Crisis del Siglo XVII: Felipe III, Felipe IV y Carlos II

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Los Austrias menores en el siglo XVII representaron un contraste con el siglo anterior, ya que se correspondieron con una época de decadencia, por lo que las decisiones del gobierno eran tomadas por los validos. Durante este siglo se dio una crisis demográfica, económica y política en el ámbito político interior y exterior. Desde el punto de vista interior se dieron una serie de conflictos relacionados con los movimientos secesionistas y una serie de dificultades económicas. Desde el punto de vista exterior se produjo una pérdida de la hegemonía militar y política en Europa. Frente a esta crisis, en el ámbito cultural, las artes y las letras alcanzaron tal esplendor que se conoce al Siglo XVII como un Siglo de Oro. Los últimos reyes de la dinastía Austria en la monarquía hispánica fueron Felipe III, Felipe IV y Carlos II.

El régimen de los validos no fue exclusivo de la corte castellana, pues era habitual en cortes europeas en el XVII. Surgíó por la propia personalidad de los monarcas de desinterés y debilidad del carácter, por la complejidad de las tareas de gobierno que les obligaba a delegar y confiar en otras personas y porque así la crítica se focalizaba hacia los validos, salvaguardando la figura del rey ante las malas decisiones o dificultades de gobierno. No se trató de un cargo institucional pues respondía a la cercanía, confianza y amistad establecida con el monarca. Cuando se producía desconfianza, el valido era sustituido por otro. Los validos actuaban como mediadores entre el rey y los órganos de gobierno de los reinos y solían pertenecer a la aristocracia. La existencia de estos validos tuvo una serie de repercusiones sobre las instituciones de gobierno. Los Consejos perdieron el poder político y quedaron inoperativos, las Cortes tuvieron escasa convocatoria y las Juntas fueron tomando mayor importancia y agilidad. Estos validos, fruto de las críticas, fueron tomando un distanciamiento monarca-súbditos que dio lugar a cierta desconfianza hacia la corona entre los grupos de poder. Los Nobles criticaron al sistema porque se vieron desplazados de ciertos órganos como los Consejos, los oficios especializados como los letrados se vieron desplazados en beneficio de los clientes y familiares de los validos y las Clases populares identificaban la figura del valido con el desgobierno y con todos los problemas de la monarquía.

Junto con la profunda crisis económica y social del Siglo XVII se produjo una disminución del número de habitantes debido a las crisis de subsistencia y las hambrunas, a la escasa capacidad de resistencia de la población frente a las epidemias, a las guerras y rebeliones, a la expulsión de los moriscos y a la emigración a América.  La pérdida demográfica provocó la disminución de mano de obra y del consumo, lo que aumentó la presión fiscal para mantener el mismo nivel de ingresos, fundamentalmente sobre los campesinos. Ante toda esta situación de tensión, fueron aumentando los conflictos sociales como los motines antifiscales y antiseñoriales.

En cuanto a la economía, se dio una tendencia a la concentración de la tierra, de manera que campesinos se veían obligados a vender sus pequeñas tierras y venderlas a señores con capacidad de compra para formar latifundios. Se introdujeron nuevos productos de América como el maíz y la patata, que fueron superando las crisis de subsistencia, fundamentalmente en la zona norte. No existía un verdadero mercado interior, lo que implicaba que los productos fueran más caros al aplicarse medidas fiscales y hubo un problema por la recesión de la artesanía castellana (textil) debido a la falta de competitividad por el elevado precio. Aun así, se mantuvo la importancia de la Carrera de Indias y del puerto de Sevilla, aunque a finales del XVII se trasladó a Cádiz. También se dio un rechazo de las élites nobiliarias a las actividades económicas, debido a que en esa época era honorífico vivir de las rentas.

