EPÍGRAFE 6. La formación del Estado español. La monarquía de los Reyes Católicos
La unión dinástica y la ampliación territorial
Con el matrimonio de Isabel de Castilla y Fernando de Aragón en 1469 se inició la Monarquía Hispánica. La unión de los soberanos fue meramente dinástica y no supuso la fusión de los dos reinos, que continuaron conservando su plena personalidad política y sus instituciones de gobierno.
La ampliación de la base territorial.
Isabel de Castilla sucedió en el trono a su hermano Enrique IV después de una guerra civil (1474-1479) que enfrentó a Isabel, apoyada por su suegro Juan II de Aragón, con la hija de Enrique IV, Juana la Beltraneja, que era ayudada por Alfonso V de Portugal y por gran parte de la nobleza castellana. Isabel fue reconocida como reina de Castilla en el Tratado de Alcaçovas (1479), el mismo año en que Fernando se convertía en rey de Aragón.
El reino nazarí de Granada fue conquistado tras una larga guerra (1481-1492). La capitulación, aceptada por el último rey granadino, Boabdil, contenía condiciones bastante generosas para la población, posteriormente incumplidas en gran parte. En el Atlántico, la política de los Reyes Católicos se orientó a completar la conquista de las Canarias (finalizada en fases entre 1402 y 1496, aunque la consolidación estratégica se dio en torno a 1469), enclave clave en las rutas comerciales hacia África y, desde 1492, hacia Asia y América. La política atlántica de la monarquía culminó con el descubrimiento de América en 1492 y la incorporación paulatina de todas esas tierras a la Corona de Castilla. El Tratado de Tordesillas (1494) supuso el reparto de América con Portugal. En 1512, Navarra fue incorporada a Castilla, gracias a la actuación del duque de Alba, aunque este reino siguió conservando sus instituciones. Además, continuó la expansión hacia el Mediterráneo: el reino de Nápoles quedó integrado definitivamente en la Corona de Aragón en 1503. Otro centro de interés era el norte de África (Melilla en 1497, Orán y Trípoli hacia 1510, etc.).
Con estas conquistas se pretendía evitar las actividades de los piratas berberiscos y detener el avance turco por el Mediterráneo occidental.
Los Reyes Católicos desarrollaron una diplomacia determinada por el enfrentamiento con Francia. Por ello buscaron aliados como el papado, Inglaterra y el Sacro Imperio. Con este último se sellaron alianzas matrimoniales (por ejemplo, el matrimonio entre Felipe el Hermoso, hijo del emperador Maximiliano de Austria, y Juana de Castilla, hija de los Reyes Católicos). Además, crearon una diplomacia ágil y formaron un ejército permanente y en aumento.
Formación de un Estado moderno
Los Reyes Católicos no unificaron las estructuras políticas de sus reinos; su matrimonio no supuso la integración inmediata de ambas Coronas sino su mera yuxtaposición. No obstante, si bien mantuvieron la legislación foral y las instituciones de cada reino, procuraron reforzar los organismos que favorecían el poder real. En este sentido, su actuación fue mucho más efectiva en Castilla, donde pudieron aplicar su política autoritaria y centralizadora, que en Aragón, donde sobrevivía el pactismo y las instituciones forales.
Castilla era el territorio más poderoso de la nueva monarquía, tanto por su mayor población como por su dinamismo económico. Además, sus instituciones eran más sencillas de controlar por parte de los reyes, mientras que en Aragón el poder real estaba más limitado. Así pues, la supremacía castellana acabó favoreciendo la difusión de sus costumbres, leyes y lengua por el resto de los territorios (castellanización del Estado con la promoción política de las élites castellanas).
La política de los Reyes Católicos se orientó a crear una monarquía autoritaria y fuerte frente a los otros grandes poderes: la nobleza, la Iglesia y las ciudades. Para ello tomaron diversas medidas:
- Creación de la Santa Hermandad, que actuó en Castilla para mantener el orden en los caminos.
- Sometimiento del poder de la Iglesia. Los Reyes Católicos consiguieron del papado que la Inquisición española dependiera de la monarquía y no de Roma, y controlaron el nombramiento de obispos (regalías). Además, pretendieron mejorar ciertos aspectos de la vida eclesial: corregir la desviación de la vida de los eclesiásticos y mejorar su formación (reforma impulsada por el cardenal Cisneros).
