El Valiato y el Emirato Independiente (714-929)
Valiato (714-756): Durante esta etapa, la Península Ibérica era una provincia dependiente del Califa de Damasco, regida por un gobernador. Se caracterizó por la inestabilidad política y fuertes enfrentamientos entre musulmanes (como la rebelión bereber de 741), debido al desigual reparto de tierras: las tierras más fértiles se entregaron a los árabes, mientras que a los bereberes les correspondieron las menos ricas. En este periodo destacan la Batalla de Covadonga (722) y la Batalla de Poitiers (732).
Emirato Independiente (756-929): En el año 750, una sublevación encabezada por los Abasíes (apoyados por persas) acabó con el Califato de Damasco y supuso la muerte de la familia de los Omeyas. El nuevo califa, Abul-Abbas, instauró una nueva dinastía con capital en Bagdad. Abd al-Rahman I (756-788) se proclamó emir independiente en la Península Ibérica en el 756. Sin embargo, esta independencia era solo en el ámbito político, ya que en lo religioso se seguía reconociendo al califa de Bagdad. Fue una etapa de consolidación y reorganización del Estado.
El Califato de Córdoba (929-1031)
Abd al-Rahman III (912-961) dio el paso definitivo para la independencia de Al Ándalus en el 929 al autoproclamarse califa, es decir, independiente no solo en el ámbito político, sino también en el espiritual. Reivindicaba así la legitimidad de su dinastía, los Omeyas, frente a la usurpación cometida contra su familia en la rebelión abbasí del 750. La crisis que atravesaba en ese momento el califato de Bagdad incitó a Abd al-Rahmán III a adoptar esta medida. Pero también pretendía hacer una demostración de fuerza frente al avance amenazador de los fatimíes por el norte de África, con sus doctrinas igualitarias y sus intenciones de unificar el Islam bajo su mando.
En cualquier caso, el periodo del Califato de Córdoba constituyó el momento culminante del poder político musulmán en España. Asimismo, fue el periodo de máximo esplendor cultural y artístico de Al Ándalus, en especial durante el reinado de Al-Hakam II (961-976), hijo y sucesor de Abd al-Rahman III.
La Dictadura de Almanzor y el Fin del Califato
En el terreno militar, la figura más destacada fue Almanzor (976-1002), quien ejerció el poder efectivo en nombre del califa Hisham II (976-1009). El califato se convirtió bajo su mando en una dictadura militar, que se mantenía gracias a las victorias de su poderoso ejército. Emprendió numerosas campañas contra los núcleos cristianos del norte, con efectos devastadores sobre ciudades de especial significación: Barcelona (985), Coimbra (987) y Santiago de Compostela (997), entre otras muchas. No fueron campañas de ocupación, sino simples razias cuyo objetivo era la destrucción y la rapiña.
Muerto Almanzor (1002), las turbulencias políticas y las luchas entre bandos rivales caracterizaron la fase final del califato, que acabó desintegrándose en numerosos reinos de taifas.
Siglos XI-XIII: Disgregación Política y Pérdidas Territoriales
Los Primeros Reinos de Taifas (1031-1090)
Desde comienzos del siglo XI, algunos territorios habían comenzado ya a independizarse del califato, aprovechando su crisis y debilidad. Finalmente, en el año 1031, una rebelión en Córdoba depuso al califa Hisham III, y con él desapareció el último símbolo de la unidad de Al Ándalus, que se fragmentó en una multiplicidad de reinos de taifas, algunos realmente minúsculos.
La compleja historia de esta etapa se podría resumir en algunos rasgos esenciales:
- Disputas internas: Fueron muy frecuentes los enfrentamientos entre los diferentes reinos de taifas.
- Proceso de absorción: Su elevado número inicial se fue reduciendo, sobre todo por la incorporación de los más pequeños en otros mayores. El reino de Sevilla, por ejemplo, se anexionó una decena de taifas (Algeciras, Arcos, Carmona, Córdoba, Huelva, etc.).
- Pago de parias: Frente a la superioridad militar de los reinos cristianos, la supervivencia de los reinos de taifas dependía con frecuencia del pago de tributos o parias.
- Esplendor cultural: Su debilidad política no se tradujo en crisis económica, pues seguían siendo territorios ricos, ni en decadencia cultural; las cortes de algunos de estos reinos fueron famosas por su labor de mecenazgo.
A finales del siglo XI, ante el avance militar de los reinos cristianos, los reinos de taifas solicitaron ayuda exterior.
La Unificación Almorávide (1090-1145)
Tras la conquista cristiana de Toledo (1085), los reyes de Sevilla, Granada y Badajoz reclamaron el apoyo de los almorávides, musulmanes ultraortodoxos del norte de África. Su líder, Yusuf ibn Tashfin, venció a Alfonso VI en la batalla de Sagrajas (1086). En 1090 retornó para incorporar los reinos de taifas a su imperio.
Sin embargo, su poder no se consolidó por varias razones:
- Desprestigio militar: Pérdida de territorios como Zaragoza (1118).
- Fanatismo religioso: Provocó el descontento de la población hispanomusulmana, que añoraba la tolerancia tradicional.
- Aparición de los almohades: Un nuevo movimiento en África que amenazaba su imperio.
Hacia 1145, Al Ándalus retornó a la fragmentación con los segundos reinos de taifas.
La Unificación Almohade (1146-1232)
Los almohades protagonizaron el segundo intento de reunificación. Alcanzaron la unidad total en 1172, estableciendo su capital en Sevilla. Su momento de máximo esplendor fue la victoria en la batalla de Alarcos (1195). No obstante, los reinos cristianos se unieron y los derrotaron en la decisiva batalla de las Navas de Tolosa (1212), iniciando el declive definitivo del poder almohade.
A diferencia de los almorávides, los almohades no fueron reclamados por las taifas y carecieron de apoyo social, dependiendo exclusivamente de su fuerza militar. Tras su debilitamiento, surgieron los terceros reinos de taifas, que fueron sucumbiendo ante el avance cristiano, excepto el de Granada.
Siglos XIV-XV: El Repliegue Definitivo
El Reino Nazarí de Granada (1237-1492)
El reino nazarí de Granada fue fundado por Muhammad I, del linaje de los Nazaríes, quien se proclamó sultán en 1232 y entró en Granada en 1237. El reino estaba dividido en tres grandes circunscripciones o coras: Elvira (Granada), Rayya (Málaga) y Pechina (Almería).
Durante dos siglos y medio, el reino sobrevivió mediante una política de equilibrio entre la guerra y la paz, aceptando el vasallaje de Castilla y el pago de parias. Finalmente, los Reyes Católicos emprendieron una guerra de diez años (1482-1492) que concluyó con la capitulación de Granada. Con este evento desapareció el último estado musulmán de la Península, ocho siglos después de las expediciones de Tariq y Musa.
