Reformas del Bienio Reformista y el Camino hacia el Frente Popular (1931-1936)

Reformas del Bienio Reformista

Tras aprobarse la Constitución, se inició un nuevo período con un Gobierno presidido por Manuel Azaña y formado por republicanos de izquierda y socialistas. En diciembre, Niceto Alcalá-Zamora fue elegido Presidente de la República.

La renovación educativa

Se pudo llevar a cabo un intento por hacer realidad los proyectos de renovación educativa impulsados desde finales del siglo XIX por la Institución Libre de Enseñanza, pero también reivindicados desde el socialismo y el anarcosindicalismo. Para todos ellos, en un país lastrado por el analfabetismo, la regeneración pasaba por la renovación y la universalización de la educación.

La reforma planteada por la República tuvo como centro la idea de la escuela unificada, es decir, laica, obligatoria y gratuita que asegurara a todo español una igualdad de oportunidades. La expulsión de los jesuitas y la exclusión de las congregaciones religiosas de la enseñanza obligaban al Gobierno a realizar un gran esfuerzo educativo:

  • Enseñanza primaria: El gasto se elevó considerablemente, lo que permitió incrementar el número de escuelas.
  • Enseñanza secundaria: La reforma tuvo menor calado, aunque el número de institutos también se incrementó.
  • Universidad: Los nuevos aires del ministerio se concretaron en la reforma de los planes de estudio destinados a modernizar la enseñanza y en la ocupación de los cargos académicos por los sectores más reformistas.

Por otro lado, se agudizaron los enfrentamientos con la Iglesia debido a que la Religión dejó de ser una asignatura obligatoria.

Reformas laborales y conflictividad social

Se acometieron, además, reformas laborales, iniciadas desde el Ministerio del Trabajo por el socialista Largo Caballero, que favorecían la posición de los trabajadores y sindicatos y encontraron la cerrada oposición de los empresarios. Dichas reformas tuvieron lugar en una triple dimensión:

  1. Beneficio de los trabajadores: Se establecieron los puntos de partida para alcanzar una normativa sobre la duración de la jornada laboral y el descanso dominical.
  2. Relaciones laborales: Regulación de las relaciones entre los representantes del capital y los de los obreros, bajo la premisa de que los sindicatos debían jugar un papel importante en las empresas.
  3. Reforma administrativa: Creación de delegados provinciales e inspectores de trabajo, encargados de supervisar el cumplimiento de la legislación.

Sin embargo, la conflictividad social no disminuyó. La crisis de los años treinta provocó el crecimiento del desempleo y las medidas adoptadas chocaron con la resistencia empresarial. Además, desde las propias izquierdas (anarquismo, Partido Comunista y facciones radicales del socialismo), se consideraba que el Gobierno republicano estaba contemporizando las reformas por su carácter burgués. También se impulsó una importante reforma militar.

Elecciones de 1936 y el Frente Popular

En un contexto de profunda crisis económica, el desempleo se descontrolaba e incrementaba la conflictividad social, sumiendo a los gobiernos en una creciente debilidad. Las democracias estaban en franco retroceso en toda Europa, acechadas por soluciones antidemocráticas. Estas amenazas fortalecieron las políticas unitarias de la izquierda favoreciendo la construcción de frentes antifascistas.

La gestación de la coalición

En España, la represión desatada tras el fracaso de la revolución asturiana fortaleció los lazos entre las fuerzas de izquierda. La gestación del Frente Popular fue posible en torno a una campaña de amnistía para los presos políticos encarcelados tras los sucesos de octubre de 1934. Dicha coalición estaba integrada por los partidos republicanos, el PSOE, la UGT y el PCE, contando con el apoyo externo de la CNT. El pacto fue firmado en enero de 1936.

Victoria electoral y radicalización

Las derechas fueron incapaces de consumar una alianza similar. El Frente Popular presentó un programa basado en la amnistía y el restablecimiento de las reformas de 1931-1933, obteniendo la victoria. Tras los comicios, Manuel Azaña fue nombrado Presidente de la República.

El nuevo Gobierno, presidido finalmente por Santiago Casares Quiroga, nació debilitado. El ambiente social era cada vez más tenso: la izquierda obrera optó por una postura revolucionaria y la derecha buscaba el fin del sistema democrático. Desde abril de 1936, se sucedieron enfrentamientos violentos callejeros. El clima de tensión alcanzó su punto crítico cuando, el 17 de julio de 1936, el ejército de Marruecos inició la rebelión, desencadenando la Guerra Civil.

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