Transformaciones Económicas Globales: La Segunda Revolución Industrial y la Expansión Capitalista

La Segunda Revolución Industrial y las Nuevas Oportunidades

Se trata de un nuevo proceso de cambios dentro del capitalismo. A diferencia de la primera, que supuso la introducción de esa nueva estructura socioeconómica, esta vez los cambios tienen lugar dentro del propio sistema. Todas estas novedades suceden a partir de 1870 en **EE. UU.**, **Europa Occidental** y **Japón**. Estos desarrollos fueron consecuencia de las transformaciones que estaban teniendo lugar en la tecnología y en los mercados.

Contexto Tecnológico: La Era del Acero, la Electricidad y la Química

En efecto, el contexto tecnológico cambió hacia 1870/1880 con la puesta en marcha de innovaciones importantes en tres campos: la energía, las materias primas y la maquinaria.

Innovaciones Clave

  • Energía: Descubrimiento de nuevas fuentes como la electricidad y el petróleo, que desplazaron al carbón y al vapor.
  • Materias Primas y Maquinaria: El acero y la química desempeñaron un papel clave en el progreso tecnológico, impulsando el sector de los transformados metálicos.
  • Motores: La invención del motor eléctrico y del motor de combustión fueron innovaciones cruciales.

A mediados del siglo XIX, la mayor parte de los inventos había sido obra de técnicos o artesanos. En la segunda mitad del siglo, el papel de la ciencia adquirió una mayor importancia en la génesis de las innovaciones tecnológicas de aquella época, que se suele definir como la era del acero, la electricidad y la química. Los progresos técnicos se debieron, cada vez más, a descubrimientos de laboratorio.

El Protagonismo del Acero y la Química

De todos los productos nuevos del siglo XIX, ninguno fue más importante que el acero, que reunía las ventajas del hierro y del hierro colado (plasticidad, elasticidad, dureza). El acero fue el producto base de la industria pesada de los bienes instrumentales.

La era del acero fue también la de la química, cuyos productos se multiplicaron a medida que las investigaciones de laboratorio progresaban, primero en la química de base y después en la química orgánica. En este sector, el peso de la investigación científica era mayor que en todos los demás y precisamente por esto tuvo su centro propulsor en Alemania, el país que poseía una tradición más antigua de investigación sistemática basada en una educación científica formal y en la instrucción técnica (en 1880 Adolf von Bayer logró la síntesis del índigo).

En este campo, los alemanes vencieron pronto en la competencia con los ingleses. Se convirtieron en los líderes indudables en todas las producciones sintéticas, como la del amoníaco y los nitratos, debidas respectivamente a Fritz Haber (1904) y a Carl Bosch (1913).

El Desarrollo de la Electricidad

En el campo de la electricidad, los experimentos con fines comerciales habían comenzado en los primeros años del siglo XIX con las posibilidades del alumbrado demostradas por Humphry Davy en 1808, el motor eléctrico (1821) y la dinamo de Michael Faraday.

Para que la energía pudiera pasar a ser de uso corriente fue necesario resolver los problemas de coherencia existentes entre las distintas partes del sistema: la producción, la transmisión a distancia y la utilización para producir luz o energía motriz.

La energía eléctrica transformó la vida cotidiana de los habitantes de las ciudades, cambió la estructura de los talleres, e hizo posible la aparición de nuevos productos como el aluminio. Las realizaciones de Bergès abrieron el camino a las centrales hidroeléctricas, y en las áreas urbanas fueron las centrales térmicas las que suministraron energía eléctrica. Hacia 1880, Thomas A. Edison y Joseph Swan construyeron las primeras bombillas eléctricas modernas que permitieron la difusión del alumbrado eléctrico también en los hogares.

El Inicio de la Era del Petróleo

En el campo energético se producía una apertura a un posterior cambio de paradigma. Se entró, en efecto, en la era del petróleo, que antes de 1914 todavía no competía realmente con el carbón. Después de su descubrimiento en Pennsylvania (1859), sirvió sobre todo para el alumbrado o la lubricación. Después de 1900 se comenzó a quemar la nafta en las calderas de los barcos.

Novedades en los Mercados

A partir de 1870 también tienen lugar importantes novedades en cuanto a los mercados. La integración de los mercados supone el desarrollo de, al menos, tres elementos claves:

  1. La desaparición completa de cualquier rastro del Antiguo Régimen que todavía pudiera subsistir.
  2. La homogeneización normativa y también de precios.
  3. La mejora de las comunicaciones y de los sistemas de transporte que garantizan el flujo comercial.

La consecuencia directa fue el aumento considerable del tamaño del mercado. Esto tuvo, a su vez, otros efectos: el incremento de la producción, el crecimiento del volumen de intercambios y, por consiguiente, la mayor interdependencia económica de todos los países. Finalmente, esa lucha por el mercado sumada a la densidad de la interdependencia económica provocó un aumento de la competencia.

