El franquismo en el pais vasco

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La Dictadura franquista en el País Vasco (1939-1975)


El final de la Guerra Civil en el País Vasco (junio de 1937) dejó una sociedad profundamente dividida entre vencedores y vencidos.
Entre los primeros, además de falangistas y militares, estaban los antiguos partidos dinásticos, los tradicionalistas (muy importantes en un mundo rural que se identificaba con el catolicismo del régimen) y los representantes del mundo de los negocios y la industria. Los segundos eran los nacionalistas, los socialistas y los comunistas. Durante los años de Dictadura franquista se combinaron un importante crecimiento económico y las actividades clandestinas de la oposición.

La visión uniformista de España que el Franquismo mantenía llevó al desmantelamiento de las instituciones creadas durante el periodo en que estuvo en vigor el Estatuto de Autonomía de 1936, y a la supresión de los Conciertos Económicos de Bizkaia y Gipuzkoa como castigo a su posicionamiento republicano. Además, como afirma el historiador Manuel Montero, la cultura vasca “fue objeto de sospecha”, por no ajustarse a la versión oficial de España (el centralismo era un ingrediente importante del régimen franquista)

La industria vizcaína, prácticamente intacta, se puso al servicio de las necesidades del  ejército franquista. Las fábricas de utilidad bélica contribuyeron decisivamente a inclinar la balanza militar del lado nacional. Los empresarios recuperaron sus empresas. Y el Fuero del Trabajo definió en 1938 las relaciones laborales del periodo franquista: prohibía toda actividad sindical independiente y dejaba la única organización sindical, vertical y obligatoria para empresarios y obreros, en manos de la Falange.

El nuevo régimen prometía progreso y la burguesía vasca consiguió que el Estado contase decididamente con ella. Diputaciones, ayuntamientos, ministerios y embajadas se poblaron durante decenios de apellidos vascos (José María de Areilza, José Félix Lequerica, Javier de Ibarra, Pilar Careaga, Esteban Bilbao, Antonio Iturmendi, etc.).

El nacionalismo vasco, como las organizaciones republicanas, confiaba en que tras la II Guerra Mundial los aliados acabasen con el régimen franquista. De ahí el creciente proamericanismo que encabezó José Antonio Aguirre.

***El Gobierno Vasco del Lehendakari Aguirre estaba en el exilio. Acabada la Guerra Civil y ante la descomposición del bando republicano (la desunión en el PSOE, por ejemplo fue evidente entre prietistas, negrinistas, caballeristas y besteiristas), se firma en 1940 un documento impulsado por Aguirre (“Obediencia vasca”) que aseguraba la continuidad del Gobierno Vasco. En ese mismo año (1940), los nacionalistas y los socialistas sientan las bases para una colaboración futura en las “Bases de Burgos” (documento acordado en la cárcel de Burgos). En 1944 surge en Toulouse el Bloque Nacional Vasco (con la participación de asociaciones del Frente Popular, republicanos y nacionalistas) y en 1945 tiene lugar el Pacto de Bayona, el verdadero punto de arranque para consolidar la unidad  vasca. En este Pacto de Bayona participaron las organizaciones políticas y sindicales vascas en el  exilio. Su objetivo era ratificar la unión de todas esas fuerzas en torno al Gobierno de Euzkadi (1936) y constituirse como órgano consultivo del Gobierno Vaco ante el próximo fin de a Guerra Mundial. Al año siguiente (1946) se reorganizó el Gobierno Vasco, que se mantendrá hasta 1979 (con la excepción de la salida del PCE).  En 1956, se organizó el Congreso Mundial Vasco que supuso un éxito de convocatoria aunque no consiguió acabar con el derrotismo que impregnaba ya a toda la oposición. Tres fueron las  líneas de trabajo de este Congreso: socio-ecnómica, política y cultural.

En el contexto de los años 40, se produjo la huelga de mayo de 1947, impulsada por Aguirre y preparada por diversos grupos antifranquistas, con el apoyo del Consejo Vasco de la Resistencia (dependiente del Gobierno Vasco y formado por partidos políticos y sindicatos de oposición). Miles de trabajadores se habían concentrado el 14 de abril en diversas poblaciones para conmemorar la proclamación de la República. La policía no intervino y este éxito hizo que se convocase un paro el 1 de mayo en protesta contra la Dictadura. La huelga afectó a las grandes empresas vizcaínas  (Naval, Altos Hornos, Euskalduna, etc.) y a algunas guipuzcoanas. Hubo unos 30.000 huelguistas, movilizados también por la crítica situación social. El régimen respondió despidiendo masivamente a los trabajadores y readmitiéndolos de forma controlada, con pérdida de derechos de antigüedad. Paradójicamente, pese al éxito de esta huelga de 1947, ésta marcó el final de la unidad de acción de las fuerzas opuestas al Franquismo. Las estructuras de la UGT y la CNT quedaron prácticamente desmanteladas.

El nuevo contexto internacional de guerra fría hizo que los comunistas fuesen expulsados del Gobierno Vasco en 1948. Aún así, los acuerdos entre EEUU y el régimen de Franco diluían la estrategia del Gobierno Vasco y, en general, la de la oposición al franquismo.

En el País Vasco, la oposición interna estuvo, por tanto, muy relacionada con el exilio, por su proximidad con Francia. Muestra de ello son tanto la huelga de 1947 como la de 1951, que no contaban con el apoyo de la oposición de otras regiones.

