El ocaso de la Monarquía y el nacimiento de la Segunda República
Tras la caída de Primo de Rivera, le siguió la llamada “dictablanda” del general Dámaso Berenguer, nombrado por el rey con la misión de regresar al sistema de la Restauración. Este tuvo que enfrentarse a la crisis económica de 1929 y a una gran oposición por parte de los republicanos. En 1930, políticos republicanos, socialistas y nacionalistas se reunieron en el Pacto de San Sebastián, comprometiéndose a derrotar a la monarquía. Querían convocar unas Cortes constituyentes y se produjeron golpes de Estado de militares republicanos sin éxito, pero que perjudicaron la imagen de la monarquía. Fue sustituido por el almirante Aznar, quien convocó elecciones municipales. Los resultados mostraron la victoria de las candidaturas republicanas en las grandes ciudades, lo que condujo a la proclamación de la Segunda República el 14 de abril de 1931. Estos acontecimientos llevaron al rey al exilio debido a la falta de apoyo de las autoridades militares.
El Gobierno Provisional y el panorama político
En la noche del 14 de abril, los representantes del Pacto de San Sebastián pusieron en marcha el gobierno provisional de la República, que representaba a las fuerzas republicanas y socialistas, presidido por Niceto Alcalá-Zamora. El gobierno provisional convocó inmediatamente elecciones a las Cortes constituyentes para el 28 de junio y decretó medidas de urgencia para afrontar la crisis económica, iniciar negociaciones con nacionalistas catalanes y vascos, y conceder amnistías a presos políticos.
Configuración de las fuerzas políticas
- Izquierda: Destacan los Radical-socialistas y la Acción Republicana de Manuel Azaña. El partido más sólido era el PSOE, con su sindicato UGT, dividido entre la facción socialdemócrata (Prieto) y la revolucionaria (Largo Caballero). El PCE surgió de una rama bolchevique, mientras que los anarquistas se agruparon en la CNT y la FAI.
- Centro-derecha: El Partido Radical de Lerroux y la Derecha Liberal Republicana de Alcalá-Zamora.
- Derecha: La CEDA de Gil Robles, monárquicos alfonsinos, carlistas y grupos fascistas como las JONS y la Falange Española de José Antonio Primo de Rivera.
- Nacionalistas: PNV, Lliga Catalana, Esquerra Republicana de Catalunya y la ORGA.
La Constitución de 1931 y el Bienio Reformista
La Constitución de 1931 fue unificada, democrática y progresista. Sus pilares fueron:
- Soberanía popular reconocida.
- Definición de España como un Estado integral (autonomía de regiones).
- División de poderes: Legislativo (Cortes unicamerales), Ejecutivo (Gobierno) y Judicial.
- Amplia declaración de derechos y libertades.
- Separación entre la Iglesia y el Estado.
Este marco legal permitió el bienio reformista (1931-1933), caracterizado por la reforma religiosa (Estado laico), la reforma militar (modernización y ley de retiro), la reforma agraria (Ley de 1932) y la reforma educativa (misiones pedagógicas).
Inestabilidad y Guerra Civil
Tras la dimisión de Azaña, el bienio conservador (1933-1935), liderado por Lerroux, supuso una rectificación de las reformas anteriores. La radicalización política culminó en la Revolución de 1934. Posteriormente, el triunfo del Frente Popular en febrero de 1936 devolvió el poder a las izquierdas, pero el clima de violencia política y el asesinato de Calvo Sotelo precipitaron el golpe de Estado del 17 y 18 de julio de 1936.
El país quedó escindido en dos bandos:
- Sublevados: Defensores de la unidad de España, el orden social y el catolicismo, apoyados por la Alemania nazi y la Italia fascista.
- Republicanos: Defensores de la legalidad democrática, apoyados por México y las Brigadas Internacionales, además de suministros de la URSS.
La guerra finalizó el 1 de abril de 1939 con la toma de Madrid y la victoria definitiva de las fuerzas sublevadas.
