La Constitución de 1876 y el sistema político de la Restauración

b) Describa brevemente las características esenciales de dicha Constitución.

Las bases del nuevo sistema quedaron fijadas en la Constitución de 1876, de carácter moderado e inspirada en parte en la Constitución de 1845:

  • Soberanía compartida entre las Cortes y la Corona, institución que estaba al margen de cualquier decisión política.
  • Reconocía a la Corona como uno de los pilares del nuevo régimen y se le otorgaba el derecho de veto, la potestad legislativa compartida con las Cortes y el nombramiento de los ministros.
  • Cortes organizadas en dos Cámaras: El Congreso de los Diputados y el Senado.
  • Confesionalidad católica del Estado español y restablece el presupuesto de culto y clero.
  • Amplia declaración de derechos, pero su concreción se remitía a leyes ordinarias que, en la práctica, tendieron a restringirlos (especialmente los derechos de imprenta, asociación y reunión).

Explica brevemente los elementos fundamentales del sistema ideado por Cánovas.

El sistema político de la Restauración tenía un carácter conservador y se sentaba en un sistema parlamentario liberal, pero escasamente democrático. Se trataba de crear un sistema, a imitación del británico, que tuviese estabilidad y que no propiciase las intervenciones del ejército en forma de pronunciamientos, con el fin de no ofrecer fisuras políticas en la unión de la burguesía frente a las emergentes fuerzas del proletariado. Por ello se necesitaba una Constitución abierta y flexible (la Constitución de 1876), capaz de adaptarse a distintas concepciones políticas.

El sistema político de la Restauración se basaba en la existencia de dos grandes partidos, el conservador y el liberal, que coincidían ideológicamente en lo fundamental, pero asumían dos papeles complementarios. Ambos partidos defendían la Monarquía, la Constitución, la propiedad privada y la consolidación del Estado liberal, unitario y centralista.

Para el ejercicio del gobierno se contemplaba el turno pacífico o alternancia regular en el poder de las dos grandes opciones dinásticas, cuyo objeto era asegurar la estabilidad institucional mediante la participación en el poder de las dos grandes familias del liberalismo.

En la práctica, la articulación del turno de partido se asentó en el fraude electoral. La base del sistema fraudulento era el caciquismo, consistente en toda una red de influyentes dirigentes locales, provinciales y nacionales (dirigida por la oligarquía terrateniente y burguesa) que manejaban las elecciones, de manera que el mecanismo electoral se convertía en una farsa manipuladora, en una pura ficción, cuyo objetivo era impedir que otros partidos accediesen al poder, en especial los partidos republicanos o de izquierdas.

Explique brevemente el funcionamiento del sistema electoral que favorecía este proceso.

La articulación del turno de partido se asentó en el fraude electoral y el manejo de las elecciones. La base del sistema fraudulento era el caciquismo, consistente en toda una red de influyentes dirigentes locales, provinciales y nacionales (dirigida por la oligarquía terrateniente y burguesa) que manejaban las elecciones, de manera que el mecanismo electoral se convertía en una farsa manipuladora, en una pura ficción, cuyo objetivo era impedir que otros partidos accediesen al poder, en especial los partidos republicanos o de izquierdas.

Los caciques eran individuos que, por su poder económico o por sus influencias políticas, controlaban una circunscripción electoral. La mecánica del proceso era la siguiente: cuando los máximos dirigentes de los partidos llegaban al acuerdo de un cambio de gobierno, el rey encargaba la formación de gobierno al líder del partido contrario, se disolvían las Cortes y se convocaban elecciones.

Entonces, el ministro de Gobernación realizaba el encasillado, es decir, decidía los diputados que debían ser elegidos por cada distrito (generalmente, en proporción de 1/3 a favor del partido que debía ganar). Los gobernadores civiles transmitían la lista de candidatos «ministeriales» a los alcaldes y caciques y todo el aparato administrativo se ponía a su servicio para garantizar su elección.

Todo un conjunto de trampas electorales ayudaba a conseguir este objetivo: es lo que se conoce como «pucherazo» (sistemática adulteración de los resultados electorales). Así, para conseguir la elección del candidato gubernamental, no se dudaba en falsificar el censo, incluyendo a personas muertas («lázaros») o impidiendo votar a las vivas, manipular las actas electorales, ejercer la compra de votos y amenazar al electorado con coacciones de todo tipo (impedir la propaganda de la oposición e intimidar a sus simpatizantes o no dejar actuar a los interventores, etc).

Explique brevemente qué se entiende por Régimen de la Restauración.

En la Historia de España, el término «Restauración» designa al periodo que va desde el retorno de la dinastía borbónica tras el Sexenio Revolucionario (Diciembre, 1874) hasta el inicio de la dictadura de Primo de Rivera (Septiembre, 1923). Supone el retorno al sistema monárquico y al dominio político de las oligarquías socio-económicas que habían detentado el poder en el periodo isabelino. Fue un tiempo de estabilidad constitucional, de modernización y cierta prosperidad económica y de alejamiento del ejército de la vida política, pero también fue la época del dominio de la burguesía oligárquica, del caciquismo y del falseamiento electoral que dejaban a la mayor parte de la población fuera del sistema.

