Repercusiones de la Primera Guerra Mundial en España (1914-1918)
El estallido de la Primera Guerra Mundial (1914) fue seguido de una declaración de neutralidad del gobierno español. A pesar de la neutralidad oficial, la sociedad española no tardó en tomar partido a favor de uno u otro bando combatiente, apareciendo la división entre aliadófilos (sectores progresistas) y germanófilos (sectores conservadores y la Corona).
La posición de neutralidad favoreció el crecimiento de la economía española, ya que España se convirtió en suministradora de productos agrarios e industriales de los países en guerra. La demanda exterior de productos provocó la subida de precios, por encima del nivel de los salarios, lo que originó un crítico empeoramiento de las condiciones de vida de las clases populares.
A comienzos de 1917 comenzó a disminuir la demanda exterior que sólo había beneficiado a las clases altas. Muchas empresas cerraron, aumentó el paro y los salarios siguieron bajos. Las tensiones sociales se intensificaron, culminando en la crisis general de 1917.
La crisis de 1917
La crisis de 1917 fue un movimiento general de protesta contra el decadente sistema político de la Restauración. En esta protesta intervinieron militares, partidos políticos de oposición y organizaciones obreras. Las fases de esta crisis fueron:
Fase A
En junio de 1917 se produjo el enfrentamiento entre los militares y el gobierno. Los oficiales del ejército crearon las Juntas de Defensa y reclamaban un aumento salarial y un cambio en el sistema de ascensos (que se valorase más la antigüedad). Estas Juntas publicaron un manifiesto en el que hacían un llamamiento a la regeneración. Esto hizo creer que se podría contar con el ejército para intentar un cambio democrático. Pero las Juntas se limitaron a defender sus intereses profesionales.
Fase B
En junio de 1917 tomaron la iniciativa de protesta los partidos políticos de la oposición. Se convocó en Barcelona una Asamblea Nacional de Parlamentarios, ya que las Cortes estaban cerradas. Exigió la formación de un gobierno provisional y la reforma de la Constitución. Los escasos asistentes acabaron siendo disueltos por la Guardia Civil.
Fase C
A partir de agosto de 1917, la protesta antigubernamental fue dirigida por las organizaciones obreras. La UGT socialista y la CNT anarquista declararon la huelga general revolucionaria. El gobierno declaró la ley marcial y hubo muchos muertos y detenidos.
La consecuencia más importante de los sucesos de 1917 fue la formación de sucesivos gobiernos de concentración, con participación de conservadores, liberales y catalanistas moderados de la Lliga.
La intensa conflictividad social
Mientras los débiles gobiernos se sucedían, la situación económica y social se fue agravando (agravada por la terrible epidemia de gripe de 1918).
En Andalucía, la miseria del campesinado dio paso al llamado «trienio bolchevique» (1918-1921) con revueltas campesinas en las que se quemaron cosechas, se ocuparon fincas y se repartieron las propiedades. El gobierno tuvo que declarar el estado de guerra, prohibir las organizaciones obreras y detener a sus líderes principales.
La conflictividad social fue violenta en las ciudades industriales, especialmente en Barcelona, seguido del enfrentamiento entre trabajadores y patronos. Un sector del anarquismo se mostró partidario de la violencia terrorista contra los empresarios, quienes respondieron contratando a pistoleros a sueldo (Sindicato Libre). Fue la época del pistolerismo (1919-1923), con muchos atentados y asesinatos, entre ellos el de Eduardo Dato.
La intervención en Marruecos
La Conferencia de Algeciras (1906) concedió a España un protectorado sobre el norte de Marruecos, mientras que Francia se quedó con la zona sur. En 1909, un ejército al mando del general Pintos, que protegía la construcción del ferrocarril que uniría con las minas del Rif, cayó en una emboscada en el Barranco del Lobo, sufriendo una grave derrota. El gobierno, presidido por Maura, decidió enviar a Marruecos unidades de refuerzo compuestas por reservistas. Decisión que fue aprovechada por las organizaciones obreras de Barcelona para iniciar la Semana Trágica.
En 1921, el general Fernández Silvestre se adentró en la zona montañosa del Rif, donde las guerrillas tenían sus bases. La expedición militar española estuvo muy mal preparada. Las fuerzas del general estaban compuestas por soldados reclutados, sin preparación militar.
Las cábilas o guerrillas de Abd el-Krim atacaron por sorpresa el puesto español de Annual, provocando la retirada en desorden de las tropas que sufrieron unas 13.000 bajas, incluyendo la del propio general.
Tropas españolas de refuerzo (la Legión), enviadas desde Ceuta, recuperaron sus posiciones perdidas, pero el desastre de Annual provocó una grave crisis política. El gobierno dimitió. El ejército también abrió una investigación, que corrió a cargo del general Picasso. Su informe (Expediente Picasso), en el que implicaba a la Corona, nunca llegó a hacerse público.
Los militares decidieron intervenir mediante el golpe de Estado del general Miguel Primo de Rivera (13 de septiembre de 1923), que acabó con el régimen político de la Restauración.
