1. Antecedentes y Contexto Histórico
En el siglo XVIII, un enorme porcentaje de las tierras de España eran o improductivas (en barbecho, no cultivables…) o de bajo rendimiento (dedicadas a pastos, cotos de caza, tierras abandonadas…). Se hacía evidente la necesidad de un cambio en la propiedad de las tierras de las «manos muertas», a saber: los Señoríos, la Iglesia, los ayuntamientos y el propio Estado, que no podían venderlas por estar vinculadas. Estas tierras muchas veces ni eran cultivadas ni pagaban impuestos de ningún tipo, por lo que no generaban riqueza alguna.
La solución era evidente: era necesario que el Estado se apropiara de estas tierras y las pusiera a la venta libre a través de la subasta al mejor postor. Su finalidad era aumentar la riqueza nacional y, en algunos momentos, se pensó también para crear una clase media de labradores propietarios que fomentaran la riqueza del país. Además, la hacienda pública obtendría unos ingresos extraordinarios con los que se pretendían solucionar el problema de la deuda pública.
Así, las desamortizaciones se plantearán durante el XVIII desde una óptica ilustrada, mientras que durante el XIX se convertirán en la principal arma política con la que los liberales progresistas intentarían cambiar el régimen de la propiedad del Antiguo Régimen.
La Crisis de la Hacienda Pública
La situación de la hacienda pública previa a la revolución liberal era tradicionalmente deficitaria. La razón era clara: el sistema de impuestos del Antiguo Régimen dejaba fuera a la Nobleza y al Clero, cargando de impuestos directos al Tercer Estado y, sobre todo, utilizando los impuestos indirectos sobre el consumo. Todo esto provocaba la ruina de las clases populares y una paralización de las actividades económicas.
La necesidad de pedir préstamos por parte de las monarquías se convirtió en una práctica habitual; esto fue muy normal en la España de los siglos XVIII y XIX. El Estado arrastraba una profunda crisis económica, que supuso el imparable incremento de la deuda pública. La situación se fue agravando con la sucesión de conflictos como las guerras contra Inglaterra, Francia, la invasión francesa, la independencia americana y las guerras carlistas, situaciones que hacían necesarias medidas extraordinarias.
2. Primeras Etapas del Proceso Desamortizador
a) La desamortización de Godoy (1798-1808)
En España, las primeras medidas de carácter desamortizador fueron tomadas a comienzos de siglo por el primer ministro de Carlos IV, Manuel Godoy, entre 1798 y 1808. La guerra con Francia y posteriormente con Inglaterra supuso la ruina de la Hacienda Real. En 1782 se crearon los vales reales, una especie de emisión de deuda pública que con los años fueron perdiendo credibilidad, hasta el punto de que no se admitían como medio de pago en algunas transacciones.
Para remediar esta falta de valor de los vales reales, se emitió un decreto en septiembre de 1798 que establecía la «enajenación de fincas de la Compañía de Jesús, Cofradías, Memorias, Obras Pías, Hospitales, Hospicios y demás establecimientos piadosos». El dinero recaudado por la venta de estas fincas debía canjearse por vales reales. La Iglesia recibía, a cambio, el 3% de los vales reales adquiridos. Se permitió incluso la venta de mayorazgos. Esta medida supuso un respiro para gran parte de las casas nobles pues, aunque tenían numerosas fincas y bienes inmobiliarios, no les estaba permitida su venta, por lo que tenían graves problemas de liquidez.
b) La desamortización de José I
Se produce durante la Guerra de la Independencia: este realizó también una pequeña desamortización que no implicó la supresión de la propiedad, sino la confiscación de sus rentas para el avituallamiento y gastos de guerra de las tropas francesas, de forma que se devolvieron en 1814.
c) Las Cortes de Cádiz
Por su parte, las Cortes de Cádiz continuaron el proceso desamortizador. Quedaron expropiados bienes pertenecientes a los afrancesados, a conventos y monasterios destruidos durante la guerra y algunas tierras municipales. Todos estos bienes fueron vendidos en subasta pública. Pero todas estas ventas se suprimieron con la implantación del absolutismo al regreso de Fernando VII.
d) El Trienio Liberal (1820-1823)
Durante el reinado de Fernando VII, se volvieron a emprender medidas desamortizadoras: con la desaparición definitiva del Tribunal del Santo Oficio (Inquisición) se puso en marcha la desamortización de los bienes de esta institución y de algunas órdenes monacales. Su realización fue muy limitada por el tiempo tan corto de este periodo.
3. La Desamortización Eclesiástica de Mendizábal (1836-1851)
De los procesos desamortizadores del siglo XIX es obligado destacar la desamortización de Mendizábal porque la puesta en práctica de su decreto supuso la ruptura de las relaciones diplomáticas con Roma y dividió a la opinión pública de tal forma que ha quedado en la historia contemporánea como “la desamortización” por antonomasia. Desarrollada a partir de 1836, se conoce como “desamortización eclesiástica” porque afectó a los bienes de la Iglesia, especialmente los del clero regular.
Mendizábal llegó desde Londres en 1835 para presidir el Gobierno, llamado por sus amigos, políticos y hombres de negocios progresistas, con el objetivo de garantizar la continuidad en el trono de Isabel II, es decir, la continuidad del nuevo Estado liberal. Para ello, era necesario ganar la guerra carlista que, en ese momento, resultaba incierta, pero este objetivo no podría realizarse sin dinero ni crédito.
