Transformaciones económicas: Procesos de desamortización
La muerte de Fernando VII y la posterior Revolución Industrial conllevarían un cambio económico de gran escala. Esto conllevó a un cambio en el cual se pasó de un sistema proteccionista al librecambismo. Tras todo ello, la agricultura vivió una profunda reforma basada en la abolición del régimen señorial, la supresión de los mayorazgos y las grandes desamortizaciones de Mendizábal y Madoz. Con este conjunto de medidas se liberalizó la agricultura, permitiendo que la tierra pudiera circular libremente en el mercado.
El proceso de desamortizaciones (1812-1841)
En este contexto se llevó a cabo un proceso de desamortizaciones entre 1812 y 1841. En 1812 se inició la labor de convertir en libre la propiedad inmueble del Antiguo Régimen. Dentro de la propiedad inmueble se encuentran, por un lado, los bienes vinculados y, por otro, los bienes amortizados.
- Bienes vinculados: Eran posesiones pertenecientes a la nobleza. Dentro de estos bienes se podía dar la vinculación, transformando las tierras en propiedades particulares y privadas. No significó un cambio de dueño, sino la conversión en propietarios libres estableciendo la titularidad sobre sus bienes; o bien, también se dio la supresión de mayorazgos mediante la eliminación del usufructo del primogénito, modificándola por la propiedad plena.
- Bienes amortizados: Eran posesiones pertenecientes al clero y a los municipios. En este tipo de bienes se llevaron a cabo las desamortizaciones propiamente dichas.
El proceso de desamortizaciones se inició en el siglo XVIII con Carlos III, dándose la venta de propiedades del Estado de los jesuitas, y termina en 1924 con la promulgación del Estatuto de Calvo Sotelo, que derogaba definitivamente las leyes sobre desamortización.
Hitos principales: Mendizábal y Madoz
La Desamortización de Mendizábal (1835)
En 1835, Mendizábal asumió la presidencia del Gobierno. Ante la desastrosa situación económica provocada por la Guerra Carlista y una crisis de subsistencia, surgió la necesidad de encontrar una fuente de ingresos que sufragara la guerra, paliara los efectos de la crisis y desmontara la deuda pública. Para ello, se transformaron en públicos y se vendieron los bienes eclesiásticos.
La Desamortización de Madoz (1855)
En 1855 se produjo la desamortización de Madoz. Anteriormente, el ministro de Hacienda durante el Bienio Progresista publicó la Ley de Desamortización General, poniendo en venta los bienes de propiedad colectiva. Los bienes eclesiásticos que no podían ser vendidos anteriormente y los municipales fueron utilizados de forma comunal por los vecinos. Se utilizó el mismo sistema que en la desamortización de Mendizábal y el objetivo de esta fue la industrialización del país y la expansión del ferrocarril.
Consecuencias de las reformas agrarias
La desamortización de Mendizábal no sirvió para repartir las tierras entre los menos favorecidos porque no se intentó una reforma agraria. Sus efectos principales fueron:
- Aumento de la producción agrícola al explotar tierras hasta ahora improductivas.
- Surgimiento del proletariado agrario jornalero, derivado del régimen señorial.
- Aparición de una burguesía terrateniente que acumuló tierras.
- Desarrollo y predominio del latifundismo.
- Empeoramiento del nivel de vida del proletariado campesino.
- Pérdida y expolio del patrimonio artístico y cultural.
Sin embargo, la desamortización de Madoz favoreció la entrada de capitales, técnicas y proyectos empresariales procedentes del extranjero, la inversión de la nueva burguesía capitalista y la formación de una red de entidades bancarias.
Industrialización y Librecambismo
Por otra parte, la situación buscada era la de una libertad económica conseguida a través del librecambismo; es decir, la libre circulación de bienes, capital y mercancías. Para ello fue necesario que existiesen libertades en el ejercicio del comercio, en la actividad comercial y en el tráfico de mercancías, lo que implicaba que decreciese el monopolio, los gremios y las aduanas.
Paralelamente se produjo el inicio de la industrialización:
- Industria textil: Cataluña fue la gran pionera con innovaciones como un mercado nacional protegido por aranceles, el trabajo a domicilio del campesinado, la sustitución de la lana por el algodón y la introducción de la máquina de vapor. Este modelo industrial sustituyó al artesanal.
- Siderurgia: Se comenzó a fundir en altos hornos para producir hierro y acero. De 1830 a 1850, Marbella y Málaga fueron los principales focos siderúrgicos, sustituidos a partir de 1860 por Asturias.
Infraestructuras y Minería
El ferrocarril se potenció tras la desamortización de Mendizábal; sin embargo, su desarrollo se retrasó hasta la segunda mitad del siglo XIX debido a las dificultades orográficas, el atraso técnico y la ausencia de capital. En 1855 se elaboró la Ley General de Ferrocarriles, que desembocó en la eliminación de aranceles para la importación de material ferroviario, la concesión de privilegios de expropiación y de tierras a las compañías ferroviarias, utilizando gran parte del capital obtenido por la Ley de Desamortización General de Madoz.
También hay que destacar la dualidad de la agricultura, que se diferenciaba en:
- Moderna: Supuso cambios técnicos y generó un proceso de producción industrial que, a su vez, generó excedentes.
- Tradicional: Caracterizada por la diversidad climática y el atraso en los medios de producción.
En el último cuarto del siglo XIX incrementó la explotación minera. En 1869 se aprueba la Ley de Minas, que concede la explotación de yacimientos a cambio de una tributación al Estado, lo que suponía costes bajos por altos beneficios. Esto generó una gran demanda de Hierro (Fe), Plomo (Pb), Cobre (Cu) y Zinc (Zn).
Conclusión del periodo
En el País Vasco, Santander y Asturias se desarrolló una potente industria siderúrgica. En Cataluña, a partir de 1860, se dominó todo el mercado nacional y casi por completo la demanda interior; además, posteriormente se produjeron reinversiones en otras actividades industriales catalanas, lo que conllevó a la Segunda Revolución Industrial.
Durante el siglo XIX se sucedieron una serie de cambios no solo en el ámbito económico, sino también en el social y político. Con la eliminación del antiguo sistema, España abandonó el Antiguo Régimen e inició su integración en un sistema político y social basado en la libertad y la democracia.
