Transformación y Crecimiento de la Economía Española: Del Modelo Autárquico a la Democracia

La economía española ha experimentado un profundo proceso de crecimiento y cambio estructural en las cuatro últimas décadas. A continuación, se explican los factores determinantes de este proceso y el papel relativo que han jugado en el mismo.

Periodo 1940 – 1963: De la Autarquía a la Apertura

La Autarquía

El modelo autárquico español estuvo marcado por el rígido intervencionismo gubernamental en los mecanismos económicos y el aislamiento exterior. Aunque pudo servir, mal que bien, para superar los desajustes inevitables de los años de posguerra, dicho modelo acabó por mostrar signos claros de agotamiento en cuanto a sus posibilidades para organizar con un mínimo de eficiencia y de forma equilibrada el proceso de desarrollo económico español.

Plan de Estabilización de 1959

Este plan fijaba como objetivo liberar a la economía española del rígido intervencionismo existente y alinearla con las economías de mercado. Supuso una operación de envergadura dirigida a cambiar el patrón autárquico de funcionamiento de la economía española, abriéndola al exterior y tratando de dotarla de un mayor grado de flexibilidad y eficiencia con el objeto de superar los problemas asociados al anterior modelo de crecimiento.

Los resultados del ajuste fueron netamente positivos y, aunque la recesión fue profunda en 1960, los tres ejercicios siguientes mostraron una notable recuperación dentro de un marco de estabilidad de los precios y de equilibrio de las cuentas exteriores.

Periodo 1964 – 1973: El Desarrollismo

Planes de Desarrollo

Su esencia era la programación de las políticas de desarrollo para un período de cuatro años, con carácter vinculante para las acciones del sector público e indicativo para el sector privado. Este periodo supuso un proceso de crecimiento acelerado y cambio estructural.

Este proceso estuvo acompañado de notables desequilibrios en los años sesenta que fueron mejorando en los primeros años setenta, época en la que la economía española presentó algunos de sus mejores resultados conjuntos en términos de:

  • Crecimiento del producto.
  • Relativa estabilidad de precios.
  • Creación de empleo.
  • Equilibrio externo.
  • Mejora de la penetración de las exportaciones españolas de bienes y servicios en los mercados exteriores.

Crisis y Transición Económica

El periodo de bonanza económica se trunca a partir de 1974, coincidiendo con la generalización de la crisis internacional y con la crisis política interna abierta en España. Con la perspectiva que da el tiempo transcurrido, hoy parece fuera de duda que en esos años se estaba produciendo una auténtica ruptura del sistema económico, en el sentido que Schumpeter daba a las crisis.

Los factores ilustrativos de la ruptura de las bases del sistema surgido de la Segunda Guerra Mundial fueron:

  • El final de las reglas del sistema monetario internacional establecido en Bretton Woods.
  • Los crecientes fallos en la regulación macroeconómica y el auge de las ideas neoliberales.
  • Los sustanciales cambios en la división internacional del trabajo.
  • La creciente contestación social y la crisis de los valores sociales establecidos.
  • La convulsión en los mercados de las materias primas (materializada sobre todo en las fuertes subidas del precio del crudo).

Junto a todo ello, se estaba iniciando un proceso de cambio que presentaría con el tiempo las características de una auténtica revolución tecnológica: una oleada de innovaciones en el ámbito del complejo de tecnologías de la información y las comunicaciones de tal envergadura que ha cambiado radicalmente la configuración del sistema económico.

La Crisis de 1977 y los Pactos de la Moncloa

La situación en 1977 se podía considerar crítica, tanto en lo referente a las magnitudes económicas fundamentales como en lo concerniente al «desorden» con que se estaba comportando la economía española. A pesar de los sucesivos intentos de mejora estructural y reforma institucional de la economía española, esta seguía mostrando muchas fragilidades que explican la especial incidencia que tuvo la crisis en España y el carácter diferencial de la misma.

A pesar de la magnitud de la crisis, los problemas asociados a la transición política hicieron difícil un proceso ordenado de reforma del sistema. La multiplicidad de «paquetes» de medidas económicas preparados entre 1973 y 1976, y el carácter contradictorio y zigzagueante de los mismos (combinando y alternando medidas liberalizadoras con otras que reforzaban el intervencionismo más tradicional), no son sino manifestaciones claras de la falta de rumbo y de la perplejidad de los responsables político-económicos ante una situación desbordada.

Habrá que esperar a las elecciones de junio de 1977 y a la formación de un nuevo gobierno, en cuya vicepresidencia para asuntos económicos se situó Fuentes Quintana, para poner en marcha un conjunto de medidas fuertes para afrontar la crisis. El Programa de Saneamiento y Reforma de octubre de 1977 y los complementarios Pactos de la Moncloa suponen una estrategia definida de reestructuración del sistema económico (reforma) junto a unas medidas de choque para ajustar el peligroso rumbo de las magnitudes económicas básicas (saneamiento).

Hacia una Política Económica Definida (1980-1982)

Sin embargo, los éxitos del Programa no impidieron que poco a poco este se fuera diluyendo, lo que sin duda tiene que ver con la creciente resistencia de ciertos sectores a la profundización de las reformas propuestas y con la ruptura del consenso de las fuerzas políticas signatarias de los acuerdos de la Moncloa. Los años 1980 a 1982 suponen un paréntesis en los ensayos de saneamiento y reforma de la economía española, debido a la creciente inestabilidad del mapa político y a la progresiva debilidad gubernamental. Habrá que esperar hasta la formación del nuevo gobierno del PSOE tras las elecciones de finales de 1982 para que se establezca una política económica definida.

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