Isabel II: las regencias, las guerras carlistas, los grupos políticos, el Estatuto Real de 1834 y la Constitución de 1837
Tras la muerte de Fernando VII, María Cristina de Borbón pasa a ser regente de su hija Isabel, la “reina niña” (3 años), dando lugar a la Primera Guerra Carlista (1833-1840) con dos bandos:
- Carlistas: partidarios de Carlos María Isidro, hermano de Fernando VII, que reclama sus derechos dinásticos en el Manifiesto de Abrantes. Defienden el Antiguo Régimen, el catolicismo y los fueros (lema: “Dios, patria, rey”). Apoyos: alto clero y mundo rural (País Vasco, Cataluña y Maestrazgo).
- Isabelinos: partidarios de Isabel II. Defensores del sistema político-económico liberal. Apoyos: élites urbanas, bajo clero, etc.
Las fases del conflicto fueron:
- 1. Etapa: Afianzamiento carlista (1833-1835): triunfan insurrecciones carlistas en el País Vasco, Navarra, Cataluña y el Maestrazgo. El ejército carlista, dirigido por Zumalacárregui, tuvo como objetivo tomar las grandes ciudades del País Vasco, fracasando en el sitio de Bilbao y produciéndole la muerte.
- 2. Etapa: Contención de fuerzas (1835-1837): tras reclutar 100.000 soldados (ley de solteros), el general isabelino Baldomero Espartero vence a los carlistas en la Batalla de Luchana, levantando el sitio de Bilbao. Los carlistas inician las denominadas expediciones militares para reclutar partidarios, destacando la de Carlos María Isidro (Expedición Real, 1837), que llegó a las puertas de Madrid sin atreverse a tomar la capital.
- 3. Fase: Final de la guerra (1837-1840): debido al desgaste se iniciaron en secreto negociaciones de paz entre el jefe del ejército liberal Espartero y el carlista general Maroto, sellando el Convenio de Vergara (agosto de 1839). Los carlistas reconocieron a Isabel II a cambio de mantener los fueros vascos y navarros. No todos los carlistas respetaron el acuerdo. Mientras Carlos María Isidro se exilia en Francia, el general Cabrera continuó la guerra, siendo derrotado por Espartero en la Batalla de Morella (Castellón), lo que supuso el fin de la guerra y el triunfo del liberalismo, aunque el carlismo siguió vivo.
Regencia de María Cristina de Borbón-Dos Sicilias (1833-1840)
María Cristina comienza dando la confianza a los moderados (1833-1835), encabezados por Cea Bermúdez, quien en su Manifiesto del 4 de octubre de 1833 busca una tercera vía entre carlistas y liberales, que fracasa. Le sustituye Martínez de la Rosa, quien elabora el Estatuto Real, una carta otorgada, tránsito entre absolutismo y liberalismo. La Corona ostenta el poder ejecutivo, legislativo y derecho de veto absoluto. No refleja derechos individuales.
Se crean las primeras Cortes bicamerales de la historia de España, sin apenas competencias:
- Estamento de Próceres: elegido por el rey entre la aristocracia.
- Estamento de Procuradores: elegido mediante sufragio censitario indirecto (0,15% de la población).
Se produce la división del liberalismo español:
- Moderados: defienden la soberanía compartida entre el rey y las Cortes, el sufragio muy restringido, proteccionismo económico y centralismo. Partidarios de limitar derechos. Apoyos: terratenientes y grandes comerciantes. Fundan el Partido Moderado (1834); su líder será el general Narváez.
- Progresistas: defienden la soberanía nacional, sufragio censitario amplio, librecambismo económico y la descentralización del Estado. Partidarios de ampliar derechos. Apoyos: mediana y pequeña burguesía, profesiones liberales, etc. Fundan el Partido Progresista (1835), cuyo líder será el general Baldomero Espartero.
Ambos partidos se alternan en el poder, destacando las medidas del partido progresista: Desamortización de Mendizábal (1836), disolución del régimen señorial, eliminación de aduanas, etc. Elaboran la Constitución de 1837, un texto semejante al de 1812 pero con concesiones a los moderados, que supone la implantación definitiva del liberalismo en España.