- Consecución del uniformismo religioso. Ambos reyes pretendieron que todos sus súbditos profesasen la misma religión, y para ello se creó el Consejo de la Suprema Inquisición, única institución que tenía jurisdicción tanto en Castilla como en Aragón. Todo ello se concretó en la expulsión de una parte de los judíos en 1492 (sefardíes) y en la conversión de otros. Por otra parte, se produjo la persecución de los mudéjares tras una rebelión musulmana (bautismo forzoso y posterior expulsión de Castilla y Aragón).
- Reorganización del Consejo Real de Castilla, que se constituyó en el principal órgano de gobierno. Estaba compuesto por funcionarios con formación jurídica, con lo que la aristocracia perdió influencia. Existían también otros consejos: de Aragón, de Navarra, de Indias, de la Inquisición, etc. (régimen polisinodial).
- Creación de cargos de confianza de los reyes, como los secretarios reales, los corregidores (para gobernar las ciudades) y los virreyes (representantes de los reyes en los territorios en los que estos no se hallaban presentes, como Navarra, Valencia, etc.).
- Reducción del papel de las Cortes de Castilla. Su importancia política fue decayendo, ya que algunas de sus funciones fueron asumidas por los consejos.
- Reorganización del sistema judicial con diversas instancias: los corregidores a nivel local, las Chancillerías o Audiencias a nivel regional y el Consejo Real de Castilla como tribunal supremo.
En la Corona de Aragón las reformas tuvieron menos importancia. Destacaron la introducción de la figura del virrey y del sistema de insaculación para elegir los cargos municipales. La introducción de la Inquisición reforzó el poder real.
EPÍGRAFE 7. El siglo XVI: la España de Carlos I y Felipe II
Carlos I (1516/1518-1556)
La herencia de los Reyes Católicos pasó a su nieto Carlos de Austria (Castilla, Canarias, plazas africanas, América, Aragón, Cerdeña, Nápoles y Sicilia). A ello se sumó la herencia de su padre (Países Bajos, Luxemburgo, Franco Condado, casa de Austria y derechos al trono del Sacro Imperio), con lo que Carlos se convirtió en el monarca más poderoso de Europa. En Castilla se confiaba en que el nuevo rey se centrara en los asuntos castellanos. Sin embargo, el joven monarca, rodeado de consejeros flamencos y desconociendo la lengua de sus vasallos castellanos, marginó a la nobleza de los altos cargos e hirió los sentimientos nacionales de las ciudades castellanas al supeditar sus intereses a sus ambiciones imperiales.
Carlos I, ante la posibilidad de ser elegido emperador de Alemania, forzó a las Cortes a aprobar impuestos extraordinarios. Las ciudades castellanas estallaron en una revuelta antiautoritaria y nacionalista en defensa de las Cortes (las Comunidades de Castilla) que fue aplastada en 1521 en Villalar cuando la alta nobleza, que en principio se había mantenido expectante, decidió intervenir a favor del emperador porque la revolución política amenazaba sus privilegios señoriales. A partir de entonces, Carlos prestó más atención a los asuntos castellanos y Castilla se convirtió en el principal bastión del imperio (proporcionó la mayoría de los recursos materiales y humanos). Por las mismas fechas (1519-1523), tuvo lugar en Valencia un movimiento antinobiliario: las Germanías.
La conquista y la colonización de América proporcionaron enormes recursos al emperador. Bajo su reinado se incorporaron las áreas más prósperas del continente: el imperio azteca (Hernán Cortés) y el imperio inca (Francisco Pizarro).
La plata y el oro de sus tesoros inundaron Castilla a través del puerto de Sevilla. Sin embargo, gran parte de esos metales fue a parar a banqueros genoveses, alemanes y flamencos. Carlos I concibió una “concordia universal” de todos los soberanos europeos bajo la supremacía del emperador y con la asistencia del Pontificado para hacer frente al expansionismo turco. Pero esta idea encontró fuertes resistencias. El problema que más recursos absorbió fue el intento de sofocar la rebelión de sus súbditos alemanes protestantes. Carlos I intentó imponer el catolicismo a los nobles alemanes que habían abrazado las tesis luteranas. El emperador consiguió importantes victorias como la de Mühlberg frente a la Liga de Smalkalda, pero no logró la reunificación religiosa, ni siquiera por la vía diplomática de la discusión teológica (Concilio de Trento). Francia opuso una tenaz resistencia a los designios imperiales. Carlos I reinició la disputa con Francia por el ducado de Milán. La victoria de Pavía (1525) y el subsiguiente Tratado de Madrid nos aseguraron la posesión de este estratégico enclave. El resto del reinado fue una sucesión de guerras y treguas con Francia. Por su parte, los pontífices no aceptaron la prepotente presencia española en Italia. Algunos de ellos, como Clemente VII, llegaron a aliarse con Francia frente al emperador. Las tropas imperiales llegaron hasta Roma, sometiéndola a un largo pillaje (Saco de Roma, 1527).
