La Transición del Antiguo Régimen al Estado Liberal
El tránsito del Antiguo al Nuevo Régimen en España tuvo como eje fundamental la **transformación de la propiedad de la tierra**, base de la economía. En el Antiguo Régimen, la mayoría de las tierras estaban amortizadas o vinculadas a «manos muertas» (Iglesia, nobleza, ayuntamientos), lo que impedía su venta y frenaba el desarrollo capitalista. Para revertir esto, el Estado liberal impulsó la **desamortización**: la incautación de estos bienes para venderlos en subasta pública, buscando crear una propiedad libre e individual.
Las Desamortizaciones: Motor de Cambio Agrario
El proceso se aceleró a partir de 1833 debido a la necesidad de recursos para la Guerra Carlista y la presión de los compradores de bienes expropiados durante el Trienio Liberal.
1. Desamortización de Mendizábal (1836)
Fue la primera gran fase, centrada en los bienes del clero regular (conventos) y, desde 1841, del clero secular. Sus objetivos eran:
- Económico: Sanear la Hacienda y financiar la guerra.
- Político: Ampliar la base social liberal.
- Social: Crear una clase media de campesinos propietarios.
Sin embargo, el resultado social fue fallido: las tierras fueron compradas por nobles y burgueses, consolidando el latifundismo y creando una masa de jornaleros pobres (más de 2 millones), ya que el sistema de subastas marginó al campesinado. Además, supuso la ruptura de relaciones con la Iglesia hasta el Concordato de 1851.
2. Desamortización de Madoz (1855)
Impulsada durante el Bienio Progresista, fue una desamortización general que incluyó, además de bienes eclesiásticos, los **bienes de propios y baldíos de los municipios**. El dinero recaudado se destinó a la industrialización, concretamente a financiar la expansión del ferrocarril. No obstante, tuvo un grave coste social: la venta de tierras comunales arruinó a los ayuntamientos y empeoró la vida de los campesinos, forzando la emigración rural a las ciudades.
Consecuencias de la Reforma Agraria
La estructura agraria resultante mantuvo fuertes desequilibrios: latifundio en el centro-sur y minifundio en el norte. Aunque la superficie cultivada aumentó, no hubo una verdadera modernización técnica, basándose el aumento de producción en la extensión y no en el rendimiento. Esto consolidó una España rural marcada por la conflictividad y la miseria de los jornaleros, que trabajaban en condiciones durísimas.
Desarrollo Industrial y Obstáculos Estructurales
Respecto a la industrialización, esta fue lenta y tardía en comparación con Europa. Los obstáculos fueron estructurales:
- Escasez de fuentes de energía (falta de cursos de agua y mala calidad del carbón).
- Inexistencia de un mercado interior articulado por la falta de transporte.
- La pobreza de la población, que impedía una demanda fuerte de consumo.
- El capital se desvió hacia la compra de tierras desamortizadas en lugar de a la industria.
Polarización Regional del Desarrollo
El desarrollo industrial se polarizó en dos sectores y regiones:
- Industria Textil Algodonera (Cataluña): Modernizó su maquinaria (vapores) desde 1830, pero su supervivencia dependió de una fuerte política proteccionista para reservar el mercado nacional y colonial (Cuba).
- Siderurgia: Inició sus primeros pasos en Andalucía (Marbella, 1833) ligada al hierro, aunque sufría por el coste del carbón vegetal.
La política proteccionista, aunque protegió la industria naciente, a largo plazo desincentivó la competitividad y la innovación técnica.
El Sexenio Democrático (1868-1874): Experiencia Republicana
La Revolución de 1868 y la Constitución de 1869
El proceso inicia con la Revolución de 1868 («La Gloriosa»), fraguada en el Pacto de Ostende (1866) entre progresistas y demócratas para destronar a Isabel II. El pronunciamiento del almirante Topete en Cádiz, secundado por Prim y Serrano bajo el manifiesto «Viva España con honra«, y la victoria en la batalla de Alcolea provocaron el exilio de la reina. Se estableció un Gobierno Provisional (Serrano regente, Prim jefe de gobierno) que disolvió las juntas revolucionarias y convocó Cortes Constituyentes.
Su obra cumbre fue la Constitución de 1869, la primera democrática, que instauró:
- Soberanía nacional.
- Sufragio universal masculino.
- Amplia declaración de derechos (reunión, asociación) y libertad de cultos.
- Definición del Estado como una monarquía parlamentaria.
En economía, se creó la peseta y se aprobó la Ley de Minas (Riotinto) para atraer capital extranjero.