La Constitución de 1837 reconoce la soberanía nacional, pero la Corona tiene amplios poderes (convocatoria y disolución de las Cortes, veto absoluto, nombramiento y cese de ministros). Cortes bicamerales:
- Congreso: tenía el poder legislativo. Elegido por sufragio censitario muy restrictivo (no llegaba al 5% de la población). Mandato de 3 años.
- Senado: elegido por la Corona.
Incluye una amplia declaración de derechos y libertades (igualdad ante la ley, libertad de asociación, de imprenta, etc.). Estado no confesional, pero el culto es mantenido por el Estado. Los alcaldes serán elegidos por sufragio censitario y se recupera la Milicia Nacional.
Los moderados (con mayoría en Cortes desde 1837) aprueban la Ley de Ayuntamientos (1840), por la cual el rey nombraría a los alcaldes en las capitales de provincia (contraviniendo la Constitución). María Cristina firma la ley, generando revueltas sociales que provocarán su exilio a Francia y el nombramiento de Espartero como jefe de Gobierno y regente.
Regencia de Espartero (1840-1843)
Gobernará por decreto y de forma autoritaria. Firma el Tratado de Libre Comercio con Inglaterra (1841), de carácter librecambista, que permitía la entrada libre de tejidos de algodón ingleses, perjudicando a la industria textil catalana. Esto dio lugar a revueltas en Barcelona (republicanos y obreros); prohibió las asociaciones de obreros (señal de que ya existían) y bombardeó Barcelona desde Montjuïc, obligando a la ciudad a pagar una contribución extraordinaria.
Militares progresistas y moderados (Serrano, Prim, O’Donnell y Narváez) pusieron fin a su regencia mediante el pronunciamiento de Torrejón de Ardoz (1843). Espartero huyó a Londres.
Isabel II: el reinado efectivo. Los grupos políticos y las constituciones
Tras el vacío de poder se adelantó la mayoría de edad de Isabel II (13 años). Su reinado se caracteriza por su favoritismo hacia los moderados, inestabilidad (51 gobiernos) y el protagonismo de los militares o “espadones”.
El primer período es la Década Moderada (1844-1854), llegando al poder el general Narváez, jefe del Partido Moderado. Se elabora la Constitución de 1845. El texto establece la soberanía compartida entre la reina y las Cortes, aumentando su poder (sancionar leyes).
Sistema bicameral, con un Congreso elegido para un mandato de 3 a 5 años y un Senado elegido por la reina (aristocracia) con mandato vitalicio. La Ley Electoral de 1846 definió el sufragio restringido (1% de la población). Religión católica oficial y obligatoria. Alcaldes elegidos por el rey. Declaración de derechos similar a la de 1837, pero sin desarrollar.
Reformas moderadas destacadas: creación de la Guardia Civil (1844), suprimiendo la Milicia Nacional; reforma tributaria de 1845 (Mon-Santillán), que distinguía por primera vez impuestos directos e indirectos; Código Penal de 1848; y el Tribunal Supremo.
En 1846 la reina Isabel II contrajo matrimonio con su primo Francisco de Asís, desencadenando la Segunda Guerra Carlista (1846-1849), tras el intento carlista de casar a Isabel II con su pretendiente. El escenario principal fue Cataluña, con poco éxito carlista. Se restablecen las relaciones con la Iglesia católica, molesta tras la desamortización (Concordato con la Santa Sede de 1851).
En este momento cobran fuerza nuevas corrientes políticas:
- Partido Demócrata (1849): aglutinaba diversas tendencias: republicanos, socialistas y progresistas. Defendían el sufragio universal masculino, la tolerancia religiosa y un sistema fiscal proporcional a la riqueza. Sus principales figuras serán Emilio Castelar y Pi y Margall.
- Unión Liberal (1854): partido centrista situado entre los moderados y los progresistas. Combinaba el orden y la libertad en el interior; en política exterior abogaba por acciones militares para conseguir prestigio. Su máxima figura será O’Donnell.
