Ciudades hispanorromanas

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La Edad Antigua en la Península Ibérica abarca desde el inicio de la Segunda Guerra Púnica (218-201 a.C.), que supuso el comienzo de la invasión romana, hasta el inicio de la invasión musulmana (711).
En el 238 a.C. Los cartagineses (púnicos) desembarcaron en Gadir (Cádiz) y en pocos años lograron dominar el sur y el sudeste peninsular. Aníbal, tras ser elegido jefe del ejército púnico en el 220 a.C., emprende la conquista de Roma atravesando los Pirineos y los Alpes. Para castigar el exterminio de los habitantes de la ciudad de Sagunto e impedir el avance de Aníbal, los romanos desembarcan en Ampurias en el 218 a.C. E inician la conquista de la Península Ibérica que duró dos siglos. La conquista romana se divide en tres etapas:
– Entre los años 218 y 197 a.C., se produjo la conquista de la costa mediterránea y del sur peninsular. En 206 a.C. Fue fundada Itálica, la primea colonia romana creada fuera de la península itálica.
– Entre los años 197 y 123 a.C., los romanos ocuparon la meseta y el oeste peninsular, venciendo la dura resistencia de los lusitanos (Viriato) y los celtíberos (Numancia) (197- 133 a.C.), así como las islas Baleares en 123a.C.
– Entre los años 29 y 19 a.C. Fueron sometidos los astures y cántabros.
Tras la conquista del territorio comenzó la romanización, que supuso la asimilación de la lengua latina, la organización social, la religión, la cultura y las costumbres romanas por parte de los pueblos indígenas.
En el 197 a.C., los romanos dividieron el territorio peninsular conquistado hasta entonces en dos provincias: la Hispania Citerior (Cataluña y el Levante) y la Hispania Ulterior (Andalucía).
En el 14 a.C. La Península fue dividida en tres provincias: Tarraconense (con capital en Tarraco), Lusitania (con capital en Emérita Augusta) y Bética (cuya capital era Corduba). En el año
297, el emperador Diocleciano dividíó la Tarraconense en tres provincias: Tarraconense, Carthaginense y Gallaecia. Finalmente en el siglo IV se creó la provincia
Baleárica. Cada una de estas provincias era gobernada por un pretor, un procónsul o un cónsul, dependiendo de su importancia, y por un consejo.
Roma impuso en Hispania unas estructuras socio-económicas que se basaban en:
– La existencia de grandes latifundios organizados en torno a villas.
– La propiedad privada de la tierra.
– La generalización de la mano de obra esclava.
– La ciudad como centro de producción y comercio.
– La generalización del uso de la moneda.
– Una estructura social basada en las diferencias de nivel económico.
– Aunque la agricultura y la ganadería siguieron siendo la base de la economía, se desarrollaron diversas industrias como los salazones y el aceite de la Bética… Buena parte de esta producción se exportaba a Roma.
La romanización trajo consigo un aumento del número y del tamaño de las ciudades. Se convirtieron en el centro administrativo, jurídico, político y económico de la Hispania. Se organizaron según las reglas del urbanismo romano y se llenaron de edificios públicos (acueductos, templos, anfiteatros, teatros…). Estas ciudades estaban comunicadas por calzadas.
Las ciudades estaban gobernadas por un consejo (curia), elegido por los ciudadanos entre la oligarquía local.
La romanización hizo que Hispania fuera cuna de emperadores (Trajano, Adriano y Teodosio) e intelectuales (Séneca, Quintiliano, Marcial…).
El Imperio Romano entró en crisis en el siglo III:
– Durante siglos las conquistas suministraron a Roma recursos y esclavos. El fin de las conquistas a mediados del siglo II y la concesión de la ciudadanía a todos los habitantes del Imperio (Edicto de Caracalla de 212) redujeron los ingresos del Estado y encarecieron la mano de obra esclava.
– Las monedas fueron perdiendo progresivamente valor intrínseco, provocando inflación.
– Las fronteras sufrieron la presión de los pueblos bárbaros, que llegaron a saquear algunas provincias.
– Entre los años 235 y 284 el Imperio Romano sufríó una grave inestabilidad política: anarquía militar, complots para acceder al poder, golpes de Estado, fragmentación del Imperio, aumento del poder de las autoridades locales…
-La inestabilidad política, las incursiones de los pueblos bárbaros y la inflación desorganizaron el comercio y arruinaron las ciudades. Algunas ciudades son saqueadas y otras tienen que amurallarse.
– La decadencia del comercio y de la industria provocan una disminución de la población urbana dando lugar a un proceso de ruralización.
Hispania también sufríó la crisis del siglo III. En el campo los esclavos empezaron a ser sustituidos por colonos, algunos de los cuales eran pequeños propietarios que, ante la situación de inseguridad, entregaron su tierra a algún poderoso latifundista a cambio de protección. Las ciudades perdieron población y la economía empezó a ruralizarse. Hispania a partir del 260 sufríó las incursiones de bandas de francos y alamanes. Los saqueos y las revueltas hundieron definitivamente el comercio y la vida urbana. La economía monetaria desaparecíó sustituida por el trueque y el autoconsumo.
En el año 409, varios pueblos bárbaros (vándalos, suevos y alanos) atravesaron la frontera del Imperio, penetrando y saqueando Hispania sin encontrar prácticamente resistencia. Para contrarrestar esta situación, el emperador de Roma acuerda con otro pueblo bárbaro ya romanizado, los visigodos, su asentamiento al sur de la Galia para pacificar Hispania. Así, entre los años 415 y 476, los visigodos, además de imponerse a los vándalos y alanos, confinan a los suevos en Galicia. Al caer el Imperio romano de Occidente en el 476, los visigodos constituyen un reino independiente con capital en la actual ciudad francesa de Toulouse. En el 507, al ser derrotados por los francos en la batalla de Vouillé, abandonan la Galia y constituyen el reino visigodo de Hispania con capital en Toledo.

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