La sociedad estamental fue de herencia medieval y contaba con tres grandes estamentos: nobleza, clero y no privilegiados. La nobleza representaba al 10% de la población y eran privilegiados, aunque se daban grandes diferencias internas entre la alta nobleza (grande de España) y la pequeña nobleza, cuyos recursos eran mucho más limitados. Aun así, la venta de cargos y títulos por la corona provocó una cierta permeabilidad del estamento para obtener mayores recursos. El Clero era menos numeroso y privilegiado. También se daban grandes diferencias entre el alto clero, en situación desahogada, frente al bajo clero cuya situación era más difícil. Los conventos tuvieron gran importancia y en este momento, todavía había una enorme influencia cultural y política de la Iglesia. El Tercer Estado era el de mayor número y variedad y no tenían privilegios. Los campesinos eran el grupo más numeroso y se caracterizaban por una gran diversidad interna, aunque en conjunto se observaba un empeoramiento generalizado de su situación. La burguésía comercial y financiera no tuvo mucha importancia en este momento. Los artesanos se movían dentro del


ámbito de los gremios, institución encargada del trabajo regularizado que evitaba la competencia. Además, hubo un aumento de la marginalidad de pobres y mendigos por la pobreza de la época.

Los objetivos en política exterior durante la etapa de los Austrias menores no diferían mucho de los de los Austrias mayores:
Defensa del patrimonio heredado, mantenimiento del monopolio comercial americano y protección de la religión católica. Los instrumentos para hacer efectivos estos objetivos fueron los medios clásicos como la diplomacia y la guerra (recurso de armas).

Sin embargo, respecto al reinado anterior se dieron nuevas condiciones. A lo largo del s. XVII se produjo una disminución de la llegada de metales preciosos procedentes de América lo que derivó en una escasez de recursos financieros para la monarquía. Ante la disminución de recursos, para mantener el nivel de ingresos de la monarquía tuvieron que aumentar los impuestos (presión fiscal) y ante la dificultad para mantener al ejército y para evitar que esos pocos recursos se destinasen a conflictos y guerras se firmó la paz. También, buena parte de los recursos económicos se tuvieron que destinar a la defensa de las colonias ante los ataques de holandeses, ingleses y franceses. Esta época además se caracterizó por una crisis demográfica que llevó a que el ejército contase con pérdidas de efectivos militares y dificultad para encontrar potenciales soldados puesto que los ejércitos estaban cada vez peor preparados y contaban con menos soldados.

Felipe III (1598-1621):

Felipe III era hijo y por tanto heredero de Felipe II. Se le caracteriza como un rey que estuvo más preocupado por los asuntos cortesanos que por la política, por lo que inauguró el sistema de gobierno basado en los validos. El valido más importante de esta época fue el Duque de Lerma. En cuanto a política internacional hubo un cambio de actitud, fundamentalmente motivado por las dificultades económicas que le llevaron a impulsar una política de pacificación por la que firmaba acuerdos y cierres a estos conflictos.

El Duque de Lerma inició el fenómeno de validos y fue finalmente reemplazado por su hijo (Duque de Uceda, 1618). Alcanzó altos niveles de poder gracias a que establecíó una red de familiares y amigos que ocupaban los principales cargos del Estado y su propio posicionamiento como alta figura del Estado, le llevó a acumular una gran fortuna. Su principal medida como valido fue la expulsión de los moriscos mediante el decreto de expulsión (1609). Casi de manera reiterativa, los moriscos habían estado generando ciertos problemas dentro de la monarquía, no solo desde el punto de vista de la convivencia, sino que también gran parte eran falsos conversos. Por este motivo eran vistos como potenciales colaboradores con los enemigos de los piratas berberiscos. Además, desde la monarquía se pretendía impulsar una homogeneidad cultural de sus súbditos.  Esta expulsión (1609-1614) afectó a un alto número de moriscos. Pero tuvo especial incidencia en aquellos territorios de la Corona de Aragón donde se produjo la pérdida de un importante número de campesinos que practicaban la agricultura especializada de regadío en la zona de Valencia, el bajo Aragón y Murcia. Las repercusiones, sin embargo, fueron escasas en la Corona de Castilla ya que tuvo menos peso la expulsión de los moriscos.

Durante el reinado de Felipe III se dio una política exterior de pacificación.Realmente no hubo una voluntad de pacificación, sino que los graves problemas económicos de la hacienda pública obligaron a la firma de tratados, como la firma de la paz con Inglaterra (1604) y el Tratado de los Doce Años con los Países Bajos (1609).

