Hombres del partido federal

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Fuerzas políticas marginadas del sistema

Evolución del republicanismo

Tras el fracaso del Sexenio Democrático, el republicanismo tuvo que hacer frente al desencanto de parte de sus seguidores y la represión de los gobiernos monárquicos. Además, los republicanos se hallaban fuertemente divididos en diversas tendencias.


La adaptación más rápida a las nuevas condiciones la protagonizó Emilio Castelar, que evoluciónó a medidas más moderadas. Debido a que la Restauración garantizaría el orden social, consideró posible que la monarquía asumiese algunos de los principios democráticos y creó el Partido Republicano Posibilista. Un caso contrario fue el del progresista Ruiz Zorrilla, que creó un partido más radical que defendía el uso de la violencia contra la monarquía, el Partido Republicano Progresista; las prácticas insurreccionales provocaron la ruptura de Salmerón con el partido de Zorrilla y la creación del Partido Republicano Centralista. El republicanismo con más adeptos y más fiel a su ideario inicial fue el Partido Republicano Federal, que seguía teniendo como líder a Pi y Margall.


Los republicanos consiguieron rehacerse cuando tuvieron una minoría importante en las Cortes en 1886. El sufragio universal masculino estimuló la formación de alianzas electorales (Uníón Republicana) en 1893 y 1901, que agrupaban las distintas familias republicanas a excepción de los posibilistas.

La reconversión del carlismo

Tras la derrota carlista en 1876, don Carlos de Borbón quedó fuera de España y el carlismo entró en crisis. Además, la Constitución del 76 descartaba la sucesión al trono a toda la rama carlista de los Borbones.
La dirección del carlismo tardó algún tiempo en readaptar su actividad para convertirse en un nuevo partido político. Carlos VII depositó su confianza como jefe del carlismo en Cándido Nocedal, que extendíó el Carlismo por el país. La renovación del partido quedó a cargo de Juan Vázquez de Mella, quien en 1886 propuso un programa adaptado a la nueva situación política. La propuesta carlista manténía la vigencia antiguos principios como la unidad católica, el fuerismo y la oposición a la democracia, pero ya no estaba a favor del Antiguo Régimen y aceptaba el nuevo orden liberal-capitalista.
Sin embargo, hubo una escisión en el partido cuyo líder fue Ramón Nocedal, hijo del primer líder carlista, y fundó el Partido Católico Nacional, que dejó de reconocer como rey a don Carlos y se convirtió simplemente en un partido católico integrista.

Otras fuerzas políticas

Dado que había ideas que pretendían la participación de los católicos en la política liberal, se fundó la Uníón Católica en 1881, liderada por Alejandro Pidal. Se trataba de un partido conservador y católico, diferenciado de los carlistas.
Los liberales también conocieron disidencias, en 1881, Segismundo Moret fundó el Partido Democrático-Monárquico, una escisión por la izquierda de los fusionistas de Sagasta, quienes reivindicaban los principios democráticos de la Constitución de 1869. En 1882, el general Serrano creó otro grupo llamado Izquierda Dinástica. 

El nacionalismo catalán

La regíón pionera en desarrollar un movimiento regionalista fue Cataluña, que tuvo un importante desarrollo económico superior a cualquier otra regíón, que dio lugar a una burguésía de empresarios muy influyente, los cuales utilizaron el proteccionismo al ver que sus intereses no estaban representados en los gobiernos.


Este desarrollo socioeconómico coincidíó con un Renacimiento cultural en Cataluña y la expansión del catalán. En este contexto, nacíó a mediados del s.XIX un movimiento conocido como la Renaixença, cuyo objetivo era la recuperación de la lengua e identidad catalanas. De este modo el catalanismo surgíó por la conjunción de varios factores.
Por otro lado, en los 80 se desarrolló el catalanismo político, que tuvo varias corrientes, entre ellas estaban las tradicionales(Torras y Bages), las progresistas (Valentí Almirall). Almirall fundó el Centre Catalá, que empezó a defender la autonomía catalana.


Un paso importante en la consolidación del catalanismo político fue la elaboración de las Bases de Manresa en 1893, un documento producido por la Uníó Catalanista, que propónía un pacto con la corona que reconocía a Cataluña como una entidad autónoma dentro de España. El regionalismo pasó entonces a convertirse en nacionalismo.
En 1901 se creó la Lliga Regionalista, fundada por Enric Prat y Francesc Cambó; el partido aspiraba a participar en la vida política y a tener representantes en las instituciones que defendiesen los intereses del catalanismo.

El  Nacionalismo vasco

El nacionalismo vasco surgíó en la década de 1890. El desarrollo de una corriente cultural en defensa del euskera, dio lugar a la creación del movimiento de los euskaros, con un importante componente religioso y de defensa de las tradiciones.
Su gran propulsor fue Sabino de Arana, que creyó ver un peligro para la cultura vasca en la llegada de inmigrantes de otras regiones de España a la zona minera e industrial de Bilbao. Pensaba que esta población de maketos ponía en peligro el euskera.
Las propuestas de Arana prendieron en varios sectores, y en 1895 se creó el Partido Nacionalista Vasco en Bilbao. Arana popularizó un nombre para su patria, Euxkadi, una bandera propia y propuso un lema para el partido, “Dios y ley antigua”. El movimiento estaba impregnado por un gran sentimiento católico y de defensa de tradición.

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