Evolución Política, Social y Cultural de la España Imperial (Siglos XV-XVII)

Los Reyes Católicos y la Unificación de los Reinos

El Ascenso de Isabel I y la Guerra de Sucesión Castellana

Isabel I era hermana de Enrique IV y tía de Juana la Beltraneja, considerada ilegítima por la nobleza, que se apoyó en Alfonso, hermano del rey, en la Farsa de Ávila. Tras su muerte, el rey firmó con Isabel el Tratado de los Toros de Guisando (1468); la reconocía como heredera mientras se casara con su consentimiento. Tras la boda entre Isabel y Fernando (corregente de Castilla tras heredar la corona aragonesa de su padre, Juan II), Enrique nombró a Juana heredera de Castilla. Tras morir, se dio una guerra civil entre Isabel (Castilla y Aragón) y Juana (Portugal, Francia y Andalucía), esposa de Alfonso V de Portugal. En la Batalla de Toro venció Isabel, firmando el Tratado de Alcáçovas (1479); Isabel era ahora reina de Castilla.

La Conquista del Reino Nazarí de Granada

La conquista de Granada fue posibilitada por la estabilidad entre Castilla y Aragón y la guerra civil entre Boabdil y su tío el Zagal por el trono de Muley Hacén. En la primera fase se conquistaron zonas occidentales, como Zahara y Alhama, haciendo prisionero a Boabdil, que en 1483 pactaría con los reyes para apoyarles. En la segunda fase tomaron las zonas orientales, como Málaga y Baza, rindiéndose el Zagal. En la tercera fase tomaron Granada y las Alpujarras. Boabdil firmó unas capitulaciones en las que entregaba el reino (2 de enero de 1492), integrando así Granada a Castilla y expulsando a los judíos tras el decreto del inquisidor Tomás de Torquemada (31 de marzo).

La Herencia de los Trastámara y el Inicio de la Regencia

Tras morir Isabel en 1504, su hija Juana “La Loca” heredó el trono, pero su estado hizo que Fernando fuera regente hasta que Carlos I, su nieto, fuera mayor de edad. En 1515 se dio la Guerra de Navarra, que acabaría incorporándose a Castilla. Al morir Fernando, le sucedió como regente en Aragón su hijo Alonso de Aragón, arzobispo de Zaragoza, y en Castilla el Cardenal Cisneros.

La Expansión Ultramarina y el Descubrimiento de América

Tras la toma de Granada, los reyes firmaron con Cristóbal Colón las Capitulaciones de Santa Fe, que le otorgaban el título de gobernador y parte de las riquezas, quedando la titularidad del territorio para la Corona. El 12 de octubre de 1492 llegaron con la Niña, la Pinta y la Santa María a Guanahani (San Salvador), continuando hacia Cuba y La Española, donde construyeron el Fuerte Navidad.

Exploración y Conquista del Nuevo Mundo

Los reyes permitieron más expediciones tras esta, destacando:

  • La primera vuelta al mundo de Magallanes y Elcano, en la que murió Fernando de Magallanes en Filipinas y que finalizó en Sevilla Juan Sebastián Elcano (1520).
  • La conquista de Moctezuma (1520) por Hernán Cortés, sirviéndose del conflicto allí para vencer a los aztecas e instaurar Nueva España.
  • La conquista de Cuzco (1532) por Francisco Pizarro, que partió desde Panamá (1530) en busca de “El Dorado”.
  • A estos les sucedieron Pedro de Valdivia en Chile, Álvar Núñez Cabeza de Vaca en Norteamérica y Francisco de Orellana en el Amazonas.

Colonización y Administración de las Indias

La exploración y la conquista resultó en la colonización, el tráfico comercial, controlado desde la Casa de la Contratación de Sevilla, y la explotación, con sistemas como la encomienda, la mita y las reducciones. Esto traía diversos productos a Europa, como:

  • Cacao
  • Patata
  • Tabaco
  • Oro y plata

Sin embargo, también trajo el abuso de los indígenas, denunciado por religiosos como Bartolomé de las Casas y Francisco de Vitoria, por lo que los reyes aprobaron las Leyes Nuevas de Indias (1542) para aportarles ciertos derechos a los afectados.

La Hegemonía de los Austrias Mayores

El Reinado de Carlos I de España y V de Alemania

Carlos I heredó los reinos de Castilla y Aragón y trajo consigo una corte extranjera. En política interior tuvo que enfrentarse a las Germanías de Valencia y Mallorca, además de a la corrupción y el poder excesivo de la nobleza. También afrontó la rebelión de las Comunidades en las provincias castellanas, que culminó con la derrota de los líderes Padilla, Bravo y Maldonado en la Batalla de Villalar.

