El Reinado de Alfonso XIII y la Segunda República: Crisis y Transformación en España

El Reinado de Alfonso XIII (1902-1931)

Después de un período de 17 años de regencia de María Cristina de Habsburgo, se inició el reinado de Alfonso XIII, coronado rey de España el 17 de mayo de 1902 a la edad de 16 años. Su reinado fue especialmente convulso y estuvo marcado por las repercusiones de la crisis de 1898 y por la inestabilidad política, económica y social.

El colapso político

El inicio del reinado de Alfonso XIII estuvo marcado por la pérdida de las colonias en 1898 y por el impulso de algunas reformas inspiradas por el regeneracionismo, un movimiento intelectual que reflexionaba sobre las causas de la decadencia de España como nación. Sin embargo, el mantenimiento del caciquismo y la corrupción electoral provocaron el colapso definitivo del sistema de la Restauración establecido en 1875.

Las transformaciones iniciadas a principios del siglo XX, como la industrialización, la urbanización y la masificación, acentuaron los desequilibrios sociales. No obstante, ante las nuevas necesidades de la sociedad española, el sistema político mantuvo las fórmulas propias del siglo anterior. Además, el declive de los partidos dinásticos (conservadores y liberales) fue simultáneo al fortalecimiento de los partidos de la oposición, contrarios al régimen monárquico (republicanos, nacionalistas, socialistas y anarquistas).

La conflictividad sociopolítica

A lo largo de las dos primeras décadas del siglo XX, el régimen de la Restauración atravesó varias etapas de crisis:

  • La Semana Trágica (1909): El envío de 40,000 reservistas para luchar en la guerra de Marruecos provocó una revuelta popular. En Barcelona, la oposición se materializó en una huelga general contra la guerra. Se produjeron numerosos ataques e incendios de edificios religiosos. El Gobierno reprimió duramente la revuelta.
  • La crisis de 1917: Se produjo la confluencia de tres graves crisis: militar, política y social. El malestar de los militares se materializó en las Juntas de Defensa, que crearon para presionar por sus intereses y que el Gobierno se vio obligado a legalizar. Los partidos regionalistas, reformistas y socialistas reclamaron sin éxito, a través de la Asamblea de Parlamentarios, la democratización y la descentralización del régimen.
  • El declive de la monarquía (1918-1923): El artificial auge económico de España, favorecido por la neutralidad durante la Primera Guerra Mundial, se transformó en crisis económica en los años siguientes. El descontento social se radicalizó y se manifestó violentamente en varias ocasiones: durante el denominado «trienio bolchevique» en el campo andaluz (1918-1921), con la huelga en la empresa eléctrica La Canadiense en Cataluña (1919), y con los frecuentes enfrentamientos entre sindicatos obreros y patronal.

El pistolerismo

La crisis social fue muy intensa entre 1917 y 1923, con la contratación de pistoleros para asesinar a los líderes sindicales. Los pistoleros solían ser contratados por empresarios con la intención de frenar las reivindicaciones de los trabajadores. Por su parte, los obreros más radicalizados respondieron con ataques contra los patrones y encargados. Se estima que el pistolerismo acabó con la vida de más de 250 personas entre 1917 y 1923.

La dictadura de Primo de Rivera

El 13 de septiembre de 1923, el general Miguel Primo de Rivera, con el apoyo de numerosos jefes militares y de las organizaciones patronales y el beneplácito del rey, dio un golpe de Estado e impuso una dictadura con rey que se mantuvo vigente hasta 1930.

En el golpe de Estado influyeron el descrédito del sistema parlamentario, la radicalización política, la conflictividad social y el modelo dictatorial del fascismo italiano. Pero la causa directa fue la deficiente ocupación militar de Marruecos, evidenciada en el denominado desastre de Annual (1921), una importante derrota del Ejército español que demostró la vulnerabilidad de las tropas españolas en Marruecos, donde murieron 12,000 soldados.

En 1923, el dictador constituyó un Directorio militar, que suspendió las garantías constitucionales, disolvió las Cortes, prohibió los partidos políticos, censuró la prensa y reprimió con dureza a sectores del movimiento obrero y del nacionalismo catalán. En 1925, Primo de Rivera sustituyó el Directorio militar por el Directorio civil. La segunda mitad de los años veinte fue un período de progreso económico y el régimen orientó la política económica a fomentar las obras públicas y a crear grandes monopolios. Sin embargo, el progreso económico no impidió la creciente oposición política y el malestar social provocados por la dictadura.

En 1930, el rey retiró su apoyo a Primo de Rivera, sustituido por el general Berenguer primero y por el almirante Aznar después, con los que se inició el período conocido como la «Dictablanda», e intentó sin éxito retornar al sistema constitucional anterior a 1923.

