Crisis de la Restauración en España (1902-1931): reformas, oposición y caída hacia la dictadura

Crisis de la Restauración: intentos regeneradores y oposición al régimen

La crisis de la Restauración

Entre 1902 y 1923, la Restauración sufrió un progresivo deterioro marcado por la crisis de los partidos dinásticos, el fracaso del regeneracionismo y una creciente inestabilidad política y social. La muerte de sus principales líderes (Cánovas y Sagasta) dejó a los partidos Conservador y Liberal bajo figuras como Antonio Maura, Eduardo Dato, José Canalejas y Romanones. Sin embargo, los frecuentes cambios de gobierno, las injerencias del rey Alfonso XIII y la intromisión del Ejército en asuntos políticos agravaron la situación.

Además, el sistema político no logró integrar a fuerzas opositoras como republicanos, nacionalistas y obreros, y los desastres militares en Marruecos, junto con la creciente conflictividad social, intensificaron la crisis. Conscientes de estos problemas, los partidos dinásticos intentaron reformas regeneradoras, destacando el proyecto de Maura, conocido como «la revolución desde arriba». Este buscaba modernizar el sistema para evitar revueltas populares, pero fracasó debido a la Semana Trágica de Barcelona (1909).

La Semana Trágica (1909) y sus consecuencias

La revuelta, desencadenada por el envío de reservistas a Marruecos, derivó en una huelga general, disturbios antimilitares y anticlericales. La respuesta de Maura, mediante represión militar, provocó su dimisión y críticas internacionales. Este evento reorganizó el movimiento obrero, consolidando al anarcosindicalismo. Tras Maura, Canalejas impulsó medidas como la descentralización administrativa, la supresión del impuesto de consumos, la reforma del Ejército y la regulación de órdenes religiosas mediante la llamada Ley del Candado. Sin embargo, su asesinato en 1912 truncó estas reformas, dejando al sistema en declive.

Oposición al sistema

El régimen de la Restauración no logró incorporar a los republicanos, nacionalistas y obreros, lo que aceleró su descomposición.

  1. Republicanismo

    Basado en el laicismo, los derechos civiles y la reforma social, el republicanismo tuvo influencia en las clases medias ilustradas y en trabajadores cualificados, aunque permaneció políticamente fragmentado.

    • Partido Republicano Radical: liderado por Alejandro Lerroux, comenzó con posturas anticlericales y populistas, evolucionando hacia el moderantismo tras los sucesos de la Semana Trágica.
    • Partido Reformista: más moderado, bajo Melquíades Álvarez, aceptaba la monarquía si ésta garantizaba un sistema democrático.
  2. Nacionalismo periférico

    Cataluña: La Lliga Regionalista, liderada por Enric Prat de la Riba y Francesc Cambó, abogó por el autogobierno, la defensa del catalán y una mayor influencia política de Cataluña. Este partido liberal-conservador ganó fuerza desde 1906.

    País Vasco: el Partido Nacionalista Vasco (PNV), tras la muerte de su fundador Sabino Arana, evolucionó hacia el autonomismo, ampliando su base social y territorial. Logró su primer escaño en 1903.

  3. Movimiento obrero

    Dividido entre socialistas y anarquistas, este sector fue una fuerza crítica en la política española.

    • Socialismo: liderado por el PSOE y la UGT, se consolidó en regiones como Madrid, Asturias y Vizcaya. Tras la Semana Trágica, formó alianzas con los republicanos, logrando su primer diputado, Pablo Iglesias. En 1921, una escisión creó el Partido Comunista de España (PCE).
    • Anarquismo: predominó en Cataluña y Andalucía, dividido entre grupos que recurrieron a la violencia (responsables de atentados como los que costaron la vida a Canalejas y a Dato) y el anarcosindicalismo, liderado por la CNT, que organizó huelgas generales y movilizaciones, enfrentándose a una fuerte represión.

En este contexto, los intentos regeneradores no lograron frenar la descomposición del régimen, mientras la oposición ganaba fuerza y el sistema político perdía legitimidad, allanando el camino hacia la dictadura de Miguel Primo de Rivera en 1923.

El impacto de acontecimientos internacionales: Marruecos, la Primera Guerra Mundial y la Revolución Rusa

Colonización de Marruecos

En la Conferencia de Algeciras (1906), Marruecos quedó dividido en áreas de influencia francesa y española. España buscaba proteger Ceuta y Melilla y recuperar prestigio tras el Desastre del 98, pero la resistencia de las tribus locales (cábilas) complicó la ocupación.

En 1909, los ataques a explotaciones mineras españolas desataron la guerra de Melilla, donde España sufrió una derrota en el Barranco del Lobo. La conscripción de reservistas para el conflicto generó descontento y fue causa de la Semana Trágica de Barcelona. En 1912, la región se formalizó como protectorado franco-español, pero la resistencia rifeña continuó.

