Programa reformista de carlos III

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El despotismo ilustrado fue la política reformista seguida por las monarquías absolutas de Europa occidental en el Antiguo Régimen, especialmente en la segunda mitad del siglo XVIII.
El lema de “todo por el pueblo pero sin el pueblo” describe la aspiración de progreso de la monarquía, impulsando las reformas y el desarrollo cultural. De ahí el adjetivo de ilustrado, ya que la Corona asume los nuevos valores de la Ilustración.
En España, el monarca que impulsó todas esas reformas con mayor intensidad fue Carlos III, poniendo al frente de sus ministerios a políticos reformistas como Esquilache, Floridablanca o Campomanes.
Así, España conoció treinta años de reformas políticas y económicas, entre otras, dentro del espíritu de la Ilustración. Las mejoras agrarias del siglo XVIII dieron lugar al crecimiento de la población española, siendo más abundante en la periferia, que dobla su población. En tiempos de Carlos III se realizaron algunos de los primeros censos de población individualizados: censo de Aranda y censo de Floridablanca. Los ilustrados eran partidarios de modernizar las estructuras de propiedad y tenencia de la tierra y de fomentar el crecimiento de la producción agraria.
Las hambrunas, epidemias, carestía de alimentos, convencían a los intelectuales de la necesidad de una rápida reforma agraria.
Carlos III confió en ilustrados como Olavide, Floridablanca o Jovellanos, que consideraban un gran problema de España las enormes propiedades acumuladas por la nobleza y la Iglesia, a las que cada vez más responsabilizaban del atraso del campo. Las leyes feudoseñoriales provocaban que la mayoría de las tierras estuvieran fuera del mercado y amortizadas y eran explotadas con bajísimos rendimientos.
Además, el ínfimo desarrollo técnico y las malas condiciones climáticas no eran favorables. Los campesinos pagaban demasiados impuestos, por lo que es imposible reinvertir ni mejorar la producción. Así mismo los ganaderos de La Mesta disponían de enormes privilegios frente a los labradores.
Campomanes propuso que el país podría progresar con el acceso del campesinado a la propiedad de la tierra y la desamortización de los bienes eclesiásticos. Fueron muchas las propuestas que se hicieron, pero la ley nunca se promulgó. No obstante, se promovió el desarrollo agrícola: limitación de privilegios de la Mesta, colonización de tierras despobladas, fundación de las Nuevas Poblaciones en Sierra Morena, desamortización de bienes comunales, etc. En cuanto a las infraestructuras, Carlos III y su ministro Esquilache emprendieron un plan de carreteras destinado a enlazar la capital de la monarquía con otras ciudades, pero no se llevó a cabo. Así se pretendía mejorar las comunicaciones para formar un mercado nacional de productos agrícolas y paliar los efectos de las crisis de subsistencias, sin necesidad de importar productos. También experimentaron un gran desarrollo las comunicaciones marítimas con la creación de astilleros.Ya en tiempos de Felipe V se fundaron en España las Reales Fábricas, siguiendo el modelo de Francia. Se pretendía con ello proporcionar productos de calidad para los palacios reales y para las clientelas ricas de la Península y América, además de contribuir al fomento de la industria en España.


Carlos III, decidido a impulsar el desarrollo del país, derogó el monopolio de los gremios, que impedían la libertad del trabajo y paralizaban la industria, continuando con la labor de patrocinio de los primeros Borbones sobre las Reales Fábricas. Se propusieron también medidas que pretendían aumentar la recaudación fiscal. Otras se dirigieron a mejorar las actividades productivas; en este campo fue manifestándose una creciente influencia del liberalismo económico y un progresivo abandono del mercantilismo. En 1765 tuvo gran repercusión el monopolio de Cádiz en los intercambios con América y en 1778 se promulgó el Decreto de Libre Comercio con América.
Cataluña se benefició de los cambios producidos en el sector mercantil, pues consiguió conquistar el amplio mercado interior de Castilla y que sus indianas entraran en América. Cabe señalar que, en cuanto a la fiscalidad y las finanzas, se racionalizó la Hacienda creando un nuevo tipo de Deuda Pública, los Vales Reales, cuya caja de amortización fue el Banco de San Carlos, que puede ser considerado el primer banco oficial de la historia de España (1782). Las medidas progresistas del marqués de Esquilache asustaron a los grupos privilegiados, dispuestos a sacar partido del descontento producido por el alza del precio del pan y de la xenofobia popular. Un decreto encaminado a mejorar la imagen de Madrid y sus habitantes, dentro de la amplia reforma urbana proyectada por Carlos III, degeneró en tumultos, que hicieron abandonar el país al ministro. Los jesuitas, que fueron principalmente los que provocaron el motín de Esquilache, fueron expulsados por Carlos III de todos los territorios de la monarquía española. La Iglesia era la institución más poderosa después de la monarquía, por ello los ilustrados quisieron disminuir ese poder. El regalismo, es pues, uno de los principios de gobierno del despotismo ilustrado. Además de la referida expulsión de los jesuitas, las medidas fueron numerosas: supresión de tradiciones religiosas populares –romerías, danzas, procesiones…–, limitación del poder de la Inquisición, etc. A pesar de la amplitud de las reformas y de las mejoras que se realizaron en muchos aspectos, el despotismo ilustrado tuvo importantes limitaciones.
En el momento en que las reformas pretendían transformar alguna de las estructuras del Antiguo Régimen o modificar las estructuras sociales, los cambios se paralizaban, pues los privilegiados se oponían.La creación de universidades dio lugar a un importante desarrollo del conocimiento y la cultura del país. Por otro lado, gracias a la liberación del comercio americano, Cataluña consiguió exportar tejidos y aguardientes, entre otros productos, lo que le permitirá abordar con éxito la revolución industrial en la centuria siguiente. Cabe mencionar que la creación del Banco de San Carlos en 1782 es el antecedente del Banco de España.

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