La Guerra Fría: Historia del Conflicto Global entre Superpotencias (1945-1991)

La Guerra Fría (1945-1989)

Los inicios de la Guerra Fría (1945-1956): Europa en la posguerra y la formación de los dos bloques

Llamamos Guerra Fría a la confrontación ideológica, política y económica entre Estados Unidos y la Unión Soviética. Después de la Segunda Guerra Mundial, Europa dejó de ser el centro del poder mundial y las grandes potencias europeas tradicionales (Francia y Reino Unido) fueron reemplazadas por dos nuevas superpotencias: EEUU y la URSS. Esta situación dará lugar a un orden internacional bipolar en el que se configuran dos bloques: uno capitalista liderado por EEUU y uno comunista encabezado por la URSS.

Debido al riesgo de una guerra nuclear, nunca hubo un enfrentamiento bélico directo entre estas potencias, que evitaron el choque por el temor a los efectos de la bomba atómica (Destrucción Mutua Asegurada). En cambio, se produjeron numerosos conflictos subsidiarios o indirectos a través de otros países («guerras proxy»), ya que tanto EEUU como la URSS buscaron imponer sus modelos de sociedad e ideologías y expandir su influencia internacional.

En la Europa de la posguerra, los aliados dividieron Alemania en cuatro zonas de ocupación militar (estadounidense, británica, francesa y soviética). Se hizo lo mismo con Berlín, repartida en cuatro sectores. Los aliados impulsaron la llamada desnazificación, en un intento de eliminar los restos del pensamiento nazi y antisemita de la sociedad, la cultura y la política alemana.

Sin embargo, muchos antiguos funcionarios, científicos y militares nazis fueron transferidos al servicio estadounidense y soviético (por ejemplo, mediante la Operación Paperclip). Europa quedará dividida en dos zonas de influencia que determinarían el futuro político de los países que se encontraban en cada zona:

  • Europa occidental y del norte (Francia, Reino Unido, Italia, Escandinavia): Permanecerían bajo la influencia de EEUU como democracias liberales bajo un sistema capitalista.
  • Europa oriental: Se forma el llamado Bloque del Este (Polonia, Rumanía, Hungría, Checoslovaquia y Bulgaria), bajo la influencia de la URSS como repúblicas populares con un sistema comunista.

Esta división política e ideológica recibió el nombre de “Telón de Acero”.

El triunfo soviético en Europa oriental se debió a una combinación de factores: su liberación de los nazis por el Ejército Rojo y el prestigio adquirido por el comunismo por su papel en los movimientos partisanos. Las dos excepciones serán Yugoslavia y Albania, en los Balcanes, que mantendrán gobiernos socialistas alejados de la influencia y el control soviético. En Europa occidental, EEUU establece el Plan Marshall, un conjunto de ayudas económicas para la reconstrucción y la recuperación económica de Europa. El Plan Marshall también buscó contrarrestar la expansión del comunismo, ya que EEUU ejerció presión diplomática para que los partidos comunistas fuesen expulsados de los gobiernos de coalición en países como Francia e Italia.

En 1947, el presidente estadounidense anuncia la llamada “Doctrina Truman”, idea que justifica las intervenciones de EEUU en el exterior para frenar la expansión del comunismo. Los países occidentales y capitalistas aliados de EEUU formarán una alianza militar conocida como la OTAN (1949). Los países comunistas aliados de la URSS responderán con la formación del Pacto de Varsovia (1955).

Pronto tendrán lugar los primeros enfrentamientos de la Guerra Fría en Europa, como la Guerra Civil Griega o el bloqueo de Berlín (1948-1949) por Stalin, que fue un fracaso. Las mismas tensiones llevaron a la división de Alemania en dos estados a partir de 1949:

  • En Alemania occidental se establece la República Federal de Alemania (RFA), bajo la influencia de EEUU. Una democracia liberal con una economía capitalista.
  • En Alemania oriental se establece la República Democrática Alemana (RDA), bajo la influencia de la Unión Soviética. Un régimen socialista.

En 1956 tendrá lugar el levantamiento húngaro, una revuelta armada contra la influencia soviética que fue finalmente reprimida por la intervención del Ejército Rojo en Budapest. Las potencias occidentales condenaron la invasión, pero no intervinieron, ya que Hungría quedaba dentro de la zona de influencia soviética.

EEUU y la URSS tras la Segunda Guerra Mundial: De la Crisis de los Misiles Cubanos (1962) a la “coexistencia pacífica”

La muerte de Stalin en 1953 da lugar al ascenso al poder de Nikita Jruschov, un nuevo líder soviético que denunciará los crímenes y errores del estalinismo en el llamado “discurso secreto” del XX Congreso del PCUS. Jruschov acabaría con el sistema del GULAG y limitaría la planificación central en la economía, siendo calificado de “revisionista” por sus opositores.