El Fracaso de la Monarquía de Amadeo I
El régimen afrontó tres graves problemas: el inicio de la guerra independentista en Cuba (Grito de Yara, 1868), la oposición carlista y la agitación republicana. Tras el asesinato de su valedor, el general Prim, las Cortes eligieron rey a Amadeo I de Saboya (1871-1873). Su reinado fracasó por:
- Su condición de extranjero.
- La inestabilidad política (ruptura de la coalición en constitucionalistas de Sagasta y radicales de Ruiz Zorrilla).
- Una triple oposición: el estallido de la Tercera Guerra Carlista, los republicanos y los alfonsinos de Cánovas del Castillo.
La crisis del cuerpo de artilleros forzó su abdicación en febrero de 1873.
La Primera República (1873-1874)
Ante el vacío de poder, las Cortes proclamaron la I República (1873-1874), pese a la mayoría monárquica de la cámara. Fue un periodo de máxima inestabilidad (cuatro presidentes en once meses).
- Estanislao Figueras: Afrontó la crisis económica hasta su dimisión.
- Pi y Margall: Intentó instaurar una República Federal (constitución de 1873 no nata y separación Iglesia-Estado), pero su gobierno colapsó ante la insurrección cantonalista, destacando el cantón de Cartagena, que mezclaba federalismo radical y revolución social.
- Nicolás Salmerón: Sofocó el cantonalismo recurriendo al ejército, pero dimitió por conciencia al negarse a firmar penas de muerte.
- Emilio Castelar: Dio un giro conservador y gobernó autoritariamente suspendiendo las Cortes para mantener el orden.
El golpe de Estado del general Pavía (enero de 1874) disolvió las Cortes y dio paso a la dictadura del general Serrano, una república nominal pero autoritaria y unitaria. Finalmente, el pronunciamiento de Martínez Campos en Sagunto (diciembre de 1874) puso fin al Sexenio, restaurando la monarquía en la figura de Alfonso XII.
El Régimen de la Restauración y el Sistema Canovista
Fundamentos del Nuevo Orden
El Régimen de la Restauración se inicia tras el golpe de Martínez Campos en 1874, que entroniza a Alfonso XII, aunque su verdadero artífice fue Antonio Cánovas del Castillo. Cánovas diseñó un sistema, anticipado en el Manifiesto de Sandhurst, cuyo objetivo era superar la inestabilidad del Sexenio y el intervencionismo militar, implantando una monarquía liberal-conservadora basada en el orden social y la propiedad. La consolidación del régimen pasó por la pacificación militar: el fin de la III Guerra Carlista (1876) y la Paz de Zanjón en Cuba (1878).
La Constitución de 1876
El andamiaje jurídico del sistema fue la Constitución de 1876, un texto ecléctico y flexible que permitía gobernar a distintos partidos sin cambiar la ley fundamental. Sus principios básicos eran:
- Soberanía compartida (Rey-Cortes): Otorgando a la Corona un papel moderador y decisivo (nombra ministros, disuelve Cortes y mando del ejército).
- Confesionalidad católica del Estado, aunque tolerando otros cultos.
Era un texto centralista y conservador, donde los derechos, aunque reconocidos, se remitían a leyes ordinarias que solían restringirlos, especialmente los de imprenta y reunión.
El Bipartidismo y el Fraude Electoral
El funcionamiento político se basó en el bipartidismo y el turno pacífico. Cánovas aglutinó a las fuerzas conservadoras en el Partido Conservador (aristocracia, terratenientes), defensor del inmovilismo; mientras que la izquierda dinástica se unió en el Partido Liberal de Sagasta (burguesía, profesionales), partidario de reformas como el sufragio universal (1890).
Para evitar pronunciamientos, se estableció el turnismo: el Rey, como árbitro, designaba al nuevo gobierno cuando el anterior se desgastaba (sistema de «parlamentarismo invertido»). Este pacto se consolidó tras la muerte de Alfonso XII con el Pacto de El Pardo (1885). Sin embargo, este sistema era artificial y se sostenía mediante el fraude electoral. El Ministerio de la Gobernación decidía los resultados (encasillado) y se garantizaban mediante el caciquismo en las zonas rurales, utilizando la coacción, la compra de votos o la manipulación de actas.
Oposición al Sistema
El sistema marginó a amplios sectores que formaron la oposición:
1. Nacionalismos Periféricos
Surgieron como reacción al centralismo uniformizador:
- Cataluña: El movimiento cultural de la Renaixença evolucionó al catalanismo político con las Bases de Manresa (1892) de la Unió Catalanista y, posteriormente, la Lliga Regionalista (1901) de Prat de la Riba y Cambó, de corte conservador y autonomista.
