España 1917-1931: Del Pistolerismo a la Dictadura de Primo de Rivera

Los años del pistolerismo

La conflictividad laboral degeneró en una radicalización de las posiciones de los sindicatos y de la patronal, sobre todo en Cataluña. Los patrones reaccionaron de diversas formas:

  • Crearon la Federación Patronal.
  • Contrataron a pistoleros para asesinar a los dirigentes obreros.
  • Cerraron empresas (lock-out).

Además, se fundó el Sindicato Libre para restar fuerza al sindicalismo anarquista. Con el soporte de la patronal, este grupo llevó a cabo acciones violentas contra los anarquistas. Algunos grupos vinculados a la CNT respondieron atentando contra las autoridades, los patrones y las fuerzas del orden; entre estos grupos se encontraba Buenaventura Durruti.

El general Martínez Anido, gobernador civil de Barcelona, llevó a cabo una política de protección de los pistoleros de la patronal, ejerció una dura represión contra los sindicalistas y puso en práctica la Ley de fugas, que permitía a los policías disparar contra los detenidos en caso de intento de fuga. Todo esto originó el periodo del pistolerismo, en el cual murieron figuras como Eduardo Dato, Salvador Seguí y el abogado laboralista Francesc Layret.

Concentración y descomposición política

La crisis de 1917 agravó la situación política. Para superar esta situación, se recurrió a los gobiernos de concentración, que integraban a los partidos dinásticos (liberales y conservadores) y a miembros de la Lliga Regionalista. Esto supuso una ruptura del turno de los partidos.

Una vez fracasados los gobiernos de concentración, se volvió al turno dinástico. Sin embargo, aun habiendo recurrido al fraude, ningún partido dinástico reunió la mayoría parlamentaria necesaria para gobernar. En Cataluña, la Lliga y los dirigentes de la Mancomunidad crearon una campaña en favor de la autonomía y se presentó en Madrid un Proyecto de Estatuto de Cataluña. El rechazo del proyecto desencadenó una campaña hostil.

La guerra en el protectorado: Annual

La presencia en el protectorado de Marruecos era propiciada por el Ejército, los militares africanistas (que se beneficiaban de los ascensos por méritos de guerra) y por el mismo Alfonso XIII. En 1919, después de acabar la Gran Guerra, España emprendió una política de expansión y acciones para una progresiva conquista del territorio.

La acción, mal dirigida, contaba con la aprobación del rey y finalizó con una derrota en Annual. Los ataques y emboscadas de los rifeños, liderados por Abd el-Krim, dieron lugar a una retirada masiva y desordenada que ocasionó más de 13,000 muertos en el ejército español. El desastre de Annual provocó una terrible impresión en una opinión pública que ya era contraria a la guerra.

Surgieron grandes problemas y los diputados reclamaron en el Parlamento el abandono de Marruecos y la petición de responsabilidades, lo cual forzó al gobierno a nombrar una comisión militar de investigación presidida por el general Picasso. Los militares, los partidos dinásticos y la figura del rey se vieron envueltos en debates sobre su responsabilidad. El envío del Expediente Picasso a las Cortes acentuó el debate público, promovió la campaña de republicanos y socialistas contra el régimen y causó un gran malestar en el Ejército. En 1923, poco antes de que el Congreso emitiera el dictamen, el golpe de Estado de Primo de Rivera impidió conocer las conclusiones de la investigación.

La dictadura de Primo de Rivera (1923-1931)

Primera etapa (1923-1925): El golpe de Estado militar

El gobierno de García Prieto propuso una reforma de la Constitución para reducir la influencia de la Iglesia y limitar los poderes del rey. Aun contando con la mayoría en las Cortes, el proyecto se vio obstaculizado por la oposición del monarca, del ejército y de la Iglesia. Entre los militares existía, además, un gran malestar por el Expediente Picasso.

Para frenar el proyecto reformista del gobierno, Miguel Primo de Rivera, capitán general de Cataluña, dio un golpe de Estado militar en septiembre de 1923. El rey se negó a destituir a los sublevados y el gobierno dimitió. Primo de Rivera justificó su actuación como una solución al bloqueo del régimen constitucional, presentando un programa con pretensiones regeneracionistas:

  • Poner fin al desgobierno, el caciquismo y la corrupción.
  • Recuperar el orden público.
  • Poner fin a la conflictividad obrera.
  • Garantizar la unidad nacional.

El rey, el Ejército, la alta burguesía y parte de las clases medias aceptaron la dictadura.

La construcción de un régimen dictatorial

Desde 1923 hasta 1925 gobernó el Directorio Militar, pero a partir de ese año, el gobierno incluyó a diversas personalidades civiles y pasó a ser un Directorio Civil, aunque seguía teniendo un gran peso militar. Las primeras medidas fueron:

  • Suspensión de la Constitución.
  • Disolución de las cámaras legislativas.
  • Cese de las autoridades civiles.
  • Prohibición de partidos políticos y sindicatos.

Estas acciones fueron acompañadas de la militarización del orden público y una represión del obrerismo más radical (cenetistas y comunistas). Se disolvieron ayuntamientos y todos los mecanismos electorales. Durante esta etapa, el conflicto de Marruecos fue prioritario; en 1925 se organizó el desembarco de Alhucemas, tras el cual Abd el-Krim se rindió y el ejército español reafirmó la ocupación del protectorado.

Segunda etapa (1925-1931): La organización corporativa del Estado

Se abandonó la idea de una dictadura transitoria y se institucionalizó el régimen para darle continuidad bajo un carácter corporativo. Se creó la Asamblea Nacional Consultiva, compuesta por representantes de corporaciones e instituciones públicas (municipios, universidades, patronales), cuya función era meramente consultiva y bajo control gubernamental.

Para promover la adhesión al sistema, se creó la Unión Patriótica, un partido gubernamental destinado a proporcionar soporte social a la dictadura, nutrido por el catolicismo, funcionarios y caciques. También se reactivó la institución del Somatén (ciudadanos armados voluntarios).

Finalmente, la dictadura puso en marcha un modelo de regulación del trabajo para eliminar conflictos laborales mediante la Organización Corporativa Nacional, que agrupaba a patrones y obreros. La UGT colaboró al principio, lo cual generó tensiones internas en el socialismo, mientras que la CNT se negó a participar.

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