La Guerra Civil Española (1936-1939): contexto y resumen
La Guerra Civil de 1936 es el suceso más relevante de la historia de España en el siglo XX. En esta guerra se concentraron muchos de los problemas que la sociedad española contemporánea venía arrastrando desde el siglo XIX, pero la guerra fue el resultado de la propia dinámica social y política de España y de las tensiones surgidas en Europa en la difícil coyuntura de los años treinta, en la que se enfrentaron todas las grandes ideologías políticas existentes en el momento: democracia, socialismo, comunismo, anarquismo, nacionalismo, fascismo.
Orígenes inmediatos y causas profundas
El origen inmediato de la guerra civil estuvo en el pronunciamiento fallido que diversos generales golpistas protagonizaron. Sin embargo, la causa fundamental del conflicto bélico estuvo en las razones de la sublevación. La mayoría del Ejército, interpretando deseos de grupos sociales que se sentían amenazados por la democratización política y el reformismo social de la República, decidió la toma del poder y el establecimiento de una dictadura militar. Por su parte, el gobierno republicano se enfrentó a la rebelión militar, que tan sólo triunfó en una parte del territorio nacional. El fracaso del pronunciamiento dio paso a una guerra civil de tres años de duración.
Un grupo importante de altos mandos del Ejército fueron los organizadores de la insurrección contra el poder republicano. La conspiración contó con el apoyo de las fuerzas políticas más conservadoras, que colaboraron en la creación de una red de enlaces para extender el movimiento conspirador y buscar apoyo financiero. El Alzamiento se inició en la guarnición de Melilla el viernes 17 de julio, haciéndose con el poder en todo el Protectorado de Marruecos. Al día siguiente, Franco voló de Canarias hacia Marruecos y tomó el mando del Ejército de África, el más disciplinado y mejor preparado del Ejército español.
Reacción en el territorio y control de zonas
En Madrid y Barcelona la rebelión fue sofocada por las milicias obreras y algunos mandos militares leales a la República. Los rebeldes controlaron desde el primer momento territorios como el norte de Castilla y León, Galicia, Baleares, Canarias, gran parte de Aragón, Andalucía occidental, Navarra y el Protectorado de Marruecos. El bando sublevado tenía recursos industriales de menor envergadura, pero no tuvo problemas de abastecimiento.
La tarea de coordinación y unificación de las acciones de los insurrectos la llevó a cabo la Junta de Defensa Nacional, constituida en Burgos. La franja cantábrica, el País Vasco y la cuenca mediterránea desde Cataluña hasta Málaga permanecieron del lado de la República, incluido Madrid, que era el objetivo prioritario de los sublevados, así como buena parte de Extremadura y Andalucía oriental.
Situación interna en la República
El principal problema al que tuvo que enfrentarse el gobierno republicano fue el del abastecimiento de la población urbana. Los efectivos militares eran más desiguales. La organización militar quedó prácticamente desmantelada; su poder fue reemplazado por el de las milicias populares. Las organizaciones obreras, que habían conseguido finalmente que el gobierno les entregara armas, eran, en realidad, las dueñas de la calle. El gobierno de la República se debilitó porque apenas disponía de mecanismos para imponer su autoridad.
Percepción internacional y política de no intervención
La opinión internacional creyó desde el principio que el conflicto que dividía España era una lucha a muerte entre fascismo y democracia liberal. Se pensó que en España se estaba produciendo el enfrentamiento armado que muchos temían. Sin embargo, la Guerra Civil fue, en gran medida, un enfrentamiento propiamente español; se temía, no obstante, que la guerra pudiera internacionalizarse, por lo que se consideró necesario aislar el conflicto. Gran Bretaña presionó a Francia y ambas impulsaron una política de neutralidad. Así, en agosto de 1936 se creó en Londres el Comité de No Intervención.
La realidad fue que, a pesar de su adhesión a la política de no intervención, Italia, Alemania y Portugal continuaron ayudando a los rebeldes, mientras la U.R.S.S. hacía lo propio con la causa republicana.
Intervención extranjera y apoyo material
Desde los primeros días de la insurrección militar, tanto los sublevados como el gobierno republicano solicitaron ayuda extranjera urgente. Los sublevados recibieron apoyo de Alemania e Italia: barcos, artillería, tanques, municiones, equipos de transmisión y aviones. Alemania utilizó la guerra española para probar su nuevo armamento. Los sublevados construyeron un ejército profesional mucho más eficaz, lo que influyó decisivamente en su victoria. La Unión Soviética fue el único país que ayudó con armas y alimentos a la República, enviando aviones, carros de combate y abundante material bélico.
