Transformaciones Políticas en España: De María Cristina a la Primera República

La Regencia de María Cristina (1833-1840)

El 10 de octubre de 1830 nacía Isabel, la única descendiente de Fernando VII. Para que pudiera acceder al trono, el rey anuló la Pragmática Sanción, ley que impedía reinar a las mujeres. Esta anulación fue restablecida poco antes de morir Fernando VII mediante el Decreto de la Granja, lo que frustró los planes de Carlos María Isidro y su círculo, quienes se convirtieron en la oposición al trono isabelino.

La regente, María Cristina de Borbón, se vio obligada a aliarse con los liberales para asegurar la sucesión. Esta alianza supuso la recuperación de la obra de las Cortes de Cádiz y el fin definitivo del Antiguo Régimen.

Primeros Gobiernos y el Estatuto Real de 1834

La primera fase de este nuevo periodo estuvo gobernada por Cea Bermúdez y Martínez de la Rosa, aunque con una fuerte influencia desde Palacio.

  • Reformas Administrativas: Javier de Burgos estableció una división centralizadora en provincias.
  • El Estatuto Real: Otro pilar de este reformismo fue la Carta Otorgada (Estatuto Real), que reafirmaba el poder de la Corona. Las Cortes tenían una función meramente consultiva y se organizaron en dos cámaras:
    • Estamento de los Próceres: Formado por los grandes de España, el alto clero y los grandes propietarios.
    • Estamento de los Procuradores: Elegidos por sufragio universal censitario restringido.

La implantación del régimen liberal en España fue resultado de un pacto con las élites del Antiguo Régimen. El Estatuto Real se mostró insuficiente ante la creciente presión del carlismo, lo que exigía un mayor apoyo de los sectores más progresistas del liberalismo.

El Gobierno de Mendizábal y las Desamortizaciones

En 1835, Mendizábal accedió al poder, cedido por la regente debido a la presión carlista y el descontento liberal. Su gobierno recuperó el espíritu de la Constitución de 1812 y toda la legislación de Cádiz.

Mendizábal puso en marcha un proceso de desamortización que afectó a los bienes del clero, considerados desmesurados. Esta medida se completó en 1841, aunque posteriormente fue eliminada por los moderados para restablecer las relaciones con la Iglesia.

Consecuencias de las Desamortizaciones

Con las desamortizaciones se intentó atajar el déficit de Hacienda y financiar la Guerra Carlista, convirtiéndose en un pilar básico de la revolución liberal. Esta medida benefició a la burguesía y a los campesinos acomodados, pero perjudicó a los campesinos sin tierras, convirtiendo a estos últimos en un foco de conflicto.

Las dificultades de la guerra y la sustitución de Mendizábal por Istúriz provocaron revueltas. A consecuencia, se promulgó una nueva constitución que estableció:

  1. Un régimen de soberanía compartida.
  2. El abandono del sistema unicameral por un sistema bicameral (Senado y Congreso).
  3. Un régimen de sufragio masculino directo.
  4. La ordenación de los derechos individuales.

La Primera Guerra Carlista (1833-1840)

El 29 de septiembre de 1833 falleció Fernando VII, e Isabel fue nombrada reina, asumiendo su madre, María Cristina, la Regencia.

El 2 de octubre, un grupo de partidarios de Carlos se alzó en Talavera, inaugurando una serie de revueltas descoordinadas. En 1834, algunos jefes militares se unieron con sus unidades en apoyo a Carlos, y los campesinos se organizaron en un ejército capaz de iniciar una guerra civil. En estos levantamientos destacó el coronel Zumalacárregui, iniciando así el conflicto.

Dimensión Internacional y Desarrollo del Conflicto

Desde el inicio, la guerra adquirió dimensiones internacionales:

  • Liberales: Se aliaron con Francia, Gran Bretaña y Portugal.
  • Carlistas: Recibieron apoyo (aunque menos eficaz) de Rusia, Austria, Prusia y Nápoles.

Los carlistas nunca consiguieron ocupar las ciudades importantes vasco-navarras y fracasaron en Bilbao, donde murió el coronel Zumalacárregui, e igualmente fueron incapaces de tomar San Sebastián.

El Momento Álgido y el Final de la Guerra

En 1836, el carlismo alcanzó su momento de mayor expansión gracias a nuevas estrategias que extendieron el conflicto fuera de sus bases tradicionales. Una de estas, dirigida por el general Gómez, llevó a cabo una expedición por el noroeste peninsular, Castilla y Levante. Sin embargo, la derrota en Villarrobledo le impidió llegar a Madrid, forzándolo a cambiar el rumbo hacia Andalucía. Esta expedición no logró extender el carlismo por toda España y Gómez fue destituido.

Más tarde, los carlistas intentaron un nuevo ataque a Bilbao, que resistió hasta que fueron derrotados en la batalla de Luchana. En 1837, Don Carlos dirigió una expedición hasta las puertas de Madrid e intentó, sin éxito, llegar a un acuerdo con los moderados.

El fracaso carlista incrementó las diferencias internas, dividiendo al movimiento en dos corrientes:

  1. Transaccionistas: Dispuestos a un acuerdo.
  2. Apostólicos: Radicales favorables a continuar la lucha.

El 31 de agosto de 1839, Maroto y Espartero firmaron el Convenio de Vergara, que dio por concluido el conflicto en los territorios vasco-navarros. Los liberales se comprometieron a mantener los fueros e integrar a los oficiales carlistas en el ejército liberal. El carlismo conservó actividad en Cataluña hasta que Espartero tomó Morella.

A pesar del acuerdo de Vergara, los liberales solo respetaron parcialmente los fueros, implantándose finalmente los Conciertos Económicos.

El Sexenio Democrático: El Gobierno Provisional (1868-1869)

Tras la Revolución de 1868, se formó el Gobierno Provisional, presidido por el general Serrano. Su misión principal fue convertir en decretos los principios emanados de las Juntas revolucionarias, articulados en torno a tres ejes básicos:

  1. Ampliación de Derechos: Extensión de las libertades individuales y establecimiento del sufragio universal masculino.
  2. Relaciones Iglesia-Estado: Aumento del conflicto debido a la oposición a la libertad de culto, la anulación de fueros y la disminución del número de conventos.
  3. Política Económica: Impulso del librecambismo mediante la promulgación de la Ley de Bases sobre Minas (permitiendo la explotación de la riqueza española), la reducción de aranceles y la supresión de los consumos.

La contribución personal de Figuerola y la creación de la peseta proporcionaron estabilidad a la economía.

La Constitución de 1869

El principal elemento de desencuentro en el seno del bloque político revolucionario residía en el sistema de gobierno, debido al desacuerdo entre partidarios de la monarquía y los republicanos.

En 1869 se publicó la nueva Constitución, considerada el primer texto democrático de la historia de España. En ella, el monarca no poseía más poder que el simbólico y de mediación, y se defendían firmemente las libertades individuales y colectivas, junto con el sufragio universal.

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