1. Auge y crisis de las democracias europeas
El triunfo de las democracias en la Primera Guerra Mundial hizo que, tras 1918, este sistema se implantase en casi todos los nuevos Estados de Europa, siendo la URSS comunista la única excepción inicial. Sin embargo, pronto surgieron enemigos que ganaron fuerza:
- Excombatientes: Especialmente descontentos en Italia y Alemania.
- Ideologías totalitarias: Fascismo, nacionalsocialismo, comunismo y socialismo revolucionario.
- Ideologías nihilistas: El anarquismo, con gran peso en España.
Las democracias más jóvenes entraron en crisis tras el ascenso de Mussolini en Italia (1922). Por miedo al avance soviético, en Europa oriental se instauraron dictaduras nacionalistas y filofascistas. Solo se mantuvieron estables las democracias de Europa occidental (salvo España, Portugal e Italia) y los países nórdicos.
1.1. La crisis de las democracias tras la IGM
Tras la Primera Guerra Mundial, Europa sufrió una grave crisis económica y social, con inflación, paro y conflictos laborales. El impacto de la Revolución rusa aumentó el miedo al comunismo, provocando revoluciones en algunos países y huelgas en otros, lo que generó desconfianza hacia la democracia. En países con democracias más fuertes, como Francia o Reino Unido, el sistema se mantuvo gracias a reformas y a la integración de partidos socialistas. Sin embargo, en muchos otros países europeos, la debilidad democrática y la crisis de los años 30 llevaron a que amplios sectores apoyaran regímenes autoritarios o fascistas. Así, surgieron dictaduras como el fascismo en Italia y el nazismo en Alemania, así como otros regímenes autoritarios en distintos países europeos.
La República de Weimar
La República de Weimar surgió tras la derrota de Alemania en la Primera Guerra Mundial y el fin del imperio. Desde el principio tuvo que enfrentarse a intentos de golpe tanto de la izquierda revolucionaria como de la derecha militar. Se organizó como una república federal con sufragio universal y un presidente con amplios poderes, apoyado por un gobierno de coalición. El principal problema fue la crisis económica provocada por las reparaciones impuestas en el Tratado de Versalles, que causaron paro e hiperinflación. La situación empeoró en 1923 con la ocupación del Ruhr por Francia. Entre 1924 y 1929 hubo una etapa de recuperación gracias a inversiones extranjeras y acuerdos como el Plan Dawes, conocida como los “años dorados”. Sin embargo, la crisis de 1929 volvió a hundir la economía, aumentando el desempleo y la inestabilidad política, lo que favoreció el auge de movimientos extremistas como el Partido Nazi y los comunistas.
2.2. La formación del Partido Nacional Fascista y la conquista del poder
En este ambiente conflictivo Benito Mussolini, un exmilitante socialista expulsado del partido, fundó, en 1919, los Fascios Italianos de Combate, grupos paramilitares ultranacionalistas que actuaban violentamente, se identificaban por una determinada simbología (camisa negra, saludo a la romana, etc.), y se nutrían de antiguos anarquistas y sindicalistas revolucionarios, ultraderechistas, nacionalistas y excombatientes. En un primer momento, los fascistas defendían reivindicaciones nacionalistas dentro de un programa socialista. En un segundo momento, la burguesía italiana, junto con la complicidad del ejército y la policía, apoya los movimientos fascistas para que restablezcan el “orden” y frenen la amenaza del comunismo y la bolchevización de Italia.
Mussolini cambió de táctica y, en 1921, funda el Partido Nacional Fascista, cuyo programa defendía la propiedad privada, el nacionalismo y contaba con un proyecto de expansión territorial. A raíz de esto, hubo numerosos actos de violencia por parte de las escuadras fascistas contra las huelgas y manifestaciones obreras, haciendo fracasar la huelga general del verano de 1922. En octubre de 1922 tuvo lugar la “Marcha sobre Roma”, una demostración de fuerza en la que miles de camisas negras exigieron el poder ocupando edificios públicos y tomando el control de las instituciones, alegando que el gobierno resultaba ineficiente a la hora de establecer el orden y la autoridad.