El alza de precios y la corrupción desencadenan un pronunciamiento liderado por el general O’Donnell en Vicálvaro («Vicalvarada»), cuyo ideario quedó plasmado en el Manifiesto de Manzanares (redactado por Cánovas del Castillo), que exigía reformas. Es el inicio del Bienio Progresista (1854-1856) con la vuelta de Espartero como jefe de Gobierno.
Se redacta la Constitución de 1856, llamada “Non nata”, que reflejaba la soberanía nacional, sufragio censitario y una amplia declaración de derechos, pero nunca llegó a aprobarse. Se aprueba la desamortización de Pascual Madoz (1855) y la Ley de Ferrocarriles (1856).
El bienio progresista finaliza tras una crisis: mala situación económica, conflictividad social (huelga general de 1855, primera de la historia de España) y epidemias de cólera que llevan a O’Donnell a dar un pronunciamiento y disolver las Cortes. Espartero presenta su dimisión y se restablece la Constitución de 1845 con un acta adicional que amplía el voto.
Da comienzo el Bienio Moderado (1856-1858) con protagonismo del general Narváez, anulándose las reformas progresistas. Se aprueban medidas destacadas, como la Ley Moyano de Educación (1857), que establece la enseñanza primaria obligatoria de 6 a 9 años, gratuita para quien no pudiera pagarla, pero gestionada por municipios y entes privados.
La Unión Liberal llega al poder en 1858 con Leopoldo O’Donnell como presidente del gobierno. Su gobierno se basó en estabilidad política y económica: impulso del tendido ferroviario, obras públicas y expansión industrial en Asturias, País Vasco y Cataluña. En política exterior, O’Donnell inició conflictos militares: Guerra de Marruecos (1859), expedición a Cochinchina (1859), intervención en México (1861) y participación en la Guerra del Pacífico (1865-1866). Su política exterior fue costosa y no aportó el prestigio deseado.
En 1863 O’Donnell pierde poder por conflictos internos. A partir de 1863 la Unión Liberal y la monarquía borbónica entran en crisis por varios factores:
- Crisis económicas y sociales (1866-1868): dependencia del capital extranjero, malas cosechas y falta de materias primas.
- Crisis política: sucesivas crisis ministeriales que desprestigiaron a la reina; a la falta de objetivos políticos se unió la muerte de Narváez (1867) y O’Donnell (1868).
Dos sucesos preludiaron el cambio ideológico y de mentalidad en España:
- Sucesos de la noche de San Daniel: nueve estudiantes murieron a manos de la policía durante una manifestación por la expulsión de Emilio Castelar de la Universidad.
- Sublevación de los sargentos del cuartel de San Gil: realizada por militares de baja graduación; fueron fusilados 66 de ellos.
Las fuerzas de oposición al régimen (Serrano, Prim…) acuerdan en el Pacto de Ostende (Bélgica) un programa mínimo: rechazo al régimen isabelino y que sean las Cortes quienes elijan la forma del régimen (monarquía o república). La “Gloriosa” revolución comenzó con el pronunciamiento de la armada en Cádiz (17 de septiembre de 1868), al mando del almirante Topete, y del ejército, dirigido por los generales Prim y Serrano. Se formaron juntas revolucionarias por todo el país. La revolución tuvo éxito, provocando la huida de Isabel II a Francia y abriendo una nueva etapa en la historia de España.
El Sexenio Revolucionario: la Constitución de 1869, gobierno provisional, reinado de Amadeo de Saboya y Primera República
Gobierno Provisional (1868-1871)
Tras el destronamiento de Isabel II se formó un gobierno provisional compuesto principalmente por militares. Serrano actuó como regente, mientras que Prim fue nombrado jefe de Gobierno. El gobierno provisional tomó medidas: Ley de Minas (1868), implantación de la peseta como unidad monetaria (1868), medidas librecambistas (arancel Figuerola de 1869) y, la más importante, la Constitución de 1869.
Se convocaron elecciones a Cortes Constituyentes con sufragio universal masculino (mayores de 25 años). Estas Cortes nombraron una comisión de la que salió el texto constitucional, que contemplaba una monarquía constitucional basada en la soberanía nacional y la división de poderes. El rey ostenta el poder ejecutivo a través de sus ministros, quienes son responsables ante las Cortes y ante la nación: “El rey reina pero no gobierna”. Las Cortes controlan al Gobierno mediante un sistema bicameral (Congreso y Senado).
