Los inicios del movimiento obrero
En el primer tercio del siglo XIX hubo en España, como en Gran Bretaña, la primera manifestación de protesta obrera: quema de fábricas con destrucción de máquinas; movimientos luditas en Alcoy y Barcelona.
Primeras organizaciones y sociedades de socorro mutuo
Las primeras organizaciones obreras surgieron en Cataluña: sociedades de socorro mutuo para cubrir las necesidades de los afiliados en caso de despido, cierre o accidente. Se creó en Barcelona, en 1840, la Asociación Mutua de Tejedores; se produjeron las primeras huelgas. En la Década Moderada fueron ilegalizadas, reapareciendo en 1854 (Bienio progresista).
Influencia del socialismo utópico y republicanismo
Algunos periodistas introdujeron las ideas del socialismo utópico, conectadas con el republicanismo; en 1849 se fundó el Partido Demócrata, que más tarde daría lugar al Partido Republicano, muy influyente en el movimiento campesino por el desigual reparto de la propiedad de la tierra.
La llegada de la AIT y el auge del anarquismo
A partir de la revolución de 1868, con la concesión de derechos democráticos, la Asociación Internacional de Trabajadores (AIT) —fundada en Londres en 1864— se introdujo en España. Sobre todo se difundió el anarquismo, cuya expansión fue rápida: en 1870 se fundó en Barcelona la Federación Regional Española de la Internacional, influida por las ideas de Bakunin. Cataluña y Andalucía serían los centros del anarquismo español, y su más reconocido exponente fue Anselmo Lorenzo.
Principios y propuestas anarquistas
Los anarquistas pretendían la destrucción del Estado y de cualquier otra forma de autoridad, y la organización de la sociedad en base a la libre federación de comunas autónomas con propiedad colectiva. Se oponían a los partidos políticos y a la participación en elecciones (lo que, en parte, explica su éxito, ya que las elecciones eran una farsa).
Sus promesas de justicia, expresadas en un lenguaje claro y con un alto componente ético, eran acogidas con esperanza por una población mayoritariamente rural, analfabeta y decepcionada de la política.
Represión, reapertura y FTRE
Con la Restauración la FRE fue duramente reprimida, pero reapareció en 1881 con el nombre de Federación de Trabajadores de la Región Española (FTRE), con unos 70.000 afiliados. Los dirigentes moderados estaban en Barcelona, mientras que en Andalucía proliferaban las sociedades obreras y campesinas que consideraban la insurrección como método para conseguir sus reivindicaciones. Hubo motines, incendios de cosechas y los anarquistas transmitían entre los campesinos la «buena nueva» de que el día de la justicia social estaba cerca; esa propaganda y la inseguridad entre los terratenientes ante la «violencia campesina» llevaron a las autoridades a perseguir el anarquismo. Las consecuencias fueron persecución, detenciones, deportaciones y condenas a muerte. La FTRE acabaría disolviéndose en 1888.
Vías del movimiento anarquista
El movimiento anarquista avanzó por dos vías:
- Una organización de tipo asociativo y sindical, que federaría a las sociedades obreras en torno a objetivos reivindicativos.
- Otra de tipo ideológico, centrada en la propaganda doctrinal.
En la última década del siglo XIX, la imposibilidad de mantener organizaciones legales dio fuerza a los partidarios de la tendencia violenta (propaganda por el hecho), con atentados contra Martínez Campos, bombas en el Liceo y en la procesión del Corpus, y el asesinato de Cánovas del Castillo (1897). Muchos de estos atentados fueron represalias contra un poder que torturaba (por ejemplo, en la fortaleza de Montjuich, en Barcelona) y que condenaba a muerte a personas que nada tenían que ver con los atentados, deteniendo indiscriminadamente a anarquistas, republicanos, librepensadores, etc.
Vertiente marxista y nacimiento del PSOE
En cuanto a la vertiente marxista, en 1871 Paul Lafargue (yerno de Marx) llegó a España y trató de combatir la influencia anarquista; entró en contacto con los internacionalistas madrileños, surgiendo un núcleo marxista en la Asociación del Arte de Imprimir, embrión del futuro partido socialista.
En 1879 Pablo Iglesias fundó clandestinamente en Madrid el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), influido por el marxismo francés. El PSOE, como partido político marxista, pretendía la revolución social, la conquista del poder político por la clase obrera, la emancipación económica del proletariado y la propiedad colectiva de los medios de producción; pero, mientras se alcanzaban esos objetivos, reclamaba mejores condiciones de tipo social y laboral.
Demandas y reivindicaciones
Entre sus reivindicaciones figuraban:
- Derechos de asociación, reunión y manifestación.
- Sufragio universal.
- Reducción de la jornada de trabajo.
- Prohibición del trabajo infantil.
En 1886 se creó el periódico El Socialista y en 1888 se fundó en Barcelona la filial sindical del socialismo, la Unión General de Trabajadores (UGT), que tendría implantación sobre todo en Vizcaya, Madrid y Asturias.
Participación internacional y electoral
El PSOE se integró en la II Internacional y participaría en la primera celebración en España del 1 de mayo en 1900; pero su crecimiento fue lento a pesar de la fundación de Casas del Pueblo. Participó en las elecciones con escaso éxito: hasta 1910 no conseguiría su primer diputado, Pablo Iglesias, quien destacaría por sus críticas a la guerra de Cuba.
Conclusión
El movimiento obrero español del siglo XIX fue heterogéneo y conflictivo: desde las sociedades de socorro mutuo y las huelgas hasta el auge del anarquismo y la consolidación del socialismo político. Las tensiones entre represión, violencia política y organización sindical marcaron la evolución de las fuerzas obreras y campesinas, sentando las bases del sindicalismo y los partidos obreros del siglo XX.
