Las Guerras de Cuba, el Conflicto Bélico contra Estados Unidos y la Crisis de 1898
El conflicto cubano se reavivó debido al incumplimiento de la Paz de Zanjón (1878); el retraso en la abolición de la esclavitud (hasta 1886) y la falta de autonomía política generaron un profundo malestar. A esto se sumó el Arancel Cánovas (1891), que perjudicó el comercio con EE. UU., y el rechazo en las Cortes de la reforma colonial de Antonio Maura en 1893.
Esta parálisis política, unida a los intereses de los independentistas liderados por José Martí, desembocó en 1895 en el Grito de Baire, dando inicio a una guerra de guerrillas que el ejército español, mermado por enfermedades tropicales, no logró sofocar pese a la dura represión del general Weyler.
Aunque el gobierno de Sagasta intentó una autonomía tardía en 1897, la situación era irreversible. El estallido del buque Maine en La Habana (1898) sirvió de pretexto para que Estados Unidos interviniera militarmente. Tras una rápida derrota naval española en Santiago de Cuba y Filipinas, se firmó la Paz de París, por la cual España cedió Cuba, Puerto Rico y Filipinas a la potencia americana.
El «Desastre del 98» no solo supuso la pérdida de las últimas colonias, sino que provocó una crisis moral y política profunda en la sociedad española, evidenciando la ineficiencia del sistema de la Restauración.
b) De la Sociedad Estamental a la Sociedad de Clases
El paso de la sociedad estamental a la de clases en el siglo XIX se basó legalmente en la igualdad jurídica, aunque en la práctica persistieron grandes desigualdades.
Estructura de las Clases Dirigentes
- La alta aristocracia logró mantener su poder al transformar sus antiguos señoríos en propiedades privadas, consolidándose como la clase con mayor peso económico en una España de débil industrialización.
- Este grupo, junto a las jerarquías militares, la Iglesia (que retuvo el control educativo) y la emergente alta burguesía financiera, conformaron las clases dirigentes que dominaron el nuevo modelo capitalista.
- La pequeña nobleza hidalga entró en decadencia.
Clases Populares y Polarización Social
En el otro extremo se situaban las clases populares, integradas por obreros, jornaleros y artesanos que dependían exclusivamente de su trabajo manual. La estructura social española se caracterizó por una clase media muy débil, lo que impidió que actuara como amortiguador social y agudizó la polarización. Esta brecha favoreció la aparición de una nueva conflictividad social articulada a través del obrerismo y el sindicalismo.
Frente al liberalismo capitalista de las élites, las clases trabajadoras comenzaron a organizarse bajo nuevas ideologías como el socialismo y el anarquismo, reivindicando la democracia y el republicanismo como alternativas al sistema vigente.
El Proceso Desamortizador
La desamortización fue el proceso liberal que buscaba sacar al mercado las tierras de «manos muertas» (Iglesia y municipios) para hacerlas productivas.
Desamortizaciones Clave
- Desamortización de Mendizábal (1836-1837): Se centró en los bienes del clero, con el fin de financiar la guerra carlista, reducir la deuda pública y crear una base de propietarios fieles al liberalismo.
- Desamortización de Madoz (1855): Amplió el proceso a los bienes del Estado y, especialmente, a los bienes comunales y de propios de los ayuntamientos, completando el desmantelamiento de la propiedad feudal.
Sin embargo, los resultados fueron ambiguos y no crearon la clase media de agricultores esperada. Al utilizarse subastas públicas, solo la burguesía y la alta nobleza con capital pudieron comprar las tierras, fortaleciendo un modelo de terratenientes absentistas. El pequeño campesinado salió perjudicado al perder el uso de las tierras municipales, convirtiéndose en jornalero.
Además, este proceso desvió el capital burgués hacia la compra de tierras en lugar de invertirlo en la industria, lo que a largo plazo lastró el desarrollo económico y la modernización tecnológica de España.
c) Industrialización, Comercio y Comunicaciones
A comienzos del siglo XX, la industria española apenas aportaba el 20% de la renta nacional debido a factores como el atraso agrario, la deuda pública y la escasez de carbón de calidad. Esta actividad se concentró en la periferia, especialmente en Cataluña y el País Vasco.
