1. La implantación del régimen de la Restauración: Características y funcionamiento del sistema canovista
1.1. El regreso de la monarquía y Antonio Cánovas del Castillo
Tras el fracaso del Sexenio Democrático, la élite conservadora apoyó la vuelta de la monarquía borbónica. El principal impulsor fue Antonio Cánovas del Castillo, quien pretendía crear un sistema político estable y acabar con la tradición de los pronunciamientos militares.
Los hitos fundamentales de este proceso fueron:
- Manifiesto de Sandhurst (1874): Documento en el que el futuro Alfonso XII se presentaba ante la nación como la solución política para España.
- Pronunciamiento de Sagunto (1874): Acción militar liderada por el general Martínez Campos que proclamó oficialmente a Alfonso XII como Rey.
1.2. La Constitución de 1876
La Constitución de 1876 fue un texto moderado y flexible, diseñado para permitir el gobierno tanto de conservadores como de liberales sin necesidad de cambiar la carta magna. Sus características principales fueron:
- Soberanía compartida entre el Rey y las Cortes.
- Otorgamiento de un gran poder a la Corona (derecho de veto, potestad legislativa y mando de las fuerzas armadas).
- Establecimiento de Cortes bicamerales compuestas por el Senado y el Congreso.
- Declaración de un Estado confesional católico.
- Flexibilidad electoral: posibilidad de aplicar el sufragio censitario o el sufragio universal masculino según el criterio del gobierno de turno.
1.3. El sistema canovista: Bipartidismo y turno pacífico
El sistema político se articuló sobre el bipartidismo y el turno pacífico entre dos grandes formaciones, los denominados partidos dinásticos:
Partido Conservador
Dirigido por Antonio Cánovas del Castillo. Representaba los intereses de la aristocracia, la alta burguesía y la Iglesia. Defendía el proteccionismo económico y una limitación más estricta de las libertades públicas.
Partido Liberal
Dirigido por Práxedes Mateo Sagasta. Representaba a las clases medias y defendía políticas más aperturistas, la ampliación de derechos civiles y posturas librecambistas.
1.4. El mecanismo de la corrupción: Caciquismo y pucherazo
El funcionamiento del turno pacífico no era democrático, sino que dependía de un complejo sistema de fraude electoral estructurado en varias fases:
- Pacto y convocatoria: El Rey encargaba la formación de un nuevo gobierno al líder de la oposición y, acto seguido, se convocaban elecciones para legitimar el cambio.
- Encasillado: El Ministerio de la Gobernación decidía previamente qué candidatos debían resultar elegidos en cada distrito.
- Caciquismo: Los caciques (figuras de gran influencia local) manipulaban los votos mediante presiones, favores personales y redes de clientelismo.
- Clientelismo: Sistema por el cual los ciudadanos dependían económicamente del cacique, siendo coaccionados para votar según sus intereses.
- Pucherazo: Manipulación directa y sistemática de los resultados electorales mediante la falsificación de actas, el uso de votos de personas fallecidas o la sustitución de urnas.
1.5. La pacificación interior: Carlistas y Cuba
Tercera Guerra Carlista (1872-1876)
La derrota definitiva del carlismo supuso la supresión de los fueros vascos, aunque, para mitigar el descontento, se aprobaron los Conciertos Económicos.
Guerra de los Diez Años en Cuba (1868-1878)
El conflicto finalizó temporalmente con la Paz de Zanjón, que prometía reformas políticas, mayor autonomía y la abolición de la esclavitud, aunque el incumplimiento de muchas de estas medidas sembró la semilla de futuros conflictos.
2. El régimen de la Restauración: Alfonso XII y la regencia
2.1. El reinado de Alfonso XII y el Pacto del Pardo
Durante el reinado de Alfonso XII se logró la consolidación institucional del sistema.
Primer ciclo conservador (1876-1881)
Bajo el gobierno de Cánovas, se priorizó la redacción de la Constitución de 1876 y la pacificación militar del territorio.
Primer ciclo liberal (1881-1883)
Con Sagasta en el poder, se introdujeron avances en la libertad de prensa y diversas reformas electorales.
Pacto del Pardo (1885)
Tras la prematura muerte de Alfonso XII, Cánovas y Sagasta firmaron este acuerdo para garantizar la estabilidad del régimen, acordando:
- Apoyar incondicionalmente la regencia de María Cristina de Habsburgo.
