La Prehistoria en la Península Ibérica
La evidencia más antigua de los primeros pobladores de la península Ibérica, hace 1,2 millones de años, es una mandíbula que correspondía al Homo antecessor.
El Paleolítico
- Paleolítico Inferior: Los grupos de antecessor y heidelbergensis utilizaban un instrumental muy sencillo para dedicarse al carroñeo y la caza menor, habitando en espacios al aire libre.
- Paleolítico Medio: Los neandertales sufrieron una glaciación, lo que les obligó a refugiarse en cuevas y abrigos, donde realizaron las primeras pinturas rupestres. Mejoraron su instrumental, lo que les permitió cazar grandes animales. La organización de enterramientos sugiere el desarrollo de creencias en el más allá.
- Paleolítico Superior: Los Homo sapiens habitaron en cuevas o cabañas al aire libre. Poseían un instrumental más variado y de menor tamaño, que les permitió diversificar su dieta combinando la caza y la recolección con la pesca y el marisqueo. Realizaban pinturas rupestres representando manadas de animales e introdujeron ajuares en sus enterramientos.
El Neolítico y el Mesolítico
Desde el 6.000 a. C. se produjo la “revolución neolítica”. Los humanos comenzaron a practicar la agricultura y la ganadería, lo que les llevó a la sedentarización. Existen dos teorías que explican este proceso: un aumento de las temperaturas que redujo la disponibilidad de agua y alimentos, o un aumento de la población que presionó los recursos existentes.
La sedentarización, la cría de especies domésticas y la agricultura permitieron una mayor seguridad. Además, contaron con utensilios de piedra pulimentada, cerámica y nuevos tejidos. Esta era una sociedad más compleja, jerarquizada y capaz de emprender obras colectivas.
En el Mesolítico, la agricultura y la ganadería todavía se combinaban con la caza y la recolección. Fue el periodo en el que apareció la conocida como “cerámica cardial”, hecha mediante conchas. La neolitización se extendió por toda la Península, ganando presencia la cultura de los “sepulcros de fosa”, tumbas individuales donde el cadáver se depositaba junto a un ajuar.
La Repoblación en los Reinos Cristianos
La repoblación fue un proceso de ocupación, explotación económica y organización de los nuevos territorios emprendido por los reinos cristianos. Según las circunstancias, los monarcas apostaron por modalidades de ocupación que determinaron una estructura de la propiedad que se mantuvo durante siglos. El río Tajo marcó la frontera entre el norte y la zona latifundista del sur.
Etapas y modalidades
- Hasta el siglo XI: Afectó a las llanuras al norte del Duero. Las tierras fueron ocupadas de forma espontánea por campesinos libres o señores, proceso conocido como “presura” en Castilla. Los nuevos pobladores eran gentes libres que se agruparon en aldeas. En la zona del valle del Duero se vivió un proceso de señorialización, donde la nobleza, las comunidades religiosas o los condes expandieron sus dominios.
- Desde el siglo XI: Llevada a cabo por las coronas de Castilla, León y Aragón para consolidar su expansión tras la descomposición del califato de Córdoba.
- Repoblación concejil: Durante los siglos XI y XII, por el Duero, los Montes de Toledo y el sur del valle del Ebro. Los monarcas concedieron fueros y cartas que reconocían derechos y condiciones de cultivo. A cambio, impusieron cargas militares a los colonos para la defensa frente a los andalusíes.
- Capitulaciones: Pactos con musulmanes, judíos y mozárabes para garantizar el respeto a sus leyes, costumbres y propiedades a cambio de impuestos. Se aplicaron en el valle del Tajo, Zaragoza, el valle del Ebro y el Levante.
- Órdenes militares: Ganaron protagonismo en el valle del Guadiana, Teruel y el norte de Castellón. Formadas por monjes guerreros (Calatrava, Santiago, Alcántara y templarios), recibieron tierras y rentas a cambio de protección.
- Repoblación por repartimientos: Consistió en la distribución de tierras. Los donadíos eran grandes extensiones para la nobleza o la Iglesia; los heredamientos eran parcelas pequeñas para caballeros y peones. Este sistema se aplicó en Baleares, Levante, el valle del Guadalquivir y Murcia.
La Guerra de Sucesión Española
Tras la muerte de Carlos II en 1700 sin descendencia, se abrió una crisis sucesoria. Felipe de Anjou presentó su candidatura con el apoyo de Francia y la Corona de Castilla, bajo la expectativa de una uniformización institucional. La posibilidad de que un Borbón uniera España y Francia provocó la Alianza de la Haya (1701), que incluía a Reino Unido, Países Bajos, el Sacro Imperio, Portugal y el ducado de Saboya, apoyando al archiduque Carlos de Austria.
Desarrollo y consecuencias
La Corona de Aragón se alineó con el candidato austriaco para mantener sus fueros. La Guerra de Sucesión (1701-1714) se libró en España, Italia, Flandes y las colonias americanas. Aunque los ejércitos de Felipe V controlaron gran parte del territorio, la toma de Barcelona y el apoyo de catalanes, aragoneses y valencianos permitieron a Carlos proclamarse rey brevemente tras tomar Madrid. Sin embargo, la victoria de Felipe de Anjou en la batalla de Almansa (1707) fue decisiva.
Consecuencias:
- Orden interno: La llegada de los Borbones impuso una política centralista que acabó con los fueros e instituciones de Aragón, Valencia, Cataluña y Mallorca.
- Orden externo: Por los tratados de Utrecht y Rastatt (1713-1714), España perdió sus territorios en Flandes e Italia y concedió ventajas comerciales a los británicos.
- Nuevas alianzas: Los Borbones impulsaron los Pactos de Familia con Francia para contrarrestar el poder del Reino Unido.
