El Proceso de Romanización en la Península Ibérica
La Península Ibérica formará parte de la política y cultura romana entre los siglos III a.C. y V d.C., ya que los romanos intervienen en la Península por sus rivalidades comerciales con los cartagineses, lo que lleva a las Guerras Púnicas. Antes de la Primera Guerra Púnica, los cartagineses establecieron sus comercios en la Península y, tras esta, Amílcar Barca y Asdrúbal le dieron a la Península un carácter dominador y pretendían que cubriera la pérdida de posesiones en Sicilia con plata y tropas para enfrentarse a Roma. Esto llevó a la creación de la capital: Cartago Nova. Volvieron los problemas con Roma por la ciudad de Sagunto, aliada de Roma en territorio cartaginés. Aníbal comienza la conquista de Roma mediante tierra y comenzó la Segunda Guerra Púnica, donde Roma entra en la Península para acabar con los suministros de este. La Conquista de Hispania comienza con la entrada de Roma en Ampurias en el 218 a.C. hasta el 19 a.C., debido a: la resistencia del norte y el centro, la división política de los pueblos y a las disputas internas políticas y militares romanas.
En el proceso de romanización se asimila la cultura y organización romana que nos define como unidad de la Hispania Romana; será más intensa de sur a norte y de este a oeste, y adoptaremos el desarrollo urbano, el derecho, la lengua, el arte, la ley y la religión romana.
Organización Administrativa
En el 197 a.C., Roma dividió Hispania en dos provincias, Ulterior y Citerior, gobernadas por un rector y un gobierno colegiado. Pero en el 27 a.C., Augusto divide la Hispania Ulterior en Bética y Lusitania, y a la Citerior la llama Tarraconense; se establecen unas provincias senatoriales e imperiales y así quedaron divididas en territorios llamados conventos. De la Tarraconense nacen: Galaecia y Cartaginense; en el norte de África, la Mauritania y, en el siglo IV, la Baleárica.
La Ciudad como Centro de Difusión
Las ciudades eran núcleos de difusión de la nueva cultura de territorio rural con un núcleo urbano que actuaba de centro económico, político y religioso. Había dos tipos: las ciudades indígenas de gente autóctona que, si no se enfrentaban a Roma, sus condiciones eran iguales o se mantenía su organización a cambio de un tributo y aportación militar; si se oponían, eran maltratadas y en aquellas se asentaron soldados y colonos. En las nuevas ciudades romanas había ciudadanos y organización romana. Pero esta variedad de ciudades cambió. Vespasiano estableció el “Edicto de Latinidad”: todas las ciudades pasaban a ser romanas con gobierno municipal dirigido por dos magistrados, cuestores para la recaudación, ediles para la seguridad pública y duunviros, dos alcaldes con poder ejecutivo.
Estructura de la Sociedad
La posición social, según criterios jurídicos y económicos, se dividía en: hombres libres (ciudadanos con privilegios políticos, militares y sociales) o no ciudadanos (solo tenían derechos civiles). La mayoría eran libres-no ciudadanos, pero esto cambió por petición de la aristocracia y de los que prestaban servicios a Roma. La ciudadanía era hereditaria, se extendió y se completó con el Edicto de Latinidad. En el siglo III se concede la ciudadanía universal a los hombres libres. La élite se agrupaba en “órdenes”, el resto era la plebe y los hombres no libres no ciudadanos, que eran esclavos (del Estado o de la propiedad privada) y constituían la mano de obra. Los que tenían mejores condiciones eran los domésticos, los peores trabajaban en minas y los liberados eran libertos.
Economía y Producción
Había una economía de subsistencia con poco tráfico comercial, excepto en los núcleos urbanos del Mediterráneo. La romanización aportó elementos económicos como: el desarrollo urbano, la moneda, la mano de obra esclava y la propiedad privada. La economía se expandió por las calzadas y el acceso a otros mercados. La agricultura se benefició de la seguridad de Roma y las calzadas. La base de producción se da en la tríada mediterránea: del olivo se exporta el aceite en la zona Bética, la vid en zonas muy romanizadas y en la ganadería destacaba la lana. La minería consistía en la explotación de la mano de obra esclava por particulares. En la industria destaca la del salazón y escabeches. El “garum” fue muy apetecido por los romanos y la región más productora era Cartagena. El artesano podía ser libre, perteneciente a la “collegia”, o esclavo.
Cultura y Obras Públicas
El mundo romano aportó hombres excepcionales desde el punto de vista cultural y político, así como obras públicas como las calzadas, que conectan ciudades y son una ayuda militar y económica, como la Vía de la Plata y la Vía Augusta. También había puentes (complementos de las calzadas), acueductos que aportaban agua a las ciudades y anfiteatros, teatros, circos y arcos de triunfo.
Conclusión
En conclusión, Roma intervino en nuestra personalidad y futuro, ya que pasamos por una crisis económica, se redujeron sus actividades y se produjo la emigración hacia el campo. Llegaron invasiones de los pueblos bárbaros y los visigodos, aliados de Roma, quienes tras la caída del emperador romano se quedaron en la Península, dando lugar a un Reino con capital en Toledo.