- Asegurar la continuidad del turno pacífico entre ambos partidos.
2.2. El “Gobierno largo” de Sagasta
Durante este periodo (1885-1890), Sagasta impulsó reformas legislativas de gran calado:
- Ley de Asociaciones (1887): Permitió la legalización de sindicatos y partidos obreros.
- Sufragio universal masculino (1890): Ampliación del derecho al voto a todos los varones mayores de edad.
- Abolición definitiva de la esclavitud.
- Promulgación del Código Civil (1889).
A pesar de esta apertura legislativa, el fraude electoral siguió siendo la herramienta fundamental para mantener el poder.
2.3. Las fuerzas de oposición al sistema
Fuera del sistema de partidos dinásticos, existieron diversos movimientos de oposición:
- Carlismo: Aunque debilitado tras su derrota militar, mantuvo su influencia en sectores ultracatólicos y tradicionalistas.
- Republicanismo: A pesar de la represión y sus divisiones internas, conservó un fuerte apoyo en las zonas urbanas.
- Socialismo: Se produjo la fundación del PSOE (Partido Socialista Obrero Español) en 1879 y de la UGT (Unión General de Trabajadores) en 1888.
- Anarquismo: Con gran arraigo en Cataluña y Andalucía. Algunos sectores optaron por la «propaganda por el hecho», realizando atentados terroristas, entre ellos el que acabó con la vida de Cánovas del Castillo en 1897.
- Nacionalismo catalán: Surgido de la Renaixença cultural, evolucionó hacia reivindicaciones políticas de autonomía y proteccionismo. Destacó la creación de la Lliga Regionalista.
- Nacionalismo vasco: Fundado por Sabino Arana, quien creó el PNV (Partido Nacionalista Vasco) en 1895, defendiendo la recuperación de los fueros, el catolicismo y la identidad vasca.
- Otros regionalismos: Emergieron movimientos de reivindicación cultural y política en Galicia, Valencia y Andalucía.
3. Guerra colonial y crisis de 1898
3.1. Las raíces de la insurrección en Cuba y Filipinas
- Motivos económicos: Cuba se veía gravemente perjudicada por los aranceles impuestos por España, que la obligaban a comprar productos españoles caros en lugar de comerciar libremente con Estados Unidos.
- Motivos políticos: El auge de los movimientos independentistas que exigían autonomía total.
- Liderazgos: José Martí fundó el Partido Revolucionario Cubano, mientras que José Rizal lideró la Liga Filipina.
3.2. El desarrollo de la guerra y la intervención de Estados Unidos
La Guerra de Independencia de Cuba estalló en 1895 con el Grito de Baire. Ante la insurrección, España respondió con una dura represión liderada por el general Valeriano Weyler, quien implementó los polémicos campos de concentración.
En 1896, se inició también la rebelión en Filipinas a través del movimiento Katipunan. El punto de inflexión llegó en 1898 con la explosión del acorazado estadounidense Maine en el puerto de La Habana. Estados Unidos culpó a España y declaró la guerra.
La inferioridad técnica española provocó derrotas fulminantes en la Batalla de Cavite (Filipinas) y la Batalla de Santiago de Cuba. El conflicto concluyó con el Tratado de París (1898), por el cual España perdió sus últimas colonias: Cuba, Puerto Rico, Filipinas y Guam.
3.3. Consecuencias del desastre del 98 y el regeneracionismo
El impacto del desastre fue profundo en varios ámbitos:
- Consecuencias psicológicas y políticas: Se generó un sentimiento de humillación nacional y una crítica feroz al sistema de la Restauración, lo que fortaleció a los movimientos nacionalistas periféricos.
- Consecuencias económicas: Paradójicamente, la repatriación de capitales desde las colonias hacia la península favoreció la modernización de la banca y la industria española.
- Regeneracionismo: Surgió un movimiento intelectual y político que abogaba por la modernización, la educación y la reforma de las estructuras del Estado. Su figura más destacada fue Joaquín Costa, vinculado a la Institución Libre de Enseñanza.
En 1902, con el inicio del reinado de Alfonso XIII, el sistema de la Restauración entró en una fase de crisis permanente que marcaría las primeras décadas del siglo XX.