La Ley Electoral de 1870 definió el sufragio universal masculino (mayores de 25 años), directo para el Congreso e indirecto para el Senado; los mandatos eran de 3 años. El poder judicial recaía en los tribunales. La Constitución especificaba una amplia declaración de derechos y libertades (reunión, asociación, libertad de culto, libertad de imprenta, etc.). Se mantenía como estado confesional en el sentido de que la nación debía mantener el culto católico y garantizar otros cultos.
Problemas: el estallido de la guerra de Cuba (1868-1878), cuyo levantamiento fue encabezado por Manuel Céspedes (Grito de Yara, 1868); el auge del republicanismo; y la búsqueda de un rey. La candidatura del príncipe prusiano Leopoldo de Hohenzollern desencadenó un conflicto diplomático entre Alemania y Francia (Guerra franco-prusiana de 1870). Finalmente se decantaron por Amadeo de Saboya, hijo de Víctor Manuel II, como rey de corte liberal y aceptado por las potencias europeas.
Reinado de Amadeo de Saboya (1871-1873)
Amadeo I juró su cargo como rey constitucional, pero se encontró con muchas dificultades: el asesinato de Juan Prim, su principal defensor, inmediatamente antes de su llegada; era extranjero, no dominaba el castellano y tenía la fama de anticatólico. Fue criticado por alfonsinos, carlistas, republicanos, etc.
Tuvo que gestionar la guerra de Cuba y el inicio de la Tercera Guerra Carlista (1872-1876), cuyo pretendiente fue Carlos VII. Enfrentamientos con el movimiento obrero (anarquistas) y la Federación Regional Española (ligada a la I Internacional) complicaron su gobierno. La falta de apoyos y la inestabilidad política llevaron a su abdicación en febrero de 1873; el 11 de febrero de 1873 se proclamó la República.
Primera República (febrero 1873-enero 1874)
Los republicanos se encontraron con una República no totalmente buscada ni consolidada. España no tenía tradición republicana vigorosa y la mayoría de la Cámara era monárquica; el nuevo régimen careció de apoyo exterior y sólo fue reconocido por EE. UU. y Suiza. Se heredaron problemas como la guerra de Cuba y la Tercera Guerra Carlista, además de la diversidad de modelos republicanos.
La Primera República duró 11 meses y tuvo cuatro presidentes:
- Estanislao Figueras (febrero-junio 1873): partidario de una república unitaria y moderada, afrontó problemas económicos y revueltas campesinas (ocupación de tierras en Andalucía). Prohibió la esclavitud en Puerto Rico y las quintas. Tras las elecciones a Cortes Constituyentes, los republicanos federalistas ganaron y proclamaron la República Democrática Federal; Figueras se exilió a Francia.
- Pi y Margall (junio-agosto 1873): proponía una república federal y social. Elaboró un proyecto de Constitución Federal con 17 estados federados (incluyendo Cuba y Puerto Rico). No pudo aprobarlo por la insurrección obrera de Alcoy (anarquistas) y la Rebelión Cantonal, iniciada en Cartagena y extendida a Valencia, Murcia y Andalucía. Pi y Margall se negó a reprimir las revueltas y dimitió.
- Nicolás Salmerón (agosto-septiembre 1873): giro conservador que dio plenos poderes al ejército (generales Martínez Campos y Pavía), que sofocaron la mayor parte de los focos cantonalistas. Cuando las Cortes aprobaron, a petición del ejército, la pena de muerte para militares cantonalistas, Salmerón dimitió por motivos de conciencia.
- Emilio Castelar (septiembre 1873-enero 1874): defendió una república centralista y gobernó por decreto. Ante su incapacidad para resolver los problemas perdió la confianza de las Cortes y, durante el debate para la investidura de un quinto presidente, se produjo el golpe del general Pavía (3 de enero de 1874), que ocupó Madrid y disolvió las Cortes.
