Entrega del sahara de españa a marruecos pacto de madrid

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• El PCE y CC.00.
Drig~do por Santiago Carrillo no fue invitado en Munich, porque muchos eran hostiles al comunismo. Pero
el PCE era el partido con mayor implantación y mejor estructurado en el interior de España y el que estaba
más directamente implicado, a través de Comisiones Obreras, en la movilización obrera y estudiantil. Una
movilización que de 1963 a 1975 produjo cerca de 12.000 huelgas en las que estuvieron implicados casi
cuatro millones de trabajadores.
• Nacionalismo vasco.
En el País Vasco, la presencia de ETA, que había nacido en 1959, marcó la dinámica de la oposición
antifranquista.
• Las revueltas de estudiantes.
Ya en febrero de 1956 se produjeron los primeros incidentes graves en Madrid, con un muerto y varios
heridos graves. En las universidades aparecieron organizaciones estudiantiles frente al oficial Sindicato
Español Universitario (SEU). En él formaban parte tanto alumnos como profesores.
• La revuelta de la Iglesia.
La Iglesia fue un foco de oposición creciente desde los 60. La hostilidad de algunos sectores religiosos hacia
la dictadura se convirtió en abierta confrontación al principio de los 70. Se aceleró con los nuevos aires que
llegaban de Roma tras la celebración del Concilio Vaticano 11(1962-1965) y tras el nombramiento del
cardenal Tarancón como presidente de la Conferencia Episcopal Española. En septiembre de 1971 la
Asamblea de Obispos y Sacerdotes aprobaba un documento en el que se abogaba por la separación de la
Iglesia y el Estado, se rechazaba la participación de los obispos en las instituciones franquistas y se
manifestaba un compromiso a favor de la democracia. En 1973 pidieron la revisión del Concordato y el
respeto al pluralismo ideológico y político.

• Otros grupos.
En la extrema ¡zquierda, desaparecido el anarquismo, surgieron pequeños grupos terroristas como el FRAP
y el GRAPO.
6. EL OCASO DEL FRANQUISMO
Desde principios de los años setenta la incapacidad del régimen para reformarse y adaptarse a las
demandas sociales y al contexto internacional lo precipitaron a una crisis irreversible, desatada
abiertamente con la muerte de Franco el 20 de noviembre de 1975.
Luis Carrero Blanco murió víctima de un atentado de ETA, el 20 de diciembre de 1973. Era considerado
como el personaje clave para mantener la unión de todas las familias franquistas y asegurar la continuidad
del régimen. La reacción del régimen ante esta crisis hizo que se conformaran dentro del mismo con mayor
claridad dos grupos de políticos los inmovilistas y los aperturistas.
En enero de 1974 se formó nuevo gobierno presidido por Carlos Arias Navarro que anunció una reforma
limitada del franquismo. Fue famoso el discurso de 12 de febrero en las Cortes, en el que se habló de una
apertura del régimen hacia un mayor pluralismo político (espíritu de febrero). Arias prometió una nueva
ley municipal que permitiese la elección de alcaldes y diputaciones provinciales, aumentó el poder de los
procuradores en Cortes, y anunció reformas sindicales y una nueva ley sobre asociaciones políticas. Pero
pronto se evidenció que las reformas prometidas no eran sino un formalismo con poco contenido real y
que el régimen era incapaz de modernizarse, aunque las tímidas reformas irritaron a los sectores más
inmovilistas.
Se desencadenó, entonces, una dinámica en la que, con Franco gravemente enfermo, el gobierno de Arias
Navarro se decantaba hacia el inmovilismo político. Los aperturistas no consiguieron imponerse y dar un
giro al gobierno. Arias Navarro cesó al ministro Pío Cabanillas, lo que provocó la dimisión del ministro de
Hacienda y otros altos cargos. El intento de apertura había fracasado.
Por contra, se confirmó la permanencia de lo que se llamó el búnker, con presencia de altos mandos
militares y cohesionado en torno al carácter inalterable de los principios del 18 de julio. Este sector frenó
toda apertura y hasta empezó la violencia fascista con bandas ultras en la calle.