La guerra de Marruecos

La Conferencia de Algeciras (1906) y el Tratado Hispano-Francés (1912) reconocieron internacionalmente las aspiraciones coloniales españolas en el norte de Marruecos. Pero el establecimiento del Protectorado generó el rechazo de la población autóctona y condujo a una guerra de desgaste. El Ejército español sufrió dos grandes derrotas: el desastre del barranco del Lobo (1909) y el desastre de Annual (1921). El problema marroquí se resolvió favorablemente para España gracias a la ofensiva conjunta hispano-francesa, que permitió el desembarco en la bahía de Alhucemas (1925), la rendición del líder rifeño Abd-el-Krim y la ocupación del territorio. En Marruecos se potenció la influencia del sector «africanista» dentro del Ejército.

La proclamación de la Segunda República

Tras la caída de Primo de Rivera, Alfonso XIII dispuso el restablecimiento de la Constitución de 1876. En un intento de retornar al sistema constitucional anterior a 1923, el Gobierno nombrado por Alfonso XIII convocó elecciones municipales. Sin embargo, los políticos de los antiguos partidos dinásticos, apartados del poder en 1923, no colaboraron con el monarca, a quien consideraban cómplice de la dictadura.

En agosto de 1930, los partidos de la oposición política (socialistas, republicanos y nacionalistas) firmaron el Pacto de San Sebastián para instaurar la República, que era considerada la única solución a los problemas del país. El Gobierno programó un retorno gradual a la «normalidad» constitucional, por lo que convocó elecciones municipales para el 12 de abril de 1931. Estos comicios fueron planteados por la oposición como un referéndum sobre la monarquía. En la mayoría de las ciudades, triunfaron las candidaturas republicanas y socialistas. Sin apoyos, Alfonso XIII abdicó y abandonó el país. El 14 de abril se proclamó la República.

Las instituciones republicanas

El Gobierno provisional, formado por los representantes de los partidos firmantes del Pacto de San Sebastián, emprendió reformas urgentes:

  • Amnistía para los presos políticos.
  • Legalización de los sindicatos.
  • Reforma de la administración, etc.

Además de las reformas, el Gobierno también convocó elecciones a Cortes Constituyentes. En las elecciones de junio de 1931 obtuvieron la victoria los grupos de centro-izquierda. Las Cortes elaboraron una nueva Constitución que organizaba un régimen político totalmente democrático. En 1931, aprobada la Constitución, las Cortes eligieron como presidente de la República al conservador Niceto Alcalá-Zamora, quien a su vez designó como presidente del Gobierno al republicano de izquierdas Manuel Azaña.

El bienio reformista (1931-1933)

Entre diciembre de 1931 y junio de 1933, gobernó una coalición de centro-izquierda encabezada por Manuel Azaña. Esta primera etapa política republicana se conoce como bienio reformista, por los proyectos de reforma que inició. Sin embargo, su programa de modernización contó con la oposición de la extrema derecha y de la extrema izquierda. Los primeros, en 1932, protagonizaron un golpe de Estado militar encabezado por el general Sanjurjo (la «sanjurjada»). Los segundos, que consideraban insuficientes las reformas, promovieron acciones de masas, como huelgas u ocupaciones de tierras.

El sufragismo femenino y Clara Campoamor

El sufragismo femenino fue un movimiento que reivindicaba el derecho al voto femenino, pero sus aspiraciones de fondo eran mucho más amplias: las mujeres luchaban para acceder a la paridad de acción y representación en la política y la sociedad. Hasta inicios del siglo XX, el tímido movimiento feminista español únicamente había conseguido ciertos derechos en el campo de la educación, gracias a instituciones como la Institución Libre de Enseñanza. Pero no fue hasta la Constitución de 1931 que las mujeres lograron el derecho al voto.

La Constitución también regulaba aspectos del ámbito familiar, como el matrimonio basado en el principio de igualdad, y permitió la primera ley del divorcio en España (1932).

Clara Campoamor: Una figura clave

Clara Campoamor (1888-1972) fue una de las figuras claves del feminismo en España. Fue pionera en cursar Derecho en la universidad y en ejercer la abogacía, lo que era una anomalía en la España de inicios del siglo XX. Comprometida con sus ideas, fue una activista por la causa feminista desde sus años como estudiante y logró un escaño en las Cortes de 1931. La Guerra Civil llevó a Clara Campoamor al exilio permanente, ya que no regresaría a España.

El debate sobre el voto femenino en las Cortes

En 1931, tres mujeres consiguieron un escaño en las Cortes Constituyentes: Clara Campoamor, Victoria Kent y Margarita Nelken. De estas, tan solo Clara Campoamor defendió el derecho al voto de la mujer como uno de los derechos inalienables. Victoria Kent y Margarita Nelken opinaban que la mayoría de las mujeres, por influencia de la Iglesia y la falta de educación, eran conservadoras y que, de otorgarles el derecho electoral, apoyarían a los grupos de derechas.

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