A su vez, para poder fortalecer la credibilidad del Estado ante futuras peticiones de crédito a instituciones extranjeras, era preciso eliminar, o por lo menos disminuir, la deuda pública hasta entonces contraída o, dicho de otro modo, pagar a los acreedores. Ante la mala situación de Hacienda, calificada por entonces de “espantosa”, Mendizábal determinó que había que recurrir a nuevas fuentes de financiación: los bienes eclesiásticos.
Objetivos y Ejecución
El decreto desamortizador, publicado en 1836, puso en venta todos los bienes del clero regular. De esta forma, estos bienes quedaron en manos del Estado y se subastaron no solamente tierras sino también casas, monasterios y conventos con todos sus enseres —incluidas las obras de arte y los libros—. Al año siguiente, otra ley amplió la acción desamortizadora al sacar a la venta los bienes del clero secular, es decir, los pertenecientes a las catedrales e iglesias en general, aunque la ejecución de esta última medida se llevó a cabo en 1841, durante la regencia de Espartero.
Con la desamortización de Mendizábal se pretendían lograr varios objetivos:
- Ganar la guerra carlista.
- Eliminar la deuda pública, al ofrecer a los compradores la posibilidad de pagar con títulos emitidos por el Estado.
- Atraerse a las filas liberales a los principales beneficiarios, que componían la incipiente burguesía con dinero.
- Solicitar nuevos préstamos al gozar Hacienda de credibilidad.
- Cambiar la estructura de la propiedad, pasando de una propiedad amortizada y colectiva a una libre e individual.
Además, la Iglesia debía ser reformada y transformada en una institución del Nuevo Régimen, comprometiéndose el Estado a mantener a los clérigos y a subvencionar el culto.
4. La Desamortización Civil de Madoz (1855-1924)
La otra gran desamortización se inició en 1855, aunque siguió vigente durante décadas. Conocida como “desamortización civil”, afectó principalmente a los bienes de los ayuntamientos. El 1 de mayo de 1855, el ministro de Hacienda, Pascual Madoz, también progresista y amigo de Mendizábal, sacó a la luz su Ley de Desamortización General.
Se llamaba “general” porque se ponían a la venta todos los bienes de propiedad colectiva:
- Los bienes de las comunidades religiosas que todavía no habían sido vendidos y los del clero secular.
- Los bienes de los pueblos: los conocidos como bienes de propios (arrendados para renta del municipio) y los comunes (utilizados comunalmente por los vecinos).
Aunque se paralizó con el siguiente Gobierno moderado, fue reanudada por los unionistas, que firmaron un acuerdo con la Santa Sede en 1860. Esta desamortización se prolongó hasta 1924. Sin embargo, hubo dos diferencias significativas respecto a la de Mendizábal:
- Destino del dinero: El importe se dedicó a la industrialización del país, concretamente a la expansión del ferrocarril.
- Propiedad de los fondos: El Estado no era el propietario, sino los ayuntamientos. El Estado actuaba como “custodio” de los fondos, transformándolos en bonos del Estado.
Nuevamente, la burguesía fue la gran beneficiaria, aunque hubo mayor participación de pequeños propietarios rurales. No obstante, no se acabó con la Deuda Pública y los campesinos salieron muy perjudicados al perder el acceso a las tierras comunales.
5. Consecuencias de las Desamortizaciones
En conjunto, el proceso no sirvió para repartir tierras entre los menos favorecidos, ya que no fue una reforma agraria social, sino una medida financiera. A largo plazo, contribuyó a aumentar el volumen del producto agrícola al ponerse en cultivo tierras antes abandonadas.
Impacto Social y Económico
En lo social, produjo la aparición de un proletariado agrícola (jornaleros) y la consolidación de una burguesía terrateniente. En zonas como Andalucía, Extremadura y Castilla-La Mancha, fomentó el latifundismo. Económicamente, destacó el saneamiento parcial de la hacienda y la especialización de cultivos gracias a nuevas inversiones.
Impacto Cultural y Urbanístico
Culturalmente, se perdió un vasto patrimonio: libros y obras de arte fueron vendidos o destruidos. Sin embargo, en el aspecto urbanístico, permitió la modernización de las ciudades. Se pasó de la «ciudad conventual» a la «ciudad burguesa», transformando antiguos conventos en edificios públicos (museos, hospitales, cuarteles) o derribándolos para crear ensanches, plazas y nuevas calles.
Impacto Medioambiental
Desde el punto de vista del medio natural, supuso la privatización de millones de hectáreas de montes que acabaron siendo talados y roturados, causando un inmenso daño al patrimonio natural español. El coste de las reforestaciones posteriores ha sido muy superior a lo obtenido en las ventas del siglo XIX.
6. Conclusión
Pese a sus insuficiencias y errores, las desamortizaciones de Mendizábal y Madoz cambiaron de forma radical la situación del campo español, afectando a una quinta parte del suelo nacional. Lamentablemente, el atraso técnico y el desigual reparto de la propiedad siguieron siendo problemas clave de la sociedad y la economía españolas durante mucho tiempo.