Felipe IV (1621-1665):


Felipe IV fue hijo y heredero de Felipe III. Fue un rey al que le abrumaban las tareas administrativas y de gobierno, por lo que tuvo al Conde-
duque de Olivares como valido. La crisis del Siglo XVII se identifica con el reinado de Felipe IV y con el Conde-duque de Olivares. Aun así, Felipe IV se mantuvo al tanto de los problemas políticos por lo que aumento su dedicación al gobierno a lo largo del reinado, sobre todo al final. En su reinado destacan las pérdidas territoriales, fundamentalmente Portugal.

El Conde-Duque de Olivares tuvo mayores dotes de gobernante por lo que pretendíó llevar a cabo una serie de medidas reformistas ante el problema de falta de recursos en el plano Internacional para reforzar la autoridad real y mantener el prestigio de la monarquía hispánica. Por una parte, llevó una reforma que supuso aumentar la presión fiscal sobre reinos no castellanos. Por otra, mediante la uníón de Armas (1625), pretendíó crear un ejército militar permanente que fuese reclutado y


mantenido por todos los reinos de la monarquía. Ante esto, se encontró con la oposición de reinos de la Corona de Aragón y se produjeron una serie de tensiones. En el caso de Aragón y Valencia se asumíó el compromiso de pagar un importante donativo, pero no de aportar soldados al ejército permanente. En el caso de Cataluña se produjo el rechazo por parte de sus instituciones a cualquier tipo de aportación, por lo que se quedó al margen. En ambos casos, tanto en el de la reforma fiscal como en el de la uníón de Armas, se produjeron tensiones internas en la Corona de Aragón, aunque la forma de afrontarlo fue distinta.

Mediante el intento del autoritarismo político, la presión fiscal y los intentos de uniformización (política reformista puesta en marcha fundamentalmente por el Conde Duque de Olivares para reducir las diferencias entre los distintos territorios) se pretendíó reducir la distancia entre la participación y los compromisos de los territorios que contaban con sus propios fueros, lo que derivó en una crisis que afectó a la monarquía hispánica. Esta crisis de 1640 hizo que el Conde-Duque de Olivares perdiera el favor y la confianza del monarca, por lo que fue reemplazado por Luis de Haro (1643). Además, se mantuvo la estructura confederal en cuanto que cada uno de los reinos hispánicos mantuvieron sus instituciones y su autonomía de gobierno.

La rebelión de Cataluña se produjo porque desde 1635 la monarquía estaba en guerra abierta con Francia. En este contexto, Cataluña se seguía negando a aportar tropas para la defensa de la frontera pirenaica, aunque ya sí que ofrecía donativos. Cuando los frentes de la guerra se desplazaron a la frontera, Cataluña se vio obligada a reclutar tropas para la defensa de sus territorios y tuvo que acoger a los tercios del ejército profesional del rey. Ese alojamiento de las tropas fue un foco permanente de conflictos con la población catalana. Debido a este clima de tensión general, se empezaron a dar una serie de enfrentamientos entre campesinos y clases populares contra las tropas y autoridad reales hasta el punto de que en 1640 la rebelión campesina tuvo su punto culmen con los segadores y el Corpus de Sangre en Barcelona, por el cual se asesinó a los representantes reales y a la oligarquía de Barcelona. Las instituciones catalanas, con idea de evitar un enfrentamiento interno social y una Guerra Civil, y con temor de que el rey tomase represalias, emprendieron una búsqueda de apoyo en Francia. A partir de entonces se produjo una ocupación de tropas francesas y el rey de Francia ejercíó su dominio durante la Guerra de los Segadores (1640-1652). Este conflicto social entre Cataluña y la monarquía hispánica se resolvíó con la entrada de las tropas de Felipe IV en Barcelona (1652) conduciendo a la rendición y el regreso de Cataluña a la Corona hispánica. Sin embargo, Cataluña consiguió el mantenimiento de sus instituciones catalanas.