En EEUU llegaría a la presidencia el general Eisenhower, que destacó por sus políticas conservadoras y anticomunistas. Tras la Segunda Guerra Mundial, EEUU vive un periodo de prosperidad económica y auge de la sociedad de consumo, el llamado “American Way of Life”. Sin embargo, en los estados sureños persisten las desigualdades raciales debido a la segregación (leyes de Jim Crow). La paranoia anticomunista dará lugar a persecuciones políticas conocidas como el macartismo.

El primer enfrentamiento entre bloques en Asia se produjo a raíz de la Guerra de Corea (1950-1953), que terminó sin una victoria clara, dividiendo el país por el paralelo 38. En Europa se producirá la construcción del Muro de Berlín (1961) por la RDA.

En América Latina también aumentará la tensión debido al triunfo de la Revolución cubana y a la llamada Crisis de los Misiles Cubanos (1962). Tras el fracaso de la invasión de Bahía de Cochinos, Cuba estableció una alianza con la URSS y permitió la instalación de misiles de largo alcance. EEUU y la URSS mantenían además una carrera armamentística y una carrera espacial por la superioridad tecnológica.

El peligro real de una guerra nuclear dio lugar a un compromiso entre John F. Kennedy y Jruschov con el objetivo de favorecer una “coexistencia pacífica”. Se estableció incluso el llamado teléfono rojo para la comunicación directa. El mayor obstáculo a esta distensión fue la Guerra de Vietnam (1955-1975), un conflicto largo que dañó el prestigio internacional de EEUU por el uso de napalm y agente naranja, y que terminó con la victoria de los comunistas del Viet Cong.

En estos años aparecerán los primeros desacuerdos dentro del bloque occidental. La RFA iniciará la llamada “Ostpolitik” para mejorar relaciones con la Alemania oriental, y en Francia, Charles de Gaulle lideró una política exterior independiente, llegando a salir de la estructura militar de la OTAN.

El recrudecimiento de la Guerra Fría (1979-1985): Reagan, Brézhnev y la Guerra de Afganistán

En los años 70, la Unión Soviética se encuentra en el culmen de su influencia, pero sufre un estancamiento económico y una gerontocracia liderada por Leonid Brézhnev. En estos años se aprueban los acuerdos SALT para limitar los arsenales nucleares.

La situación en el Bloque del Este era inestable. Los intentos de reforma en Checoslovaquia terminaron con la intervención militar en la “Primavera de Praga” (1968), mientras que en Polonia surgía el sindicato Solidaridad.

En la década de 1980 triunfa el neoliberalismo, representado por Ronald Reagan (EEUU) y Margaret Thatcher (Reino Unido), caracterizado por la privatización y la reducción del Estado del Bienestar. Reagan retornó a la confrontación directa, y la CIA intervino en diversos países bajo la Operación Cóndor.

El conflicto más importante de esta etapa será la Guerra de Afganistán (1978-1989). La URSS intervino para apoyar un régimen socialista, enfrentándose a los muyahidines (insurgentes islamistas apoyados por EEUU). Este conflicto se convirtió en el “Vietnam soviético”, una derrota que desestabilizó a la URSS y permitió el surgimiento de grupos como el talibán.

La caída de la Unión Soviética (1985-1991): Gorbachov, la Perestroika y sus consecuencias

Mijaíl Gorbachov inauguró un periodo de reformas para transitar hacia una economía de mercado y acabar con el monopolio del PCUS:

  • Perestroika (reestructuración): Reformas económicas que permitieron la iniciativa privada y la entrada de capital extranjero.
  • Glásnost (apertura): Reformas políticas que redujeron la censura y permitieron el pluralismo, lo que disparó las críticas al sistema y los nacionalismos periféricos.

El fracaso de estas reformas provocó hiperinflación y desigualdades sociales. La disolución formal de la Unión Soviética se produjo en diciembre de 1991. Previamente, en 1989, se produjo la caída del Muro de Berlín, lo que supuso la reunificación de Alemania.

Rusia adoptó un modelo de Estado presidencialista bajo Boris Yeltsin, cuya gestión estuvo marcada por la “doctrina de shock” neoliberal, el empobrecimiento masivo y el surgimiento de los oligarcas. Finalmente, Rusia se vio afectada por la Guerra de Chechenia, conflicto que permaneció activo hasta la llegada al poder de Vladimir Putin.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *