Crisis y agonía del franquismo
En 1969, Luis Carrero Blanco fue nombrado vicepresidente del Gobierno con la misión de garantizar la continuidad del franquismo tras la muerte de Franco. Su postura era radicalmente contraria a cualquier apertura: restringió la Ley de Prensa y ordenó reprimir toda manifestación opositora. En junio de 1973 fue nombrado presidente del Gobierno, convirtiéndose en la pieza clave del sistema. Sin embargo, en diciembre de ese año fue asesinado por ETA en Madrid. Su muerte abrió una crisis profunda dentro del régimen, enfrentando definitivamente al búnker (los inmovilistas que querían mantener el franquismo a toda costa) con los aperturistas (los que creían que era necesaria una reforma gradual).
El nuevo presidente, Carlos Arias Navarro, intentó en febrero de 1974 una reforma mínima con el llamado Espíritu del 12 de febrero, que permitía la creación de asociaciones políticas dentro del Movimiento. No convenció ni a los franquistas más duros ni a la oposición democrática, y acabó siendo un fracaso que evidenció la incapacidad del régimen para renovarse.
Mientras tanto, la movilización social crecía sin parar. La conflictividad obrera, estudiantil y vecinal se disparó desde 1970. ETA intensificó sus atentados, con la matanza de la cafetería Rolando en 1974 (13 muertos). También actuaron el FRAP y el GRAPO. En respuesta, el gobierno ejecutó a Salvador Puig Antich en 1974 y a cinco activistas de ETA y del FRAP en 1975, lo que provocó la retirada de embajadores europeos y aumentó el aislamiento internacional del régimen.
La oposición creó plataformas unitarias:
- Junta Democrática (1974): en torno al PCE.
- Plataforma de Convergencia Democrática (1975): en torno al PSOE.
Ambas pedían la ruptura democrática y acabaron fusionándose en 1976.
A todo esto se sumó el conflicto del Sáhara. En 1975, Marruecos organizó la Marcha Verde para presionar a España a entregar el territorio. Con Franco agonizando, el gobierno firmó el Acuerdo de Madrid cediendo el Sáhara a Marruecos y Mauritania. El 20 de noviembre de 1975, Franco falleció. Dejaba un régimen en crisis, aislado internacionalmente y con una oposición organizada. Cada vez era más evidente que el franquismo no podía sobrevivir sin Franco.
El final del franquismo no fue una transición suave, sino una etapa de extrema tensión. La muerte de Carrero Blanco rompió la continuidad del sistema, y la incapacidad de Arias Navarro para reformarlo demostró que el régimen solo podía morir con Franco. La dictadura terminó en un callejón sin salida, aislada y superada por la realidad social.
Los nuevos movimientos sociales y el antifranquismo
A partir de los años 60, el desarrollo económico y los cambios sociales que trajo el desarrollismo generaron también una oposición creciente al régimen franquista desde múltiples frentes.
Movimientos laborales y estudiantiles
- Ámbito laboral: En 1962, unas huelgas en las minas de Asturias se extendieron solidariamente al País Vasco, Cataluña y Castilla. La represión hizo que las reivindicaciones laborales derivaran en denuncia política del régimen. En este contexto nació Comisiones Obreras (CC.OO.), un sindicato clandestino que combinaba la acción ilegal con la participación dentro del Sindicato Vertical. Fue el sindicato más representativo del antifranquismo, ilegalizado en 1966 y su dirección juzgada en el Proceso 1001 (1972).
- Universidad: La protesta creció de forma espectacular desde 1965. Los estudiantes pedían amnistía, sindicatos libres y libertades políticas. Entre 1966 y 1968 surgieron sindicatos democráticos en Madrid, Barcelona y Valencia que dejaron inoperante al SEU (Sindicato Español Universitario).
Movimientos vecinales y el papel de la Iglesia
En los barrios, los déficits de servicios en las periferias urbanas impulsaron una fuerte movilización de asociaciones de vecinos que reclamaban viviendas dignas, escuelas, transporte y alcantarillado. Esta movilización deslegitimó a las autoridades locales franquistas.
También la Iglesia se dividió. El Concilio Vaticano II impulsó voces críticas dentro de la institución, y en 1971 el nombramiento del arzobispo aperturista Tarancón como cardenal marcó un punto de inflexión. La Iglesia pasó de ser un pilar del régimen a convertirse parcialmente en crítica del mismo.
Partidos políticos y oposición
En cuanto a los partidos, el PCE era el más activo en los movimientos de masas, dirigido por Dolores Ibárruri y Santiago Carrillo. El PSOE renovó su dirección en el Congreso de Suresnes (1974) bajo Felipe González. En 1962, parte de la oposición moderada participó en el llamado contubernio de Múnich para denunciar internacionalmente la dictadura. En el País Vasco, ETA inició en 1968 la lucha armada.
En conclusión, el auge de la oposición en los años 60 y 70 demuestra que la sociedad española se había modernizado mucho más rápido que su sistema político. El régimen perdió sus apoyos tradicionales y se vio asediado por unos movimientos sociales que exigían una democracia al estilo europeo.