Felipe II (1556-1598)
Al considerar el problema alemán como un lastre demasiado pesado para el resto de la monarquía, Carlos I desgajó la herencia austroalemana del resto del imperio. La monarquía de Felipe tuvo un carácter eminentemente hispánico. De hecho, nombró Madrid como la capital administrativa. Los grandes objetivos de su política fueron la defensa del catolicismo y el mantenimiento de la hegemonía dinástica en Europa. Para gobernar su enorme imperio se valió de una compleja administración y de un poderoso ejército permanente. El gobierno lo ejercía el rey apoyado en lo que se ha denominado el sistema polisinodial o de consejos.⁶
Felipe II acentuó los rasgos centralistas y autoritarios de la monarquía y forzó al máximo la actividad de la Inquisición. Ello desencadenó la violenta reacción de algunos de sus súbditos. En 1568 se produjo la sublevación de los moriscos en las Alpujarras, agobiados por la presión inquisitorial. La crisis foral aragonesa (1591) se produjo cuando su secretario personal, Antonio Pérez, se refugió en Aragón y, amparándose en sus fueros, fue defendido por el Justicia Mayor del reino y consiguió huir; ante lo cual Felipe II optó por ejecutar a la máxima dignidad del reino de Aragón, aunque no modificó los derechos forales aragoneses. En el interior, otros graves problemas fueron el bandolerismo, muy activo en Cataluña, y los recurrentes problemas de la Hacienda (bancarrota de 1557).
La monarquía de Felipe II se encontraba amenazada por nuevos problemas. La rebelión de Flandes comenzó cuando el monarca quiso gobernar este territorio de forma absolutista (oposición nobiliaria). Además, el calvinismo se había difundido con éxito por las provincias del norte y los intentos del rey por contener su expansión mediante la acción represiva provocaron el inicio de la rebelión en 1566. Felipe II envió un potente ejército al mando del duque de Alba, pero esta actuación significó el inicio de un feroz conflicto armado. Durante la década de 1580 parecía que España iba a conseguir someter a los rebeldes gracias a las victorias militares de Alejandro Farnesio, pero no pudo impedir que las provincias del norte consiguiesen de facto la independencia (Provincias Unidas).
La expansión del imperio otomano continuó por el Mediterráneo al tiempo que aumentaban los ataques de piratas berberiscos sobre los barcos y los puertos españoles. Para frenar a los turcos se gestó una alianza entre el papado, Venecia y Felipe II (Liga Santa). Se reunió una flota al mando de Juan de Austria, que derrotó a los turcos en la batalla de Lepanto (1571) y frenó su avance por el Mediterráneo.
EPÍGRAFE 4. Los reinos cristianos de la Reconquista hasta el siglo XIII: Reconquista y repoblación
Con la mayor parte de la Península ocupada por los musulmanes, en el norte se fueron gestando los reinos cristianos. Los reinos cristianos se crearon entre los siglos VIII y XII y se expandieron entre los siglos XII y XV. Los primeros reinos que se crearon fueron el reino astur-leonés y los condados pirenaicos.
El reino astur-leonés surge tras la victoria de Pelayo (noble visigodo) ante los musulmanes en Covadonga (722).
A Pelayo le suceden los reyes Alfonso I y Alfonso II, que consolidaron el Reino de Asturias. En el siglo X, Ordoño traslada la capital del reino de Asturias a León, por lo que el nombre del reino pasa a llamarse Reino de León. Este reino se dividió en condados. El condado de Castilla, en el siglo X, se independiza de la mano del noble Fernán González y se funda el Reino de Castilla. En el siglo XII los dos reinos, el de Castilla y el de León, se unen formando el Reino de Castilla y León. En el siglo XII se separarán y se volverán a unir en el siglo XIII. El Reino de Portugal se independizará de Castilla en el siglo XII.
