Bloque 5. La crisis del Antiguo Régimen (1788-1833): liberalismo frente a absolutismo
Introducción
A finales del siglo XVIII, España seguía siendo una monarquía absoluta, aunque había introducido algunas reformas de corte ilustrado. La Revolución Francesa (1789) rompió el viejo sistema en Europa y difundió ideas liberales como la igualdad y la soberanía nacional. En España, la invasión francesa de 1808 provocó una gran crisis, una guerra y el inicio del enfrentamiento entre absolutismo y liberalismo, que marcará todo el reinado de Fernando VII.
1. Crisis de la monarquía borbónica. La Guerra de la Independencia (1808-1814)
1.1. La crisis del reinado de Carlos IV
El reinado de Carlos IV estuvo dominado por la influencia de su valido, Manuel Godoy. La Revolución Francesa provocó miedo a la llegada de ideas liberales a España, por lo que se reforzó la censura y la actividad de la Inquisición. La política exterior fue un fracaso: España se alió con Francia y se enfrentó a Inglaterra, lo que provocó derrotas importantes como la batalla de Trafalgar. Al mismo tiempo, el país sufrió una grave crisis económica con malas cosechas, hambre, epidemias y una gran deuda del Estado. Todo ello provocó un fuerte descontento popular y el desprestigio de la monarquía.
1.2. El Motín de Aranjuez y las Abdicaciones de Bayona
El descontento contra Godoy y Carlos IV provocó el Motín de Aranjuez en 1808, que obligó al rey a abdicar en su hijo Fernando VII. Napoleón aprovechó la debilidad de la monarquía española y condujo a padre e hijo a Bayona, donde los obligó a renunciar al trono. Napoleón nombró rey de España a su hermano José I, lo que fue percibido por la mayoría de la población como una imposición extranjera.
1.3. La Guerra de la Independencia (1808-1814)
Primera fase
La Guerra de la Independencia comenzó en 1808 con el levantamiento del 2 de mayo en Madrid contra las tropas francesas. La rebelión se extendió por todo el país y se formaron juntas para organizar la resistencia. Destacaron las guerrillas y la victoria española en la batalla de Bailén, que supuso una importante derrota para el ejército napoleónico.
Segunda fase
Tras la derrota de Bailén, Napoleón envió un gran ejército que ocupó la mayor parte de España y permitió el dominio francés. José I entró en Madrid y solo Cádiz resistió gracias a la ayuda británica. Durante esta etapa, las guerrillas mantuvieron una resistencia constante contra los franceses.
Tercera fase
A partir de 1812 la situación cambió debido al debilitamiento de Francia tras la campaña de Rusia. Las tropas españolas y británicas, dirigidas por Wellington, lograron importantes victorias como Arapiles, Vitoria y San Marcial. Finalmente, los franceses se retiraron y Fernando VII recuperó el trono.
1.4. Actitudes sociales y políticas
Durante la guerra existieron dos grandes posturas:
- Afrancesados: apoyaron a José I y sus reformas, pensando que eran necesarias para modernizar España.
- Frente patriótico: la mayoría de la población. En su seno coexistían distintos grupos: absolutistas (defendían el poder absoluto del rey), ilustrados (querían reformas moderadas) y liberales (vieron en la guerra la oportunidad de implantar un sistema político liberal).
2. Los inicios del liberalismo en España. Las Cortes de Cádiz y la Constitución de 1812
2.1. Convocatoria y composición de las Cortes
Ante la ausencia del rey, se convocaron las Cortes en Cádiz en 1810. Estas Cortes fueron muy importantes porque afirmaron que la soberanía residía en la nación y no en el rey. Estaban formadas por diputados de distintos grupos sociales, aunque destacaron los liberales, que impulsaron importantes cambios políticos frente a los absolutistas y moderados.