El punto crítico llegó en 1921 con el desastre de Annual, una emboscada liderada por Abd el-Krim que causó 13.000 muertos y la pérdida del control del Rif. La indignación pública llevó a abrir el Expediente Picasso para investigar responsabilidades, incluidas las del rey Alfonso XIII. Sin embargo, las tensiones políticas y militares facilitaron el golpe de Estado de Primo de Rivera en 1923, quien archivó la investigación. Aunque inicialmente contempló abandonar Marruecos, el desembarco de Alhucemas (1925) consolidó el control español en el Rif.

La Primera Guerra Mundial

España adoptó la neutralidad en la Primera Guerra Mundial (1914-1918). Sin embargo, la sociedad se dividió entre germanófilos y aliadófilos, reflejando una polarización que se intensificó en la prensa. La neutralidad benefició a la economía, ya que la demanda de productos por parte de los países beligerantes impulsó las exportaciones agrícolas e industriales. Sin embargo, los beneficios no se distribuyeron equitativamente: mientras los empresarios acumularon grandes ganancias, la inflación erosionó el poder adquisitivo de los trabajadores.

Este desequilibrio aumentó el malestar social, agravado al terminar la guerra, cuando el cese de exportaciones llevó al cierre de fábricas y minas, incrementando el desempleo y la conflictividad laboral.

La Revolución Rusa y la crisis de 1917

La descomposición del sistema político español se agravó tras el asesinato de Canalejas (1912) y se manifestó en la crisis de 1917, que combinó conflictos militar, político y social.

  • Crisis militar: las Juntas de Defensa, formadas por militares, reclamaban mejoras salariales y rechazaban las reformas que favorecían ascensos por méritos de guerra, principalmente en Marruecos. Bajo su presión, Alfonso XIII reemplazó al gobierno liberal por uno conservador liderado por Eduardo Dato, evidenciando la influencia militar y monárquica en la política.
  • Crisis política: desde Barcelona se pidió una transformación democrática y descentralizada del Estado. Aunque las demandas no se atendieron, reflejaron el descontento con el sistema.
  • Crisis social: la clase obrera, afectada por la inflación y el deterioro de sus condiciones de vida, convocó una huelga general liderada por UGT y CNT. Aunque fracasó, demostró la creciente conflictividad laboral.

Pese a sobrevivir a 1917, el sistema de la Restauración se debilitó aún más con la crisis económica de posguerra y el impacto de la Revolución Rusa, que inspiró expectativas revolucionarias entre sectores obreros. Aunque el gobierno aprobó medidas sociales para contener el malestar, no logró detener el aumento de tensiones, especialmente en Andalucía, epicentro de la conflictividad rural. En este contexto de crisis económica, descontento social y descrédito político, el golpe de Estado de Primo de Rivera en septiembre de 1923 liquidó el sistema de la Restauración, marcando el fin de una etapa política incapaz de adaptarse a los retos del siglo XX.

La dictadura de Primo de Rivera y el final del reinado de Alfonso XIII

La Dictadura de Primo de Rivera (1923-1930)

El golpe de Estado de Miguel Primo de Rivera en septiembre de 1923 marcó el fin de la Restauración. Fue impulsado por la prolongada inestabilidad política, la conflictividad social y los fracasos en Marruecos. Primo de Rivera justificó la dictadura como una medida temporal para resolver los problemas del país, contando con el apoyo del ejército, la burguesía y la pasividad de Alfonso XIII, quien aceptó el golpe. La dictadura se desarrolló en dos etapas.

Directorio Militar (1923-1925)

El Directorio Militar, compuesto exclusivamente por militares, adoptó un régimen autoritario: cerró el Parlamento, suspendió la Constitución de 1876, centralizó el poder y reprimió el catalanismo. Sin embargo, Primo de Rivera obtuvo un importante apoyo social debido a:

  • Restablecimiento del orden público: se ilegalizaron las organizaciones anarquistas y se prohibieron huelgas y manifestaciones.
  • Victoria en Marruecos: inicialmente Primo de Rivera intentó abandonar el protectorado, pero los ataques rifeños cambiaron su postura. En 1925, el desembarco de Alhucemas permitió a España recuperar el control del Rif, evitando el envío masivo de tropas de reemplazo gracias al uso de legionarios y tropas regulares.

Directorio Civil (1925-1930)

Tras sus éxitos iniciales, Primo de Rivera intentó perpetuar su régimen, reemplazando el Directorio Militar por un gobierno civil. Su etapa civil tuvo tres objetivos principales:

  1. Paz social: se crearon comités mixtos de trabajadores y empresarios para resolver conflictos laborales.
  2. Prosperidad económica: se implementó una política intervencionista con proteccionismo, monopolios estatales (Telefónica, CAMPSA) y obras públicas como carreteras y pantanos. Aunque estas medidas estimularon la economía, el endeudamiento público y la devaluación de la peseta agravaron la situación financiera.
  3. Institucionalización del régimen: intentó consolidar su dictadura creando un partido único, la Unión Patriótica, y una Asamblea Nacional Consultiva para redactar una nueva constitución. Sin embargo, ambos proyectos fracasaron por la falta de apoyo popular y el rechazo del PSOE.

