Revoluciones, nacionalismos e industrialización en Europa del siglo XIX: causas, procesos y consecuencias

Movimientos revolucionarios de 1820

Movimiento revolucionario de 1820: La primera oleada revolucionaria comenzó en España en 1820. La sublevación de Andalucía y la mutinería de tropas destinadas a sofocar revueltas independentistas, apoyadas por el ejército y las clases urbanas, obligaron a Fernando VII a aceptar la Constitución liberal de 1812. El pronunciamiento de Rafael de Riego precipitó también el proceso de independencia de varias colonias españolas en América.

En el sur de Europa, este movimiento impulsó revueltas liberales que estallaron en Nápoles, el Piamonte y Portugal. En este periodo se produjo además la emancipación de Brasil (1822). Muchos de estos movimientos fracasaron debido a la reacción de las fuerzas absolutistas. El único triunfo duradero después de las guerras de independencia fue el levantamiento griego contra el dominio turco. El debilitamiento del Imperio otomano limitó su poder en territorios como Serbia, que empezó a gozar de mayor autonomía, y atrajo la presión militar y diplomática de potencias vecinas con intereses estratégicos.

La revolución de 1830

En 1830 la insurrección popular que estalló en París inició una nueva oleada de movimientos revolucionarios en Europa con un claro carácter liberal y nacionalista.

Francia

La revuelta tuvo su origen en la política reaccionaria impuesta por Carlos X. La insurrección se extendió por todo el país y obligó al rey a exiliarse. El trono fue ocupado por Luis Felipe de Orleáns, que accedió como monarca constitucional de la Monarquía de Julio.

Bélgica

En agosto de 1830 la revolución se extendió a Bélgica. El Reino Unido de los Países Bajos, creado por el Congreso de Viena como un Estado-tapón, albergaba dos sociedades muy dispares: las provincias del sur, mayoritariamente católicas y francófonas, con un notable desarrollo económico, se oponían al dominio político holandés. El 4 de octubre de 1830 una coalición de católicos y liberales proclamó la independencia de Bélgica. En la Conferencia de Londres de 1831 las grandes potencias reconocieron la independencia belga.

Polonia y estados italianos

En Polonia se produjo una revuelta nacionalista contra la opresión imperial rusa (levantamiento de noviembre de 1830). La represión zarista, dirigida por el emperador Nicolás I, impuso un régimen más estrecho que limitó la autonomía y persiguió la lengua y la cultura polacas. Los levantamientos en Modena, Parma, Bolonia y los Estados Pontificios fueron aplastados por tropas austriacas.

Consecuencias

Los movimientos de 1830 originaron un distanciamiento entre las potencias occidentales. Se consolidaron alianzas y bloques conservadores que defendieron el intervencionismo antiliberal, reafirmando compromisos de acción conjunta frente a revoluciones y cambios políticos en Europa.

La revolución de 1848

La revolución de 1848 supuso el final del ciclo revolucionario iniciado en 1815 contra la hegemonía de las monarquías absolutistas. Se puso de manifiesto la fuerza de las identidades nacionalistas y los límites del liberalismo político, dividido entre constituciones moderadas apoyadas por la alta burguesía y la presión popular en favor de mayores derechos democráticos.

Las clases trabajadoras comenzaron a tener una voz propia, cada vez más crítica con el orden social capitalista. El malestar social generalizado en Europa estaba motivado por crisis de subsistencia: malas cosechas y carestía de alimentos básicos empeoraron las condiciones de vida de las clases populares. La crisis agraria afectó también a la industria, empobreciendo artesanos y obreros.

Francia en 1848

En febrero de 1848, las medidas autoritarias del gobierno francés (prohibición de reuniones políticas) desencadenaron una revuelta popular. La Guardia Nacional se negó a disparar contra las manifestaciones y la presión de las barricadas llegó hasta el palacio real, provocando la huida de Luis Felipe de Orleáns. Se proclamó la Segunda República y un gobierno provisional instauró el sufragio universal masculino, suprimió la pena de muerte para delitos políticos en algunos casos y reconoció derechos sociales para los trabajadores. En 1849 Luis Napoleón Bonaparte fue elegido presidente de la nueva república; dos años después, en 1851, dio un golpe de Estado y se proclamó emperador con el nombre de Napoleón III (coronación en 1852).

Austria y el Imperio Habsburgo

En Austria las protestas y manifestaciones en Viena provocaron la caída de Metternich y la abdicación del emperador Fernando I. Su sucesor, el emperador Francisco José (reinado 1848–1916), heredó un largo mandato en el que se vio obligado a aceptar medidas como la abolición de la servidumbre feudal y a promulgar una constitución liberal temporal. Sin embargo, el nuevo parlamento se negó a aceptar las reivindicaciones nacionalistas de múltiples pueblos, y las tropas imperiales aplastaron levantamientos producidos en Praga, en varias ciudades de Hungría, en el norte de Italia, en Nápoles y en los Balcanes.

