Reformas económicas y modernización en la España de Carlos III
El Canal de Aragón.
Medidas de liberalización del precio del grano
Fue una ley impulsada por su ministro Esquilache en 1766 que provocará una oposición tanto de la nobleza como del clero, que irá enquistándose en una oposición directa a estos ministros italianos y a sus políticas reformistas. Esto llevó a Carlos III a un endurecimiento de su postura, como la expulsión de los jesuitas en 1767, política que se vio frenada por el Motín de Esquilache.
Artesanía e industria
A pesar del aumento de la población y de la subida de los precios agrícolas, la industria española adolecía de graves problemas que impedían el desarrollo industrial: predominio del pequeño taller, métodos arcaicos y rudimentarios provocados por la falta de innovación y competencia. Todo ello favorecía la mentalidad rentista frente a la industrial y emprendedora.
Reformas industriales
- Defensa del mercantilismo: Carlos III planteó el desarrollo industrial basado en el intervencionismo y el proteccionismo estatal.
- Fomento de las manufacturas reales: Pretendieron ser un estímulo industrial innovador para disminuir las importaciones. Sin embargo, su producción fue poco competitiva. Las Reales Fábricas crearon manufacturas en Ávila y Segovia (Real Fábrica de paños) o Guadalajara (Real Fábrica de cristal). Se crearon asimismo siderurgias como La Cavada, para proveer la demanda de la armada.
- Escuelas de artes y oficios: Para mejorar la educación técnica y profesionalizar la mano de obra.
Comercio
El comercio colonial estaba poco articulado, lo que favorecía el desarrollo del contrabando colonial, sobre todo el británico.
Reformas comerciales
Las reformas fueron dirigidas por Campomanes, que fomentó la agricultura de plantación en América mediante la creación de sociedades mercantiles a imitación de las Compañías de Indias de Gran Bretaña y de las Provincias Unidas. Entre ellas:
- La Compañía Guipuzcoana de Caracas (1728), que monopolizó el comercio del cacao y del tabaco.
- La Compañía de La Habana (1740), con monopolio del tabaco y del azúcar.
- La Real Compañía de Comercio de Barcelona (1756).
- La Real Compañía de Filipinas, la segunda (1785).
Se terminó con el monopolio de Cádiz (1765) a favor de otros puertos: Barcelona, Cartagena, Alicante, etc. En 1778 se dictó la libertad de comercio con América para todos los puertos españoles. Se fomentaron medidas proteccionistas: en 1775 quedó prohibida la herrería extranjera para fomentar la nacional; en 1788 se prohibió la importación de prendas de lino, algodón y lana, mientras que las nacionales se eximieron de parte de sus impuestos.
Para reactivar el comercio interior se desarrolló un plan de caminos reales aptos para carros, los llamados «caminos de ruedas», que se planearon siguiendo un eje radial con centro en Madrid, lo que reforzaba el centralismo que quería imponer la Corona.
Reforma tributaria
Los impuestos eran excesivamente onerosos. Por ello se redujeron la alcabala y el ciento en los productos básicos.
Desarrollo de la banca
Francisco Cabarrús (de origen francés) fundó, a propuesta de Floridablanca, el primer banco nacional en 1782: el Banco de San Carlos, que recibió en monopolio los contratos del ejército y la marina.
Fomento de la formación y el trabajo
Se crearon las Sociedades Económicas de Amigos del País, que adoptaron teorías de Leibniz y de los colbertistas. La primera fue la vascongada de Amigos del País, fundada por el Conde de Peñaflorida en 1765. Las sociedades buscaron la revitalización del país a través del desarrollo del conocimiento.
Para fomentar el trabajo, en 1783 se suprimió la llamada ley de caballeros, para permitir todo tipo de trabajo lícito.
Para desarrollar la investigación científica y la educación se crearon las Reales Academias y se enviaron expediciones de investigación al Nuevo Mundo.
Conclusión
Las reformas de Carlos III fueron una continuidad de las iniciadas por su hermanastro Fernando VI. Tenían como base el desarrollo económico del país, entendido como medio para recuperar el peso político que España había perdido durante el siglo anterior.
Las reformas económicas siguieron los postulados de la Ilustración. Eran, por ello, reformas desde arriba, fruto del despotismo ilustrado. A pesar de la importancia que tradicionalmente se ha concedido a estas medidas, muchas apenas tuvieron vigencia: los hechos de 1789 y la expansión de la Revolución Francesa rompieron con la vía reformista. Carlos IV y sus ministros fueron incapaces de proseguir las reformas por el peligro que éstas suponían para la extensión de las ideas revolucionarias. Esto motivó que muchos de los problemas económicos se mantuvieran sin resolver.