Dictadura del general Serrano y Restauración
Tras el golpe de Pavía se disolvieron las Cortes y se nombró presidente al general Serrano, estableciendo una dictadura de corte republicano apoyada por la oligarquía. Serrano gobernó por decreto, ilegalizó la Federación Regional Española, acabó con la rebelión cantonal y debilitó a los carlistas. La crisis del régimen dejó el campo abierto a la restauración borbónica.
Los alfonsinos, con cada vez más apoyos entre los jefes militares, vieron en el príncipe Alfonso XII (hijo de Isabel II) la solución. Cánovas del Castillo redactó el Manifiesto de Sandhurst (firmado por el príncipe), que proponía una monarquía constitucional conservadora y católica, garantizando la continuidad del sistema liberal. El 29 de diciembre de 1874 el general Martínez Campos se levantó en Sagunto y proclamó a Alfonso XII rey de España. El levantamiento apenas encontró oposición. Serrano se exilió y el 31 de diciembre se constituyó el Ministerio-Regencia presidido por Cánovas del Castillo. Comienza la Restauración Borbónica.
Las guerras de Cuba, el conflicto bélico contra Estados Unidos y la crisis de 1898
Tras la pérdida de la América continental, el imperio español quedó reducido a Cuba, Puerto Rico, Filipinas y un conjunto de islotes y archipiélagos en el Pacífico (Carolinas, Marianas y Palaos). El problema de Cuba desembocó en la guerra entre España y Estados Unidos. Las causas de la guerra de Cuba fueron:
- Políticas: incumplimiento de la Paz de Zanjón (1878), que prometía reformas para la isla; las demandas de autogobierno para Cuba eran rechazadas por las Cortes españolas; EE. UU., potencia emergente, tenía intereses en la isla y en el Pacífico.
- Económicas: duras leyes arancelarias que impedían a la burguesía cubana el libre intercambio de productos (caña de azúcar y tabaco) con EE. UU. y otras potencias.
- Culturales: sentimiento independentista cubano.
En 1895 el revolucionario cubano José Martí, líder del Partido Revolucionario Cubano, se levantó en la parte oriental de Cuba (Grito de Baire) dando inicio a la Guerra de Cuba (1895-1898). Tras morir Martí en combate, fueron nombrados comandante en jefe Máximo Gómez y su segundo Antonio Maceo, cuyo objetivo principal era extender la campaña a toda la isla, llegando a las proximidades de La Habana. En su avance, las tropas cubanas incendiaron y destruyeron una parte considerable de las plantaciones y haciendas azucareras.
España respondió enviando decenas de miles de soldados al mando del general Arsenio Martínez Campos, quien intentó aislar los focos rebeldes y negociar. Tras fracasar, fue sustituido por Valeriano Weyler, que aplicó la política de reconcentración (reconcentración Weyler): aglomerar a campesinos en poblados cercados para aislar a los insurrectos. La medida fue eficaz militarmente, pero provocó gran mortandad por las malas condiciones higiénicas y la falta de alimentos.
En 1897 llega a la presidencia de EE. UU. el republicano William McKinley, que intervino movido por la Doctrina Monroe y por presiones de la prensa sensacionalista (Hearst, Pulitzer), que divulgó las prácticas de Weyler y movilizó la opinión pública norteamericana. EE. UU. intentó comprar la isla por 300 millones de dólares, sin éxito; el conflicto era casi inevitable.
En Filipinas, la ejecución de José Rizal, líder de la Liga Filipina, impulsó la formación del movimiento independentista Katipunan. Sus líderes, Andrés Bonifacio y Emilio Aguinaldo, iniciaron la Revolución Filipina (1896). Aprovechando la guerra entre España y EE. UU., los insurgentes ocuparon gran parte del archipiélago, proclamando la independencia en zonas fuera de Manila.
La chispa que desencadenó la guerra con EE. UU. fue la explosión del acorazado norteamericano Maine (febrero de 1898) en el puerto de La Habana. Las causas de la explosión, que costó la vida a 264 marineros y dos oficiales, siguen siendo controvertidas. Pese a intentos diplomáticos, EE. UU. declaró la guerra a España.