Fuera del régimen los grupos de oposición se dedicaban no sólo a mostrar en la calle (huelgas,
manifestaciones) sus posiciones a favor de la democratización del país, sino también a configurar
organismo de política unitaria. El PCE se mantuvo como principal referente de antifranquismo e impulsó la
Junta Democrática (julio de 1974), que englobaba CC.00, algunos socialistas, independientes,
monárquicos, carlistas y grupos de extrema izquierda. La Junta propugnaba la formación de un gobierno
provisional que implantase un régimen democrático y que adoptase inmediatamente medidas como la
amnistía, tas libertades políticas y sindicales y la legalización de todos los partidos políticos. Pero no se
incorporaron en sus filas ni el PSOE ni los democristianos.
El PSOE, en julio de 1975, impulsó la Plataforma de Convergencia Democrática (con la UGT, el PNV,
izquierda Democrática, Unión Socialdemócrata Española, Organización Revolucionaria de los Trabajadores,
etc.), con un programa muy parecido al propuesto por la Junta.
A lo largo de 1974 y 1975, las enfermedades de Franco le impedían ejercer el gobierno y el príncipe Juan
Carlos hubo de ejercer en varias ocasiones la jefatura interina del estado, pero sin poder alguno. La
oposición se organizó creando plataformas de actuación conjunta y las manifestaciones en la calle
aumentaron. Por otra parte, la actitud represiva no cesó y en 1975 se promulgó una nueva Ley
Antiterrorista que castigaba a los terroristas a la pena capital. En septiembre fueron condenados a muerte
cinco activistas de ETA y del FRAP, condenas que fueron cumplidas a pesar de las numerosas peticiones de
indulto. Se produjo entonces la última de las grandes oleadas de protesta internacional contra Franco y la
situación española.
Además, el gobierno hubo de hacer frente al conflicto del Sahara, colonia española desde finales del siglo
XIX, rica en fosfatos por lo cual era ambicionada por las vecinas Argelia, Mauritania, y sobre todo
Marruecos. En 1973 los saharauis habían creado el Frente Polisario, una formación nacionalista y de
tendencia socialista que propugnaba la independencia saharaui. España optó por aceptar la
descolonización y permitir un referéndum de autodeterminación en el territorio.
El rey de Marruecos, Hassan II, que contaba con el apoyo de Estados Unidos para frenar una posible
expansión de la Argelia socialista, organizó en octubre, en plena agonía de Franco, la llamada Marcha
Verde, una invasión pacífica del territorio que movilizó a decenas de miles de civiles. Ante el peligro de un
conflicto bélico con Marruecos en un momento tan delicado, España optó por claudicar y el 14 de
noviembre se firmó el Acuerdo de Madrid que suponía la entrega del Sahara a Marruecos y Mauritania. El
abandono de España inició un conflicto todavía no resuelto entre el Frente Polisario, que proclamó la
República Árabe Saharaui, y Marruecos, que no reconoce la independencia del Sahara.
Desde el verano de 1975 la sensación de que se estaba en los últimos momentos del régimen de Franco se
extendía. El 20 de noviembre de 1975, después de una larga agonía, Franco falleció a los 83 años de edad.
Dejaba un régimen anacrónico y en profunda crisis. La sensación de inseguridad y de incertidumbre
respecto al futuro político y al relevo en el poder eran muy grandes. La pretensión, expresada por Arias
Navarro, de que el dictador dejaba todo “atado y bien atado” era sólo una ilusión sin fundamento.
7. CONCLUSIÓN
El franquismo se mantuvo como dictadura, enquistada rígidamente en el inmovilismo político. Su
incapacidad reformista frenó los intereses de modernización, mientras la represión era la única respuesta a
las nuevas demandas sociales y a la actividad de oposición política. Todo ello precipitó la crisis del régimen
y fue imposible su continuidad una vez fallecido Franco en 1975. Significativamente, las últimas dictaduras
de la Europa occidental (Portugal y Grecia) habían caído un año antes.

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