- País Vasco: Sabino Arana fundó el PNV, basado inicialmente en la defensa de la raza, la religión y el independentismo tras la abolición de los fueros.
- Galicia: Surgió un regionalismo más tardío (Rexurdimento).
2. Movimiento Obrero
Reprimido en los inicios, se reorganizó aprovechando la apertura liberal:
- Anarquismo: Mayoritario en Cataluña y el campo andaluz. Se dividió entre partidarios de la acción sindical (futura CNT) y la «acción directa», con atentados como el del Liceo o el asesinato del propio Cánovas.
- Socialismo Marxista: Liderado por Pablo Iglesias, fundó el PSOE y el sindicato UGT, defendiendo la lucha de clases y participando en la vida política.
Finalmente, el republicanismo quedó fragmentado y debilitado, y el carlismo, tras la derrota, se dividió entre quienes aceptaron el sistema (Vázquez de Mella) y los integristas.
En conclusión, el sistema canovista logró la estabilidad política y alejó al ejército del poder durante décadas, pero al precio de crear una oligarquía cerrada y un sistema electoral ficticio ajeno a la «España real». Esta desconexión, sumada al auge de la oposición y los nacionalismos, llevaría al régimen a su crisis tras…
El Desastre del 98: El Fin del Imperio
Durante la Restauración, España intentó mantener una política de «recogimiento», centrada en preservar los restos de su imperio (Cuba, Puerto Rico y Filipinas). Sin embargo, la incapacidad para resolver el problema colonial derivó en el «Desastre del 98». El conflicto tiene sus raíces en la Guerra de los Diez Años (1868-1878), finalizada con la Paz de Zanjón, donde el general Martínez Campos prometió reformas y autonomía que se incumplieron o retrasaron por la oposición de los peninsulares, pese a la abolición de la esclavitud en 1886.
Causas del Estallido de 1895
Las causas del estallido definitivo en 1895 fueron políticas y económicas:
- Políticas: Creció el nacionalismo cubano bajo el liderazgo de José Martí, fundador del Partido Revolucionario Cubano (1892), ante el fracaso de proyectos reformistas como el de Maura.
- Económicas: El arancel proteccionista de 1891 convertía a Cuba en un mercado cautivo de España, perjudicando sus exportaciones de azúcar y tabaco a EE. UU., país que amenazaba con cerrar su mercado y veía en la isla su área de expansión natural.
El Desarrollo de la Guerra y la Intervención Estadounidense
La insurrección comenzó con el Grito de Baire (1895). Cánovas envió a Martínez Campos, pero ante su fracaso, optó por la «guerra total» del general Valeriano Weyler, cuya táctica de concentrar campesinos en aldeas causó una enorme mortalidad por hambre y epidemias. Tras el asesinato de Cánovas (1897), Sagasta intentó una estrategia de conciliación concediendo autonomía y relevando a Weyler, pero los independentistas, apoyados por EE. UU., ya solo aceptaban la independencia. La explosión del acorazado Maine en La Habana (febrero de 1898) sirvió de casus belli para que Estados Unidos declarara la guerra.
El Tratado de París y sus Consecuencias
El conflicto fue desigual y rápido. España sufrió dos derrotas navales totales: en Cavite (Filipinas) y en Santiago de Cuba, donde la flota del almirante Cervera fue destruida. En diciembre de 1898 se firmó el Tratado de París, por el cual España reconocía la independencia de Cuba y cedía a EE. UU. Puerto Rico, Filipinas y la isla de Guam. En 1899, España liquidó sus últimos restos coloniales (Carolinas, Marianas y Palaos) vendiéndolos a Alemania.
Impacto del Desastre
Las consecuencias del «Desastre» fueron profundas:
- Humano: Murieron unos 60.000 soldados, la mayoría por enfermedades, generando un fuerte antimilitarismo popular al recaer el esfuerzo bélico en los pobres que no podían pagar la «redención».
- Económico: No hubo quiebra gracias a la repatriación de capitales.
- Político: El sistema de la Restauración sobrevivió y el turno dinástico continuó, aunque crecieron los nacionalismos periféricos (Cataluña y País Vasco) y el resentimiento militar hacia los políticos.
Sin embargo, la principal crisis fue ideológica y moral, dando lugar al Regeneracionismo. Esta corriente, liderada por intelectuales como Joaquín Costa, criticó el sistema caciquil y propuso modernizar el país bajo el lema «escuela y despensa«. Paralelamente, surgió la Generación del 98 (Unamuno, Baroja, Valle-Inclán), caracterizada por un profundo pesimismo y una reflexión crítica sobre el «problema de España» tras la pérdida del mito imperial.