Fue un conflicto breve. La armada de EE. UU. destruyó la flota española en la Batalla de Cavite (Filipinas) y otra en Santiago de Cuba; EE. UU. invadió Puerto Rico. Pese a episodios de resistencia española (sitio de Baler), Filipinas quedó bajo la órbita estadounidense tras la toma de Manila.
El gobierno español solicitó la mediación de Francia para negociar la paz. El 10 de diciembre de 1898 se firmó el Tratado de Paz de París, cuyos acuerdos fueron: España renuncia a Cuba; cede a EE. UU. Puerto Rico y Guam; y cede Filipinas a cambio de veinte millones de dólares. En junio de 1899, por el Tratado hispano-alemán, España vendió las Marianas (excepto Guam), Palaos y Carolinas a Alemania por 15 millones de dólares, lo que marcó el fin del imperio colonial español.
La crisis de 1898 y sus consecuencias
La aplastante derrota ante EE. UU. provocó una intensa conmoción en la sociedad española, significando el fin del Imperio. Las principales consecuencias fueron:
- Políticas: crisis que desgastó a los partidos del turno; surgió una nueva generación de dirigentes (Francisco Silvela, Antonio Maura, Eugenio Montero Ríos, José Canalejas). Nació un reformismo social (leyes sobre trabajo infantil y femenino, 1900; ley sobre accidentes de trabajo, 1901).
- Económicas: la economía no se vio excesivamente afectada porque no se perdieron todos los mercados latinoamericanos; la repatriación de capitales favoreció el desarrollo de nuevos sectores (banca). Se aprobaron medidas para sanear la Hacienda (ley de Presupuestos 1899 y reforma tributaria 1900 por Raimundo Fernández Villaverde).
- Sociales: desprestigio militar y cuestionamiento del sistema de reclutamiento (quintas), que beneficiaba a quienes podían pagar exenciones. La guerra costó la vida a unos 50.000 soldados españoles, muchos por enfermedades. El episodio fue conocido como el Desastre del 98 y generó el movimiento intelectual del Regeneracionismo, cuyo máximo exponente fue Joaquín Costa. La corriente criticó el caciquismo, la corrupción y el atraso económico y social, proponiendo reformas políticas, educativas y económicas.
De la generación de intelectuales que surgieron tras 1898, la Generación del 98 (Unamuno, Valle-Inclán, Machado, Ramiro de Maeztu, Azorín, Pío Baroja, etc.) destacó por diagnosticar el problema nacional y proponer vías de regeneración.
La evolución de la población y de las ciudades. De la sociedad estamental a la sociedad de clases
A lo largo del siglo XIX, la población española pasó de 10,5 millones en 1800 a 18,5 millones en 1900. Pese a ello, el crecimiento demográfico fue lento e insuficiente, caracterizado por altas tasas de natalidad y mortalidad. La tasa de natalidad al terminar el siglo era de 34 por mil, de las más altas de Europa, pero la alta mortalidad (29 por mil a finales del siglo XIX) la contrarrestaba, debida a varias causas:
- Crisis de subsistencia por malas cosechas y atraso técnico de la agricultura, que generaba bajos rendimientos.
- Carencias en transporte que impedían llevar productos de zonas excedentarias a las deficitarias.
- Periódicas epidemias de cólera, tifus, fiebre amarilla y enfermedades como tuberculosis, viruela, etc., sobre una población con carencias alimentarias y atención sanitaria deficiente.
La mortalidad infantil era muy elevada, generando una esperanza de vida muy baja (29 años a mediados de siglo).
Movimientos migratorios
En relación con los flujos migratorios destacan:
- Migraciones interiores: del campo a la ciudad por motivos laborales. La entrada de cereales extranjeros por políticas librecambistas obligó al campesinado a abandonar el campo. Fueron migraciones mayoritariamente temporales y de población joven. Hubo un abandono de la Meseta central (salvo Madrid) hacia zonas costeras con ventajas económicas y nacientes industrias (Cataluña y País Vasco). Las zonas receptoras tuvieron que ampliar equipamientos e infraestructuras; las rurales se despoblaron y envejecieron.
