Isabel II y la transformación liberal en España (1833–1868)

Minoría de edad

Al morir Fernando VII, su hija Isabel II contaba con tres años, por lo que la regencia recayó sobre su madre, María Cristina. Para hacer frente a los partidarios del hermano del rey, Carlos María Isidro, María Cristina se vio abocada a pactar con los liberales.

Desde 1830 se implantó de manera progresiva el liberalismo en España. Esta reforma se inició con el gobierno del moderado Cea Bermúdez. Además, el ministro de Fomento, Javier de Burgos, dividió el territorio español en 49 provincias en 1833.

Tras el estallido de la Primera Guerra Carlista, María Cristina buscó un mayor apoyo entre los liberales y reemplazó a Cea Bermúdez en 1834 por el liberal moderado Martínez de la Rosa. Con él se decretó el fin de la Inquisición y se produjo la disolución de la Mesta, de los gremios y de los mayorazgos, además de la abolición del régimen señorial.

En 1834 se promulga el Estatuto Real, una carta otorgada que limita el poder del rey y que marca el final oficial y definitivo del Antiguo Régimen en España.

Para contar con mayor apoyo liberal, María Cristina reemplazó a Martínez de la Rosa por el progresista Juan Álvarez de Mendizábal, quien en 1836 restableció la Constitución de 1812. Poco después fue sustituido por el moderado Istúriz, lo que provocó el motín de la Granja de San Ildefonso por parte de un grupo de sargentos progresistas.

Tras esto, la regente nombró un nuevo gobierno progresista dirigido por José María Calatrava y con Mendizábal como ministro de Hacienda, quien en 1837 llevó a cabo la famosa desamortización de Mendizábal.

Además, en 1837 se promulgó una nueva Constitución, en la que se establecía un sistema parlamentario.

Tras la Primera Guerra Carlista (1833–1840), que se resolvió con el Convenio de Vergara entre Espartero y Maroto, Espartero aprovechó su popularidad para enfrentarse a la regente, que se exilió. Desde 1841 hasta 1843, Espartero se convirtió en regente.

En 1852 se firmó un acuerdo de libre comercio con Reino Unido que perjudicaba económicamente a Cataluña, que se sublevó. Como represalia, el ejército de Espartero bombardeó Barcelona.

Tras estos acontecimientos, el pronunciamiento del general Nárvaez forzó la renuncia de Espartero; las Cortes decretaron la mayoría de edad de Isabel II a sus trece años.

Década moderada

Estos años estuvieron marcados por el moderantismo o liberalismo doctrinado.

Las posiciones conservadoras quedaron fijadas en la Constitución de 1845, que decretaba la soberanía compartida, un sistema bicameral, el sufragio censatario y que reconocía al catolicismo como religión oficial.

Más tarde, en 1851 se firmó el concordato con Roma (Roma aceptaba las desamortizaciones de las iglesias mientras el Estado siguiese siendo católico).

Los liberales progresistas accedieron de nuevo al poder a través de la Vicalvarada de 1854, encabezada por el general moderado O’Donnell. Esto supuso el inicio del bienio progresista.

Características generales

  • Sistema político: predominio del moderantismo.
  • Religión: reconocimiento del catolicismo como religión oficial.
  • Política exterior: intervenciones en México, Marruecos, Perú, entre otros.

Bienio progresista

Durante el nuevo gobierno de Espartero y en el contexto del bienio progresista se aprobaron reformas clave para la modernización de España:

  • Desamortización de Madoz.
  • Ley General de Ferrocarriles.
  • Constitución non nata de 1856, que nunca llegó a entrar en vigor.

El año 1856 estuvo marcado por el malestar popular, la importancia del movimiento obrero y la represión y el desorden, lo que permitió a la reina llamar de nuevo a los moderados para que formasen gobierno.

Final de la monarquía

Al principio volvieron a ostentar el poder los liberales moderados de Narváez entre 1856 y 1858. Desde ese año hasta 1863 tuvo lugar el gobierno de O’Donnell y la Unión Liberal. Fue una época de crecimiento económico y estabilidad política: auge de la bolsa, construcción de la red ferroviaria, primera gran ley de educación y una política exterior con intervenciones en México, Marruecos y Perú.

Entre 1863 y 1868 se alternaron en el gobierno Narváez, O’Donnell y Narváez de nuevo. Fue un momento de crisis económica en Europa, de represión por parte del gobierno y de creciente impopularidad de la reina, lo que provocó sucesos como la Noche de San Daniel o la revolución del pan y del queso.

En 1866 se firmó el Pacto de Ostende (Bélgica), donde la oposición se confabuló para expulsar a Isabel II ante los contundentes escándalos de la corte. Finalmente, en 1868 el almirante Topete realizó un pronunciamiento militar en Cádiz mediante el manifiesto «España con honra» y se produjo el exilio de la reina. El ejército isabelino fue derrotado en Alcolea. Fue la Gloriosa Revolución que dio paso al Sexenio revolucionario.

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