Los Condados Pirenaicos surgen cuando el emperador franco Carlomagno funda la Marca Hispánica en el siglo VIII para protegerse de los musulmanes. Esta Marca, situada al sur de los Pirineos, se dividía en condados (gobernados por un conde). En el siglo XI el Condado de Aragón y el de Cataluña se independizan, se unen y forman el Reino de Aragón. El Condado de Pamplona también se independizará y formará el Reino de Navarra.
La fase de expansión (siglos XII-XV)
La fase de expansión de estos reinos cristianos se produce entre los siglos XII y XV. Cuando Al-Ándalus estaba bajo los primeros reinos de taifas (1031-1085) se inicia la primera gran ofensiva cristiana. En este periodo el rey de Castilla, Alfonso VI, toma la ciudad de Toledo en 1085. Durante el periodo de los almorávides de Al-Ándalus (1085-1145) los cristianos son vencidos por los musulmanes en la batalla de Zalaca (Sagrajas, 1086), iniciándose un periodo de freno en la Reconquista. Entre 1145 y 1195, mientras Al-Ándalus está bajo el dominio de los segundos reinos de taifas, se vuelve a producir un nuevo avance en la reconquista de los reinos cristianos, hasta que en el año 1195 los almohades vencen a los cristianos en la batalla de Alarcos (1195). Ante esta situación, los reinos cristianos, menos el reino de León y Portugal, se unen para luchar contra los musulmanes a instancias del papa Inocencio III. Los cristianos y los almohades se enfrentan en la batalla de Las Navas de Tolosa (1212). Vencen los cristianos y a partir de este momento se inicia el avance imparable de los cristianos. El Reino de Castilla, unido de nuevo a León, reconquista el valle del Guadiana, el valle del Guadalquivir, Cádiz y Murcia; mientras que el Reino de Aragón reconquista el Reino de Mallorca y el Reino de Valencia.
Modelos de repoblación
a) Siglos VIII-XI: La sociedad de estos primeros núcleos cristianos era rural y atrasada, con algunas pequeñas ciudades. Eran pueblos montañeses, pastores y poco romanizados. Desde estas zonas montañosas repoblaron las llanuras. Al principio el proceso fue lento y centrado en la meseta norte hasta el Duero y el interior de Cataluña. Esta repoblación no consiste sólo en la llegada de nuevos pobladores, sino en la organización administrativa de estos territorios que lleva a cabo el rey con la ayuda de los nobles y la Iglesia.
b) Siglos XI-XIII: Los siglos XI-XIII en la Europa cristiana son de una gran transformación: crece la población y son siglos de desarrollo económico. En España, las conquistas cristianas son las más importantes, con ciudades con numerosa población judía y musulmana, además de gran riqueza agrícola de muchas zonas reconquistadas (valle del Guadalquivir, huertas valencianas). Los instrumentos empleados en la colonización fueron:
- Privilegios y fueros: utilizados para atraer colonos para la repoblación de tierras de frontera.
- Capitulaciones: acuerdos o pactos locales con las poblaciones sometidas (musulmanes, judíos y mozárabes) por los que se respetaban sus leyes, religión, costumbres y parte de sus propiedades.
- Repartimientos: distribución de bienes y tierras en lotes que efectuaba el rey entre los conquistadores. Se aplicaron sobre todo en el siglo XIII.
Las instituciones de gobierno de los reinos cristianos eran la monarquía, las Cortes y los municipios.
La monarquía en el reino de Castilla tenía poderes extensos, mientras que en Aragón el rey tenía su poder limitado por las Cortes. Las Cortes (institución de los representantes de los tres estamentos: nobleza, clero y tercer estado) en Castilla tenían carácter consultivo; mientras que en Aragón cada reino (Aragón, Cataluña y Valencia) tenía las suyas propias; tenían cierto poder legislativo y aprobaban los impuestos. Los municipios en Castilla estaban controlados por el corregidor, representante del poder real; mientras que en Aragón estaban controlados por la burguesía.
