Manifiesto de intelectuales a favor de la República (1931)
Descripción y naturaleza de la fuente
Se trata de una fuente histórica primaria de naturaleza política, al ser un manifiesto. Sus autores son destacadas personalidades de la intelectualidad española del momento —pertenecientes a la ASR— que se dirigen al conjunto de la ciudadanía a través de este manifiesto publicado en el periódico El Sol.
Situación política y contexto
El manifiesto se sitúa en los últimos momentos de la monarquía de Alfonso XIII, en la etapa de Primo de Rivera. El rey había encargado primero la formación de gobierno a Dámaso Berenguer y, en el momento en que se escribió el manifiesto, al almirante Juan Bautista Aznar, que presidió el último gobierno de Alfonso XIII. Sin embargo, la corriente política favorable a la República ya estaba muy organizada y terminó por imponerse en los meses siguientes, tras el triunfo en las elecciones de abril de 1931.
Idea principal del texto
La idea principal del texto es la necesidad de que los intelectuales españoles se sumen a la causa para acabar con la monarquía —y en general con el sistema de la Restauración— e implantar una República. Para estos pensadores la monarquía (a la que denominan «de Sagunto» por el pronunciamiento de Martínez Campos que posibilitó el regreso de los Borbones) no iba a permitir su sustitución por un modelo republicano por propio convencimiento, sino por la presión organizada de diversos movimientos y de la opinión pública en general.
Es precisamente en la presión organizada sobre la monarquía donde el papel de los intelectuales resulta fundamental, ya que deben unir las distintas fuerzas que luchan por el mismo objetivo. Lo expresan con la idea de que no es el momento de dividirse sino de unificar. Por lo tanto, piden a los intelectuales que se sumen a esta labor actuando como difusores —propagandistas— de la causa de la República, actuando «sobre el cuerpo nacional» para mostrar los beneficios que esta puede traer al país (la promesa histórica).
Esta función permitiría el triunfo en unas elecciones que debían ser limpias y no manipuladas, como en la etapa de la Restauración.
Alfonso XIII: figura polémica
Alfonso XIII fue un personaje bastante controvertido en su época, controversia que se mantiene en la historiografía actual. A su favor se suele citar que apoyó la voluntad reformista de los primeros gobiernos de su reinado (Maura y Canaleja), aunque pronto perdió el favor popular por su decidido apoyo a la experiencia colonial en Marruecos. Además, adquirió un importante protagonismo político al utilizar sus prerrogativas para designar gobiernos o cesarlos, e incluso al apoyar el golpe de Primo de Rivera. Por ese motivo fue corresponsable del desarrollo de los acontecimientos y, en consecuencia, la oposición al sistema político derivó también en una oposición hacia su persona.
Hay que sumar que su espíritu castrense le inclinaba casi siempre a favorecer al ejército frente al poder civil.
Decadencia de la Restauración
A lo largo de las primeras décadas del siglo XX, la Restauración dio síntomas muy claros de agotamiento. Se mantenían problemas conocidos como el falseamiento de las elecciones y la pervivencia del caciquismo. Al mismo tiempo se produjo un reforzamiento de la oposición, tanto por el crecimiento de los partidos republicanos como por el mayor peso del movimiento obrero. En Cataluña y el País Vasco continuó el crecimiento de los movimientos nacionalistas.
El problema marroquí también contribuyó a deteriorar el prestigio de la monarquía y del sistema. Se consideraba al rey como uno de los responsables de lo que estaba sucediendo en Marruecos, muy en especial tras el episodio del desastre de Annual en 1921. La conjunción de todas estas causas provocó la llegada de la dictadura de Primo de Rivera.
La dictadura y sus consecuencias
El rey no se opuso a la dictadura y no dudó en prestarle su apoyo, ligando la suerte de la misma a su propio futuro como monarca. Cuando Primo de Rivera dimitió en enero de 1930, el rey nombró al general Dámaso Berenguer para intentar volver a la normalidad constitucional rota en 1923. Sin embargo, los tradicionales partidos del turno se encontraban muy debilitados y la oposición se había reforzado en los últimos años, estableciendo el objetivo común de proclamar la República con la firma del Pacto de San Sebastián, recibiendo el apoyo de destacados intelectuales de la época —como demuestra la creación de la Agrupación de Intelectuales al Servicio de la República (ASR).
Incapaz de encauzar la sustitución política, Berenguer dimitió y fue sustituido por el almirante Juan Bautista Aznar. Este último convocó unas elecciones municipales para el 12 de abril de 1931. Desde el principio, estas elecciones fueron consideradas como un plebiscito en favor o en contra de la monarquía. La victoria de la coalición republicano-socialista en las grandes ciudades —no controladas por el caciquismo como las zonas rurales— convenció a Alfonso XIII del escaso apoyo con el que contaba, lo que le llevó a tomar la decisión de abandonar el país, facilitando así la aprobación de la Segunda República Española.
Conclusión
- El manifiesto representa la movilización de la intelectualidad a favor de la República en un momento decisivo.
- Refleja la pérdida de legitimidad del sistema de la Restauración y del propio monarca.
- Subraya la importancia de la acción organizada de la opinión pública y de los intelectuales para lograr un cambio político pacífico mediante elecciones.