- Migraciones exteriores: la escasez de trabajo y las duras condiciones de vida obligaron a muchos españoles a emigrar fuera: norte de África (principalmente Argelia), y ultramar (Argentina, Cuba, Brasil, México, Uruguay y más tarde EE. UU. y Canadá). Fueron protagonistas campesinos gallegos, asturianos, cántabros y canarios. Las remesas aportaron divisas y causaron el despoblamiento de la población joven rural.
Desarrollo urbano
El proceso de urbanización en España fue limitado y tardío. Sin una modernización agrícola y una industrialización intensa, el éxodo rural no comenzó de forma masiva hasta finales del siglo XIX. La mayor parte de la población siguió viviendo en el campo. Destacaron Madrid y Barcelona: Madrid por ser capital política y Barcelona por ser cuna de la revolución industrial en España. Bilbao y Valencia también crecieron significativamente.
La estructura urbana se quedó pequeña, por lo que fueron necesarios ensanches (Barcelona, Madrid, Bilbao, San Sebastián). Proyectos destacados: el ensanche de Barcelona de Ildefons Cerdà, el de Madrid por Carlos María de Castro, la Ciudad Lineal de Arturo Soria, y el Barrio de Salamanca. Barcelona se convirtió en un modelo urbano-industrial, con trazado de manzanas rectangulares y edificios que incorporaron el modernismo catalán.
De la sociedad estamental a la sociedad de clases
En España, los estamentos dejaron de existir con la configuración del Estado liberal en el siglo XIX, que estableció la igualdad jurídica y fiscal de los ciudadanos. Las diferencias sociales vinieron determinadas por el nivel económico. El sufragio censitario limitó la participación política.
La nobleza perdió privilegios (exención de impuestos, señoríos jurisdiccionales) aunque mantuvo importancia social, económica y política. El clero sufrió los procesos desamortizadores y su poder económico disminuyó, aunque la Iglesia mantuvo influencia social y presencia en el Senado. Predominó el mundo rural, aunque el crecimiento de las ciudades fue constante: en 1900, un 16% de la población residía en capitales.
El número de obreros aumentó (unos 500.000 a mediados de siglo). La mano de obra era asalariada, con salarios bajos; mujeres y niños trabajaban en fábricas con jornadas de 12-14 horas diarias durante seis días a la semana y cobro por jornada. No existía protección social; las protestas conllevaban despido inmediato. El proletariado vivía en viviendas pequeñas y barrios hacinados, sin alumbrado ni agua corriente y con problemas de alcantarillado. Enfermedades como el cólera y la tuberculosis eran habituales.
Ante esta situación surgieron las primeras protestas obreras, de carácter violento, clandestino y espontáneo. En 1821 ocurrieron protestas ludditas en Alcoy (destrucción de telares mecánicos). Los incidentes más graves se produjeron en 1835 en Barcelona, con el incendio de la fábrica Bonaplata.
Las desamortizaciones. La España rural del siglo XIX. Industrialización, comercio y comunicaciones
Los ilustrados españoles, entre ellos Jovellanos (“Informe de la Ley Agraria”), abogaban por un reparto más justo de la tierra. Godoy impulsó la primera desamortización eclesiástica; las Cortes de Cádiz continuaron el proceso, aunque Fernando VII lo paralizó.
La primera desamortización de importancia fue la Desamortización eclesiástica de Mendizábal (1835). Los bienes de conventos e iglesias se vendieron en subasta pública con facilidades de pago (hasta 15 años). El dinero recaudado (3.500 millones de reales), aunque insuficiente, fue esencial para financiar la guerra carlista, eliminar los “bienes de manos muertas” y crear una “copiosa familia de liberales”.
La Desamortización general de Pascual Madoz (1855) tuvo mayor alcance: se desamortizaron bienes civiles (municipios) y eclesiásticos (monasterios, baldíos, etc.), recaudando 5.700 millones de reales, que se utilizaron para fomentar la construcción de ferrocarriles.