Crisis y caída de Primo de Rivera

Desde 1928, la dictadura enfrentó una creciente oposición. Los partidos conservadores y liberales exigieron elecciones y el fin de la suspensión constitucional. Los republicanos formaron la Alianza Republicana, respaldada por intelectuales como Ortega y Gasset. Por otra parte, la crisis económica aumentó las huelgas y fortaleció al anarquismo, mientras que la UGT rompió con el régimen. Intentos golpistas como la Sanjuanada reflejaron la falta de cohesión en el ejército. Por último, el rechazo estudiantil a las políticas educativas de la dictadura intensificó las protestas. Agotado y sin apoyos, Primo de Rivera dimitió en enero de 1930, presionado por Alfonso XIII, quien intentó salvar la monarquía.

Fin del reinado de Alfonso XIII

Tras la renuncia de Primo de Rivera, Alfonso XIII nombró al general Dámaso Berenguer como presidente, en un gobierno conocido como la Dictablanda, que intentó restaurar el sistema de la Restauración. Sin embargo, la creciente conflictividad social y la movilización republicana (como el Pacto de San Sebastián) debilitaron aún más el régimen. El almirante Aznar sucedió a Berenguer en 1931 y convocó elecciones municipales en abril. Aunque los republicanos obtuvieron menos votos totales, triunfaron en las principales ciudades y proclamaron la Segunda República el 14 de abril de 1931. Alfonso XIII partió al exilio, poniendo fin a su reinado y a la monarquía borbónica en España.

La proclamación de la Segunda República, el gobierno provisional y la Constitución de 1931. El sufragio femenino

Proclamación de la Segunda República

En un contexto de crisis de la dictadura de Primo de Rivera y pérdida de apoyos al régimen, Alfonso XIII forzó su dimisión en 1930 y nombró presidente al general Dámaso Berenguer, quien intentó retornar al sistema de la Restauración. Sin embargo, la creciente conflictividad laboral y la oposición republicana, que se unió en el Pacto de San Sebastián, dificultaron la estabilidad. Tras el fracaso del pronunciamiento de Jaca, el almirante Aznar asumió el gobierno en 1931 y convocó elecciones municipales en abril. Aunque los republicanos obtuvieron menos votos totales, triunfaron en las principales ciudades, lo que llevó a la proclamación de la Segunda República el 14 de abril de 1931. Alfonso XIII se exilió, marcando el fin de la monarquía.

El gobierno provisional (abril-diciembre 1931)

Con la salida de Alfonso XIII, se estableció un gobierno provisional liderado por Niceto Alcalá-Zamora, que integró a diversas corrientes republicanas y socialistas del Pacto de San Sebastián. Este gobierno convocó elecciones a Cortes constituyentes para redactar una nueva constitución y reemplazar al régimen provisional. Durante su breve mandato, sentó las bases de profundas reformas:

  • Reforma militar: Manuel Azaña permitió a los oficiales retirarse del ejército con sueldo completo si no apoyaban la República.
  • Reforma agraria: se presentó un proyecto para mejorar la situación de los campesinos.
  • Reforma laboral: se aprobó la Ley de Jurados Mixtos para regular conflictos laborales.
  • Reforma territorial: se avanzó en la autonomía del País Vasco y de Cataluña.

A pesar de su carácter pacífico inicial, la República enfrentó la oposición de sectores conservadores y la crisis económica, lo que provocó huelgas y conflictos que afectaron su apoyo entre la burguesía e intelectuales.

La Constitución de 1931

En las elecciones constituyentes de junio de 1931, republicanos, socialistas y nacionalistas lograron una amplia mayoría, mientras que la derecha y los anarquistas tuvieron poca o nula representación. La Constitución, aprobada en diciembre, plasmó las aspiraciones reformistas de los partidos mayoritarios, destacando por los siguientes aspectos:

  • Naturaleza del Estado: España se definió como una «república democrática y de trabajadores».
  • Laicidad: se garantizó la libertad de religión, se separó la Iglesia del Estado y se implementaron medidas como el matrimonio civil y el divorcio, además de limitar el papel de las órdenes religiosas.
  • Jefatura del Estado: el presidente de la República sería elegido por seis años, y se restringió el acceso a cargos públicos a militares, religiosos o miembros de la familia real.
  • División de poderes: las Cortes unicamerales tenían potestad para destituir al gobierno, y se creó el Tribunal de Garantías Constitucionales.
  • Sufragio universal: por primera vez se reconoció el derecho al voto de las mujeres (sufragio femenino).
  • Descentralización territorial: se garantizó el derecho de las regiones a la autonomía, estableciendo un proceso de aprobación mediante referéndum y el voto de las Cortes.
  • Derecho a la educación: se promovió una enseñanza pública, laica, mixta y financiada por el Estado.

Con la Constitución aprobada, Niceto Alcalá-Zamora fue elegido presidente de la República y Manuel Azaña asumió la presidencia del gobierno, marcando el inicio de una etapa de reformas que transformaría la sociedad española.

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