2.2. La Constitución de 1812
La Constitución de 1812, conocida como «La Pepa», fue la primera constitución liberal española, con 384 artículos. Estableció una monarquía parlamentaria con división de poderes, soberanía nacional y sufragio masculino indirecto. Reconocía derechos como la igualdad ante la ley, la libertad de imprenta y el derecho a la propiedad, aunque mantenía la religión católica como única del Estado.
2.3. La acción legislativa de las Cortes
Además de la Constitución, las Cortes aprobaron leyes para eliminar el Antiguo Régimen. Se abolieron los señoríos, los mayorazgos y la Inquisición; se suprimieron los gremios y se impulsó la libertad económica. Sin embargo, muchas de estas reformas no pudieron aplicarse debido a la guerra y al regreso del absolutismo con Fernando VII.
3. Restauración del absolutismo e intentos liberales durante el reinado de Fernando VII (1814-1833)
3.1. El Sexenio Absolutista (1814-1820)
Tras la guerra, Fernando VII regresó a España y anuló la Constitución de 1812, restaurando la monarquía absoluta. Se persiguió a los liberales y se restablecieron las instituciones del Antiguo Régimen, como los privilegios de la nobleza y el clero. La crisis económica continuó, agravada por la pérdida de las colonias americanas, lo que provocó descontento y varios pronunciamientos liberales que fracasaron.
3.2. El Trienio Liberal (1820-1823)
En 1820 el pronunciamiento de Rafael de Riego obligó al rey a aceptar la Constitución de 1812. Durante el Trienio Liberal se retomaron las reformas liberales, como la abolición de la Inquisición, la supresión de los señoríos y la promoción de la libertad económica. Sin embargo, los liberales se dividieron y Fernando VII conspiró contra el régimen. La intervención de los Cien Mil Hijos de San Luis puso fin a esta etapa.
3.3. La Década Ominosa (1823-1833)
Tras el fin del Trienio Liberal, Fernando VII volvió al absolutismo y anuló todas las leyes liberales. Se inició una fuerte represión contra los liberales, con ejecuciones, cárceles y exilios. Aunque se restauraron muchas instituciones tradicionales, el rey aplicó algunas reformas económicas para intentar resolver la grave crisis del Estado.
Bloque 6. La conflictiva construcción del Estado Liberal (1833-1874)
1. El periodo de regencias durante el reinado de Isabel II: revolución liberal y Primera Guerra Carlista (1833-1843)
El reinado de Isabel II comenzó en 1833 tras la muerte de Fernando VII, en medio de un conflicto dinástico que desencadenó la Primera Guerra Carlista y aceleró la instauración del Estado Liberal durante las regencias de su madre, María Cristina (1833-1840), y del general Espartero (1840-1843).
1.1. La Primera Guerra Carlista (1833-1840)
La Primera Guerra Carlista surgió por la sucesión al trono tras la muerte de Fernando VII. Los carlistas apoyaban a Carlos María Isidro, defendiendo la monarquía absoluta, la Iglesia y el Antiguo Régimen, mientras que los isabelinos apoyaban a Isabel II y el liberalismo. Para consolidar el trono, la regente María Cristina se alió con los liberales y aceptó el fin del absolutismo.
Desarrollo del conflicto
- Primera etapa (1833-1835): Predominaron los carlistas, con éxitos militares bajo el general Zumalacárregui, quien murió tras fracasar en el intento de tomar Bilbao.
- Segunda etapa (1836-1840): La guerra pasó a favor de los liberales; Espartero venció en Luchana y el conflicto terminó con el Convenio de Vergara (1839), que puso fin a la guerra y garantizó los fueros en Navarra y el País Vasco.
1.2. El proceso de revolución liberal. Los primeros gobiernos de transición y el Estatuto Real (1834)
La guerra carlista impulsó de manera definitiva la revolución liberal en España, obligando al bando isabelino a buscar el apoyo de los liberales. Inicialmente, el gobierno de la regente María Cristina, presidido por Cea Bermúdez y compuesto por absolutistas moderados, intentó negociar con los carlistas. La extensión del conflicto llevó a nombrar a Francisco Martínez de la Rosa, liberal moderado, quien promulgó el Estatuto Real (1834). Este otorgaba amplios poderes al rey, creaba Cortes consultivas sin soberanía ni funciones legislativas y no respondía a la voluntad popular. La crisis social por hambre, epidemias y guerra generó demandas de restablecimiento de la Constitución de 1812.