Los Movimientos Internacionales de los Factores de Producción: Trabajo y Capital

Movilidad del Trabajo

A lo largo del siglo XIX, la movilidad del factor trabajo fue constante. Por regla general, apenas hubo impedimento en las fronteras para permitir la llegada de emigrantes. Al contrario, la fuerza de trabajo era bien recibida en países donde tanto la agricultura como la industria y la capacidad de inversión dependían de la disponibilidad de mano de obra suficiente.

Los emigrantes europeos fueron sobre todo británicos y alemanes en la etapa inicial del proceso, pero hacia mitad de siglo se sumaron los procedentes de países del sur y del Este de Europa. Este fenómeno alcanzó una enorme magnitud durante el siglo XIX porque no se limitó a la migración transoceánica, sino que coincidieron múltiples desplazamientos. Hubo, de hecho, tres tipos de migraciones:

  • Intercontinentales.
  • Comarcales: del medio rural a la ciudad industrializada.
  • Nacionales: de áreas atrasadas a zonas industriales.

En conjunto, unos 200 millones de personas cambiaron de residencia durante el siglo XIX, lo que nos permite hablar de la mayor oleada migratoria de la historia.

Movilidad del Capital

En cuanto al capital, la movilidad de este factor tampoco encontró obstáculos. Productos y mercancías eran gravados en las fronteras con impuestos aduaneros, pero los caudales no. Desde el comienzo del siglo XIX, los capitales se desplazaron buscando beneficios rápidos.

Las primeras inversiones en el extranjero se destinaron a la construcción de redes ferroviarias y compañías mineras. Poco después, en una segunda fase, financiaron servicios y obras públicas (puentes, redes de abastecimiento de agua, gas o electricidad, compañías de tranvías u otros transportes públicos). Por último, a partir de 1870, la inversión extranjera se dirigió también hacia las empresas privadas relacionadas con los sectores emergentes como las químicas y siderúrgicas y, en territorios coloniales, hacia las plantaciones.

La Lógica del Patrón Oro y el Laissez-Faire

Un patrón oro «automático» es parte natural de una economía de laissez-faire y de librecambio. Un patrón así vincula los tipos monetarios y los niveles de precios de cada nación con los de todas las demás naciones que lo aceptan.

Este patrón es sumamente sensible al gasto público e incluso a actitudes o políticas que no implican directamente gasto público, como, por ejemplo, la política internacional, o ciertas políticas fiscales o, en general y precisamente, todas las políticas que violan los principios del liberalismo económico. El oro impone restricciones a los gobiernos o burocracias con mucha más fuerza que una interpelación en el parlamento. Es símbolo y garantía de la libertad burguesa, no ya solo de la del interés burgués, sino de la libertad en sentido burgués.

La Expansión Mundial del Capitalismo: El Imperialismo

El imperialismo fue un programa calculado destinado a favorecer el crecimiento económico de las metrópolis. Su esencia es inmutable: se trataba de poseer territorios para explotar sus materias primas y para convertirlos al mismo tiempo en consumidores de las manufacturas elaboradas en los países dominantes.

El socialista francés Jean Jaurès no lo pudo decir más claro ante la Cámara francesa en 1911, a propósito concretamente del caso de Indochina: «Les habéis robado sus recursos; habéis hecho, no los trabajos modestos útiles para ellos: trabajos de regadío para sus arrozales, caminos para sus comunicaciones personales o para sus pobres vehículos; habéis hecho grandes ferrocarriles que han dado lugar a préstamos rentables y a negocios desvergonzados», partiendo del falso principio de que desde el primer momento las colonias fuesen para las metrópolis tierra de ganancia.

La carrera imperialista empezó a desarrollarse a mitad del siglo XIX, pero su periodo más floreciente es el que se situó entre 1880 y 1914, en vísperas de la Primera Guerra Mundial. A partir, sobre todo, de 1880 se produjo en poco tiempo una inmensa ocupación de territorios que puso bajo el poder de los principales países industrializados la mayor parte de África, Asia y Oceanía, continentes donde hasta entonces la dominación extranjera no pasaba por regla general de algunos enclaves en la costa, de modo que, en vísperas de la Primera Guerra Mundial, diez países controlaban la mayor parte del mundo.

El ejemplo de Gran Bretaña, cuyo proceso de industrialización había tenido un impulso notable gracias al mercado exterior que le proporcionaban sus posesiones coloniales, sirvió de estímulo para que otros países quisieran seguir el mismo ejemplo. Así comenzó a fundarse el Imperio francés en África e Indochina; el Imperio holandés en las Indias Orientales (la actual Indonesia); el Imperio belga en el centro de África; y también otros que llegaron algo más tarde al reparto del mundo.

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