La fallida revolucion industrial

13.1.1 La liberalización del mercado de la tierra y las desamortizaciones

 La eliminación de las trabas del Antiguo Régimen era condición necesaria para liberalizar el mercado de la tierra.
A partir de 1836, los progresistas adoptaron tres medidas fundamentales, que se habían planteado ya en los anteriores intentos de revolución liberal:-
La supresión de los mayorazgos (1836),que transformó los bienes vinculados a los mayorazgos en propiedades plenas y libres.-
La abolición del régimen señorial (1837) tenía una doble vertiente: por un lado, se anulaban los derechos señoriales de carácter jurisdiccional sin indemnización; y por otro, se transformaban las tierras de los señoríos en propiedades plenas y libres. Pero en las leyes del Antiguo Régimen existían dos derechos diferentes sobre la tierra señorial: el dominio útil del campesino, que la explotaba y la transmitía a sus herederos; y el dominio directo del señor, que podía exigir a los campesinos tributos por las tierras que cultivaban. Esto no se correspondía con el concepto capitalista de propiedad, por lo que se planteaba quién tenía más derecho a la tierra, si el señor o el campesino. En los años 30, en general, se otorgó la propiedad a los antiguos señores, en perjuicio de los campesinos.
-Las desamortizaciones consistieron en la expropiación, por parte del Estado, de las tierras eclesiásticas y municipales para su posterior venta a particulares en pública subasta. Aunque se dieron algunos precedentes,el proceso de desamortización se desarrolló a partir de 1836-37 en dos fases:la desamortización de Mendizábal y la de Madoz.

1) La desamortización de Mendizábal, 1836-1844

Se inició en una etapa de gobierno progresista y consistió en la venta por subasta de las tierras expropiadas a la Iglesia.Sus objetivos, determinados por la crítica situación que atravesaba el país -primera guerra carlista y estado ruinoso de la Hacienda-, fueron tres: sanear la Hacienda; financiar la guerra civil contra los carlistas; y convertir a los nuevos propietarios en partidarios de la causa liberal frente al carlismo.
2) La desamortización de Madoz, 1855-56, durante el Bienio Progresista, incluía las tierras de la Iglesia aún no vendidas y principalmente las de propiedad municipal. Se pretendía reducir la deuda pública, pero también destinar parte de los ingresos obtenidos a financiar la construcción de las infraestructuras necesarias para modernizar la economía, en especial la red de Ferrocarriles. Las consecuencias económicas y sociales de las desamortizaciones  y de las otras reformas agrarias liberales fueron las siguientes:-La estructura de propiedad existente en cada zona de España (latifundio, mediana propiedad y minifundio)
quedó consolidada por el proceso  desamortizador.-
Se sacrificaron los intereses de los campesinos no propietarios plenos, no reconociéndoles sus derechos sobre las tierras señoriales o municipales, ni facilitándoles el acceso a las propiedades desamortizadas. El otro sector social perjudicado fue el clero, cuyas tierras fueron expropiadas.-
Apareció un nuevo propietario rural, formado por burgueses de las ciudades, que aprovecharon la venta de grandes extensiones de tierra, para convertirse en terratenientes agrarios. Este propietario no actuó como empresario agrario, no invirtió sus beneficios en la mejora de sus tierras, sino que se conformó con las rentas obtenidas en sus latifundios. Este comportamiento rentista fue también el de la nobleza (que había obtenido como propiedad privada las tierras de los antiguos señoríos).
Este nuevo tipo de propietario agrario (nobleza y burguesía terrateniente) no se veía obligado a invertir en sus explotaciones, porque la abundancia de una muy numerosa mano de obra agrariales permitía obtener grandes beneficios, debido a los bajos jornales que pagaban. Además, la política proteccionista del s/XIX en España, encareciendo mucho la importación de alimentos (sobre todo cereales, cultivo predominante en los latifundios españoles), reservó el mercado nacional para los grandes propietarios que pudieron vender sus productos a un precio elevado a costa del nivel de vida de las clases populares españolas. –
Se pusieron en cultivo grandes extensiones de tierra, no explotadas anteriormente.
Esto aumentó la producción agraria, pero no la productividad de la agricultura, que siguió siendo, salvo en algunas regiones (Cataluña, Levante), muy inferior a la de las agriculturas más desarrolladas de Europa. El tipo de gran propietario agrario en España del s-XIX,tras las transformaciones agrarias, fue una de las causas fundamentales de esta baja productividad de la tierra. La otra fue la existencia norte de España de minifundios,cuyos propietarios obtenían de la tierra lo necesario para subsistir, por lo que su capacidad de inversión era nula.


