El Régimen de la Restauración en España: Características y Crisis

EL RÉGIMEN DE LA RESTAURACIÓN. CARACTERÍSTICAS Y FUNCIONAMIENTO DEL SISTEMA CANOVISTA.

El régimen de la Restauración surgió tras el fracaso de la experiencia republicana en España. Durante el Sexenio Democrático, el partido alfonsino se preparó para la llegada al trono de un nuevo monarca, Alfonso XII, hijo de Isabel II.

Configuración del Sistema

Durante el reinado de Alfonso XII (1875-1885) se establecieron los pilares del sistema: la Constitución de 1876 y el turno pacífico de partidos.

La Restauración Borbónica

La restauración de la monarquía borbónica en Alfonso XII fue el resultado de un trabajo preparatorio meticuloso llevado a cabo durante el Sexenio Democrático, especialmente durante el gobierno de Serrano. El objetivo era colocar en el trono al hijo de Isabel II, la reina destronada en 1868, y el principal protagonista fue Antonio Cánovas del Castillo. Este proceso implicó complejas maniobras diplomáticas, como la abdicación de Isabel II en su hijo en junio de 1870.

Se creó un partido alfonsino, inicialmente formado por diputados de las Cortes Constituyentes de 1868. Su programa se basaba en el liberalismo y la lealtad al príncipe Alfonso. A partir de agosto de 1873, con la adhesión de gran parte del partido moderado, se desarrolló un programa conservador.

Cánovas también buscó subordinar el papel del ejército al poder civil y someter sus iniciativas al sistema constitucional.

Estabilidad Política y la Constitución de 1876

Cánovas logró unir a todos los partidos monárquicos, excepto a los carlistas, en torno a la figura de Alfonso XII para alcanzar la estabilidad política. La Constitución de 1876, un texto breve de solo 89 artículos, surgió de una síntesis entre las constituciones de 1845 y 1869. Fue elaborada por una comisión de expertos convocada por Cánovas en 1875. Su espíritu de pacto explica su durabilidad, permaneciendo vigente hasta 1923, cuando la Dictadura de Primo de Rivera la suspendió.

Crisis del Sistema

A finales del siglo XIX, la realidad social y económica de España había cambiado significativamente. Sin embargo, la clase política no había iniciado una transformación clara de las estructuras políticas, a pesar de las medidas progresistas adoptadas por Sagasta. El caciquismo y la corrupción persistían.

El atraso seguía siendo una realidad en amplias zonas del interior y sur de España, en contraste con los avances industriales del cinturón de Bilbao, el desarrollo minero de Asturias y la industria textil de Cataluña. Algunas regiones agrícolas, como el Levante y el área del Guadalquivir, habían iniciado una agricultura de exportación con grandes beneficios.

Esta realidad económica y social contrastaba con una clase política oligárquica en Madrid que no comprendía los nuevos problemas de España, lo que agravó las diferencias económicas y las tensiones sociales.

El Desastre del 98

La situación empeoró con la pérdida de las últimas colonias en 1898 tras una rápida derrota frente a Estados Unidos. La pérdida de Cuba, Puerto Rico, Filipinas y emplazamientos en el Pacífico significó la derrota del ejército español, mal dirigido por la clase política que no se había preocupado por modernizar su equipamiento ni su instrucción.

El ejército se convirtió en enemigo del sistema político liberal y de los políticos en general, un aspecto nuevo en la vida nacional. Durante el siglo XIX, el ejército había participado en la política y en los distintos partidos políticos como líderes. Esta nueva actitud se reflejaría en los oficiales del ejército del siglo XX, que seguirían dando golpes de estado para implantar sistemas dictatoriales, como la Dictadura de Primo de Rivera (1923) y la posterior del general Francisco Franco en 1936.

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