La Segunda República Española: Claves de la Constitución de 1931 y los Bienios (1931-1936)

La Constitución de 1931: Democracia y Progreso

Fue una Constitución muy avanzada y marcada por un carácter democrático y progresista, que se evidenciaba en su primer artículo, donde se definía a España como «una república de trabajadores de todas las clases que se organiza en un régimen de Libertad y Justicia» y se establecía que todos los poderes emanan del pueblo. La Constitución agrupaba los siguientes principios fundamentales:

  • El Estado se configuraba de forma «integral», pero se aceptaba la posibilidad de constituir gobiernos autónomos en algunas regiones.
  • El poder legislativo residía plenamente en las Cortes, constituidas por una sola cámara.
  • El poder judicial residía en jueces independientes.
  • Se reconocía una amplia declaración de derechos y libertades y existía una preocupación por los temas sociales. Se garantizaba la igualdad absoluta ante la ley, la educación, el trabajo y la no discriminación. El Gobierno tenía el poder de expropiar bienes de utilidad social y se definía el trabajo como una obligación social. Por primera vez se concedió el voto a las mujeres, se proclamó la laicidad del Estado y se reconoció el matrimonio civil y el divorcio.

La Constitución no consiguió el consenso de todas las fuerzas políticas, y aunque fue aprobada por amplia mayoría, existían profundas discrepancias entre la izquierda y la derecha, sobre todo en la cuestión religiosa y autonómica.

La Crisis de la Restauración: La Semana Trágica (1909)

Después del Desastre de 1898, España inició la penetración en el norte de África. La Conferencia de Algeciras (1906) y el Tratado hispano-francés (1912) comportaron el establecimiento de un protectorado franco-español en Marruecos. A España se le concedió una franja en el norte, el Rif, y un enclave en la costa atlántica. España tenía intereses económicos y la voluntad política de restaurar el prestigio del Ejército, que pretendía convertir a España en una nueva potencia colonial.

Los ataques continuados de los rifeños obligaron a mantener una fuerte presencia militar española. Los rifeños infligieron una dura derrota a las tropas españolas en el barranco del Lobo y ocasionaron numerosas bajas. Entonces se decidió incrementar el número de soldados españoles en el Rif para evitar la caída de Melilla. Por ello, el Gobierno decidió enviar tropas formadas por reservistas, muchos de ellos casados. Esto provocó un importante movimiento de protesta popular en Barcelona, conocido como Semana Trágica, que tuvo el apoyo de anarquistas, socialistas y republicanos, sobre todo de familias humildes que no podían pagar el rescate.

Desarrollo y Represión de la Revuelta

Los incidentes comenzaron el 18 de julio. El sindicato de orientación anarquista Solidaridad Obrera hizo un llamamiento a la huelga general para el 26 de julio. La revuelta en Barcelona se prolongó durante una semana y adquirió un fuerte componente antimilitarista y de rechazo de la hegemonía social y cultural de la Iglesia. Se levantaron barricadas en las calles, se produjeron enfrentamientos con las fuerzas del orden y se incendiaron más de ochenta edificios religiosos.

Las autoridades respondieron declarando el estado de guerra y enviando refuerzos para reprimir las manifestaciones. Hubo heridos y muertos, con lo que el movimiento insurreccional se radicalizó y derivó hacia la actuación incontrolada de grupos que actuaban sin dirección ni coordinación. La situación volvió a la normalidad a partir del 29 de julio.

El balance de los enfrentamientos fue de más de 100 muertos, 300 heridos y casi un centenar de edificios destruidos. La represión posterior fue muy dura: cientos de personas fueron detenidas, 1.500 fueron sometidas a consejos de guerra y se dictaron diecisiete condenas de muerte, cinco de las cuales se ejecutaron (incluyendo a Ferrer y Guardia).

La Dictadura de Primo de Rivera (1923-1930)

El 13 de septiembre de 1923, el capitán general de Cataluña, Miguel Primo de Rivera, dio un golpe de Estado, publicando además un manifiesto en el que se exponían las causas por las cuales se sublevaba, así como sus intenciones, declarando el estado de guerra. Estas causas fueron las siguientes:

La degeneración y crisis del régimen de la Restauración

Los partidos dinásticos se habían estado turnando en el poder (liberales y conservadores), pero ninguno fue capaz de abolir el antiguo sistema caciquil.

El descontento del Ejército tras la Guerra de Marruecos

La gravísima derrota española que se produjo con el Desastre del Annual hizo que se incrementaran las sospechas de los militares hacia los políticos.