En política exterior, Carlos V luchó por mantener la hegemonía europea como emperador del Sacro Imperio. Se enfrentó a Francia en diversas guerras, al tiempo que intervenía en las Guerras Italianas, incluido el Saqueo de Roma. Debió afrontar la expansión del protestantismo, con figuras como Martín Lutero y episodios como la Dieta de Worms. La Batalla de Mühlberg y la posterior Paz de Augsburgo reflejaron el intento de frenar la ruptura religiosa. Además, tuvo que contener la amenaza turca en los Balcanes y el norte de África. Su reinado terminó con las Abdicaciones de Bruselas y la división del Imperio entre su hermano Fernando y su hijo Felipe.

El Imperio de Felipe II

Felipe II heredó una monarquía aún más extensa y enfrentó importantes problemas internos. Entre ellos destacan la rebelión de los moriscos, el descontento de la nobleza aragonesa y la ocupación de Zaragoza, así como la complicada conspiración de su propio hijo, el príncipe Carlos.

En conflictos exteriores, continuó la rivalidad con Francia, logrando la victoria en San Quintín y firmando la Paz de Cateau-Cambrésis. Debió hacer frente a la independencia de Holanda y a la amenaza otomana, que frenó con la victoria de Lepanto. También protagonizó la Unión Ibérica tras la crisis sucesoria portuguesa y luchó contra Inglaterra, consecuencia del ataque de los corsarios como Francis Drake a los buques españoles en América, donde fracasó la Armada Invencible en su intento de invadir Inglaterra.

El Declive de los Austrias Menores

Felipe III y la Influencia de los Validos

Durante el reinado de Felipe III, la monarquía estuvo fuertemente influida por sus validos, especialmente el Duque de Lerma y el Duque de Uceda, quienes asumieron la mayor parte de las decisiones políticas. Uno de los acontecimientos más importantes de este periodo fue la expulsión de los moriscos, que afectó profundamente a la economía y a la demografía de diversas regiones españolas. En política exterior, Felipe III firmó la Tregua de los Doce Años con Holanda, lo que permitió una etapa de relativa estabilidad. Además, España participó en los inicios de la Guerra de los Treinta Años apoyando a la Liga Católica y respaldando a Fernando II de Austria en la defensa del catolicismo.

Felipe IV y el Conde-Duque de Olivares

Con el ascenso de Felipe IV, el poder recayó en el Conde-Duque de Olivares, quien intentó modernizar y centralizar la monarquía mediante proyectos como el Gran Memorial y la Unión de Armas. Sin embargo, estas reformas generaron resistencia y provocaron la crisis de 1640, que incluyó la revuelta de Cataluña y la sublevación de Portugal, que terminaría logrando su independencia. También surgieron conflictos internos como la conspiración de Medina Sidonia y movimientos antiespañoles en territorios italianos como Nápoles y Sicilia.

En política exterior, Felipe IV continuó involucrado en la Guerra de los Treinta Años y apoyó militarmente al Imperio en la invasión y pacificación de Holanda. A esto se sumó la guerra anglo-española, que debilitó aún más a la monarquía. Finalmente, la Paz de Westfalia (1648) y la Paz de los Pirineos (1659) pusieron fin a los grandes conflictos europeos y confirmaron el declive del poder español en el continente.

Sociedad, Economía y Cultura en el Siglo de Oro

Durante los siglos XVI y XVII, la sociedad española se organizaba en estamentos rígidos y desiguales, con una burguesía débil y casi sin posibilidades de ascenso social. La pobreza se extendió y aumentaron la mendicidad y la delincuencia, mientras la población permanecía prácticamente estancada debido a las altas tasas de mortalidad provocadas por guerras, epidemias y frecuentes hambrunas. La expulsión de los moriscos agravó la escasez de mano de obra y coincidió con una notable emigración hacia América que redujo aún más la población activa.

La economía se apoyaba sobre todo en una agricultura que sufría crisis constantes y en una ganadería lanera muy importante, especialmente la destinada a la exportación de lana castellana. La industria artesanal tenía poco desarrollo y no podía competir con la manufactura extranjera, lo que limitaba el comercio interior y exterior. La Hacienda Real atravesó continuas dificultades financieras y varias bancarrotas que debilitaron al Estado y aumentaron la dependencia de préstamos internacionales.

En el plano cultural, este periodo coincidió con el esplendor del Siglo de Oro, en el que sobresalieron pintores como Velázquez, El Greco y Ribera, y arquitectos como Juan de Herrera, autor del monasterio de El Escorial. La literatura alcanzó un nivel excepcional gracias a figuras como Cervantes y Nebrija, mientras la vida religiosa estuvo marcada por la influencia de órdenes como la Compañía de Jesús y por personalidades como San Ignacio de Loyola, que tuvieron un papel destacado en la educación y la reforma espiritual del país.

Carlos II y el Problema Sucesorio

Durante el reinado de Carlos II, gobernaron primero la regencia de Mariana de Austria y luego la de Juan José de Austria, seguidos por los validos Medinaceli y Oropesa. El monarca sufrió graves enfermedades y su segundo matrimonio con Mariana de Neoburgo no aseguró descendencia. El problema sucesorio enfrentó a tres candidatos: el Príncipe de Baviera, el Archiduque Carlos de Austria y Felipe de Anjou.

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