Consecuencias de las desamortizaciones:
- Sociales: se produjo un cambio de manos de la tierra; los campesinos no pudieron acceder mayoritariamente a la propiedad y la tierra fue comprada por la nobleza y la naciente burguesía.
- Económicas: la recaudación fue menor de lo previsto por las facilidades de pago concedidas por el Estado.
- Redistribución del espacio agrario: se ganó tierra de cultivo (de 10 a 16 millones de hectáreas), aumentando la producción, pero con nula inversión tecnológica.
- Culturales: pérdida de patrimonio cultural (monasterios, cuadros, esculturas, etc.).
Industrialización, comercio y comunicaciones
La revolución industrial en España fue limitada y con grandes deficiencias. Las causas fueron:
- Predominio de capital extranjero y mentalidad rentista del capital español.
- Poca capacidad productiva.
- Escaso desarrollo del mercado nacional por la complicada orografía y la falta de infraestructuras.
- Escasez de materias primas.
- Inestabilidad política.
Principales industrias:
- Industria textil catalana: desarrollada desde el siglo XVIII (telas de indianas), introdujo máquinas de vapor (selfactinas). Fue denominada el “Manchester español”.
- Minería: se liberalizaron las minas con la Ley de Minas de 1868, abriendo el sector a empresas extranjeras (ej. minas de Almadén por la familia Rothschild; Minas de Riotinto, cobre, compradas por empresarios británicos).
- Siderurgia: España tenía hierro abundante pero carbón coqueficable de mala calidad, lo que la hizo dependiente del exterior. Tres etapas: andaluza (hasta los años 60, en torno a Málaga), asturiana (años 60-80, cuencas de Mieres y Langreo) y vizcaína (finales de siglo), la más exitosa, creando el eje Bilbao-Cardiff y fomentando la construcción naval (astilleros del Nervión).
Otras industrias: química (ácido sulfúrico en Barcelona, Madrid, Alicante), industria harinera con el método austrohúngaro (Santander), y la industria de alcoholes con capitales ingleses (Terry, Domecq, Osborne).
Debate económico: proteccionismo vs. librecambismo
- Proteccionismo: defendido por el textil catalán, cerealistas castellanos y siderurgia vasca (arancel de 1826, que prohibía la importación de 657 artículos).
- Librecambismo: defendido por comerciantes y compañías ferroviarias (arancel Figuerola de 1869). Ningún arancel superaba el 15% y no se prohibía la importación de artículos; a finales de siglo volvió el proteccionismo con la política arancelaria de Cánovas.
Sector financiero y banca: en 1829 se creó el Banco Español de San Fernando para prestar dinero al Estado; en 1844 el Banco de Isabel II (primer banco de crédito privado en Madrid). Ley de Sociedades Anónimas (1848) y creación de cajas de ahorro derivadas de los Montes de Piedad. Ley de Bancos (1856) y fundación del Banco de España (1856) que sustituyó al Banco Español de San Fernando. En 1868 se implantó la peseta como unidad monetaria nacional.
Comunicaciones y ferrocarril: a comienzos del siglo XIX España tenía una red deficitaria. El informe de Juan Subercase estableció un nuevo ancho de vía adaptado a la orografía. El primer ferrocarril fue la línea Habana-Bejucal-Güines (1837) en Cuba. Tras la Ley de Ferrocarriles de 1844 se inauguró la línea Barcelona-Mataró (1848). La Ley General de Ferrocarriles de 1855 impulsó la construcción: el Estado concedía en subasta pública la construcción de líneas a empresas privadas y cedía el terreno por 99 años. El 80% de las líneas quedaron en manos de empresas extranjeras (Hermanos Pereire, Rothschild). En diez años se construyeron más de 5.000 km de vías y se trazaron rutas como Madrid-Zaragoza-Alicante o Cádiz-Madrid-Irún.
Problemas del ferrocarril en España:
- Estructura radial centrada en Madrid, que desatendía la periferia.
- Ancho de vía mayor que en otros países europeos, obstaculizando la conexión con Europa.
- Poca estimulación de la industria siderúrgica nacional por las concesiones a compañías extranjeras.
- Falta de rentabilidad: la crisis de 1866 llevó a la quiebra de muchas compañías.
