Instauración del nazismo en Alemania

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6.2. Nacimiento y auge del Partido Nazi

Los orígenes del nazismo se remontan a 1920, momento en el que Hitler funda el Partido Nacionalsocialista de los Trabajadores.
Como emblema el partido escogíó la bandera roja con la cruz gamada (símbolo de muchas culturas, entre ellas los germanos) y a imitación del Partido Fascista pronto se dotó de unas fuerzas paramilitares para mediante la violencia alcanzar sus objetivos. Estas fueron las SA*
O Secciones de Asalto, dirigidas por Ernst Röhm.

            Su primer intento de asalto al poder resultó un fracaso. El Putsch (golpe) de la cervecería de Múnich fue desarticulado por la policía y el ejército y Hitler acabó siendo encarcelado. En prisión escribiría la obra que resume su ideología, Mein Kampf*
(Mi Lucha) en donde exprésó su desprecio por la democracia parlamentaria y su odio al bolchevismo y al pueblo judío (antisemitismo)
. Defendía además la superioridad de la raza aria y la necesidad de forjar un gran Imperio (Reich) que uniese a todos los pueblos de habla alemana.

            Hitler sabía que necesitaba el apoyo masivo de la población si quería llegar a triunfar. Para ello, haciendo uso de una excelente oratoria, lanzo discursos demagógicos en los que prometíó trabajo para todos, subida de sueldos y avanzar hacia una sociedad más solidaria, un discurso abiertamente socialista. Pero también manipulaba a la población identificando a judíos, comunistas y demócratas como los culpables de la crisis de posguerra y del crack del 29 (caída de la bolsa de Nueva York, que afectó a todo el mundo capitalista), que afectó fuertemente a Alemania cuando todas las inversiones y capitales estadounidenses fueron retiradas del país. Todo esto en medio de un ambiente de extrema tensión creado por las SA, enfrentadas en las calle con las milicias comunistas, mientras que de forma hipócrita afirmaban ser la única garantía de orden social.


6.3. El nazismo al poder

            La crisis socieconómica llegó a niveles máximos en 1932. Arruinados por la crisis, la población fue dejándose seducir por las propuestas de los partidos extremistas. Burgueses arruinados, campesinos y obreros desesperados se unieron en masa a los nazis, atraídos por sus promesas. Los intelectuales y la mayoría de los obreros se unieron a las filas de los comunistas.

            Igual de clave fue para el Partido Nazi el apoyo del gran capital. Los grandes industriales y banqueros de Alemania financiaron las campañas electorales de Hitler.

            Las elecciones de 1932 les dieron a los nazis más de 13 millones de votos pero Hindenburg, el Presidente de la República, se resistíó a cederles el poder. La enorme crisis que atravesaba Alemania y las presiones del mundo de la política y de la economía hicieron que finalmente Hitler fuese nombrado canciller a principios de 1933. Poco tiempo después los nazis provocaron el incendio del Reichstag del que acusaron a los comunistas.

            La manipulación periodística nazi del incidente fue aprovechada por Hitler para eliminar todo rastro de democracia en Alemania y exigir plenos poderes.


7.1. La dictadura nazi

Tras la muerte de Hindenburg en 1934 los nazis transformaron Alemania en una dictadura, siendo Hitler el Führer y canciller del III Reich.

            Este objetivo se consiguió mediante la eliminación de todos los partidos políticos (salvo el Partido Nazi) y los sindicatos, la clausura del Parlamento así como la supresión de las elecciones y de las libertades individuales. De forma paralela a este proceso se inicio una implacable persecución de la oposición.

            Para controlar el total del estado alemán se depuró la administración pública con leyes que autorizaban el despido por motivos políticos y raciales. El poder judicial dejó de ser independiente y quedó sometido a la voluntad de los nazis.

            Controlado todos los resortes del estado, los nazis se apresuraron a la manipulación de toda la sociedad alemana con el fin de asegurar su sometimiento. Sus políticas pusieron énfasis en la cohesión social, desde el punto de vista de la superioridad de la raza aria y la ideología del nacionalsocialismo. La educación, la cultura y el arte debían seguir las consignas nazis, la prensa fue duramente censurada y se crearon listas de autores prohibidos, incluso se organizaron quemas de libros considerados perniciosos.

            La mujer fue totalmente relegada en la sociedad nazi pues limitaba su actividad a las llamadas tres «K»: Kínder (hijos), Kïrche (iglesia), Küche (cocina).

            Finalmente, y para asegurar el adoctrinamiento de la juventud, se crearon las Juventudes Hitlerianas (Hitlerjugend) y La Liga de Muchachas Alemanas (Bund Deutscher Mädel) que se encargaban de orientar el ocio y la educación de los jóvenes.

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