Describa brevemente las causas y consecuencias de dicha Guerra.

Causas:

  • El incumplimiento por parte de España del Convenio de Zanjón.
  • La incapacidad económica española para absorber plenamente la producción de azúcar y de otros productos cubanos e incapacidad para proveer a la isla de manufacturas.
  • Los criollos creían que España estaba bloqueando la expansión económica de la isla.
  • La creciente atracción de los sectores más dinámicos de la isla por la órbita de influencia norteamericana.
  • El ostensible aumento del sentimiento patriótico en Cuba.

La insurrección comienza en 1895 en la parte occidental de la isla, sus líderes consiguieron extender la guerra a la parte oriental. El gobierno español respondió enviando un ejército al mando del general Martínez Campos. La falta de éxitos militares de este general llevó al gobierno a relevarlo por el general Weyler, que empleó métodos más contundentes para acabar con la insurrección. El asesinato de Cánovas en 1897 llevó al nuevo gobierno liberal a reemplazar a Weyler para apostar por una estrategia de conciliación. Esta estrategia falló y el alargamiento de la guerra propició la intervención de Estados Unidos tras la explosión del acorazado Maine en el puerto de La Habana.

Explique brevemente su contenido y consecuencias.

En diciembre de 1898 se firmó la Paz de París, que significó el abandono por parte de España de Cuba, Puerto Rico, Filipinas y la isla de Guam (Marianas), a cambio de una indemnización de 20 millones de dólares, que quedaron a partir de ese momento bajo el dominio americano.

Fue un dictado de las exigencias norteamericanas, que España tuvo que acatar sin rechistar y de cuya ratificación fueron excluidos los cubanos, puertorriqueños y filipinos. El resto de las islas del Pacífico (Marianas, Carolinas y Palaos) fueron vendidas a Alemania un año después. En 1900, España vendería a EEUU algunas islas del archipiélago de Joló que no habían sido incluidas en el tratado de paz.

Consecuencias:

La derrota de 1898 sumió a la sociedad y a la clase política española en un estado de desencanto y frustración. Para quienes la vivieron significó la destrucción del mito del Imperio Español, en un momento en el que las potencias europeas estaban construyendo amplios imperios coloniales en África y Asia, y la relegación de España a un papel secundario en el contexto internacional. La prensa extranjera presentó a España como una nación moribunda, con un ejército totalmente ineficaz, un sistema político corrupto y unos políticos incompetentes. Y esa visión cuajó en buena parte de la opinión pública. La crisis del 98, el llamado «desastre», fue un aldabonazo que hizo requebrajar las bases del Sistema de la Restauración.

Explica brevemente la política del gobierno español ante esta insurrección.

En 1892, José Martí fundó el Partido Revolucionario Cubano, protagonista de la revuelta independentista «El Grito de Baire» en 1895. La insurrección comenzó en la parte oriental de la isla y entre sus dirigentes contó con Antonio Maceo y Máximo Gómez, que consiguieron extender la guerra a la parte occidental. El gobierno de Cánovas respondió enviando un ejército a Cuba, al mando del general Martínez Campos. La falta de éxitos militares llevó al relevo de Martínez Campos por el general Weyler. La ofensiva de Weyler fue la construcción de una serie de líneas fortificadas, las célebres trochas, que dividieron la isla en tres sectores aislados y concentró a la población campesina en los poblados para impedir que prestaran apoyo a los insurgentes. La dificultad de proveer de alimentos y facilitar la asistencia médica, tanto al ejército como a los campesinos, trajo una elevada mortalidad entre la población civil y entre los soldados. Estas duras condiciones fueron criticadas por el presidente norteamericano William McKinley, que exigió la pacificación de la isla, pidiendo autorización a las Cámaras de Representantes de su país para utilizar la fuerza contra España. Se llegó a gestionar la compra de la isla por 300 millones de dólares, pero la regente María Cristina y el gobierno español se opusieron rotundamente, considerando esta propuesta como una gravísima ofensa. Tras el asesinato de Cánovas en 1897, un nuevo gobierno liberal decidió, a la desesperada, probar la estrategia de la conciliación. Se relevó a Weyler del mando y se concedió a Cuba autonomía, el sufragio universal, la igualdad de derechos entre insulares y peninsulares y la autonomía arancelaria. Pero las reformas llegaron demasiado tarde: los independentistas, que contaban con el apoyo de los EEUU, se negaron a aceptar el fin de las hostilidades.

Explique las consecuencias para España de la crisis del 98 en los ámbitos económico, político e ideológico.

Consecuencias económicas y políticas:

A pesar de la envergadura del desastre y de su significado simbólico, sus repercusiones inmediatas fueron menores de lo que se esperaba. No hubo una gran crisis política, como se había vaticinado, ni la quiebra del Estado y el sistema de la Restauración sobrevivió al «desastre» consiguiendo la supremacía del turno dinástico. No hubo una gran crisis económica a pesar de la pérdida de los mercados coloniales protegidos y de la deuda causada por la guerra.