En Portugal, se mantuvo la independencia fiscal, comercial e institucional. Sin embargo, el Conde-Duque de Olivares intentó aumentar la presión fiscal e incluir la Uníón de Armas para atender al problema con Cataluña, que obligó al reclutamiento de soldados portugueses y a la colaboración de la nobleza lusa. Ambos elementos chocaban con los intereses de Portugal. Además, Portugal sentía que sus intereses comerciales estaban siendo mal defendidos por las tropas hispánicas en sus colonias ante los ataques holandeses e ingleses, lo que llevó a las pérdidas de algunos enclaves coloniales. Ante estas tensiones, la nobleza portuguesa se negó a ayudar a la monarquía y se sublevó por tanto contra las autoridades virreinales, dando lugar a la Guerra de la Restauración (1641-1668). Una vez finalizada, se reconocíó la independencia de Portugal (1668) e incluso se nombró al duque de Braganza como rey de Portugal (Juan IV).

La crisis de 1640 fue de carácter general, ya que también se dieron otros intentos de secesión y revueltas en Andalucía, mediante la conspiración del Duque de Medina Sidonia y el Marqués de Ayamonte (1641), en la zona de Aragón y Valencia mediante una serie de alborotos y algunos tumultos sociales (1643) y en Nápoles y Sicilia (1647).

Con Felipe IV hubo una política exterior belicista mediante la etapa del Conde-Duque de Olivares que pretendíó llevar a cabo una serie de reformas en el ámbito económico y militar para recuperar el prestigio de la monarquía hispánica y mejorar su funcionamiento. Por este motivo, se involucró en la Guerra de 30 años (1618-1648) e incluso se renovaron los enfrentamientos con los Países Bajos y Francia. Sin embargo, hubo un cambio de giro a partir de 1643 hacia una Política conciliadora tras la sustitución del Conde Duque de Olivares. Durante esta política conciliadora, la Paz de Westfalia (1648) puso fin a la Guerra de los 30 años que reconocía la independencia de Provincias Unidas de los Países Bajos. Y también mediante el Tratado de los Pirineos (1659) se puso fin a la guerra con Francia, aunque conllevó la pérdida de Rosellón y Cerdaña (territorios de la frontera).

Carlos II (1665-1700):


Hijo y heredero de Felipe IV. Fue conocido como “el hechizado” por ser caracterizado como débil, enfermizo y morir sin descendencia. Al mostrar esta imagen de incapacidad para gobernar se dio una sensación general de desgobierno, lo que llevó a constantes luchas por el poder y a una pérdida definitiva del prestigio internacional. Al morir sin descendencia se abríó un importante conflicto sucesorio: La guerra de Sucesión.

Con Carlos II se dieron fundamentalmente conflictos internos. Mariana de Austria (1665-1675) actuó como regente hasta que Carlos II cumplíó la mayoría de edad y tuvo capacidad para gobernar. Gracias a esto, la aristocracia recuperó su poder de forma que durante su minoría de edad hubo un valido al estilo más tradicional mientras que, cuando alcanzó la mayoría de edad, la nobleza formada por los grandes de España al tener más poder, posicionaron a un primer ministro como figura al cargo del poder. Esta etapa fue de continuidad e inmovilismo ya que se respetó a los fueros y su autonomía. También fue una etapa de estancamiento político y administrativo ya que los grandes cargos mobiliarios de España fueron los que realmente controlaron las decisiones de la monarquía, por lo que la nobleza se reposiciónó en una mejor posición. Aun así, también fue una etapa de conflictos sociales.

El gran problema de la monarquía fue el sucesorio. Al no tener descendencia se dieron varias opciones para tomar el trono: Felipe de Anjou de la dinastía Borbón tenía derecho a tomar la corona por ser nieto del rey de Francia, Luis XIV, y bisnieto de Felipe IV. Fue apoyado por parte de Francia. El Archiduque Carlos de Habsburgo de la dinastía Austria) era un pariente lejano, pero contó con los apoyos de Inglaterra, Holanda y Austria. A nivel diplomático, Carlos II en su testamento reconocía como sucesor a Felipe de Borbón, pero algunas potencias europeas negaron la validez del testamento por la debilidad mental del monarca.

Con Carlos II, en cuanto a política exterior, se evidenció el final de la hegemonía en Europa. La Guerra de Sucesión (1701-1715), además de una Guerra Civil, también supuso una contienda internacional.

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