Epígrafe guerra de la independencia

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 a) La primera fase:
Los éxitos iniciales (Junio-
Noviembre de 1808). La guerra se desarrolló en tres fases. La primera de ellas, o de los éxitos iniciales españoles, tiene lugar entre los meses de Junio y Noviembre del año 1808, tras el fracaso del levantamiento de Madrid. En este período los soldados franceses se emplearon en sofocar los alzamientos urbanos que se habían extendido por las ciudades más importantes del país. En el mes de Junio tuvo lugar el primer sitio de Zaragoza, cuya posesión era fundamental para controlar la importante vía de comunicación del valle del Ebro. El hecho más destacado de esta primera fase de la guerra fue, no obstante, la batalla de Bailén, donde un ejército francés dirigido por el general Dupont fue derrotado el 19 de Julio por un ejército español improvisado por algunas juntas provinciales de Andalucía, y de manera destacada por la de Sevilla, comandado por el general Castaños. La derrota de Bailén tuvo una doble repercusión: estratégica y propagandística. Por primera vez era derrotado un ejército napoleónico en campo abierto. Sus consecuencias fueron importantes: José I abandonó Madrid, donde acababa de llegar, con los pocos afrancesados que habían abrazado su causa y las tropas francesas se retiraron al norte del Ebro. Napoleón, para vengar esta derrota, decidíó entrar personalmente en España, al frente de un poderoso ejército: la Grande Armée. B) La segunda fase: el apogeo francés (Noviembre de 1808-primavera de 1812). Esta segunda fase, por tanto, viene determinada por la reacción francesa ante la derrota de Bailén y por las consecuencias que de ello se derivaron. El emperador francés, que había subestimado en principio la capacidad de resistencia española, al frente de la Grande Armée entra en España en Noviembre de 1808. En Diciembre toma Madrid, donde vuelve a colocar a su hermano. Napoleón abandonaba España dejando un fuerte ejército bajo la dirección del general Soult. En el otro extremo peninsular, Zaragoza, cae en poder de los franceses cuando era prácticamente un montón de ruinas (Febrero de 1809). Tras otro largo sitio, también caía Gerona (Diciembre de 1809). Antes, en Noviembre, el ejército español era derrotado en la batalla de Ocaña por el rey José, abríéndose a los franceses las puertas de Sierra Morena y el dominio de Andalucía, que es ocupada (Enero–Febrero de 1810), menos Cádiz que, abastecida desde el mar por los ingleses, quedó libre toda la Guerra, de lo que se derivaron unas consecuencias trascendentales para la historia de España: la elaboración allí de la primera constitución española. Un hecho decisivo en esta fase de la guerra fue la acción de los guerrilleros que supieron aplicar una guerra de desgaste, con la que se minaba la moral de las tropas francesas y se les impedía el control efectivo del territorio. Los guerrilleros eran hombres del pueblo que se agrupaban en bandas o guerrillas de algunos centenares de combatientes. Hostilizaban a los destacamentos franceses, desorganizando su retaguardia y causándoles todas las bajas posibles. Conocían el terreno y contaban con la complicidad de las poblaciones, de las que obténían víveres o información, permitíéndoles burlar la persecución de fuerzas muy superiores. Entre los jefes de guerrillas destacan el navarro Francisco Espoz y Mina, el cura Merino y Juan Martín Díaz “el Empecinado” y otros muchos, cuya aportación al éxito final de la guerra fue muy valiosa. C) La tercera y última fase de la guerra: la ofensiva final anglo-española (primavera de 1812-Agosto de 1813). Las consecuencias de la guerra. La tercera y última fase de la guerra se inició en la primavera de 1812, cuando Napoleón se vio obligado a retirar de España una parte muy importante de sus tropas para engrosar la Grande Armée que se preparaba para la invasión de Rusia. El debilitamiento de las tropas francesas fue aprovechado por las tropas anglo-portuguesas y españolas del duque de Wellington. Militar prudente y experimentado, dirigía al ejército inglés que había desembarcado en Lisboa en 1809. En uníón con tropas españolas derrotó a los franceses en Talavera de la Reina (1809). En 1811, otra vez Wellington iniciaba una nueva ofensiva desde Lisboa, permitíéndole recuperar Ciudad Rodrigo (Enero de 1812) y Badajoz (Abril de 1812). También Wellington triunfaba en Los Arapiles (Salamanca, Julio de 1812). El desastre de Rusia aceleró la derrota francesa. Napoleón retiró más hombres para asegurar la defensa de Francia. Las tropas francesas en España, en consecuencia, iniciaron el repliegue hacia su país, mientras Wellington emprendía la ofensiva final. En la batalla de Vitoria (Junio de 1813) eran derrotados los franceses y José I se vio obligado a cruzar la frontera. Todavía se manténía Soult ocupando San Sebastián y Pamplona, pero derrotado en la batalla de San Marcial (Agosto de 1813) tuvo también que pasar a Francia. En Diciembre de 1813 Napoleón firmaba el tratado de Valençay, por el que Fernando VII era repuesto en el trono y ponía punto final a la guerra. Los efectos de la guerra fueron desastrosos para España. Se calcula que hubo medio millón de muertos, cifra considerable para un país que contaba, en 1808, con unos once millones de habitantes. Ciudades como Zaragoza, Gerona o San Sebastián quedaron arrasadas; en otras se destruyeron edificios y monumentos artísticos; una parte importante de las obras artísticas fueron robadas por los franceses. El comercio colonial cayó en picado. El anterior ritmo de crecimiento industrial se perdíó, con máquinas y manufacturas destruidas. El campo quedó arrasado, con pérdida de cosechas y cabezas de ganado. Además, la Hacienda Pública quedó todavía más arruinada. Por último, la guerra afectó al proceso de independencia de la América española.
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