Alemania y el fracaso de la unificación liberal

Las revueltas populares se extendieron por muchos estados alemanes y llegó a formarse un Parlamento alemán (la Asamblea de Frankfurt) dispuesto a aprobar una constitución unitaria de carácter liberal. Sin embargo, el rey de Prusia rechazó la corona ofrecida por aquella asamblea y disolvió el parlamento. La mayoría de las revoluciones de 1848 terminaron sofocadas en sangre.

Balance

Aunque muchas revueltas fueron derrotadas, el fracaso no fue absoluto: en gran parte de Europa oriental (excepto Rusia) se produjo la desaparición formal de la servidumbre campesina y se fueron erosionando las herencias del feudalismo. El sistema parlamentario constitucional se impuso en la mayoría de países, completando así el proceso de las revoluciones burguesas. Triunfó un liberalismo moderado con base censitaria; las demandas democráticas quedaron incorporadas al ideario progresista y republicano. Las protestas populares demostraron la capacidad de actuación de las masas y la creciente fuerza del proletariado. La derrota de muchos nacionalismos fue temporal; se inició un largo proceso de luchas y movilizaciones políticas.

Avances en la producción industrial

Nacimiento de la industria moderna: La aparición y extensión del sistema fabril estuvieron vinculadas a un nuevo modelo de producción que concentraba en el espacio de la fábrica el capital, los trabajadores, la maquinaria y las nuevas fuentes de energía (hidráulica y carbón).

El despegue industrial se produjo, en primer lugar, en la producción textil y en la siderurgia, sectores pioneros donde se experimentaron casi todas las innovaciones tecnológicas.

Innovaciones técnicas en la industria textil

  • 1733: John Kay inventó la lanzadera volante, que permitía tejer piezas más largas en menos tiempo.
  • Década de 1760: James Hargreaves inventó la spinning jenny, una máquina de hilar que multiplicaba la producción respecto a las antiguas ruecas manuales.
  • Richard Arkwright desarrolló la water frame, movida por energía hidráulica, y Samuel Crompton combinó sistemas para crear la spinning mule (mule jenny).
  • Edmund Cartwright patentó un telar mecánico (power loom) hacia 1785.

Por otra parte, las mejoras en la máquina de vapor, con aportaciones decisivas de James Watt en la segunda mitad del siglo XVIII, permitieron su empleo en minas (para bombear agua) y, posteriormente, en transporte. La creciente demanda de hierro y carbón impulsada por la industria textil fomentó el desarrollo de la siderurgia, mejorada con el uso de altos hornos y del coque. En 1814 George Stephenson construyó una de las primeras locomotoras de vapor; el ferrocarril se convirtió en el motor principal de la industrialización y, junto con este auge, creció el capitalismo financiero.

Imperios europeos pluracionales

El proceso de democratización de los estados occidentales no se extendió con la misma intensidad a los viejos imperios de Europa central y oriental. El Imperio austrohúngaro y el Imperio ruso se regían por monarquías con un poder ampliamente autoritario.

El Imperio austrohúngaro

El Imperio austrohúngaro se gobernaba de forma autoritaria desde hacía siglos. Tras la derrota de Austria frente a Prusia en 1866 y la consiguiente crisis, el emperador Francisco José se vio obligado en 1867 a aceptar la creación de la monarquía dual (compromiso austrohúngaro), que otorgó una notable autonomía a Hungría y configuró dos administraciones en el mismo imperio. La parte occidental del Imperio quedó dominada por Austria y una población mayoritariamente alemana; en los territorios orientales, la minoría magiar (húngara) gobernaba con un elevado grado de autonomía. Sin embargo, la creación de dos reinos dentro del imperio no resolvió el problema de las nacionalidades: los pueblos eslavos de los Balcanes y otras minorías continuaron reclamando derechos nacionales.

El Imperio ruso

La Rusia de los zares era un inmenso territorio regido por el régimen autocrático de la dinastía Romanov. A lo largo del siglo XIX sus fronteras se extendieron hacia el este (Asia central) y el sur (Turquestán), así como hacia territorios como Besarabia, Polonia y Finlandia. En la parte europea la mayoría de la población era eslava; en Asia existía gran variedad de etnias caucásicas, turcas y tártaras. El Estado, el mayor del mundo, tenía una economía agraria atrasada y un orden político-social que apenas había cambiado desde el Antiguo Régimen.