La regente nombró después a otros ministros progresistas y moderados. Juan Álvarez Mendizábal impulsó una política reformista que dividió a los liberales; tras su destitución, un motín en La Granja (1836) obligó a María Cristina a aceptar la restauración de la Constitución de 1812. El progresista Calatrava formó gobierno y en 1837 se aprobó la Constitución de 1837, que combinaba:
- Progresismo: soberanía nacional, división de poderes, aconfesionalidad del Estado y derechos ciudadanos.
- Conservadurismo: Senado designado por la Corona, soberanía compartida y sufragio censitario limitado.
La reforma agraria liberal (1837)
Los progresistas desmantelaron rasgos del Antiguo Régimen e impulsaron un régimen liberal, especialmente mediante la reforma agraria:
- Abolición de los señoríos: las tierras pasaron a propiedad privada de los antiguos señores; los campesinos se convirtieron en arrendatarios o jornaleros.
- Desvinculación de mayorazgos: los propietarios pudieron vender libremente sus tierras.
- Desamortización de bienes eclesiásticos: promovida por Mendizábal para financiar la guerra, reducir el déficit y crear nuevos propietarios liberales; acabó concentrando la tierra en manos de la burguesía y antiguos terratenientes, sin beneficiar al campesinado.
La alternancia en el poder (1837-1843)
El poder político durante la regencia estuvo marcado por la intervención militar y la inestabilidad:
- Moderados (1837-1840): Tras la Constitución de 1837, gobernaron de manera autoritaria, suspendiendo derechos y centralizando el poder mediante la Ley de Ayuntamientos. La oposición progresista provocó la dimisión y el exilio de María Cristina.
- Regencia de Espartero (1840-1843): Inicialmente progresista, se volvió autoritario. Su política económica perjudicó a la industria catalana y generó motines, que reprimió violentamente. La oposición militar, liderada por Narváez, devolvió el poder a los moderados. Isabel II fue proclamada reina a los trece años.
2. Construcción y evolución del Estado liberal durante el reinado efectivo de Isabel II (1843-1868)
Este periodo se caracterizó por la consolidación del Estado Liberal, basado en la alternancia de los partidos Moderado y Progresista, con la constante intervención de figuras militares.
2.1. Las diferentes opciones del liberalismo
En el siglo XIX, los partidos eran agrupaciones de líderes más que grupos homogéneos:
- Moderados: terratenientes, nobles, clero y militares; defendían soberanía compartida, sufragio censitario, derechos limitados y un Estado confesional.
- Progresistas: burguesía media y baja, algunos militares y clases populares urbanas; defendían soberanía nacional, poderes locales fuertes, derechos amplios y reforma agraria.
- Unión Liberal (1854): escisión centrista de los moderados, liderada por O’Donnell y Serrano.
- Demócratas y republicanos (desde 1849): escisión de los progresistas que apoyaba el sufragio universal masculino; el desprestigio de la monarquía reforzó el republicanismo.
2.2. La década moderada (1844-1854)
Tras la caída de Espartero, los moderados, con Narváez, buscaron consolidar el orden y la autoridad. Implantaron la Constitución de 1845, que limitaba derechos, reconocía la confesionalidad católica y establecía un sufragio censitario reducido. El Concordato de 1851 reforzó la alianza con la Iglesia, reconociendo el catolicismo como religión oficial. Se centralizó el Estado mediante reformas fiscales, códigos legales, administración pública y territorial, la creación de la Guardia Civil y un sistema educativo nacional (Ley Moyano). La crisis del gobierno moderado aumentó con Bravo Murillo, que restringió aún más el sufragio y permitió gobernar por decreto.
