Transformación Económica Española: De la Integración Europea a la Unión Monetaria (1985-1990s)

1. Contexto Previo y Recuperación Económica (1985–1986)

Tras la dura crisis de los años setenta y la reconversión industrial de comienzos de los ochenta, la economía española inicia a partir de 1985 una fase de recuperación, favorecida por políticas económicas más expansivas y un contexto internacional favorable. Entre 1985 y comienzos de los años noventa, se observaron los siguientes avances:

  • El PIB real creció alrededor de un 30%.
  • La productividad del trabajo aumentó un 10%.
  • El empleo creció un 19%.

Esta recuperación se apoyó en tres factores fundamentales:

  1. La expansión del comercio mundial.
  2. La fuerte caída del precio del petróleo (que redujo notablemente los costes energéticos).
  3. Una relación de cambio favorable que mejoró la competitividad exterior.

Este contexto sentó las bases para la plena integración de España en la economía europea.

2. El Ingreso en la CEE y la Liberalización Comercial

En 1986, España ingresó en la Comunidad Económica Europea (CEE) junto a Portugal, formando la CEE de los Doce. Este ingreso culminaba un largo proceso de aproximación iniciado con el Acuerdo Comercial Preferencial de 1970 y reforzado por el ingreso en la OTAN en 1982.

La adhesión supuso una liberalización comercial radical, basada en un desarme arancelario progresivo entre 1986 y 1993 que condujo a la eliminación total de los aranceles.

3. El Acta Única Europea y el Mercado Interior

La firma del Acta Única Europea en 1986 supuso una profunda revisión del Tratado de Roma y fijó como objetivo la culminación del mercado único en 1992. Este mercado interior se concibió como un espacio de libre circulación de mercancías, servicios, capitales y personas.

España realizó un esfuerzo liberalizador especialmente intenso:

  • Se estableció un mercado único de bienes y servicios.
  • En febrero de 1992, se liberalizaron completamente los movimientos de capital.

Este proceso supuso una transformación estructural profunda del funcionamiento de la economía española.

4. Liberalización Financiera y Transformación del Sistema Bancario

La integración europea impulsó una intensa liberalización financiera. Se eliminaron los controles administrativos, se igualó jurídicamente a todas las entidades de depósito y se dotó al Banco de España de mayores competencias de supervisión, aunque estas no evitaron la formación de burbujas bursátiles e inmobiliarias.

La presión competitiva derivada de la integración favoreció un profundo proceso de concentración bancaria mediante fusiones y absorciones, dando lugar a grandes grupos financieros (BBV, BCH, Argentaria, Santander Central Hispano y posteriormente BBVA). Este proceso reforzó la centralización del capital financiero y la dimensión sistémica del sector bancario.

5. Privatizaciones y Transformación del Sector Público

Paralelamente, se produjo una profunda transformación del sector público empresarial. Durante los gobiernos del PSOE se inició un proceso de privatizaciones (SEAT, Repsol, Telefónica, Endesa), que se intensificó con los gobiernos del PP a partir de 1996.

A finales de los años noventa, el Estado se había desprendido prácticamente de todas las grandes empresas públicas estratégicas. Sin embargo, este proceso:

  • No fue acompañado de una política industrial ambiciosa.
  • La estructura empresarial española continuó caracterizándose por el predominio de pequeñas empresas, autónomos y economía sumergida, con un persistente retraso tecnológico.
  • La política industrial quedó subordinada a la política de competencia europea, reforzando la dependencia tecnológica y productiva del exterior.

6. La Unión Monetaria y la Pérdida de Autonomía

El Plan Delors de 1989 estableció la hoja de ruta hacia la Unión Económica y Monetaria, basada en el mercado único, una política económica común y la creación de una moneda única.

El Tratado de Maastricht, en vigor desde 1993, ratificó este proceso y fijó los criterios de convergencia necesarios para la adopción del euro. España se comprometió plenamente con la unión monetaria, integrando la peseta en el Mecanismo de Tipos de Cambio del Sistema Monetario Europeo en 1989.

7. Nuevo Paradigma de Competitividad

La integración europea implicó un cambio profundo del paradigma económico. El mercado interno dejó de ser el eje del crecimiento y las prioridades pasaron a ser:

  1. El control de la inflación.
  2. La estabilidad cambiaria.
  3. La credibilidad frente a los mercados financieros.

La economía española se orientó hacia la especialización internacional, aceptando que la restricción externa condicionaría el crecimiento y el empleo. El pleno empleo y la satisfacción de la demanda interna dejaron de ser objetivos prioritarios frente a la disciplina macroeconómica.

8. El Ciclo Económico de la Integración (1985-1991)

La economía española pasó a sincronizarse con el ciclo europeo, aunque con oscilaciones más intensas. Entre 1985 y 1991 se produjo una fase expansiva caracterizada por:

  • Un fuerte crecimiento de la producción (5,7% anual).
  • Una notable reducción del desempleo, que pasó del 22% en 1985 al 16% en 1990, creándose cerca de dos millones de empleos.

Este crecimiento se apoyó en:

Expansión del gasto público
Asociada al desarrollo del Estado del bienestar.
Consumo privado
Impulsado por el aumento del empleo y los salarios.
Boom de la inversión
Especialmente en el sector inmobiliario.

La revalorización de los activos financieros e inmobiliarios generó un fuerte efecto riqueza y un aumento del endeudamiento privado.

9. Desequilibrios Externos y Crisis de Balanza de Pagos

La expansión se acompañó de graves desequilibrios externos. La liberalización comercial provocó un rápido aumento de las importaciones procedentes de la CEE, mientras que las exportaciones crecían lentamente, en parte por la limitada competitividad industrial y la exclusión de la agricultura de los acuerdos más favorables.

Consecuencias de la Apertura Comercial

Este deterioro de la balanza comercial desembocó en un elevado déficit por cuenta corriente, financiado mediante una entrada masiva de capitales extranjeros. España aplicó políticas de atracción de capitales sin discriminación, priorizando la entrada de flujos financieros a corto plazo.

Boom Inversor y Apreciación Cambiaria

Durante los primeros años de integración se produjo un intenso boom inversor, tanto industrial como inmobiliario. La entrada masiva de capitales provocó la apreciación de la peseta, situándola en el límite superior de la banda de fluctuación del Sistema Monetario Europeo. Y esta situación desembocó en una crisis de balanza de pagos a comienzos de los años noventa, evidenciando las vulnerabilidades estructurales del modelo de crecimiento basado en la integración financiera sin una base productiva sólida.

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