Tras la derrota rusa en la guerra de Crimea (1853–1856) comenzaron tímidas reformas. El zar Alejandro II (1855–1881) aprobó la abolición de la servidumbre en 1861, impulsó la creación de órganos de administración local y favoreció el desarrollo de infraestructuras industriales y ferroviarias. Asesinado en 1881, fue sucedido por Alejandro III (1881–1894), quien reforzó la represión y la política conservadora. Con Nicolás II (1894–1917) el Imperio ruso afrontó derrotas militares (Guerra ruso-japonesa) y la revolución de 1905, que forzaron reformas tímidas; finalmente el imperio quedó debilitado y colapsó con los acontecimientos de 1917.

Democracia en Reino Unido y Francia

Reino Unido

La historia del siglo XIX británico estuvo marcada por el largo reinado de la reina Victoria (1837–1901). Fue la época del apogeo del Imperio británico, la modernización económica y el desarrollo de la democracia liberal. La monarquía y el régimen parlamentario se convirtieron en dos pilares del Estado. La Cámara de los Comunes fue ganando protagonismo frente a la aristocracia representada por la Cámara de los Lores.

El proceso de ampliación del sufragio masculino comenzó con la reforma electoral de 1832. La ley de 1867, aprobada por un gobierno conservador, amplió de nuevo el electorado, y la reforma de 1884 extendió aún más el derecho al voto masculino. Gobiernos liberales posteriores (como los de William Gladstone) impulsaron reformas: voto secreto, libertad de culto, extensión de la enseñanza primaria, reconocimiento de sindicatos y legislación social protectora.

Francia

El Segundo Imperio de Napoleón III se caracterizó por un poder inicialmente muy autoritario. La derrota en la guerra contra Prusia (1870), con la capitulación en la batalla de Sedan, supuso la caída del régimen. En 1871 se produjo la Revolución de la Comuna de París. En 1875 se aprobó la Constitución de la Tercera República, que consagró instituciones con sufragio universal masculino. La república avanzó mediante medidas legislativas (enseñanza primaria pública, gratuita y obligatoria; laicización de la enseñanza; ley del divorcio; ampliación de derechos políticos y sindicales). Jules Ferry, como ministro de Instrucción Pública en 1879 y años siguientes, impulsó la escuela laica, gratuita y obligatoria.

El II Reich: la Alemania bismarckiana

El Imperio alemán, construido a partir de 1871, fue un estado federal con una monarquía constitucional. La clase de los junkers mantuvo un fuerte predominio político y social. El gobierno del káiser y del canciller Otto von Bismarck mantuvo un marcado acento autoritario. El Parlamento estaba formado por una cámara alta federal (Bundesrat) y una cámara baja de diputados (Reichstag), pero el gobierno no era responsable ante el parlamento: el canciller era responsable únicamente ante el emperador, que poseía amplios poderes.

La política interior de Bismarck buscó la unidad y la estabilidad del imperio mediante una larga serie de medidas legales y administrativas. Para contener la conflictividad social Bismarck introdujo un sistema pionero de seguridad social. En política exterior Bismarck siguió una diplomacia realista (Realpolitik) cuyo objetivo principal fue reforzar la posición de Alemania en Europa y aislar diplomáticamente a Francia.

Sistemas de alianzas

  • Triple Alianza (1882): Alemania, Italia y Austria-Hungría.
  • Alianza dual entre Alemania y Austria-Hungría (1879).
  • Triple Entente no consolidada en la época de Bismarck, pero tras su caída (1890) las alianzas cambiaron: Francia se acercó a Rusia (alianza franco-rusa de 1892) y más tarde a Reino Unido (Entente Cordiale, 1904).

La red de alianzas tejida por Bismarck se vino abajo tras su destitución en 1890. A partir de entonces los conflictos imperialistas y la carrera armamentista intensificaron las rivalidades entre potencias.

La cuestión de los Balcanes

A finales del siglo XIX, la descomposición del Imperio otomano convirtió la península balcánica en uno de los problemas centrales de la política exterior europea. El Imperio otomano, gobernado por un régimen teocrático encabezado por el sultán (también califa), sobrevivía en medio de una inestabilidad política creciente.

En 1853 estalló la guerra de Crimea; la intervención de Austria, Francia y Reino Unido frenó el expansionismo ruso, y la paz de París (1856) limitó las ambiciones rusas. Sin embargo, los procesos de autonomía y reconocimiento de entidades como Serbia y Rumania avanzaron. En 1877–1878, la guerra entre Rusia y el Imperio otomano terminó con el Tratado de San Stefano (y luego fue revisado en el Congreso de Berlín), que obligó a reconocer la independencia o mayor autonomía de varios territorios balcánicos.

En 1908 el movimiento de los Jóvenes Turcos provocó reformas internas en el Imperio otomano y, ese mismo año, Austria-Hungría procedió a la anexión de Bosnia-Herzegovina, lo que generó una fuerte tensión regional. En 1912 la Liga Balcánica, promovida por varios estados balcánicos, enfrentó al Imperio otomano en las guerras balcánicas, que reconfiguraron definitivamente el mapa de la península.