Las estadísticas de la época nos muestran que en los primeros años del siglo XX se produjo una inflación baja, una reducción de la Deuda Pública y una considerable inversión proveniente de capitales repatriados. Ante la ausencia de materias primas y cultivos cubanos, se relanzaron los productos canarios (plátano y caña de azúcar) y se produjo la expansión de la remolacha azucarera en el sur peninsular.

Por otro lado, los movimientos nacionalistas conocieron una notable expansión, sobretodo en el País Vasco y en Cataluña, donde la burguesía industrial comenzó a tomar conciencia de la incapacidad de los partidos dinásticos para desarrollar una política renovadora.

Consecuencias ideológicas:

Tras el 98 surgieron una serie de movimientos regeneracionistas cuyos ideales quedaron ejemplificados en el pensamiento de Joaquín Costa, que propugnaba la necesidad de dejar atrás los mitos de un pasado glorioso, modernizar la economía y la sociedad y alfabetizar a la población («escuela, despensa y siete llaves al sepulcro del Cid»). También defendía la necesidad de organizar a los sectores productivos de la vida española al margen del turno dinástico con unos nuevos planteamientos que incluyesen el desmantelamiento del sistema caciquil y la transparencia electoral.

Además, el «desastre» dio cohesión al grupo de intelectuales, conocido como la Generación del 98 (Unamuno, Valle Inclán, Pío Baroja…), todos ellos se caracterizaron por su profundo pesimismo, su crítica frente al atraso peninsular y plantearon una profunda reflexión sobre el sentido de España.

Finalmente, la derrota militar supuso también un importante cambio en la mentalidad de los militares, que se inclinaron en buena parte a posturas más autoritarias e intransigentes frente al antimilitarismo que siguió al «desastre». Esto comportó el retorno de la injerencia del ejército en la vida política española, convencido de que la derrota había sido culpa de la ineficacia de los políticos y del parlamentarismo.

Explique el concepto de desamortización.

Es el proceso que emprendieron los gobiernos liberales, consistente en la incautación por parte del Estado de bienes raíces (tierras, edificios, caminos, minas, todas aquellas propiedades que no pueden moverse del lugar en el que se hallan), eclesiásticos y/o civiles, y su posterior venta a particulares. Sus consecuencias fueron importantes: se produjo el desmantelamiento casi completo de las fuentes de riqueza de la Iglesia, se eliminó la propiedad comunal, se redujo el problema de la deuda del estado, no aumentó sensiblemente la producción agrícola, la compra de tierra inutilizó un dinero que podría haberse invertido en el desarrollo industrial y acentuó el latifundismo en algunas zonas de España. Además, se produjo la pérdida y el expolio de bienes artísticos y culturales.

Explique brevemente en qué consistió dicha desamortización.

En 1836, durante la regencia de María Cristina, el gobierno (cuyo ministro de Hacienda era Mendizábal) nacionalizó todos los bienes de las órdenes religiosas (bienes eclesiásticos), que fueron puestos a la venta mediante subasta pública a la que podían acceder los particulares. Las tierras podían comprarse en metálico o a cambio de títulos de la deuda pública.

Con la desamortización, Mendizábal pretendía alcanzar cuatro objetivos: el objetivo de carácter financiero, el objetivo político de ampliar el número de fieles al liberalismo y al trono de Isabel II, el objetivo social de crear una clase media agraria de campesinos propietarios fieles al régimen y desmantelar el poder económico de la Iglesia y mermar su influencia contrarrevolucionaria.

Las medidas desamortizadoras no condujeron a una auténtica reforma agraria; Mendizábal, apremiado por la urgencia de paliar el déficit público, eligió para la venta el sistema de subasta pública, y con ello, la propiedad de los bienes de la Iglesia pasaría al mejor postor, es decir, al más rico (terratenientes y acomodados burgueses que eran los únicos que en ese momento tenían liquidez).

CONCLUSIÓN CUBA

La derrota de 1898 sumió a la sociedad y a la clase política española en un estado de desencanto y frustración. Para quienes la vivieron significó la destrucción del mito del Imperio Español, en un momento en el que las potencias europeas estaban construyendo amplios imperios coloniales en África y Asia, y la relegación de España a un papel secundario en el contexto internacional. La prensa extranjera presentó a España como una nación moribunda, con un ejército totalmente ineficaz, un sistema político corrupto y unos políticos incompetentes. Y esa visión cuajó en buena parte de la opinión pública. La crisis del 98, el llamado «desastre», fue un aldabonazo que hizo requebrajar las bases del Sistema de la Restauración.

CONCLUSIÓN DESAMORTIZACIÓN

La desamortización constituyó la medida más revolucionaria entre las adoptadas por los gobiernos liberales en España. Pero no fue suficiente. No solamente no propició un mejor reparto de la propiedad de la tierra (muy al contrario, aumentó las diferencias entre una burguesía rural enriquecida y un campesinado cada vez más pobre), sino que tampoco contribuyó a la modernización económica de España.

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