Por lo que respecta a la economía, en Castilla era eminentemente agraria; la agricultura era señorial, es decir, la propiedad de la tierra era de los nobles y el clero pero la trabajaban los campesinos. La ganadería era otra actividad destacada: una ganadería de trashumancia y controlada por los grandes ganaderos.
En Aragón la economía era comercial, especialmente con el Mediterráneo (Italia, Norte de África y Oriente). La agricultura era de regadío de claro origen árabe, especialmente en el Reino de Valencia. Destacan las ferias comerciales.
La economía, entre los siglos XI y XIII, pasó por una época de expansión, sobre todo debido al crecimiento de la población, de las ciudades y de la agricultura que tenía que alimentar a esa población y abastecer a las ciudades.
La sociedad de esta época era señorial, con el fortalecimiento de la nobleza frente al poder del rey. Las relaciones sociales eran de fidelidad entre el vasallo y el señor. Era una sociedad dividida en estamentos (nobleza y clero, con privilegios, y el tercer estado o pueblo llano, sin privilegios). En Aragón destaca sobre todo el grupo de la burguesía comercial y artesana, casi inexistente en Castilla.
Había diferencias sociales por motivos religiosos; los cristianos estaban en la cima de esta jerarquización, por debajo los moriscos (musulmanes convertidos al cristianismo), los mudéjares (musulmanes que mantienen su religión y sus posesiones —hasta el siglo XVI— que viven en territorio cristiano) y los judíos. Tanto los mudéjares como los judíos se consideraban minorías religiosas.
A nivel cultural, los reinos cristianos entre los siglos XI y XIII vivieron una apertura cultural hacia Europa y Al-Ándalus; en esta apertura jugó un papel importante el Camino de Santiago, por el que entra el arte románico y, más tarde, el gótico. Durante este periodo se produce un contacto multiétnico entre cristianos, judíos y musulmanes, que se desarrollará con la creación de las escuelas de traductores; especialmente destacada es la Escuela de Traductores de Toledo, impulsada por Alfonso X el Sabio.
El reformismo borbónico
Durante el siglo XVIII se sucedieron los reinados de Felipe V (1701-1746), Fernando VI (1746-1759), Carlos III (1759-1788) y Carlos IV (1788-1808). Los Borbones consolidaron el absolutismo regio, en el que el único depositario de la soberanía por delegación divina era el rey, que acumuló los tres poderes. Además, la nueva dinastía impuso un modelo centralista que buscaba la uniformidad institucional a través de diversas reformas administrativas.
- Los Consejos fueron marginados a favor de las secretarías de Despacho, al frente de las cuales había un secretario nombrado por el rey (antecedentes de los ministerios).
- La aplicación de los Decretos de Nueva Planta (entre 1707 y 1716) supuso la supresión de los fueros y las instituciones de los reinos de la Corona de Aragón, que pasaron a ser gobernados por leyes castellanas (uniformización jurídica).
- El territorio español fue dividido en capitanías generales, que quedaban en manos de delegados del rey: capitanes generales e intendentes.
- Control de la Iglesia (regalismo). La monarquía española logró el reconocimiento del derecho a designar los cargos eclesiásticos en España. Durante el reinado de Carlos III se produjo otra manifestación del choque entre la monarquía y la Iglesia: la expulsión de los jesuitas y la confiscación de todos sus bienes.
- Creación de un ejército permanente y profesionalizado.
Economía y sociedad en el siglo XVIII
Durante el siglo XVIII la población española aumentó considerablemente (de 7,5 a 10,5 millones), sobre todo en la periferia peninsular, debido al descenso de la mortalidad catastrófica y al aumento de la natalidad. La actividad económica más importante seguía siendo la agricultura, que mantenía unas estructuras de tipo señorial. No obstante, en este siglo se consiguió un aumento de la producción basado en el aumento de la superficie cultivada. Por su parte, la industria manufacturera era muy escasa, destacando la creación por parte del Estado de las Reales Fábricas. Las actividades comerciales crecieron considerablemente gracias a las mejoras en obras públicas, la supresión de ciertas aduanas y el desarrollo de medidas que buscaban revitalizar el comercio exterior (compañías comerciales). España continuaba inmersa en el modelo social del Antiguo Régimen, caracterizado por la existencia de privilegios, la escasa movilidad social y la existencia de tres estamentos (nobleza, clero y tercer estado).