Concentración Industrial
- El sector textil catalán fue pionero, mecanizándose desde 1830 con el vapor, aunque limitado por la debilidad del mercado interior y la falta de combustible.
- La siderurgia se consolidó en Vizcaya tras 1876 gracias al eje comercial con Gales (carbón por hierro), permitiendo a empresas como Altos Hornos de Vizcaya liderar la producción de acero mediante el convertidor Bessemer.
Proteccionismo y Ferrocarril
El desarrollo económico estuvo marcado por el conflicto entre el librecambismo y el proteccionismo. Mientras los progresistas buscaban competitividad exterior, los industriales catalanes, siderúrgicos vascos y cerealistas castellanos impusieron aranceles para proteger la producción nacional, lo que a largo plazo frenó la modernización.
Paralelamente, la Ley General de Ferrocarriles (1855) impulsó la construcción de la red viaria, financiada con capital extranjero y subvenciones. Sin embargo, el sistema adoptó una estructura radial centralizada en Madrid y un ancho de vía superior al europeo, lo que, sumado a la libre importación de materiales ferroviarios, limitó el crecimiento de la industria nacional y dificultó la conexión con los mercados de Europa.
a) La Crisis de la Restauración y el Reinado de Alfonso XIII
El ascenso al trono de Alfonso XIII en 1902 marcó el inicio de la descomposición definitiva del sistema canovista, incapaz de adaptarse a las nuevas realidades del siglo XX. El régimen entró en una fase de inestabilidad crónica debido al fraccionamiento de los partidos del turno (Conservador y Liberal); tras la muerte de sus fundadores, estas formaciones se hundieron en pugnas personalistas que dificultaron la gobernabilidad.
Paralelamente, el sistema perdió el control de los núcleos urbanos, donde ganaron fuerza los grupos de oposición: el republicanismo, los nacionalismos periféricos y un movimiento obrero cada vez más organizado y combativo frente a las profundas desigualdades sociales.
El Papel del Rey y el Militarismo
Un factor determinante en este deterioro fue el intervencionismo político del Rey, quien abandonó su papel moderador para participar activamente en las decisiones de gobierno. Alfonso XIII estrechó lazos excesivos con el estamento militar, favoreciendo el retorno del intrusismo del Ejército en la vida pública. Esta militarización de la política, espoleada por los desastres bélicos en Marruecos, terminó por desprestigiar a la Corona y fracturar la confianza en la monarquía constitucional, sentando las bases para el colapso final del régimen frente a las tensiones sociales y regionales que ya no podía contener.
Oposición al Régimen Alfonsino
La oposición al sistema de la Restauración se fortaleció en las ciudades, donde el caciquismo era menos eficaz.
Fuerzas Políticas y Regionalistas
- Republicanismo: Se consolidó como una alternativa reformista apoyada por las clases medias y populares, destacando el Partido Republicano Radical de Alejandro Lerroux por su discurso anticlerical y demagógico.
- Nacionalismo Catalán: Logró un hito con la victoria de la Lliga Regionalista en 1905. La reacción violenta del ejército ante unas caricaturas (incidente del Cu-Cut!) derivó en la Ley de Jurisdicciones, que sometía delitos civiles a tribunales militares. Como respuesta, surgió la coalición Solidaritat Catalana, que barrió a los partidos dinásticos en 1907.
- Nacionalismo Vasco: Se moderó bajo la Comunión Nacionalista Vasca, priorizando el orden católico para atraer a la burguesía industrial.
El Movimiento Obrero
En el ámbito obrero, el socialismo abandonó su aislamiento mediante la Conjunción Republicano-Socialista, logrando Pablo Iglesias su primer escaño en 1910. Sin embargo, la Revolución Rusa provocó tensiones internas que culminaron en la escisión del PCE en 1921.
El anarcosindicalismo se estructuró en la CNT (1910), convirtiéndose rápidamente en la fuerza hegemónica con cientos de miles de afiliados. Su apuesta por la «acción directa» y el apoliticismo chocó frontalmente con la patronal y el Estado. Entre 1918 y 1923, España vivió los años del pistolerismo, una etapa de violencia extrema entre sindicatos y grupos a sueldo de empresarios, agravada por la represión policial y la aplicación de la Ley de Fugas.