Sin embargo, en la huelga de 1962 iniciada en la minería asturiana por una cuestión sobre los convenios colectivos, el número de huelguistas alcanzó en el País Vasco los 200.000. El Gobierno declaró el estado de excepción en Vizcaya, Guipuzcoa y Asturias, y los despedidos y detenidos se contaban por miles. Pero la más importante huelga de esos años fue la “Huelga de Bandas” en una empresa de Echevarri filial de Altos Hornos de Vizcaya. Se prolongó desde Noviembre de 1966 a Mayo de 1967, y estuvo a punto de desembocar en una huelga general. Fue la huelga más larga de las que tuvieron lugar durante la dictadura.
Fueron militantes comunistas y socialistas, integrados en los Jurados de Empresa y en el Sindicato Vertical oficial, los que dirigieron y protagonizaron todas esas huelgas en las fábricas.

En los años sesenta se realiza el relevo generacional en la oposición vasca en el exilio. El reformismo democrático del PNV es criticado por una parte de sus bases juveniles, que se escinde y funda en 1959, ETA (Euskadi Ta Askatasuna), y al año siguiente, fallece el Lehendakari José Antonio Aguirre en su exilio de Paris  (fue sustituido por Jesús María Leizaola). Los jóvenes de ETA mezclan su nacionalismo con el mensaje revolucionario de organizaciones del Tercer Mundo y pasan a defender un socialismo nacionalista.

La movilización en torno al juicio de Burgos (contra dieciséis miembros de ETA) en 1970 dará a conocer la organización a nivel internacional y logrará conmutar las penas de muerte impuestas por otras de cárcel. Muchos de los que al final del Franquismo y al comienzo de la Transición iban a jugar un papel importante comenzaron su andadura política en las movilizaciones que se produjeron con motivo del Consejo de Guerra de Burgos.  La acción más espectacular de la banda terrorista durante el Franquismo será el asesinato de Luis Carrero Blanco, el 20 de diciembre de 1973.

Grupos de la Iglesia también formarán parte de la oposición desde el entorno obrero de las parroquias populares. Las movilizaciones sociales de protesta estarán lideradas por dirigentes sindicales y políticos surgidos de los grupos obreros de Acción Católica en la década de 1960. La politización nacionalista de la Iglesia vasca será especialmente intensa a partir del Concilio Vaticano II. En 1960, trescientos treinta y nueve sacerdotes firmarán un documento contra el Franquismo, en 1968 un grupo se encerrará en el seminario de Derio, y en 1974 el obispo de Bilbao, Antonio Añoveros, defenderá públicamente el derecho del pueblo vasco a preservar su identidad. Además, la Iglesia jugó un papel importante en el mantenimiento de la cultura vasca y la enseñanza del euskera.

El desarrollo económico del País Vasco fue más sobresaliente que en la mayoría de las regiones. Ya en la posguerra, la recuperación de las fábricas había sido asombrosa. Aprovechándose de los planes de reconstrucción nacional, las industrias siderometalúrgicas, químicas, el sector financiero, la construcción naval, las fábricas de explosivos o neumáticos, habían protagonizado un periodo de espléndidos resultados productivos y favorables beneficios.

La gran burguesía vasca, consolidada en las primeras décadas de la posguerra como el grupo hegemónico de la economía vasca, será la que protagonice el crecimiento de los años sesenta. Hay tres razones que explican este desarrollo económico: una es la acumulación de capital en los espléndidos negocios de la fase autárquica del primer franquismo; otra, la entrada en el País Vasco de capital extranjero; y la tercera la fácil penetración en el mercado español favorecida por el proteccionismo e intervencionismo del Franquismo. Sin embargo, esto tuvo a largo plazo consecuencias negativas como la falta de desarrollo de una tecnología propia y la dependencia del extranjero.

Todo el País Vasco se vio afectado por el crecimiento industrial que arrancó con el Plan de Estabilización de 1959 y se prolongó hasta 1973. Era un crecimiento que dependía demasiado de la industria siderometalúrgica, sector que sufrirá especialmente a partir de 1973 con la crisis internacional del petróleo.

El cooperativismo guipuzcoano surge en Mondragón, a través de la cooperativa Ulgor, y a iniciativa del catolicismo social de sus fundadores. Surgirá un núcleo de sociedades cooperativas estructurado en torno a Caja Laboral Popular. Serán industrias dedicadas a fundiciones, bienes de equipo, electrodomésticos, etc.

La saturación industrial de la costa vizcaína y guipuzcoana hizo que la industria comenzara a extenderse a Álava, provincia que no había conocido la Revolución Industrial hasta ese momento. El fenómeno industrial se concentrará en torno a la capital.

La conflictividad de esos últimos años del Franquismo estuvo marcada por esta crisis en el tejido industrial vasco, acompañada de movimientos sindicales con matiz ya político y el exilio de parte de la clase empresarial (amenazada por ETA). La economía vasca entró en una profunda crisis en estos últimos años del régimen y durante la Transición, y tendrá que afrontar una dura reconversión.

El desarrollismo emprendido en el País Vasco tuvo repercusiones demográficas.
En quince años, 1960-1975, la población vasca creció en un 44,3% gracias a inmigrantes jóvenes en busca de un empleo fabril. En la década de 1970, Bizkaia acogió casi cien mil habitantes, y Gipuzkoa la mitad de la cantidad anterior. El gran Bilbao pasa de los alrededor de 400.000 habitantes en 1950 a más de 800.000 en 1970. También se agudizaron problemas como la falta de vivienda y la contaminación medioambiental.

La intensificación de las actividades políticas y culturales de los nacionalistas, la creciente conflictividad en el ámbito industrial por la crisis económica, y la escisión de ETA (ETA militar y ETA político militar) fue el contexto de los últimos años del Régimen Franquista en el País Vasco. No hay que olvidar, de todas formas, que en todas estas actividades participaba un porcentaje bajísimo del total de la población, que en su inmensa mayoría se mantenía alejada de luchas políticas, tanto por miedo, como por desinterés o acomodo al régimen franquista.

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