El rey Víctor Manuel III, que se negó a tomar medidas de excepción, apoyado por militares y políticos liberales, entregó el gobierno a Mussolini. Entre 1922 y 1924 Mussolini gobernó manteniendo el sistema parlamentario, pero en 1924, tras el asesinato del diputado socialista Matteotti, quien había denunciado los crímenes perpetrados por las escuadras fascistas y los fraudes electorales del Partido Fascista para hacerse con el poder, Mussolini asumió plenos poderes como Il Duce (caudillo), iniciándose la dictadura fascista.
2.3. La dictadura fascista
A partir de 1925-26 Mussolini implantó la dictadura fascista con las llamadas “Leyes Fascistísimas”: creación de un tribunal de delitos políticos y de una nueva policía secreta (la OVRA), eliminación de los demás partidos políticos y de los sindicatos obreros, censura de prensa, y poderes de Mussolini ilimitados, siendo solo responsable ante el rey. Se establece un régimen totalitario de partido único —el Partido Nacional Fascista—, aunque el poder real residía en Mussolini, asistido por el Gran Consejo Fascista. En 1938, el Parlamento fue sustituido por la Cámara de los Fascios y de las Corporaciones.
Con la Iglesia firma los Pactos de Letrán, en los que, a cambio de que la Santa Sede reconociese el Estado fascista y a Roma como su capital, obtenía el reconocimiento de su nuevo estado, el Vaticano, del matrimonio eclesiástico, del catolicismo como la religión oficial del estado, y de la enseñanza obligatoria de la religión en las escuelas.
Control social y política económica
El estado fascista aspiraba a controlar el pensamiento y la actividad de su población. Por ello, controlaron totalmente la educación, la cultura y los medios de comunicación, y encuadraron a los niños y jóvenes en las organizaciones infantiles y juveniles del partido: se quería forjar al “italiano nuevo” en las virtudes militares de la disciplina y la obediencia. Las mujeres fueron penalizadas salarialmente y reforzadas en su papel de esposas y madres.
En cuanto a la política laboral y económica se optó por el corporativismo, es decir, la superación de la lucha de clases a través de la colaboración entre obreros y patronos. Este corporativismo se inicia con la Carta del Trabajo (1927), que solo permitía el sindicato fascista y prohibía las huelgas. De una política económica liberal, al principio, se pasó a una política intervencionista, que la propaganda presentaba como “batallas” (la del trigo, la de la lira, etc.). Tras la crisis de 1929, la intervención estatal aumentó y se optó por la autarquía, fomentándose la concentración industrial con la creación del IRI (Instituto para la Reconstrucción Industrial), que canalizaba las inversiones estatales hacia industrias de valor estratégico. A partir de 1936 se siguió una economía de guerra, ya que se promovió un intenso rearme, y una política exterior expansionista que pretendía la conquista de colonias en África (Libia, Abisinia).
2. Causas de la crisis de las democracias europeas
Las causas principales de este colapso fueron:
- Enfrentamiento social: Tensión constante entre las oligarquías (industriales y financieras) apoyadas por la burguesía, y un proletariado cada vez más organizado.
- Temor al comunismo: El avance de la URSS favoreció el auge de totalitarismos (fascismo/nazismo) y dictaduras, vistos por las democracias como un «mal menor» contra la revolución obrera.
- Secuelas de la Gran Guerra: Exacerbación del nacionalismo y dificultades para que los excombatientes se adaptaran de nuevo a la vida civil.
- Decepción con los tratados de paz: Países derrotados (Alemania) se sintieron humillados y algunos vencedores (Italia) se sintieron marginados y poco recompensados.
- Crisis económica: Inestabilidad financiera persistente que no se lograba resolver.
- Luchas internas en Estados plurinacionales: En países de reciente creación (Yugoslavia, Polonia, Checoslovaquia), las etnias dominantes reprimieron a las minorías.
- Inestabilidad política: Las leyes de representación proporcional pura fragmentaron los parlamentos, impidiendo mayorías sólidas y dificultando la formación de gobiernos estables.