El empeoramiento de los conflictos sociales

El impacto que produjo la Revolución Rusa, así como la crisis tras la Primera Guerra Mundial, hizo que se dieran numerosas protestas, huelgas y manifestaciones por parte de las clases trabajadoras, aumentando el temor de la burguesía ante el terrorismo anarquista, que se mostraba partidario de tomar medidas para poder solucionarlas.

El triunfo y auge del nacionalismo autoritario

Ejemplificado por el fascismo en Italia, que llevó a Mussolini al poder tras la Marcha sobre Roma. Igualmente, en países como Grecia o Portugal se dieron dictaduras derechistas por aquel entonces, por lo que la Dictadura de Primo de Rivera no iba a ser la única.

Objetivos y Apoyos del Golpe de Estado

El principal objetivo del golpe de Estado fue terminar con el sistema parlamentario para garantizar el orden público y darle solución al problema con Marruecos. Primo de Rivera creía que tan solo hacía falta mostrar amor hacia su patria, buena voluntad y honradez para gobernar y sacar un país adelante.

Apenas hubo oposición ante el golpe de Estado. La mayoría de los apoyos sociales se encontraban en el Ejército, en los terratenientes, el mundo obrero y gran parte de las clases medias. Tan solo los comunistas y anarquistas fueron los que se opusieron a colaborar en el régimen, convocando manifestaciones y huelgas en contra de la dictadura, pues los socialistas mostraron su participación.

El Bienio Reformista (1931-1933)

El Gobierno liderado por Manuel Azaña estaba integrado, en su mayoría, por republicanos de izquierda y socialistas, cuyo objetivo era llevar a cabo una serie de reformas para modernizar la sociedad española. Entre estas destacan:

  • Reforma religiosa: Consistía en limitar el dominio de la Iglesia y secularizar a la sociedad española. Se disolvieron las órdenes religiosas que ejercían en la educación y se les prohibió dedicarse a la enseñanza. También se les confiscaron todas sus propiedades y los sacerdotes, al igual que cualquier otro ciudadano, quedaron sometidos al pago de impuestos.
  • Reforma en el Ejército: Consistió en crear un ejército profesional con la reducción de efectivos militares que prometieron su adhesión a la República, y se creó la Guardia de Asalto.
  • Reforma agraria: Consistió en una serie de decretos que pretendían ayudar a los arrendatarios y a los campesinos sin tierra. Destaca la elaboración de una Ley de Reforma Agraria cuyo objetivo consistía en la expropiación sin indemnización de las tierras de la alta nobleza.
  • Reforma del Estado centralista: Consistía en facultar a todas aquellas regiones con sentimiento nacionalista para que pudieran tener una organización propia y acceder a la autonomía. De esta manera se promulgó el Estatuto de Autonomía de Cataluña, dando lugar a la Generalitat, un gobierno propio con competencias en materias sociales, culturales, educativas y económicas. Tan solo en manos del Gobierno central quedaban los asuntos exteriores y de defensa.

El Bienio Conservador o Bienio Negro (1933-1935)

Los sectores contrarios a la República intentaron acabar con la coalición republicano-socialista. En otoño de 1933, Manuel Azaña acabó dimitiendo como jefe de Gobierno. El presidente de la República, Niceto Alcalá Zamora, disolvió las Cortes, convocando nuevas elecciones para noviembre. Estas elecciones se caracterizaron por ser las primeras en las que votaron las mujeres.

La CEDA fue quien obtuvo los mejores resultados, quedando el Gobierno en manos del Partido Radical Republicano, cuyo líder fue Alejandro Lerroux. De esta manera se iniciaba un periodo de gobierno de dos años conocido como el Bienio Negro.

Durante este periodo se regresó a la situación anterior a 1931, de modo que todas las reformas que fueron dadas en el primer bienio fueron desmanteladas por completo.

La Revolución de Octubre de 1934

En octubre de 1934 se produjo una revolución por parte de los partidos de izquierda, quienes consideraron la entrada de la CEDA en el Gobierno como una deriva al fascismo. A esto se sumó el crecimiento del desempleo, dando lugar a una revolución social en Asturias y a la proclamación del Estado Catalán del Gobierno ante el temor de que el Estatuto creado en el primer bienio fuera revocado.

Las consecuencias de esta revolución fueron notables. La CEDA aumentó su influencia en el Gobierno, y de esta manera fueron nombrados como ministro de Defensa a Gil Robles y como jefe del Estado Mayor a Francisco Franco.

Pero, de nuevo, una fuerte crisis de Gobierno estalló en 1935. El Gobierno de Lerroux se vio afectado por una serie de escándalos de corrupción, perdiendo su credibilidad hasta que fue destituido. En febrero se convocaron nuevas elecciones, lo que dio lugar a la formación de dos bloques visiblemente opuestos: los de derecha y los de izquierda.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *