiosas impartieran enseñanza.
  • Disolución de algunas órdenes, como los jesuitas.

Estas medidas provocaron la oposición de la Iglesia.

Reforma educativa

La reforma educativa pretendía reducir el analfabetismo (que afectaba al 40% de la población) y consolidar una educación laica. Se estableció la educación primaria obligatoria y se implantó una enseñanza gratuita, mixta y laica. Se eliminó la religión como asignatura obligatoria. Provocó la oposición de la Iglesia y de los grupos conservadores. Además, se crearon 10.000 plazas de maestros, se construyeron miles de escuelas y se favoreció el acceso a la cultura mediante Casas de Cultura y bibliotecas.

Reforma militar

La reforma militar pretendía reducir la influencia del ejército en la vida política y disminuir el presupuesto militar. Se redujeron los altos mandos, se cerraron academias militares y se puso fin al fuero especial de los militares. Esto provocó la oposición de la jerarquía militar y desembocó en un intento de golpe de Estado en agosto de 1932, liderado por el general Sanjurjo (la denominada Sanjurjada), que fracasó.

Reforma laboral

La reforma laboral, impulsada por Francisco Largo Caballero, pretendía modernizar España y mejorar las condiciones laborales y salariales. Se implantó la jornada de 8 horas y el salario mínimo. Se regularon los contratos de trabajo y se implantó un seguro de enfermedad y accidentes. Estas medidas se encontraron con la oposición de la patronal.

Reforma autonómica

La reforma autonómica reconocía el derecho a la autonomía y la integración de los nacionalismos. En 1932 se aprobó el Estatuto de Autonomía catalán y se reconoció el gobierno autonómico, la Generalitat, presidida por Francesc Macià. También se negociaron los estatutos vasco, navarro y gallego, pero no dio tiempo a su firma. Estas iniciativas encontraron la oposición de los partidos centristas.

Oposición y tensión social

Todas estas medidas se ganaron la oposición de instituciones muy poderosas (Iglesia, ejército, patronal…), de los partidos no republicanos (monárquicos, carlistas, alfonsinos…) y de la izquierda radical (anarquistas, CNT, para los que las reformas eran insuficientes).

Además, la tensión social fue en aumento, con huelgas y enfrentamientos entre anarquistas y la Guardia Civil. El gobierno adoptó medidas duras y hubo graves incidentes con numerosas víctimas, como en Llobregat (1932), Arnedo (1932) y Casas Viejas (1933).

Fin del bienio y elecciones de 1933

La oposición a las reformas y las medidas para atajar la conflictividad social provocaron el desgaste del gobierno y la dimisión de Manuel Azaña el 8 de septiembre de 1933. Se convocaron elecciones para el 19 de noviembre de 1933, que trajeron dos novedades importantes: el sufragio universal femenino y la unión de casi todos los partidos de derecha formando la CEDA, liderada por Gil Robles, que obtuvo la victoria en dichas elecciones.

El bienio radical-cedista (conservador) (1933-1936)

La dimisión de Manuel Azaña el 8 de septiembre de 1933 hizo que Niceto Alcalá-Zamora convocara elecciones en noviembre de 1933. Estas elecciones trajeron novedades como el sufragio universal (8 millones de mujeres fueron a votar) y la alianza de casi todos los partidos de derecha en la CEDA, liderada por Gil Robles. Los partidos de izquierda, en cambio, se presentaron divididos y además apareció un partido de extrema derecha, la Falange Española, fundada por José Antonio Primo de Rivera.

Resultados y formación de gobierno

La CEDA ganó las elecciones con 115 diputados, seguida por el Partido Republicano Radical de Lerroux con 102 escaños y el PSOE con 59. A pesar de la victoria de la CEDA, ni ésta ni el Partido Republicano Radical tenían mayoría absoluta, y Niceto Alcalá-Zamora optó por nombrar jefe de Gobierno a Lerroux, apoyado por Gil Robles (siempre que se cumpliera el programa contrarreformista de la CEDA). En esta nueva etapa, el bienio conservador (1933-1936) frenó y modificó muchas de las reformas del bienio reformista.

Política del nuevo gobierno

  • A nivel agrario: se paralizó la reforma agraria. Se prohibió la expropiación de tierras y se devolvieron muchas de ellas a sus dueños. Se anuló la jornada de 8 horas.
  • A nivel religioso: se recuperó el presupuesto para el culto y el clero. Se restauraron las órdenes religiosas, se devolvieron sus tierras y se permitió que volvieran a la enseñanza.
  • A nivel educativo: se paralizaron las iniciativas de la reforma educativa.
  • A nivel territorial: se suspendió el Estatuto de Autonomía de Cataluña y se frenaron las reformas autonómicas.
  • A nivel militar: se concedió la amnistía para los responsables de la Sanjurjada.

Los partidos de la oposición animaron a la sociedad a manifestarse contra este programa contrarreformista.

Octubre de 1934: la CEDA exige más poder

La CEDA quería mayor contundencia y Gil Robles exigió formar parte del gobierno. En octubre de 1934 consiguió que tres diputados de la CEDA fueran nombrados ministros. La izquierda interpretó esto como un acercamiento al autoritarismo y convocó una huelga general indefinida, que se siguió de distinta manera en todo el país. Aunque a nivel global la huelga fracasó, en Asturias y Cataluña derivó en graves acontecimientos.

Revolución de Asturias

En Asturias, el sector minero —muy importante— tomó varias ciudades. Lerroux decretó el estado de guerra y envió al ejército. El conflicto duró tres semanas y terminó con más de 15.000 detenidos y miles de muertos.

Sucesos en Cataluña

En Cataluña, la Generalitat proclamó el Estado Catalán dentro de la República Federal Española; el gobierno central también envió al ejército y el conflicto terminó con la detención del gobierno catalán presidido por Lluís Companys.

Consecuencias políticas

Aunque a finales de 1934 el gobierno recuperó el control, tras estos acontecimientos el papel de Gil Robles se vio reforzado: fue nombrado ministro de Guerra y designó jefe del Estado Mayor a Francisco Franco.

En 1935 Gil Robles presentó una propuesta para reformar la Constitución; pretendía eliminar el carácter laico del Estado, suprimir las autonomías y anular derechos como el divorcio o el matrimonio civil.

Corrupción y elecciones de 1936

En 1935 se destaparon varios casos de corrupción, como el caso del estraperlo, en el que estaba implicado Lerroux, lo que le obligó a dimitir. Alcalá-Zamora disolvió las Cortes y convocó elecciones para febrero de 1936. Los partidos de izquierda (socialistas, republicanos y comunistas) se unieron en el Frente Popular, que ganó las elecciones.

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