La Ilustración fue un movimiento intelectual desarrollado en el siglo XVIII (“Siglo de las Luces”), que realizó una profunda crítica del Antiguo Régimen. Los pensadores ilustrados defendían algunos principios: confianza en la razón como método para alcanzar el conocimiento; defensa de la libertad de pensamiento y la tolerancia (contra el dogmatismo, la superstición y la intolerancia religiosa); idea de progreso como forma para alcanzar la riqueza y la felicidad; y crítica a la organización social vigente sustentada en los privilegios de sangre en lugar de basarse en el mérito, al régimen señorial y al poder absoluto del monarca.
Fue bajo el reinado de Carlos III cuando floreció la más amplia generación ilustrada española, que combinó la actividad intelectual con la política (conde de Aranda, Floridablanca, Campomanes y Jovellanos). El pensamiento ilustrado español no tuvo la importancia de otros países y no pudo difundirse ampliamente a través de las universidades, por lo que se crearon las academias y las Sociedades Económicas de Amigos del País, nacidas para desarrollar la economía y fomentar la educación técnica. Carlos III fue el mejor representante del despotismo ilustrado que concilió el absolutismo monárquico con la Ilustración en un intento de mejorar la economía y la organización del Estado. Tras el motín de Esquilache, la política reformista adoptó un carácter mucho más moderado y muchas medidas fueron rechazadas por la oposición de los privilegiados.
Las medidas destacadas fueron de diversa índole:
- Religiosas: expulsión de los jesuitas; limitación del poder de la Inquisición.
- Económicas: creación de la Lotería Nacional y del Banco Nacional de San Carlos; liberalización del comercio con América; limitación de privilegios de la Mesta; desamortización de bienes comunales; colonización de tierras despobladas…
- Militares: creación del servicio militar obligatorio.
- Sociales: dignificación del trabajo industrial y comercial y apoyo al desarrollo educativo y científico.
Notas históricas adicionales sobre Al-Ándalus y las taifas
Las taifas y las invasiones bereberes (1031-1246). Desde principios del siglo XI la debilidad del califato dio lugar a una multitud de pequeños Estados independientes (taifas). Se creó así un mapa político fragmentado que reflejaba las profundas divisiones étnicas y políticas de la sociedad andalusí. Los reinos cristianos aprovecharon esta situación para exigir a las taifas el pago de parias y para potenciar la reconquista de los territorios musulmanes (reconquista de Toledo, 1085). En 1086, los almorávides, que eran bereberes del norte de África que profesaban los principios más estrictos del islam, al mando de Yusuf ibn Tashfin, cruzaron el estrecho de Gibraltar y derrotaron a los castellanos en Sagrajas. Más tarde iniciaron la ocupación de diversas taifas. Su dominio se basó en la ocupación militar y en la imposición de la ortodoxia religiosa. Pero los avances cristianos y la impopularidad de algunas medidas adoptadas provocaron la llegada de los segundos reinos de taifas.
En el siglo XII, algunas de estas nuevas taifas volvieron a pedir ayuda a los almohades. La invasión almohade fue lenta y difícil y solo llegó a controlar la parte sur del antiguo territorio de Al-Ándalus. La derrota almohade en Las Navas de Tolosa (1212) frente a Alfonso VIII marcó el principio de la decadencia almohade. Durante la época de dominio almohade se construyeron la Giralda y la Torre del Oro. La fragmentación del poder político permitió la aparición de las terceras taifas que, poco a poco, fueron cayendo en manos cristianas, con la sola excepción del reino de Granada.
El reino nazarí de Granada (1246-1492). Este reino se mantuvo como la única entidad política andalusí en territorio peninsular. En él consolidó su poder la dinastía nazarí, que mantuvo la independencia de Granada gracias a la masiva llegada de andalusíes procedentes de otros reinos musulmanes y gracias a una hábil gestión diplomática ante los reinos cristianos y ante los benimerines. Este reino alcanzó su máximo esplendor bajo los reinados de Yusuf I y Muhammad V en el siglo XIV, centuria en la que se construyeron las partes más importantes de la Alhambra. A principios del siglo XV la situación comenzó a cambiar. Los problemas sucesorios desestabilizaron el reino y Castilla aprovechó la situación para conquistar algunas ciudades. Finalmente, los Reyes Católicos pactaron con Boabdil la rendición de Granada (1492).