Sin embargo, el cierre de la frontera francesa hizo que estos efectivos llegaran de manera discontinua. La República recibió la ayuda de las Brigadas Internacionales, verdadero movimiento de solidaridad antifascista. Eran fundamentalmente jóvenes obreros y también intelectuales de ideología de izquierdas, siguiendo las directrices emanadas de la III Internacional.
Desarrollo militar: etapas principales
El conflicto atravesó en el aspecto militar cuatro grandes etapas. El objetivo prioritario de los sublevados fue tomar Madrid. Los ataques contra la capital debían llevarse a cabo simultáneamente desde el norte y desde el sur. Las tropas africanas se unieron a las tropas del norte. El gobierno republicano se trasladó a Valencia, encomendando la defensa de Madrid a una Junta que coordinó las operaciones militares y creó las milicias populares. Pese a los ataques aéreos, Madrid resistió heroicamente.
Fracasado el ataque a la capital, las tropas «nacionales» intentaron cortar las vías de comunicación, pero fueron derrotadas. Franco, que asumía las decisiones militares, optó por abandonar la zona centro y concentrar la lucha en el norte. Los sublevados lanzaron una gran ofensiva sobre el País Vasco. La franja cantábrica cayó en manos de los rebeldes y con ello la zona republicana perdió una región minera e industrial de primera importancia. Los republicanos contraatacaron, pero con escaso éxito; quedaba un solo frente desde los Pirineos hasta Málaga.
El reorganizado Ejército republicano se adelantó e inició una ofensiva sobre Teruel, que ocupó hasta febrero, cuando fue reconquistada por las tropas enemigas. Franco decidió el avance hacia el Mediterráneo a fin de romper el territorio republicano. La batalla del Ebro se saldó con la derrota republicana y su ejército quedó gravemente mermado; además, la batalla propició la retirada de las Brigadas Internacionales y dejó a la República en una situación aún más precaria.
La ocupación de Cataluña fue rápida y en muchos puntos sin resistencia organizada. Con la caída de Cataluña las estructuras políticas y militares del Estado republicano se derrumbaron. En Madrid, sin embargo, el jefe de gobierno y los comunistas intentaron resistir, pero en febrero de 1939 estallaron enfrentamientos internos entre partidarios y enemigos de la política de resistencia.
Fin de la guerra y último gobierno republicano
El gobierno de Negrín partió hacia el exilio y la Junta de Defensa abandonó la lucha en los frentes y entregó Madrid. El 1 de abril de 1939 el general Franco hizo público el comunicado del fin de la guerra. La Segunda República había llegado a su fin.
Factores de la victoria sublevada y reorganización política
Para explicar la victoria de la España «nacional» y la derrota de la España republicana no basta con considerar la correlación de fuerzas; es preciso sopesar otros factores. Los sublevados tuvieron claro su objetivo de ganar la guerra y alcanzaron un alto grado de cohesión militar y política bajo el mando. El Ejército se convirtió en la columna vertebral del nuevo régimen. Los grupos políticos que habían apoyado el Alzamiento no tenían coherencia ideológica, aunque tenían en común su aversión al Frente Popular.
Franco impulsó el Decreto de Unificación, por el que se creaba un partido único: Falange Española Tradicionalista y de las JONS. Franco se autoproclamó jefe del partido. El Nuevo Estado se organizó inspirándose en el modelo de los Estados fascistas italiano y alemán, que fueron sus aliados.
Revolución social, colectivizaciones y división republicana
El levantamiento militar se intentó justificar con el argumento de que el gobierno del Frente Popular estaba preparando una revolución comunista que eliminaría la propiedad privada y la religión para imponer un Estado al estilo soviético. Sin embargo, no había ninguna revolución generalizada, sino un programa reformista. Fue, más bien, el levantamiento el que provocó que se extendiera de inmediato una revolución social de carácter colectivista, que proponía cambiar el sistema de propiedad y destruir el poder del Estado. Las colectivizaciones estuvieron dirigidas por los sindicatos.
Los republicanos se dividieron entre quienes dieron prioridad a la victoria en la guerra y quienes quisieron hacer la revolución y ganar la guerra al mismo tiempo. Azaña dimitió en París como presidente de la República y el golpe de Estado del coronel Casado destituyó a Negrín y puso fin efectivo a la resistencia republicana.
Consecuencias sociales y memoria histórica
La guerra civil supuso una verdadera fractura moral para el país y varias generaciones estuvieron marcadas por el sufrimiento de la guerra y la represión de la posguerra. Sus heridas perduraron durante decenios y han continuado presentes en la memoria colectiva de los españoles. La guerra dio paso a un nuevo régimen político, el del general Franco, marcado en sus orígenes y en su devenir por aquel conflicto.