Orígenes y fases de la industrialización

Los orígenes de la industrialización se datan en Inglaterra entre 1760 y 1780. Este proceso permite estudiar y explicar los orígenes, caracteres y consecuencias de una transformación trascendental para la historia de la humanidad. Antes de la industrialización, la mayor parte de la riqueza provenía de la tierra; predominaba la agricultura de subsistencia y la producción artesanal. Las crisis agrarias limitaban el crecimiento urbano y la producción a gran escala encontraba muchos obstáculos.

Protoindustrialización y sistema doméstico

En muchas comarcas de Gran Bretaña, Holanda, el norte de Italia o el norte de España se desarrolló la protoindustrialización: las familias campesinas complementaban el trabajo agrícola con labores de tejido realizadas en el hogar con ruecas y telares manuales. Esta primera fase, conocida como domestic system o sistema doméstico, evolucionó hacia el putting-out system, en el que el comerciante (en la práctica ya empresario) controlaba el proceso productivo: suministraba materias primas y herramientas, fijaba precios y recogía la producción artesana para venderla en mercados próximos.

Industrialización y fábrica

Posteriormente, algunos empresarios dieron el paso hacia el factory system: fábricas urbanas donde se concentraban maquinaria, capital y mano de obra. Gran Bretaña fue la primera nación donde se produjo este proceso a gran escala en el siglo XVIII. Su imperio colonial, su flota y el control de rutas marítimas facilitaron el acceso a materias primas y mercados. La ausencia de aduanas interiores, una red densa de puertos, carreteras y canales, y un marco político relativamente estable favorecieron la expansión industrial. La burguesía, con importante representación política, defendió la libertad comercial y los derechos de propiedad, impulsando la consolidación del mercado interno y externo. El espíritu innovador y la experimentación tecnológica transformaron el modelo de producción, sustituyendo trabajo manual por máquinas.

Nacionalismo y La Restauración

Nacionalismo: El concepto de nación adquirió significado político claramente en la época de la Revolución francesa. Se asocia a la existencia de relaciones económicas y sociales estrechas, un pasado común, identidades culturales, lingüísticas y religiosas compartidas, y un sentimiento de pertenencia a un pueblo distinto. El nacionalismo es una ideología política que defiende el derecho de cada pueblo a configurar un Estado propio. El nacionalismo liberal, por ejemplo, defendía la libertad de los individuos para formar una comunidad política; un referente de este pensamiento fue Giuseppe Mazzini, que luchó por la unificación italiana.

La Restauración y el Congreso de Viena

Tras la derrota de Napoleón, los representantes de las grandes potencias vencedoras se reunieron en el Congreso de Viena (1814–1815) para definir un nuevo orden político en Europa. El objetivo principal fue la restauración del orden tradicional: alianza entre defensores del absolutismo, la Iglesia y la aristocracia. El sistema político ideado por Metternich buscó crear un equilibrio de poderes que evitara nuevas guerras y frenara los movimientos revolucionarios.

En el mapa resultante, Austria impuso su dominio en el norte de Italia, Prusia amplió su influencia sobre los territorios alemanes reunidos en la Confederación Germánica, Rusia consolidó posiciones hacia el oeste, Gran Bretaña aseguró su dominio marítimo y se confirmaron diversas restauraciones dinásticas. Francia recuperó sus fronteras anteriores a la revolución, pero no fue castigada como enemigo derrotado; Luis XVIII promulgó una carta otorgada que conservó algunas transformaciones políticas y administrativas. Este frente reaccionario de potencias absolutistas fue erosionado por las oleadas revolucionarias que se sucedieron entre 1820 y 1848. Los principios liberales y las identidades nacionalistas se difundieron mediante la prensa, la actividad de grupos exiliados y la extensión de sociedades clandestinas.

Industrialización 2.0: consolidación y expansión

La segunda fase de la industrialización consolidó el sistema fabril y extendió la industria a nuevas áreas y países de Europa occidental. Gran Bretaña fue el modelo inicial: control colonial, superioridad naval, infraestructura de transporte, mercado interior integrado y un contexto político favorable permitieron acelerar la industrialización. Las mejoras técnicas e organizativas transformaron la producción y la sociedad, dando lugar a una nueva era económica y social.

Conclusión

El siglo XIX europeo quedó marcado por la interacción entre revoluciones políticas (1820, 1830, 1848), el auge del nacionalismo, la transformación económica por la industrialización y la reconfiguración de imperios pluracionales. Estos procesos no sólo cambiaron los mapas políticos, sino también la estructura social y económica de Europa, sentando las bases de los conflictos y de las transformaciones del siglo XX.

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