España (1845–1868): Constitución, desamortizaciones y movilización social

Contexto político y militar

El Ejército estaba dispuesto a asegurar el funcionamiento de la Constitución, pero la intervención de los militares en los asuntos civiles dio lugar a una época de pronunciamientos militares. Las contrarreformas se centraron en establecer un control estricto del orden público y en centralizar la administración. Se suprimió la milicia nacional, sustituida por la Guardia Civil, bajo las órdenes directas del gobierno y facultada para actuar en ausencia de la autoridad local. En la ley orgánica, los alcaldes eran nombrados por el gobierno. Se controló la imprenta y la prensa. Se creó una nueva Constitución que limitaba el poder de las Cortes y ampliaba el del rey.

Los fracasados intentos de matrimonio entre Carlos VI, hijo de Carlos V, y Isabel II dieron lugar a la segunda guerra carlista, también conocida como la guerra «dels matiners», sin éxitos militares significativos. Este conflicto se desarrolló en Cataluña y el Levante, con la participación del general Cabrera.

Relaciones entre Estado y Iglesia

La Constitución establecía que la religión de la nación era la católica. Se intentó restablecer relaciones con el papa, firmando un concordato en 1851 en el que el poder civil tenía la obligación de defender la religión; los obispos entraron en la enseñanza. Los gobiernos controlaron o censuraron doctrinas consideradas heréticas y se podían censurar las obras sobre religión y moral.

Roma aceptó que los bienes desamortizados quedaran en manos de sus propietarios. Se renovó el derecho de presentación de los obispos en el concordato de 1853. El Estado liberal creó un sistema cultural y educativo para formar a la ciudadanía, garantizando una jerarquización social vinculada al conocimiento y al capital cultural. El sistema educativo se dividía en tres niveles, inspirándose en el modelo francés, con el Estado a cargo de la educación nacional y los ayuntamientos de la enseñanza primaria.

Objetivos y reformas de los moderados

Los principales objetivos de los moderados eran:

  • Un orden jurídico unitario, eliminando los fueros y formando una comisión general para elaborar un Código Civil en defensa de la propiedad privada. Además, se publicó un nuevo Código Penal.
  • Javier de Burgos introdujo una reforma territorial que centralizó la administración. Los gobernadores provinciales se convirtieron en figuras clave, conectando el poder central con el local.
  • Se modernizaron los impuestos en Hacienda para hacer su recaudación más eficiente, siendo el 70 % de los ingresos provenientes de aduanas e impuestos indirectos. La reforma fiscal de Montsant Illán no fue suficientemente moderna y afectó más a las capas populares.

Pronunciamientos, el bienio progresista y medidas económicas

La mala gestión de los gobiernos moderados provocó protestas populares. El pronunciamiento de 1854 trajo un cambio de rumbo en la política del país. En junio, O’Donnell encabezó el pronunciamiento de Vicálvaro y, al retirarse a Andalucía, se unió con Serrano, lanzando un manifiesto progresista que ganó importancia y se convirtió en un movimiento popular. La reina Isabel II decidió entregar el poder a Espartero.

Comenzó el bienio progresista, que duró hasta 1856. Los gobiernos pusieron en práctica medidas liberales y redactaron una nueva Constitución que no fue promulgada, reflejando el ideario del Partido Progresista: soberanía nacional, limitaciones al poder de la Corona, retorno de la milicia nacional, alcaldes elegidos por los vecinos, Senado elegido por los votantes y tolerancia religiosa.

Continuaron las desamortizaciones de Pascual Madoz para relanzar la actividad crediticia de los bancos y fomentar el ferrocarril. Se aprobaron leyes para atraer capital extranjero, como la ley de ferrocarriles, y se estableció el Banco de España junto con la publicación de la ley bancaria.

Emergencia del movimiento obrero

Surgieron los demócratas y los republicanos (con corrientes socialistas y federalistas), que se extendieron en los círculos del progresismo. Sixto Cámara luchó por cambios sociales en las condiciones de vida del pueblo trabajador. Surgieron las primeras organizaciones de trabajadores en Cataluña, con la asociación Mutual de Obreros, promoviendo las primeras huelgas por mejoras salariales y dando origen al movimiento obrero.

Reacción conservadora y revolución de 1868

En 1856, O’Donnell tomó el poder mediante un golpe de Estado, desplazando a Espartero y asumiendo la presidencia respaldado por la Unión Liberal. Su objetivo era consolidar la monarquía constitucional, restablecer el orden público y fortalecer las corrientes moderadas y progresistas, estableciendo un liberalismo centrista. Repuso la Constitución de 1845 con ciertos principios progresistas, suprimió la milicia nacional y reorganizó los ayuntamientos.

Narváez volvió al poder con políticas conservadoras en 1864, lo que generó malestar. La represión de libertades públicas provocó manifestaciones, y Prim impulsó la sublevación de los sargentos del cuartel de San Gil en 1866. Tras una crisis económica ese mismo año, Prim pactó con el Partido Demócrata en Ostende, buscando la destrucción del sistema isabelino y la creación de una nueva Constitución con sufragio universal.

En septiembre de 1868, una sublevación triunfante derrocó la dinastía borbónica, abriendo la posibilidad de un régimen democrático en España.

Conclusión

El periodo comprendido entre 1845 y 1868 estuvo marcado por tensiones entre orden y reforma: centralización administrativa, control del orden público, intentos de conciliación con la Iglesia, reformas económicas y el despertar del movimiento obrero. Estas transformaciones y conflictos desembocaron en la revolución de 1868, que abrió una nueva etapa política en España.

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