Revolución Francesa: Constitución de 1791, el Terror y el ascenso de Napoleón

La Revolución Francesa: Constitución, radicalización y Napoleón

La Constitución de 1791 y sus principios

Para regular la convivencia, la Asamblea Nacional Constituyente elaboró una Constitución (1791). En ella se fijaban los siguientes aspectos:

  • Separación de poderes
  • Igualdad ante la ley y soberanía nacional
  • Sufragio censitario: solo podían votar hombres mayores de 25 años y con un determinado nivel de riqueza

La Iglesia fue obligada a jurar la Constitución civil del clero y sus bienes fueron expropiados y vendidos a particulares. En contrapartida, el Estado aseguraba el mantenimiento del culto y del clero.

Monarquía constitucional y oposición

Francia se había convertido en una monarquía constitucional. Pero este cambio no fue aceptado por la familia real, por los privilegiados ni por la Iglesia.

Todos ellos conspiraron contra el nuevo régimen con el apoyo de las monarquías absolutistas, en especial de Austria y Prusia.

Las actividades contrarrevolucionarias no cesaron y en 1792 la Asamblea Nacional declaró la guerra a Austria y Prusia.

Insurrección de 1792 y proclamación de la República

La traición del rey y la invasión militar provocaron una nueva insurrección de las clases populares en París (los sans-culottes). En agosto de 1792 asaltaron la residencia de los monarcas, el palacio de las Tullerías; los reyes Luis XVI y María Antonieta fueron encarcelados y la monarquía quedó invalidada.

Se convocaron elecciones por sufragio universal, que proclamaron la República.

La Convención: girondinos y jacobinos

Con ello se iniciaba una nueva etapa de la Revolución, la más radical. La Convención contó con dos grupos de diputados:

  • Los girondinos: republicanos moderados
  • Los jacobinos: sectores más radicales, vinculados a los sans-culottes

Se abrió un intenso debate sobre qué hacer con los reyes. Se les impuso la pena de muerte y fueron ejecutados en la guillotina (1793).

La muerte de los monarcas acentuó la división entre los revolucionarios y tuvo un fuerte impacto entre los absolutistas, que reaccionaron con furia y se rebelaron contra la nueva república.

Las victorias frente a los ejércitos europeos y la mejora de las condiciones de vida de las clases populares no consolidaron la Convención jacobina.

El rechazo de la burguesía a las leyes sociales y al Terror provocó un golpe de Estado (1794).

El ascenso de los jacobinos y la política del Terror

En junio de 1793, los jacobinos y los sans-culottes accedieron al poder e impulsaron las medidas más radicales de la Revolución. Así, ejercieron un gobierno dictatorial, que quedó en manos del Comité de Salvación Pública, con el poder en la persona de Robespierre.

También impulsaron la aprobación de una nueva Constitución y una nueva Declaración de Derechos (1793). Su importancia radicaba en la defensa de lo que ahora llamamos derechos sociales: a la existencia, al trabajo, a la enseñanza, a la asistencia pública, etc.

Por otra parte, se impulsaron la enseñanza obligatoria, la fijación de un precio máximo a los productos de primera necesidad y un mínimo salarial.

Sin embargo, suspendieron derechos y libertades, actuaron de forma autoritaria e implantaron un régimen dictatorial que recurrió a la violencia para mantenerse. Fue la llamada política del Terror, en la que los tribunales revolucionarios castigaron con prisión o muerte en la guillotina a los sospechosos de oponerse a la Convención (Ley de sospechosos).

Del Directorio a Napoleón

En el contexto de una etapa con fuertes tensiones sociales y políticas, la burguesía pensó que el Directorio era ineficaz. Pensó que el ejército garantizaría el orden social, la estabilidad económica y el control político de la oposición.

En 1799, un joven general muy popular por sus éxitos militares, Napoleón Bonaparte, encabezó un nuevo golpe de Estado que clausuró la Revolución y se consolidó el liberalismo moderado.

El Imperio y la expansión napoleónica

En 1804 Napoleón se sintió tan poderoso que se hizo coronar emperador por el Papa. Inició la conquista de Europa con un gran ejército que utilizó nuevos y eficaces métodos militares.

En todos los territorios ocupados por Napoleón se suprimió el absolutismo y se implantaron regímenes constitucionales.

Tras la campaña de Rusia (1812), Napoleón fue derrotado definitivamente en la batalla de Waterloo (1815).

Congreso de Viena y la Restauración

Las potencias que vencieron a Napoleón (Austria, Prusia, Rusia y Reino Unido) se reunieron en el Congreso de Viena (1815).

Ello significó restaurar las monarquías absolutistas y acabar con los principios constitucionales, la soberanía nacional y los derechos de la ciudadanía. Por ello, el periodo que va de 1815 a 1848 se conoce como Restauración absolutista.

También se creó la Santa Alianza, un tratado de ayuda mutua entre los monarcas absolutos que les otorgaba el derecho a intervenir en cualquier país donde el orden absolutista fuese desafiado por una revolución liberal.

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