13.1.2. La Industria. La fallida revolución industrial

  En España se pretendió impulsar, como en otros países de Europa, el proceso de revolución industrial, para transformar la vieja estructura económica agraria, en otra nueva, basada en el desarrollo de la industria y del comercio.  Pero los resultados no se correspondieron con los objetivos.

La industria textil catalana

Cataluña fue la única zona donde la industrialización se originó con capitales autóctonos, con empresas de tamaño mediano. El sector algodonero fue el más dinámico y, como en el caso de Inglaterra, actuó como motor de la industrialización regional. Su prosperidad se debió a tres razones: la posición de ventaja con que partía, dado el anterior desarrolló artesanal y el temprano despegue industrial de Cataluña en el s-XVIII; la iniciativa empresarial de la burguesía catalana, que modernizó sus industrias con la incorporación de nuevas máquinas y técnicas de producción; y la protección arancelaria, que la puso a salvo de la competencia inglesa y le permitió, tras la pérdida del mercado colonial americano, orientar su producción al mercado nacional. 

La siderurgia

Para el desarrollo de la industria siderúrgica se requiere hierro, carbón en abundancia y de calidad; y que la demanda de productos siderúrgicos sea lo suficientemente alta para rentabilizar las elevadas inversiones iniciales.  La inexistencia en España de buen carbón y de demanda suficiente explica el desarrollo accidentado de esta industria, cuya localización cambió a lo largo del s-XIX:-La etapa andaluza (Málaga), hasta los años sesenta. Se basaba en la explotación del hierro de la zona, pero la falta de carbón mineral obligaba a recurrir al vegetal, mucho más caro. Su apogeo coincidió con las guerras carlistas, que impedían la explotación de las minas del norte.-La etapa asturiana, entre los años sesenta y ochenta, en torno a las cuencas carboníferas de Mieres y Langreo.  Se basaba en la abundancia de carbón en la zona, aunque no era de gran calidad.-El verdadero despegue de la industria siderúrgica española se inició a finales del siglo, en Vizcaya, en torno a Bilbao, sobre todo por la actividad de unas pocas grandes empresas. La clave del éxito estaba en el eje comercial Bilbao-Cardiff (Gales): Bilbao exportaba hierro y compraba carbón galés, más caro, pero de calidad superior y, por tanto, más rentable. Un sector acaparado por los extranjeros: la minería. España era rica en reservas de hierro, plomo, cobre, mercurio y cinc. Además, los yacimientos estaban próximos a zonas portuarias, lo que facilitaba la exportación de los minerales. Sin embargo, la minería española no alcanzó su pleno apogeo hasta el último cuarto del siglo, en que se convirtió en uno de los sectores más activos. La ley de Bases sobre Minas de 1868, promulgada durante el Sexenio Democrático, simplificaba la concesión de la explotación (no de la propiedad) de las minas a compañías privadas. Se hicieron cargo de la explotación minera sobre todo compañías extranjeras, que extraían los minerales para su exportación en bruto a sus países de origen. España se convirtió en exportadora de materias primas minerales.En conclusión, la industrialización española del s-XIX fue limitada y con graves deficiencias por:-La geo­grafía del país, que dificultaba las comunicaciones, encare­cía el transporte y hacia difícil el desarrollo de un mercado nacional (hasta la construcción del ferrocarril). -El lento crecimiento demográfico, la escasa capacidad de compra de los sectores populares españoles (obreros industriales con bajos salarios, jornales de miseria para los jornaleros agrarios) y el atraso en la agricultura provocaron falta de mano de obra industrial, carencia de un excedente de productos agrícolas y de un mercado interior capaz de absorber la producción industrial. -La escasez de capital nacional fue la causa de que la moderna industria española se levantara con predominio de capital extranjero (salvo en Cataluña y, en cierta medida, en el País Vasco). La mayoría de los capita­listas españoles, en vez de invertir en la industria, compraron deuda pública y tierras desamortizadas,  y  especularon en Bolsa.

El Estado desempeñó un papel negativo, con la continua emisión de deuda, que atraía  capitales, y con una política proteccionista que favoreció el inmovilismo y la falta de cambios tecnológicos en el campo y en las fábricas. La industria se limitó en la práctica a dos focos:

la industria textil catalana y, desde finales de siglo, la siderurgia vasca. Pero ambos sectores eran poco competitivos en el exterior, lo que obligaba a mantener una política proteccionista para reservarles al menos el mercado nacional. A finales del siglo la economía del país seguía siendo una agricultura de escasos rendimientos, que ocupaba a un 70% de la población activa y generaba más del 50% de la renta nacional.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *